En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Mi único amigo
Los viernes se convirtieron en su día favorito.
Era extraño admitirlo.
Lyra había pasado tantos años sobreviviendo dentro de la manada que olvidó lo que se sentía esperar algo con emoción.
Pero ahora, cada vez que el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, sentía una pequeña ansiedad creciendo en el pecho.
Porque sabía que él estaría ahí.
El bosque se había vuelto suyo.
No realmente, claro.
Pero había un rincón junto al arroyo donde Rowan siempre la esperaba como si el lugar les perteneciera solo a ellos.
Y nunca preguntaba por qué tardaba.
Nunca parecía molesto.
Nunca la hacía sentir incómoda.
Simplemente estaba.
—Llegas tarde otra vez —dijo Rowan una noche mientras permanecía recostado contra un árbol.
Lyra levantó una ceja.
—Llevo exactamente dos minutos tarde.
—Terrible falta de respeto.
Ella soltó una pequeña risa.
Una real.
Todavía le sorprendía hacerlo cerca de alguien.
Rowan sonrió apenas al escucharla.
Con el tiempo, Lyra descubrió muchas cosas sobre él.
Como que:
odiaba el té demasiado dulce,
siempre llevaba una daga escondida en la bota izquierda,
y observaba el cielo cuando pensaba demasiado.
También descubrió que era absurdamente paciente.
Nunca la presionaba para hablar.
Pero cuando ella quería hacerlo…
escuchaba de verdad.
Y Lyra terminó contándole cosas que jamás había dicho en voz alta.
Sobre la ceremonia.
Sobre las miradas.
Sobre cómo incluso sus propios padres parecían incómodos con ella.
Rowan jamás interrumpía.
Jamás decía:
“no es para tanto”.
Solo escuchaba.
Y a veces eso bastaba.
—Tu manada está obsesionada con las marcas —comentó una noche mientras arrojaba una piedra al arroyo.
—Todas las manadas lo están.
—La mía no tanto.
Lyra lo miró sorprendida.
—¿En serio?
Rowan se encogió de hombros.
—Importan, sí. Pero no deciden cuánto vale alguien.
Ella soltó una risa baja.
—Debes vivir en un mundo muy bonito.
Por un momento, él guardó silencio.
—No es bonito. Solo es menos cruel.
El viento movió el cabello oscuro de Rowan mientras observaba el agua.
Entonces Lyra notó algo.
—Siempre hablas de “tu manada”… pero nunca dices cuál es.
Él sonrió apenas.
—Porque si te lo dijera, probablemente dejarías de venir.
—Eso suena dramático.
—Lo soy.
Ella volvió a reír.
Y Rowan sintió algo extraño en el pecho al verla hacerlo.
Porque la primera noche en el bosque parecía rota.
Ahora al menos parecía respirar un poco más fácil cuando estaba con él.
Pasaron las semanas.
Y Rowan empezó a enseñarle cosas.
Cómo detectar animales cerca.
Cómo usar el viento para esconder su olor.
Cómo moverse sin hacer ruido entre los árboles.
Lyra aprendía rápido.
Demasiado rápido.
—Nunca te entrenaron oficialmente, ¿verdad? —preguntó Rowan una tarde.
Ella negó con la cabeza mientras intentaba lanzar una daga a un tronco.
Falló miserablemente.
Rowan hizo una mueca.
—Eso fue ofensivo de ver.
—Cállate.
Él caminó hasta ella y tomó suavemente su muñeca.
—No uses fuerza. Usa equilibrio.
Lyra se quedó inmóvil apenas él acomodó su postura detrás de ella.
Rowan era cálido.
Mucho más de lo que esperaba.
—Relaja los hombros —murmuró.
Ella tragó saliva lentamente.
Y lanzó la daga.
Esta vez se clavó en el árbol.
Lyra abrió los ojos sorprendida.
—¡Lo hice!
Rowan sonrió orgulloso.
—Ves que no eres inútil.
La emoción desapareció apenas escuchó esa palabra.
Inútil.
Porque era exactamente como la llamaban.
Rowan pareció darse cuenta demasiado tarde.
—Lyra—
—No pasa nada.
Pero sí pasaba.
Siempre pasaba.
Él suspiró suavemente antes de apoyar una mano sobre su cabeza.
—Escúchame bien.
Lyra levantó la vista lentamente.
Los ojos plateados de Rowan la observaban con una intensidad tranquila.
—No hay nada malo contigo.
El pecho le dolió de golpe.
Porque nadie jamás le había dicho eso.
Nadie.
Ella apartó la mirada rápidamente antes de que notara lo mucho que esas palabras la afectaban.
—Hablas como un anciano.
—Y tú te quejas demasiado.
Lyra sonrió apenas.
Entonces algo brilló bajo la manga arremangada de Rowan.
Una marca.
Oscura.
Elegante.
Mucho más compleja que cualquiera que hubiera visto.
Lyra frunció el ceño.
—Esa marca…
Rowan bajó lentamente la manga.
Demasiado tarde.
Ella ya la había visto.
Y entendió algo importante.
Esa no era una marca cualquiera.
Era una marca de liderazgo.
Sus ojos se abrieron apenas.
—Tú eres—
Rowan la observó en silencio unos segundos.
Luego suspiró.
—El heredero de mi manada, sí.
Lyra retrocedió sorprendida.
Porque eso cambiaba muchas cosas.
Muchísimas.
Y aun así…
él seguía mirándola exactamente igual que antes.