NovelToon NovelToon
ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

Status: Terminada
Genre:Mafia / Villana / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Dante Valero nunca fue un hombre bueno. Solo fue tolerante.
Durante años permitió que su familia viviera de su fortuna, soportó las manipulaciones de su primo Mateo y cedió una y otra vez para evitar que el enfermizo muchacho sufriera una crisis. Incluso aceptó que su prometida, Valeria Zorich, lo abandonara momentáneamente por él.
Pero el día de su boda, Mateo cruzó la última línea.
Dante dejó el altar, rompió el compromiso y abrió las puertas de un poder que todos creían dormido. Lo que nadie sabía era que el único heredero del imperio Valero jamás había sido débil. Simplemente se había contenido.
Ahora sus enemigos descubrirán lo que significa enfrentarse al verdadero Dante.
Mientras las familias que lo traicionaron caen en deudas, escándalos y ruinas, Elena Cruz, la única mujer que siempre conoció su verdadera naturaleza, regresa a su lado.
Él perdió una novia.
Ellos están a punto de perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SONRISAS FALSAS Y VERDADES CRUDAS

El lugar respiraba falsedad. Sonrisas de plástico, apretones de manos vacíos, miradas que juzgaban y calculaban antes de saludar. Dante recorría la sala con paso lento, sin prisa, observando todo con ese desprecio frío que le nacía en el pecho. Estaba acostumbrado a tratar con asesinos, contrabandistas, hombres sin escrúpulos… pero lo que más le asqueaba era este tipo de gente: los que se decían decentes, los que se ponían corbata y hablaban de ética, mientras llevaban toda la inmundicia del mundo escondida bajo sus trajes caros.

Javier caminaba un paso a su lado, hablando en voz baja, señalando a cada uno sin necesidad de que él preguntara.

— Ese de allá es el diputado Soler —murmuró el asistente.

— ¿Ah sí? —Dante no apartó la vista del hombre—. ¿El que da discursos sobre la familia y se lleva a una chica de dieciocho años a su departamento todas las semanas?

— El mismo, señor.

— Qué ejemplo —soltó Dante con una risa seca—. ¿Y el de la esquina?

— Director del Banco Interamericano de Finanzas.

— ¿El viejo que golpea a su esposa hasta dejarla en el hospital y hoy vino solo porque ella sigue recuperándose?

— Exacto.

Dante sonrió. Le divertía esto. Le encantaba ir desnudando la verdad de cada uno de ellos, saber quién era quién en realidad, mientras ellos se pavoneaban como santos ante los demás. Hipócritas. Todos. Se decían buenos mientras hacían cosas peores que las que él jamás se atrevería a cometer.

Avanzó sin detenerse, hasta que alguien se cruzó en su camino de golpe, impidiéndole el paso. Un hombre de unos treinta años, traje impecable, cabello peinado con exceso de gel, sonriendo con una suficiencia que dolía a la vista.

— ¿Quién eres? —le espetó Dante, sin rodeos, sin sonreír.

— ¿Ya no te acuerdas de tu viejo amigo? —la voz era melosa, empalagosa—. Soy Santiago Cruz. Del colegio. Vaya, qué cambio, ¿no?

Dante lo miró de arriba abajo. Santiago Cruz. Claro. Lo recordaba perfectamente. El imbécil rico que se ufanaba de su dinero, que trataba a todos como si fueran inferiores, que se creía dueño del mundo solo porque su padre lo era. En aquel entonces, Dante tenía la cabeza en otra parte: en cómo sobrevivir, en cómo tomar el control de la familia sin que nadie se lo impidiera. Por eso lo ignoraba. Por eso pasaba de él. Y este estúpido creía que era miedo.

— ¿Y qué quieres? —le dijo Dante, cortante—. ¿Por qué interrumpes mi paso para hablar de tiempos que no extraño?

— Vaya, qué directo —soltó Santiago, con esa sonrisa de superioridad—. Solo digo… mira qué suerte tuviste. Eras un chiquillo mal vestido, siempre golpeado, nadie sabía ni quién era tu padre… y mírate. ¿Con quién te mezclaste para terminar en una fiesta así? ¿Algún padrino? ¿Algún negocio sucio?

Esa sonrisa de autosuficiencia encendió algo dentro de Dante. Se inclinó un poco hacia él, bajó la voz, y respondió con una dulzura venenosa:

— Ah, es cierto. Y tú eras el imbécil al que, si no andaba regalando dinero a diestra y siniestra, nadie ni siquiera se acordaba de su nombre. ¿Verdad? El de los dientes chuecos. Qué bueno que te los arreglaron. La endodoncia la necesitabas desde los catorce. ¿Y tu problema de halitosis ya lo lograste solucionar o aún tienes esa boca de cementerio?

El rostro de Santiago cambió de color: verde, amarillo, rojo, todo en segundos. Se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir.

Dante le sonrió, frío y perfecto.

— Con permiso. El aire aquí huele raro.

Y avanzó sin esperar respuesta. Al alejarse, Javier le dijo en voz baja:

— Señor… acaba de insultar al gerente de Motor G. Es una empresa importante.

— ¿Y qué? —Dante ni se detuvo—. Tengo acciones en esa empresa. Llamo ahora mismo y lo despiden. ¿Por qué tendría que portarme bien con alguien que no merece ni mi saludo?

— Tiene razón, señor.

Siguió caminando, viendo toda esa hipocresía a su alrededor, hasta que algo lo detuvo. Al fondo, cerca de las mesas de servicio, una muchacha se movía rápido, con una bandeja en las manos, vestida con el uniforme de las empleadas. Alguien le habló con brusquedad:

— ¡Lía, apúrate! ¡Faltan tres mesas por servir! ¡Muévete!

— Ya voy —respondió ella, apresurada, con la voz suave pero tensa.

Dante se quedó petrificado. La reconoció al instante. Esa voz. Esa postura. Esa forma de bajar la cabeza para no ser vista.

— Interesante —murmuró.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play