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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:26k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Los niños preguntan por su papá

Manuela manejó cuatro horas a la capital sin parar.

No porque tuviera prisa, sino porque cada vez que reducía la velocidad su cabeza volvía al doctor Fuentes y a la llamada de Valentina que Ernesto no sabía que ella ya conocía gracias al investigador, que tenía al doctor bajo vigilancia desde hacía tres días y que esa mañana le había mandado un mensaje de dos líneas: El sujeto está nervioso. Habló dos veces con Ernesto Salazar ayer. Creo que están coordinando algo.

Coordinar algo significaba que el doctor todavía no había huido pero estaba considerándolo, y un doctor que huye es un testigo que desaparece, y un testigo que desaparece es seis meses de investigación que se van al caño.

Así que manejó sin parar para no pensar en eso, y pensó en eso todo el camino de todas formas.

Ana la esperaba en el apartamento con café y la expresión de quien tiene cosas que reportar y está esperando el momento correcto.

—Primero los niños —dijo Manuela antes de que ella abriera la boca.

Lucía y Lucas estaban en la sala con los juguetes desparramados en un radio de desastre que solo los niños de cuatro años pueden producir con tanta eficiencia. Cuando vieron a Manuela los dos corrieron, y ella se agachó y los recibió con los brazos abiertos y la garganta apretada de quien lleva tres semanas aguantando y de repente tiene algo concreto a qué soltarse.

Los abrazó más de lo normal. Ninguno de los dos protestó, que ya era un indicador de que la habían extrañado tanto como ella a ellos.

Lucas se separó primero, la miró con esa seriedad suya de hombre pequeño.

—¿Ya te vas a quedar?

—Todavía no, mi amor. Pero vine a verlos.

—¿Cuándo?

—Pronto.

Lucas procesó eso con el escepticismo de alguien que ha escuchado pronto suficientes veces como para saber que es una palabra que los adultos usan cuando no quieren decir no sé.

Se fue a seguir con sus juguetes.

Lucía, en cambio, siguió pegada a ella. Se sentaron en el sofá y Lucía trepó a su regazo con la naturalidad de quien considera que ese lugar le pertenece, y Manuela le acomodó el pelo y respondió preguntas sobre el rancho, los caballos, si había vacas, si había perros, con la paciencia de quien tiene todo el tiempo del mundo aunque no lo tenga.

Fue cuando las preguntas sobre el rancho se agotaron que Lucía hizo la pausa de niña que piensa, la que Manuela ya conocía y que invariablemente precedía algo que no iba a ser fácil de responder.

—Mami.

—¿Qué, mi vida?

—En el colegio la mamá de Sofía vino con el papá de Sofía a la obra de teatro. —Pausa—. ¿Por qué nosotros no tenemos papá?

El estómago de Manuela cayó tres pisos.

Lo había ensayado. Claro que lo había ensayado, porque era el tipo de pregunta que una sabe que va a llegar desde el momento en que decide tener un hijo sola, y Manuela Hernández no era de las que esperan sentadas a que las situaciones difíciles aparezcan sin preparación. Tenía tres versiones de la respuesta según la edad, el contexto y el nivel de detalle que la niña pudiera procesar.

Y aun así la pregunta le pegó en el pecho como si fuera la primera vez que la escuchaba.

—Todos los niños tienen papá —dijo, buscando la versión más honesta que no fuera devastadora—. Lo que no todos tienen es un papá que esté con ellos todos los días.

Lucía la miró con esos ojos que heredó de ella y que a veces la miraban con una claridad que la incomodaba.

—¿Dónde está el nuestro?

—No está aquí ahora mismo.

—¿Lo conocemos?

—No todavía.

—¿Lo vamos a conocer?

Manuela le acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja, despacio, ganando dos segundos.

—Algún día.

Lucía procesó eso. Lo sopesó con la seriedad de sus cuatro años y luego se bajó del sofá y fue a buscar a Lucas, porque los niños tienen la habilidad de aceptar respuestas incompletas con una naturalidad que los adultos perdemos en algún momento del camino y ya no recuperamos.

