NovelToon NovelToon
Venganza Imperdonable

Venganza Imperdonable

Status: En proceso
Genre:Venganza / Amor-odio / Secuestro y encarcelamiento
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Carlos está decidido a cobrar venganza, sin importar que el corazón se le esté partiendo en dos.

Lucia, envuelta en una venganza sin retorno...

Las cenizas serán lo único que quede de aquella guerra.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20

### Lucía Pereyra

Mi cuerpo entero seguía temblando, dominado por el miedo visceral y un llanto amargo. Después de que Carlos abandonó el departamento dando ese portazo retumbante, me quedé tirada en el suelo, abrazando mis rodillas e intentando en vano contener el dolor punzante que me oprimía el pecho.

Cuando logré juntar un mínimo de fuerzas, me puse de pie a duras penas. Tomé el pastel de cumpleaños intacto de la mesa y lo guardé en la nevera, sintiendo que cada movimiento me pesaba una tonelada. Mi padre me observaba en silencio desde su silla de ruedas, con una tristeza infinita y desgarradora reflejada en sus ojos inmóviles.

Fue entonces cuando cometí el acto más desesperado y cruel que pude haber concebido. Me acerqué a él, arrastré una silla y me senté justo enfrente, tomando sus manos frías entre las mías.

—Papá... necesito saber la verdad. Necesito quitarme esta duda espantosa que tengo clavada en el pecho... No puedo respirar, me duele demasiado —supliqué entre lágrimas ahogadas—. Por favor, papá... si sabes algo de lo que sucedió realmente, parpadea.

Mi padre no se movió. Su rostro permaneció como una máscara de piedra.

—Papá, por favor... dime si Carlos intentó hacerme daño. Te lo suplico —le rogué, apretando sus manos rígidas contra mi rostro.

Entonces, lentamente, sus párpados cayeron y volvió a abrir los ojos.

—Parpadea una vez más para confirmármelo... por favor —pedí en un hilo de voz casi inaudible.

Y sí. Volvió a parpadear fijando su mirada en mí. En ese instante, sentí como si una garra afilada me desgarrara el corazón desde adentro.

—¿Por qué...? —solté en medio de un llanto sofocado, sintiendo que el aire me faltaba—. ¿Por qué lo haría?

En ese momento, percibí una ligera presión en mis dedos: la mano de mi padre se esforzaba, con un aliento casi imperceptible de fuerza, por apretar la mía en un gesto de consolación inútil.

Me limpié las lágrimas de un manotazo y me puse de pie. Tomé mi celular con manos temblorosas e intenté marcarle a mi prima Natalia, pero la llamada ni siquiera entró; la señal parecía bloqueada o su teléfono estaba apagado.

 Desesperada, decidí salir del departamento para ir a buscarla en persona; sabía perfectamente en qué complejo residencial se estaba hospedando. Sin embargo, apenas puse un pie fuera en el pasillo, los dos guardaespaldas de Carlos se interpusieron en mi camino, bloqueándome el paso con sus cuerpos imponentes.

—Tenemos órdenes estrictas del señor Carlos de no dejarla salir bajo ninguna circunstancia hasta mañana por la mañana —declaró uno de ellos con voz neutral, haciéndome un gesto tajante para que me reincorporara al apartamento.

Lo miré fijamente a los ojos buscando una atisbo de empatía, pero el hombre ni se inmutó. Sin otra alternativa y superada por la presencia de esos dos moles, no tuve más remedio que regresar y encerrarme.

Pasé la noche entera en vela, carcomida por la incertidumbre y los mil pensamientos oscuros que intentaban armar el rompecabezas de mis recuerdos más traumáticos.

A la mañana siguiente, volví a intentar salir. Esta vez los guardias no me impidieron el paso, pero se pegaron a mí como sombras, siguiéndome a corta distancia.

 Me dirigí a toda prisa a la residencia de Natalia, pero al llamar a la puerta descubrí que no había nadie; el conserje me informó que ella había salido de viaje. Sin tener a nadie más a quien acudir, comencé a vagar sin rumbo fijo por las calles, caminando sin rumbo mientras intentaba encontrar algún punto de referencia en la ciudad que detonara la verdad. Pero lo único que obtenía a cambio eran oleadas renovadas de tristeza y dolor de cabeza.

Cuando sentí que los pies y la mente no me daban para más, me dejé caer exhausta en la banca de un parque, permitiendo que mis pensamientos se dispersaran.

—¡Te encontré! —la voz familiar y ahogada de Esteban resonó a pocos metros, calándome hasta lo más profundo del alma.

