La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capítulo 17: La hermana del príncipe: Conoce a la mujer más influyente y gánate su simpatía
La mañana siguiente brillaba con una luz clara y dorada, diferente a todas las anteriores. Después del éxito rotundo de la tarde anterior en casa de la esposa del Gran Visir, mi confianza había crecido, pero también mi conciencia de lo mucho que aún estaba en juego. Hoy tenía ante mí una prueba mucho más grande, mucho más delicada y, sin duda, la más importante hasta el momento: conocer a la Princesa Amira, hermana gemela del Príncipe Zayn y, según lo que sabía tanto por la historia como por los rumores del palacio, la mujer con mayor influencia y poder después de él.
En la novela original, la relación entre Amira y la Elena de entonces había sido un desastre absoluto. Amira, que conocía a su hermano mejor que nadie, que lo amaba con devoción y que siempre buscaba su bien, había recibido a la esposa extranjera con la intención de ayudarla, de guiarla y de hacerla parte de la familia. Pero la otra Elena, orgullosa, terca y convencida de que todos eran inferiores a ella, había rechazado sus consejos, le había contestado con altivez, había criticado sus costumbres y, lo peor de todo, se había atrevido a quejarse y a hablar mal de Zayn delante de ella.
El resultado fue que Amira se convirtió en una enemiga acérrima. Si antes solo le tenía indiferencia, después de eso le tuvo desprecio. Y siendo ella la persona más cercana al príncipe, sus palabras pesaban mucho más que las de cualquier otro. Fue ella quien muchas veces le dijo a Zayn: «Esa mujer no sirve, no te respeta, no es digna de ti. Es solo un problema». Y esas palabras calaron hondo en él, acelerando el destino fatal de Elena.
Yo no cometería ese error. Sabía que ganarme a Amira era, quizás, la clave maestra para sobrevivir y cambiar mi destino. Si ella llegaba a quererme, a respetarme y a considerarme digna de su hermano, tendría el apoyo más poderoso de todas.
—Hoy es el día más importante hasta ahora, Layla —dije mientras ella me ayudaba a vestirme, eligiendo con cuidado cada detalle—. La Princesa Amira no es una dama cualquiera. Es igual a él en inteligencia, en fuerza de carácter y en forma de ver el mundo. Se dice que se entienden con solo una mirada. Si le caigo bien, tengo la mitad del camino ganado. Si le caigo mal… habré perdido mucho más que su simpatía.
—Lo sé, mi señora —respondió Layla, ajustando el cinturón de seda verde, color que representa la lealtad y la esperanza en esta tierra—. He escuchado decir que Su Alteza Amira es justa, pero muy severa. No soporta la falsedad, ni la estupidez, ni la ingratitud. Pero también dicen que es generosa con quienes demuestran respeto, inteligencia y buenos sentimientos. Y sobre todo… ama a su hermano por encima de todo. Para ella, lo que es bueno para Zayn, es bueno para el reino. Y lo que le hace daño, debe ser destruido.
Asentí gravemente. Esa era la clave. Amira mediría todo lo que yo fuera, todo lo que dijera y todo lo que hiciera, basándose en una sola pregunta: ¿Es esta mujer útil, buena y digna para mi hermano?
Me vestí con un traje de tela ligera de color verde suave, con bordados de hilos plateados que imitaban formas de hojas de palmera, elegante, sobrio y respetuoso. Cubrí mi cabello con un velo del mismo color, arreglado con sencillez, pero con gracia, dejando ver solo mi rostro y mis ojos, tal como dictaba la tradición y el decoro. No llevaba joyas llamativas, solo un broche de esmeraldas pequeñas que me había regalado mi propia familia al partir, algo que tenía valor sentimental, pero sin ostentación.
Al verme lista, respiré hondo, repasando mentalmente todas las reglas, todos los conocimientos adquiridos y, sobre todo, mi nueva actitud: humildad, respeto, inteligencia y lealtad absoluta hacia Zayn.