Manuela se quedó en el sofá mirando el espacio donde Lucía había estado sentada, con las manos en el regazo y el pecho apretado.

Diego. La respuesta que no había dicho era Diego, aunque Diego tampoco era una respuesta completa porque Diego no sabía que existían y ella había tomado esa decisión conscientemente y no se arrepentía, o al menos eso era lo que se decía en los momentos en que no estaba sentada en un sofá después de que su hija le preguntara dónde estaba su papá.

Ana apareció en el umbral.

—¿Estás bien?

—Estoy funcional —dijo Manuela, y se levantó.

Le dio el reporte de seguridad del edificio en la cocina mientras los niños veían televisión. El hombre del traje gris no había vuelto, pero el portero había reconocido el carro estacionado dos veces más en la calle de enfrente en horarios distintos. Observando. Sin bajar.

—Las placas que me mandaste —dijo Ana— las registré con el investigador. ¿Tienes respuesta?

—Esta tarde. —Manuela tomó el café—. No abras la puerta a nadie que no conozcas. Si llama alguien preguntando por mí, no vivo aquí. Si preguntan por los niños, no hay niños. Si insisten, cuelgas y me llamas.

Ana asintió sin preguntar por qué, que era una de las razones por las que Manuela le pagaba lo que le pagaba.

Se quedó con los gemelos hasta las seis de la tarde. Cenaron los cuatro juntos, Manuela les leyó un cuento a los dos en la cama, aunque Lucas protestó que ya estaba grande para cuentos y se quedó dormido en el tercer párrafo, y cuando los dos estuvieron dormidos se quedó un momento en la puerta del cuarto mirándolos en la oscuridad con esa sensación específica de las cosas que uno protege a un costo que no le cuenta a nadie.

Luego se fue.

Llegó al rancho pasada la medianoche y el rancho estaba en silencio y su cuarto estaba oscuro y Manuela se sentó en el borde de la cama sin encender la luz porque la oscuridad a veces era más fácil.

Lucía preguntando por su papá. Lucas dormido en el tercer párrafo del cuento. Los dos en esa cama que Ana les había puesto con las sábanas de cohetes que Lucas había elegido y las de flores que Lucía había elegido y que convivían en la misma cama sin que ninguno de los dos cediera, que era exactamente su carácter resumido en ropa de cama.

Diego.

No lo había pensado en semanas porque había tenido suficientes cosas urgentes en qué pensar, pero ahora, en la oscuridad del cuarto, lo pensó. Pensó en esa noche de hace años que era la respuesta real a la pregunta de Lucía, aunque la respuesta real era más complicada que un nombre.

Había llegado a la capital con una maleta, el libro de cuentas de su madre y el corazón destrozado de una manera que en ese momento le parecía irreparable. No tenía plan. Tenía dinero suficiente para dos meses y la determinación sorda de alguien que no va a dar marcha atrás porque no tiene a dónde volver.

La primera noche había bebido.

Eso no era algo de lo que se enorgullecía, pero tampoco lo negaba, porque era la verdad y la verdad era lo que era. Se había sentado en el bar del hotel donde estaba hospedada y había bebido con el método eficiente de alguien que no quiere sentir algo específico y sabe que el alcohol es la solución más rápida, aunque sea temporal.

Recordaba el bar. Recordaba el vaso. Recordaba llorar, que era algo que no hacía en público nunca y que esa noche no pudo evitar porque el alcohol tiene esa mala costumbre de bajar defensas que uno ha construido con mucho esfuerzo durante mucho tiempo.

Recordaba una voz. Grave, tranquila, que le había preguntado si estaba bien sin el tono condescendiente de quien pregunta eso esperando que digas que sí y te vayas. Una mano que le había pasado agua sin que ella la pidiera. Después, nada. La oscuridad del alcohol y el dolor mezclados y la mañana siguiente en su cuarto sola, con la cabeza partiéndose y la ropa del día anterior y la certeza de que algo había pasado, aunque no supiera exactamente qué.