Me puse de pie de un salto en cuanto lo vi apresurar el paso hacia mí. Pero antes de que pudiera decir otra palabra, los dos gorilas que me escoltaban se abalanzaron sobre él sin previo aviso, derribándolo y apartándolo de mí de un golpe seco.

—¡Le dimos una orden muy clara, imbécil! —le gritó uno de los guardaespaldas mientras Esteban caía sobre el pavimento.

Aterrada ante la escena, intenté abalanzarme para defenderlo, pero el otro escolta me sujetó del brazo con fuerza desmedida.

—Señorita, no se acerque —me ordenó con tono severo, arrastrándome a paso rápido hacia la camioneta negra estacionada en la acera.

Forcejeé con todas mis fuerzas, intentando librarme de su agarre.

—¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Esteban! —le grité desgarradamente al ver cómo el primer guardia comenzaba a propinarle patadas en el estómago al pobre chico, que yacía en el suelo tratando de protegerse el rostro.

—Señorita, hágalo por su propio bien y suba al vehículo de una vez —insistió el guardia a mi lado, empujándome hacia el asiento trasero.

Me negaba rotundamente a abandonar a Esteban a su suerte en ese estado. Desde el suelo, con el rostro ensangrentado, Esteban logró cruzar su mirada con la mía y me hizo una pequeña señal con la cabeza para que cediera y subiera al auto. Con el corazón hecho pedazos, obedecí. Solo entonces el escolta dejó de golpearlo.

Desde el cristal del automóvil, observé con horror cómo el agresor sacaba un abultado fajo de billetes de su saco y se lo arrojaba con desprecio al cuerpo malherido de Esteban antes de subir al asiento del copiloto.

El vehículo arrancó a gran velocidad, alejándome por completo del lugar. Para mi sorpresa, en lugar de llevarme de vuelta a mi departamento, tomaron la carretera que conducía a la residencia privada de Carlos. Al llegar, el guardia abrió la portezuela y me obligó a bajar a la fuerza.

—¡Que me sueltes, te digo! —le exigí, intentando plantar cara, pero el hombre ignoró completamente mis palabras.

Me escoltaron hacia el interior de la mansión y me empujaron dentro de una habitación amplia, cerrando la puerta tras de mí con el sonido metálico de un cerrojo. La claustrofobia y el pánico me invadieron al instante.

—¡Abran la puerta! ¡Abran inmediatamente! —grité como loca, golpeando la madera con los puños en un intento desesperado por salir.

Corrí hacia las ventanas buscando una vía de escape, pero estaban firmemente selladas y, para colmo, reforzadas con gruesas rejas de hierro.

—¡Carlos! ¡Déjame salir! ¡Carlos! —continué gritando hasta que la garganta comenzó a rasparme y me quedé casi sin voz.

Transcurrió un tiempo agónico antes de que el sonido de la llave girando en la cerradura rompiera el silencio. Yo me encontraba sentada al borde de la cama, intentando controlar la respiración. Mis ojos vieron a Carlos cruzar el umbral con pasos lentos y pesados. Me observó por una fracción de segundo y, de inmediato, apartó la mirada hacia el suelo, cargado de una vergüenza evidente.

—Mi papá... ¿dónde está mi papá? ¿Cómo está él? —le exigí saber, poníéndome de pie.

—Él está bien... Natalia se está haciendo cargo de él en este momento —respondió Carlos, obligándose a sostener mi mirada.

—Mi prima no estaba en su casa, fui a buscarla —le espeté, dando un paso hacia él.

—Estaba conmigo. Pero ya se encuentra con tu padre, no tienes de qué preocuparte.

—¿Que no me preocupe? ¡Carlos, me tienes encerrada aquí en contra de mi voluntad! —le grité fuera de mí, al borde de la histeria.

—Lo sé... y estás en todo tu derecho de estar furiosa conmigo. Sin embargo, no te voy a dejar salir de esta habitación —declaró con una frialdad y determinación que me helaron la sangre.

—¿Qué...? —pregunté atónita, dando un paso atrás.

—No lo haré. Yo... sencillamente no puedo hacerlo. Necesito que me escuches, Lucía. Necesito decirte toda la verdad...

—¡Tus hombres golpearon a Esteban hasta dejarlo casi muerto en la calle! —interrumpí, encarándolo con toda la rabia que acumulaba en el pecho.

Lo primero que hizo Carlos al escuchar ese nombre fue girarse hacia la puerta y asegurarla por dentro con el pasador, como si temiera que yo fuera a salir corriendo en cualquier segundo.

—Se lo advertí... Se lo dije muy claro: le prohibí rotundamente que se te volviera a acercar —su voz no sonaba como la de Carlos; era un timbre siniestro, desconocido y aterrador.

