Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 18: La manada de la luna sangrienta
Capítulo 18: La manada de la luna sangrienta
El viaje hacia MoonBlood era mucho más largo de lo que Bella había imaginado.
Los enormes bosques alrededor de MoonBlack fueron desapareciendo poco a poco hasta convertirse en caminos fríos cubiertos de niebla y montañas interminables.
El automóvil avanzaba lentamente entre carreteras vacías mientras la lluvia golpeaba las ventanas.
Cassio conducía en silencio.
Bella iba sentada en el asiento trasero leyendo uno de los libros que Charles había guardado dentro de aquella extraña bolsa mágica.
Aún le costaba creerlo.
Charles literalmente había sacado media biblioteca de uno de sus bolsillos.
Cassio la observó por el espejo retrovisor.
Esperaba verla nerviosa.
Asustada.
O al menos curiosa observando el paisaje.
Pero Bella apenas levantaba la vista de sus libros.
Solo parecía prestar verdadera atención cuando él mencionaba algo relacionado con criaturas sobrenaturales.
—Por esta zona existe un pequeño aquelarre de vampiros —comentó Cassio mientras giraba el volante—. Aunque llevan años evitando problemas.
Bella levantó ligeramente la mirada.
—¿Hay más vampiros además del reino del Rey Vampiro?
Cassio asintió.
—Muchos. Algunos sirven al Rey. Otros prefieren mantenerse independientes.
Bella volvió a mirar por la ventana.
—¿Y también hay brujos?
—Pocos —respondió Cassio—. Los verdaderos brujos son cada vez más escasos. Algunos murieron… otros simplemente desaparecieron.
Bella pensó inmediatamente en Charles.
No podía imaginar un mundo donde él no existiera.
Durante los siguientes días hicieron varias paradas para descansar y comer.
Cassio comenzó a notar algo extraño.
Bella no reaccionaba como una niña que acababa de abandonar su hogar por primera vez.
No parecía aterrada por el mundo humano.
Ni sorprendida por las ciudades.
Ni incómoda entre desconocidos.
Como si ya hubiera estado fuera de MoonBlack antes.
Cassio entrecerró ligeramente los ojos.
—Vicente te llevó al mundo humano alguna vez, ¿verdad?
Bella levantó la vista rápidamente.
Luego volvió al libro.
—Tal vez.
Cassio soltó una pequeña risa.
Sí.
Eso definitivamente sonaba a Vicente.
Pero antes de continuar pensando…
Percibió un aroma extraño.
Vampiros.
Sus ojos se endurecieron inmediatamente.
A varios metros de la carretera, un pequeño grupo de vampiros caminaba cerca de una vieja estación abandonada.
Cassio redujo ligeramente la velocidad.
Bella también los observó.
Parecían humanos normales.
Demasiado normales.
Pero sus movimientos eran extrañamente elegantes.
Silenciosos.
Peligrosos.
Cassio agradeció internamente que ninguno buscara problemas.
Pero entonces algo más llamó su atención.
Un convoy militar apareció al otro lado de la carretera.
Vehículos negros.
Hombres armados.
Y entre ellos…
Un niño.
Bella levantó lentamente la vista.
Cabello plateado.
Piel pálida.
Ojos negros como la noche.
El niño también la observó.
Por un instante el mundo pareció quedarse completamente en silencio.
Solo se miraron.
Sin hablar.
Sin entender por qué.
Pero algo en aquella mirada hizo que Bella sintiera un extraño escalofrío.
Entonces uno de los hombres militares tomó al niño del hombro y lo obligó a avanzar.
Los vampiros reaccionaron inmediatamente.
En segundos comenzó una pelea.
Disparos.
Gritos.
Armas cubiertas de símbolos metálicos.
Cassio maldijo en voz baja.
—Maldición…
Pisó el acelerador inmediatamente.
—No mires atrás.
Bella obedeció.
Aunque antes de perderlos de vista, alcanzó a notar que el niño seguía observándola incluso en medio del caos.
Horas después…
El paisaje comenzó a cambiar.
Los árboles desaparecieron.
El aire se volvió mucho más frío.
La nieve cubría montañas enteras como un océano blanco interminable.
Bella observó fascinada por la ventana.
Nunca había visto tanta nieve junta.
Finalmente, enormes muros de piedra negra aparecieron frente a ellos.
MoonBlood.
La manada de la luna sangrienta.
A diferencia de MoonBlack, aquel lugar no parecía un hogar cálido perdido en el bosque.
Parecía una fortaleza preparada para la guerra.
Grandes estructuras de piedra oscura se alzaban entre la nieve.
Antorchas azules iluminaban las calles.
Guerreros enormes entrenaban incluso bajo la tormenta helada.