—Vamos, Layla. Es hora de conocer a la hermana del villano.
La residencia de la Princesa Amira se encontraba dentro del mismo complejo del palacio, pero en un ala separada, rodeada de sus propios jardines privados, más silenciosos, más íntimos y con una belleza majestuosa y tranquila. Al entrar, el ambiente era distinto: se respiraba orden, disciplina y una elegancia refinada que denotaba el carácter de su dueña.
Una doncella me guio por pasillos amplios hasta llegar a un gran salón abierto, con vistas a un jardín interior lleno de fuentes y árboles altos de sombra perpetua. Y allí, sentada sobre unos cojines de terciopelo azul oscuro, con una taza de té en la mano y una postura digna y serena, estaba ella.
Al verla, sentí una pequeña sorpresa. En los libros la habían descrito, pero verla en persona era diferente. Era hermosa, con la misma belleza impactante de su hermano: cabello oscuro como la noche, piel aceitunada y, sobre todo, esos ojos grandes, de un color ámbar profundo, idénticos a los de Zayn. Eran los ojos que yo ya conocía por las descripciones, ojos que parecían verlo todo, que analizaban, que juzgaban y que no se dejaban engañar fácilmente. Era joven, apenas un año menor que su hermano, pero irradiaba una autoridad y una madurez que imponían respeto solo con mirarla.
Me detuve a unos pasos de ella, incliné la cabeza con profunda reverencia, mantuve la mirada baja y esperé en silencio, tal como habían enseñado en mis lecciones. No hablé primero, no me moví, no mostré impaciencia. Sabía que, en esta cultura, y especialmente con alguien de su rango y carácter, la paciencia y la espera eran muestras de respeto y nobleza.
Hubo un silencio largo, pesado, donde sentí sus ojos recorriéndome de arriba abajo, analizando cada detalle de mi ropa, de mi porte, de mi forma de estar. Sentía su juicio pesando sobre mí, buscando errores, buscando la arrogancia que todos conocían.
Finalmente, su voz sonó, clara, melodiosa pero firme, sin una sola nota de debilidad. —Levanta la cabeza, Elena. Déjame verte bien.
Obedecí lentamente, alzando el rostro con suavidad, mirándola con respeto, pero sin miedo excesivo, con una expresión serena, amable y humilde.
Ella me miró fijamente a los ojos, buscando… ¿qué? ¿Orgullo? ¿Desdén? ¿Falsedad? —Te ves distinta —dijo ella, sin sonreír, midiendo cada palabra—. He oído cosas. Dicen que estás cambiada. Que ya no gritas, ni te quejas, ni miras a todo con desprecio. Dicen que ayer, en casa de la esposa del Visir, te comportaste como una verdadera princesa de Al-Jazair. ¿Es cierto? ¿O es solo una máscara que te has puesto por un día?
Era la prueba más directa y dura de todas. Ella iba al grano. No perdía el tiempo en cumplidos vacíos. Quería saber si el cambio era real o fingido.
Yo mantuve su mirada, bajando ligeramente los párpados como señal de respeto, y respondí con voz tranquila, clara y sincera, usando todo lo que había aprendido.
—Alteza… lo que habéis oído es cierto. Pero no es una máscara, ni un juego, ni una actitud de un solo día. —Hice una pausa, eligiendo bien mis palabras—. Es algo mucho más profundo. Cuando llegué aquí, lo hice muy joven, muy asustada, llena de ideas equivocadas, de orgullo mal entendido y de mucha ignorancia. No sabía nada de este reino, de sus costumbres, de su gente, ni de lo que significa realmente ser la esposa de un hombre grande y poderoso como vuestro hermano. Cometí muchos errores, dije muchas cosas equivocadas y me comporté de forma indigna, lo sé. Y me avergüenzo de ello.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??