Tres meses después había descubierto el embarazo.

Había hecho las cuentas. Las fechas cuadraban con Diego, y no había razón para pensar otra cosa porque la noche del hotel era un hueco negro en su memoria del que no recordaba nada concreto, así que Diego era la respuesta lógica y Manuela era una mujer de respuestas lógicas.

Había decidido sola. Había construido sola. Había criado sola.

Y Diego no sabía nada porque Diego no merecía saber nada, y eso también era una decisión que había tomado conscientemente y con la que cargaba sin pedirle permiso a nadie.

El teléfono vibró.

Era el investigador. Mensaje de texto, sin preámbulo: Las placas del carro pertenecen a una agencia de investigación privada de la ciudad. El cliente que los contrató pagó en efectivo. Sin nombre registrado. Pero la agencia tiene un acuerdo de servicios recurrentes con un despacho de abogados que representa a Valentina Ruiz viuda de Hernández.

Manuela leyó el mensaje dos veces.

Valentina. No Ernesto. Valentina personalmente había contratado a alguien para investigar los cinco años que Manuela había pasado fuera del rancho, y lo había hecho con suficiente cuidado como para pagar en efectivo y usar un intermediario.

Eso significaba que Valentina sospechaba que había algo que encontrar.

1
Yoly Sambrano
bonita pero para mi gusto un poquito larga mucho redundancia o mucho detalle no se
Corina Galantti
una obra maravillosa! me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Lilia Dos Santos
Un trabajo excelente. Muy bien escrito y sumamente interesante que mantiene al lector expectante en cada capítulo.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Isa 🇻🇪
Buen trabajo, el personaje de Manuela fenomenal mujer empoderada que enfrenta las situaciones con inteligencia sin dramas ni llantos, el tema interesante por qué expone lo que algunos seres humanos son capaces de llegar a ser por la ambición, envidia y codicia, incluyendo la traición y el crimen para lograr sus objetivos.
Noiraly Tovar
Que es eso como que lo capturaron y esa noche que lo dejaron libre....me perdí 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto mato a Vale la considero una traiciónera ambos eran culpables
Betty Saavedra Alvarado
Manu quiere justicia la hará si o si para su padre que confío en Ernesto y lo traicionó
Betty Saavedra Alvarado
Manu se fue decepcionada de su padre que no la valoro el confío en Ernesto que lo decepcionó
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto entrégate no hagas burradas te vas a ir preso
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto eres un cobarde te metiste con Lucia ella es una niña inocente de todo Manu no dejará que nada le pase
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto se quiere apoderar de lo que no es suyo Manu lo escucha para ganar tiempo
Betty Saavedra Alvarado
Diego ayudará a rescatar a Lucia el conoce una entrada secreta
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya está en los brazos de sus padres Ernesto está preso ahora hacer justicia para don Héctor
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto recibiste tu merecido por traidor y asesino cadena Perpetua ahora morirás en la carcel
Betty Saavedra Alvarado
Manu y Damián se casaron en el manantial donde se conocieron Lucia y Lucas son dos niños que imponen su presencia en la ceremonia ellos son únicos
Betty Saavedra Alvarado
Cin van una gran historia que llegó a su fin a veces los padres nos equivocamos dejamos o confiamos en personas que nos defraudan como Héctor que confío en Ernesto que resultó un ladrón y asesino Manu hizo justicia ahora tiene una familia de seis hijos un esposo que la ama como todos los matrimonios sus hijos los ponen en aprietos Un abrazo desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Cinvan que siga la historia de Lucia y Lucas
total 1 replies
Noiraly Tovar
No me dejes así por favor.............😒😒😒😒😒😒😒😒😒😒
Yolanda Plazola Arroyo
ya esta muerto y el todavía no lo sabe 🤭👿👿
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