Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.
No se conocen. Pero el hilo los encontró.
A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.
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*El claro - POV Kael*
La nieve crujía bajo las botas. Kael no apuró el paso.
Faltaban 100 metros para el centro del claro de Luna Plateada. El amanecer empezaba a romper el cielo detrás de los abetos. Azul pálido, frío, sin promesas. Exacto como ella había dicho.
Luna llena. Amanecer. Solo.
Cumplió.
A 600 kilómetros al norte, Kael el Rey de reyes. Esperaba la confirmación de su emisario.
El enlace le llegó a los 10 minutos. Fue presión en la nuca, calor en el pecho, como cuando alguien confirma algo sin hablar.
Kael recibió el mensaje y contestó.
-Okey.- dijo Kael
Y ahora estaba acá, pensando en ella.
-Respiró hondo. El aire le cortó los pulmones. No por el frío. Por el hilo.
Desde que habló con Sophia sobre los Cenizas en el claro de luna plateada, desde que la vio, se enamoró... ese hilo tiraba. Cada kilómetro que cabalgó desde Colmillo Negro no fue en vano.
La vio antes de que ella lo viera a él.
Capa gris de Luna Plateada. El pelo oscuro suelto, cayéndole sobre los hombros. Ojos azul hielo, hermosos. Sin dagas. Completamente sola. Tal como exigió.
17 años.
El pecho se le cerró. Fue físico. Como si alguien le hubiera apretado las costillas con manos de piedra.
Mate.
La palabra sonó en su cabeza. Su lobo aulló. No hubo revelación, pero sí confirmación.
Fue instinto. Puro. Animal. El mismo instinto que lo hizo Alfa a los 19, que lo hizo sobrevivir a los Cenizas, que lo hizo ganar cada batalla.
Esa era.
No había duda. No había lógica que discutir. No había guerra en el mundo que valiera más que ese segundo en que la vio parada en la nieve y su cuerpo entendió antes que su mente.
Mi mate.
Su lobo, adentro, no se lanzó. No reclamó. No marcó. Solo se puso de pie después de años de buscarla y la miró. Quieto. Como perro que vuelve a casa y no ladra porque sabe que ya llegó.
Kael se detuvo.
Si daba un paso más, si abría la boca, si decía su nombre en voz alta con la luna llena arriba... todo se rompía.
Ella no lo sabía. No podía saberlo. Para ella esto era negociación. Alianza. Lógica fría.
Para él era condena.
Porque decirle "sos mi mate" sería ponerle una diana en la frente. Los Cenizas la olerían a kilómetros. Su propia manada la querría como moneda de cambio. Aldric la encerraría para protegerla.
No. No iba a decirlo.
Así que se quedó quieto. A 20 pasos. La distancia se respeta.
Sophia giró la cabeza. Lo vio.
No bajó la vista. No tembló. No dio un paso atrás. Lo midió. De arriba a abajo. Exactamente como lo hace en su casa, cuando él le habló de los Cenizas.
Kael sostuvo la mirada. No desafió. No reclamó. No rogó.
El pecho le ardía. Las costillas le dolían. *El hilo entre ellos vibraba como una cuerda atada a las costillas. Cada respiro de ella tiraba de él. 10 pasos y se estaba asfixiando.*
No lo hizo.
Solo lo miró. Fría. Firme. Igual a él.
"Viniste solo" dijo al fin. Voz sin temblor. Dos palabras. Sin "Alfa". Sin título. Sin miedo.
Kael asintió. Una vez. La garganta le quemaba como si se hubiera tragado vidrio.
No confió, había dicho ella al emisario. _Si no confía, no quiero su fuerza cerca de mi gente._
Ahora tenía que demostrar que confiaba. Aunque cada fibra suya gritara "MIA". Aunque el instinto le quemara la piel pidiendo que cruzara esos 20 pasos y comprobara si su calor apagaba el fuego de ella.
*Por un segundo imaginó cruzar los 10 pasos. Ponerle la capa encima. Decirle al oído: "Te sentí desde que naciste". Después recordó las Cenizas. Y se tragó la saliva. Otra vez.*
No cruzó.
Metió las manos en los bolsillos del abrigo de piel negra. Para que ella no viera que le temblaban. Medio segundo. Nadie lo notó. Nadie tenía que notarlo.
El viento movió el pelo de ella. Le llegó el olor. Pino, nieve, y algo más bajito. *No era pino. No era nieve. Era ella. Olía a hogar, a manada, a invierno que por fin terminaba.* Algo que hizo que su lobo se sentara y no se moviera más. Como reconociendo territorio.
Casa.
Kael tragó saliva. Dolió.
Podía hablar. Podía decir "lo sé". Podía decir "Sos mia".
No dijo nada.
Porque los reyes que valen, esperan. Y él iba a esperar toda la vida si hacía falta, antes que condenarla a ser atacada por otras manadas.
Sophia dio un paso. Se quedó a 10 pasos ahora. Distancia de negociación.
"Empecemos" dijo. Fría. Directa. Hablamos como iguales. Eso había pedido.
Kael asintió otra vez. La voz no le salía. Si hablaba, iba a cruzar el claro de tres zancadas. Iba a tocarle la cara. Iba a romper todas sus reglas.
Así que no habló.
Solo la miró. Memorizó cada detalle como si fuera la última vez que podía hacerlo sin que fuera peligroso.
La forma en que el frío le enrojecía las mejillas. La forma en que apretaba los puños a los costados para que no se notara que estaba nerviosa. La forma en que respiraba corto, como si el pecho también le ardiera un poco y no supiera por qué.
Mate. Predestinada. Mia.
Y no le dijo nada.
El amanecer subió un poco más. La luz le pegó en el pelo. Por un segundo se olvidó de todo. Por un segundo Kael olvidó que era Alfa. Olvidó la guerra. Olvidó los Cenizas.
Solo recordó que ella existía. Que respiraba. Que estaba a 10 pasos y no se había ido.
El enlace del emisario le dijo. _No bajes la guardia, alfa._
Kael lo cortó él mismo. Con fuerza de voluntad. No quería testigos. No quería que nadie en Luna Plateada supiera lo que su cuerpo ya sabía.
Porque esto era solo de él. Y de ella. Aunque ella no lo supiera todavía.
Sophia esperó. No exigió. No presionó.
Kael cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, el dolor seguía ahí. El hilo seguía tirando. La necesidad seguía quemando.
Se tragó el instinto. Se tragó el aullido.
Y se quedó quieto. A 10 pasos. Rey de Colmillo Negro, el que no espera... Estaba esperando.
Por ella.
*Y Kael entendió por qué el río estaba helado. Era para que, cuando ella cruzara, él supiera que quemaba.*
Porque si decir la verdad la ponía en peligro, entonces él sería silencio. Sería piedra. Sería invierno entero antes que una sola palabra la lastimara.
Sophia no sabía que él ya sabía.
Y Kael no iba a decirle.
No hoy. No así. No con la luna llena mirándolos y el mundo lleno de lobos que matarían por tenerla.
Así que guardó silencio.
Y dejó que el hilo hablara por los dos.
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