Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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CAPÍTULO 17 – Pequeños Detalles
La ausencia de Kael se sintió extraña en el palacio.
No porque Lyra estuviera acostumbrada a verlo.
Ni porque hubieran pasado demasiado tiempo juntos.
Sino porque, desde que él se había marchado, ella comenzó a notar cuánto espacio ocupaba su presencia en su mente.
Y eso la asustaba.
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El primer día sin él, Lyra se despertó sobresaltada antes del amanecer. Por un momento creyó estar nuevamente en el viejo cobertizo en Zahrek.
· Pensó que debía correr y encender las cocinas.
· Limpiar.
· Cargar agua.
· Preparar documentos para su padre.
Pero entonces vio las cortinas elegantes, la cama enorme, el silencio tranquilo. Y recordé dónde estaba.
Kryndall, el palacio. Su nueva vida.
Aunque todavía no se atrevía a llamarla así. Se levantó rápidamente, casi con culpa por haber dormido tanto. Y cuando salió de la habitación, encontró a una joven empleada intentando cargar una bandeja enorme.
La muchacha tropezó.
Los platos se inclinaron peligrosamente. Y antes de pensar siquiera en ello, Lyra reaccionó y sostuvo la bandeja.
—¡Cuidado!
La empleada abrió mucho los ojos.
—¡Mi señora!
Lyra también se sobresaltó. Había accionado por instinto, como siempre hacía antes.
—Lo siento… yo solo…
La chica la miró confundida y luego nerviosa.
—No tiene que disculparse conmigo… yo fui muy torpe…
Aquellas palabras dejaron a Lyra en silencio. Porque todavía le resultaba imposible entender que ya no era ella quien debía bajar la cabeza todo el tiempo.
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El segundo día, Lyra volvió al huerto.
El anciano jardinero alarmante apenas la vio aparecer con sus botas puestas.
—Pensé que no volvería.
Lyra sonrió tímidamente.
—Yo dije que volvería.
Y eso se sorprendió incluso a ella misma. Porque había cumplido una pequeña promesa. Algo tan simple, pero tan importante.
Esa mañana trabajó junto a él arrancando malas hierbas y aprendiendo los nombres de plantas propias de Kryndall. Algunas tenían aromas dulces, otras picaban apenas al tocarlas.
Lyra escuchaba todo con genuino interés. Y el anciano la observaba divertida.
—Hace preguntas como una niña curiosa.
Lyra bajó la mirada avergonzada.
—¿Eso es malo?
—No… —rio él—. Hace mucho que no veía a alguien interesado en aprender por gusto.
Aquellas palabras la dejaron pensando todo el día. Porque nadie antes había valorado su curiosidad. En Zahrek, preguntar demasiado solo molestaba.
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El tercer día, Samira encontró a Lyra escondiendo pan dentro de una servilleta durante el desayuno.
Samira arqueó una ceja.
—¿Qué hace señorita?
Lyra se congeló. Como una niña atrapada haciendo algo malo. Luego bajó lentamente la mirada.
—Yo… pensé que podía guardarlo para más tarde…
Samira guardó silencio unos segundos y entonces entendió.
Lyra seguía viviendo con miedo a no volver a comer.
El pecho de Samira se apretó. Se acercó lentamente y tomó el pan de las manos temblorosas de Lyra.
La pelirroja parecía aterrada. Como si fuera a regañarla, pero Samira simplemente volvió a colocarlo frente a ella.
—Aquí nunca volverá a pasar hambre…
La voz suave de Samira hizo temblar algo dentro de Lyra.
—Puede pedir comida cuando quiera, cada vez que lo desee.
Lyra no respondió. Porque sus ojos comenzaban a humedecerse y odiaba llorar frente a otros. Pero esa noche ya no escondió comida.
Aunque sí dejó un pedazo de pan junto a su cama.
Solo por si acaso.
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El cuarto día llovió.
Y Lyra pasó gran parte de la tarde sentada junto a la ventana de la biblioteca. Había descubierto aquel lugar por accidente y ahora estaba fascinada.
· Libros enormes.
· Mapas.
· Historias.
· Culturas.
· Cuentos.
Era como entrar a otro mundo.
Samira la encontró leyendo uno de los libros sobre leyendas de Kryndall.
—¿Le gusta?