El sonido de espadas chocando resonaba constantemente.
Lobos gigantes recorrían libremente la aldea.
No había niños jugando.
Ni risas.
Solo disciplina.
Fuerza.
Supervivencia.
Bella tragó saliva lentamente.
El automóvil finalmente se detuvo frente a una enorme casa de piedra negra.
Cassio bajó primero ajustándose el abrigo.
El frío golpeó inmediatamente el rostro de Bella cuando salió del vehículo.
—Bienvenida a MoonBlood —dijo Cassio.
La puerta principal se abrió lentamente.
Una mujer de largo cabello rojo apareció frente a ellos.
Su piel era pálida.
Sus ojos verdes brillaban con elegancia y autoridad.
A su lado estaban dos niños un poco mayores que Bella.
Ambos observaban con evidente desconfianza.
Cassio caminó hasta ellos.
—Agora, ella es Bella Gros Warren, hija del Alfa Vicente Gros y la Luna Andrea Warren.
Luego miró hacia Bella.
—Bella, ella es mi Luna, Agora… hermana de los Reyes Alfa.
Bella abrió ligeramente los ojos sorprendida.
¿Hermana de los Reyes Alfa?
Eso significaba que aquella mujer pertenecía directamente a la familia real.
Cassio señaló a los dos niños.
—Y esos dos problemáticos son Cristofer y Hans. Mis hijos… y futuros Alfas de MoonBlood.
Los niños cruzaron los brazos observándola.
Bella realizó una pequeña reverencia rápidamente.
—Mucho gusto… y gracias por aceptarme en su manada.
Agora sonrió suavemente.
Pero por un instante sus ojos se estrecharon apenas.
Porque Bella olía…
Extraña.
No humana.
No loba.
Simplemente…
Diferente.
Sin embargo no dijo nada.
—Debes estar cansada —dijo Agora—. Prepararé algo caliente.
Bella asintió agradecida.
Poco después fue guiada hacia una habitación en el segundo piso.
Era mucho más grande de lo que esperaba.
Pero también más fría.
Sin demasiadas decoraciones.
Muy diferente a MoonBlack.
No tuvo demasiado tiempo para acomodarse.
Minutos después uno de los omegas la condujo directamente al despacho de Cassio.
El Alfa de MoonBlood permanecía de pie frente a una enorme ventana observando la tormenta.
No volteó al escucharla entrar.
—Sabes que aquí no serás tratada con delicadeza.
Bella guardó silencio.
—No serás protegida por ser mi sobrina.
Finalmente Cassio giró hacia ella.
Sus ojos rojos brillaban peligrosamente.
—Aquí pelearás por vivir. Entrenarás junto a todos los demás. Comerás con ellos. Sangrarás con ellos. Y si no eres capaz de soportarlo… nadie vendrá a salvarte.
Bella bajó la mirada hacia sus propias manos.
Cassio esperó miedo.
Dudas.
Incluso lágrimas.
Pero cuando Bella volvió a levantar la vista…
Solo encontró determinación.
Y unas enormes ganas de aprender.
Cassio quedó ligeramente sorprendido.
Muy lejos de MoonBlood…
Los cazadores observaban el desastre que había dejado el enfrentamiento con los vampiros.
No lograron capturar a ninguno.
Y lo peor…
Habían tenido que exponerse demasiado.
Uno de los soldados maldijo frustrado.
Pero el niño de cabello plateado permanecía completamente inmóvil.
Pensando.
Recordando.
Aquellos ojos grises.
Aquella niña.
Una pequeña sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Aunque ni siquiera entendía por qué.
Mientras tanto…
En el reino del Rey Vampiro…
Un enorme salón cubierto de mármol oscuro permanecía completamente en silencio.
El Rey Vampiro acababa de salir de una reunión con el consejo cuando una joven apareció frente a él.
Cabello negro azulado.
Vestido elegante.
Ojos rojos intensos.
Amy Dragulia.
La princesa vampira se acercó y besó suavemente la mejilla de su padre.
—Padre… quiero ir a MoonBlack.
El Rey cerró los ojos lentamente.
Ya sabía exactamente por qué.
—Amy… ella no sabe nada.
La joven cruzó los brazos.
—Eso dices tú.
—Interrogué personalmente a la niña cuando encontramos la carroza de Amelia destruida.
Amy lo observó fijamente.
—Aun así quiero ir.
El Rey suspiró cansadamente masajeándose la sien.
—¿Y qué esperas encontrar exactamente?
Amy levantó lentamente la mirada hacia las enormes ventanas oscuras del palacio.
—No lo sé…
Sus ojos rojos brillaron tenuemente.
—Pero sigo sintiendo que en esos límites quedó algo importante hace once años.