En ese preciso instante, el recuerdo de sus manos apretándome el cuello dejó de ser un simple destello del pasado para convertirse en una amenaza física, real y presente.

—¿Qué estás haciendo, Carlos? ¿Por qué me estás haciendo esto? —le pregunté mientras las lágrimas volvían a brotar sin control.

—Porque no encontré otra salida... No hay otra manera. Tú no puedes irte de mi lado, ¿lo entiendes? ¡No puedes! —exclamó, mirándome con unos ojos desorbitados, llenos de una obsesión enfermiza que me infundió un terror absoluto.

—¿De qué estás hablando...? Déjame ir...

Carlos recortó la distancia que nos separaba en dos zancadas, me sujetó fuertemente por los hombros y me obligó a mirarlo fijamente. El pánico me paralizó por completo.

—Tengo miedo... Un miedo atroz de que lo recuerdes todo, de que te des cuenta de la clase de persona que soy, me dejes y te vayas para siempre odiándome. Por eso te voy a aislar del mundo entero... Así no podrás recordar nada jamás.

Su mirada estaba desencajada y su voz sonaba frenética, fuera de todo razonamiento lógico. No podía procesar la locura de sus palabras.

—Carlos... me estás haciendo daño, me estás lastimando —dije, sintiendo cómo sus dedos se clavaban con más fuerza en mis hombros.

Al escucharme, pareció reaccionar. Me soltó de golpe y dio varios pasos hacia atrás, llevándose las manos a la cabeza.

—Solo... solo quédate aquí. No te vayas, por favor, Lucía... Te lo ruego, quédate conmigo. Yo te voy a dar todo lo que pidas, me desviviré por ti, haré lo que sea con tal de verte feliz... menos dejarte ir. Por favor...

—¿Pero tú te estás escuchando? ¿Escuchas las locuras que estás diciendo? —pregunté estupefacta. Su comportamiento era completamente irracional.

—Sé que me escucho como un verdadero demente... pero no tengo más opción. Sé que para ti, en el fondo, solo soy un monstruo.

—¿Por qué...? ¿Por qué sigues diciendo eso? ¿Por qué piensas que eres un monstruo?

—¡Porque es la verdad! ¡Todo es mi culpa! Fui el peor amigo que pudiste haber tenido... fui un ser detestable y terrible contigo.

—¡Explícate de una vez, Carlos! ¡No entiendo nada de lo que dices!

—¡Sí, Lucía! —estalló él, mirándome directamente a los ojos con la cara desencajada por la desesperación—. ¡Yo intenté acabar con tu vida! ¡Si no hubieras reaccionado y luchado a tiempo aquel día, justo ahora estaría visitando una lápida con tu nombre!

Apenas soltó la confesión, presencié cómo su rostro se deformaba en una máscara de dolor puro y culpa abrumadora. Yo, por mi parte, me quedé petrificada, paralizada por un terror primitivo ante el hombre que tenía enfrente.

 Ese sujeto no era mi mejor amigo. Ese hombre no se parecía en lo absoluto al Carlos que creía conocer...

1
neumidia ruiz
preguntas la dejara libre?, lo perdonara Lucía ?
neumidia ruiz
ay noooo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary termino la primera temporada pronto volverás con segunda saga Lucia Esteban te rescatara
neumidia ruiz
al leer esto capítulos pienso que a Carlos lo engaño el tío por algún interés y le vendió una mentira que a él le convenia, y Carlos va a pagar con llanto y dolor y lo más triste al volverle la memoria la perdió para siempre
Betty Saavedra Alvarado
Kiary gracias por tu historia
Betty Saavedra Alvarado
Carlos ya la perdiste
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya sabes toda la verdad Carlos está arrepentido es tarde
Betty Saavedra Alvarado
Lucia te va a tener miedo Carlos
Betty Saavedra Alvarado
Carlos está loco y celoso
Betty Saavedra Alvarado
Carlos y tu están envueltos en mentiras
Betty Saavedra Alvarado
Que pasará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary me gusta la historia
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Lucia poco a poco los recuerdos volverán Esteban parece un buen hombre Carlos ojalá se ponga un poquito celoso
Betty Saavedra Alvarado
Lucia relajate vive tu vida Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Carlos tiene una roca de corazón ni un tantito se puso celoso Lucia como.lo conquistaras
Betty Saavedra Alvarado
Competencia a la vista Lucia se divierte Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Lucia mucho cuidado te puedes caer
Betty Saavedra Alvarado
Un capítulo triste el papá de Lucia de quitó la vida la venganza termino o sigue
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play