Lyra levantó la vista rápidamente.
—Mucho…
Sus dedos acariciaron las páginas con cuidado. Como si fuera algo sagrado.
—Quisiera leerlos todos…
Lo dijo tan bajito que parecía un secreto.
Samira sonrió.
—Entonces léalos todos…
Lyra la miró confundida.
—¿Todos?
—Todos.
Lyra observó los estantes infinitos. Y por primera vez en muchísimo tiempo… Sintió ilusión real, pequeña. Pero real.
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El quinto día, Lyra había pedido conocer la cocina… y una de las cocineras se cortó accidentalmente la mano preparando verduras.
Lyra reaccionó de inmediato. Buscó tela limpia, agua y presionó la herida con rapidez. Todos en la cocina se quedaron mirándolas sorprendidas.
La cocinera estaba avergonzada.
—Perdón por causar problemas, mi señora…
Lyra negó rápidamente.
—No es un problema…
Sus manos seguían sosteniendo la herida con cuidado.
Y entonces ocurrió algo pequeño, pero importante. La cocinera le suena.
—Gracias, señorita Lyra.
“Gracias.”
Sin órdenes, sin insultos, sin desprecio.
“Gracias.”
Lyra quedó extrañamente quieta después de escuchar aquello, porque nadie le agradecía cosas así antes. Ella solo trabajaba, porque debía hacerlo no porque lo valoraran.
Esa noche se quedó pensando mucho tiempo en aquella palabra.
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El sexto día, Samira la descubrió intentando ayudar a unas sirvientas a doblar sábanas. Los jóvenes estaban horrorizados.
—¡Mi señora, no haga eso!
Lyra se sobresaltó.
—Yo solo quería ayudar…
Las muchachas se miraron entre sí nerviosas.
Samira observó la escena divertida y entonces intervino.
—Si la señorita Lyra quiere ayudar, déjenla.
Todas quedaron en silencio.
Lyra miró sorprendida a Samira.
Las chicas obedecieron inmediatamente y durante varios minutos, Lyra dobló sábanas junto a ellas. Al principio hubo incomodidad.
Luego pequeñas conversaciones.
Una de las muchachas le habló sobre su hijo pequeño, otra le contó que venía de un pueblo lejano.
Y Lyra escuchó todo con verdadera atención. Como si aquellas historias importaran, porque importaban.
Al terminar, una de las sirvientas dijo bajito:
—Es diferente a las otras nobles…
Lyra escuchó aquello. Y no supo si sentirse feliz… o por el contrario, triste.
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El séptimo día, Lyra se despertó más tarde de lo habitual.
Y por primera vez… No sentí culpa. Se quedó acostada observando el techo, escuchando el silencio, respirando lento. Y entonces notó algo… ya no sentía el palacio tan extraño.
Todavía le costaba caminar por los pasillos enormes, todavía bajaba la mirada demasiado, todavía pedía perdón por todo, todavía dudaba antes de hablar, todavía se sentía fuera de lugar.
Pero… Ya no temblaba tanto, ya no se escondía igual. Ahora podía mirar a algunos empleados a los ojos, ahora comenzaba pequeñas conversaciones, ahora sonreía un poco más.
Eran cosas pequeñas, pero enormes para alguien como Lyra.
Aquella tarde salió nuevamente a caminar por los jardines. El viento movía suavemente su cabello rojizo. Y varios empleados la saludaron al pasar.
—Buenas tardes, señorita Lyra.
Ella todavía se sorprendía cada vez que la saludaban con amabilidad. Pero esta vez… Respondió.
—Buenas tardes.
Y aunque su voz era suave… No tembló.
Samira, que observaba desde lejos, sonó discretamente. Porque entendía algo que quizás Lyra todavía no veía. Nadie sana de años de dolor en unos días. Nadie aprende a amarse de un día para otro, pero la sanación no siempre comienza con grandes cambios.
A veces empieza así.
· Con una pequeña sonrisa.
· Con una pregunta.
· Con dejar de esconder comida.
· Con atreverse a pedir algo.
Con sentir que tal vez…
Solo quizás… Uno merece ocupar espacio en el mundo.
Y mientras Lyra caminaba lentamente por los jardines de Kryndall… Por primera vez en muchísimo tiempo… El futuro ya no parecía únicamente un lugar aterrador.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