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Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la verdad oculta

Las palabras de Camila quedaron suspendidas en el aire.

El estacionamiento del hospital, que unos segundos antes parecía tranquilo, se llenó de una tensión inesperada.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Camila respiraba con dificultad, como si hubiera corrido para llegar.

—Necesito hablar contigo.

—No es el momento.

—Sí lo es.

La firmeza de su voz sorprendió incluso a Valentina.

Porque no sonaba como la mujer segura y calculadora que había conocido.

Sonaba nerviosa.

Asustada.

Y eso la inquietó.

Alejandro miró hacia el hospital.

Luego hacia Camila.

Y finalmente hacia Valentina.

—¿Qué ocurre?

Camila tragó saliva.

Por un momento pareció debatirse entre hablar o marcharse.

Pero finalmente reunió el valor.

—Tu padre tuvo algo que ver con nuestra ruptura.

El silencio fue inmediato.

Completo.

Absoluto.

Valentina observó la reacción de Alejandro.

Y comprendió que aquella era una revelación que jamás había esperado.

—¿Qué estás diciendo?

La voz de Alejandro sonó fría.

Controlada.

Pero detrás de ella había una tormenta.

Camila bajó la mirada.

—Estoy diciendo la verdad.

Durante varios segundos nadie habló.

El sonido lejano de una ambulancia fue lo único que rompió el silencio.

—Explícate.

Camila cerró los ojos brevemente.

Y comenzó a hablar.

—Hace cuatro años, poco antes de que termináramos...

—Lo recuerdo.

—Tu padre me visitó.

Alejandro sintió cómo se tensaban sus músculos.

—¿Qué hizo?

—Me ofreció dinero para desaparecer de tu vida.

Valentina abrió los ojos con sorpresa.

Y Alejandro permaneció inmóvil.

Como si hubiera dejado de respirar.

—Eso es imposible.

—Ojalá lo fuera.

Camila sostuvo su mirada.

—Pero ocurrió.

La noticia cayó como una piedra.

Alejandro intentó procesarla.

Buscar alguna explicación lógica.

Algo que demostrara que aquello no podía ser cierto.

Pero conocía a su padre.

Y una parte de él sabía que Roberto era perfectamente capaz de hacer algo así.

—¿Aceptaste?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.

Camila bajó la cabeza.

Y aquella reacción respondió antes que sus palabras.

—Sí.

El dolor atravesó a Alejandro de inmediato.

No porque fuera una sorpresa.

Sino porque escuchar la confirmación resultaba mucho más difícil.

—Aceptaste.

—Lo sé.

—Me dejaste por dinero.

La voz de Alejandro estaba llena de decepción.

Y aquella decepción pareció afectar a Camila más que cualquier otra cosa.

—No fue tan simple.

—Parece bastante simple.

—No lo fue.

Valentina permaneció en silencio.

Aquello era algo que Alejandro necesitaba escuchar.

Sin interferencias.

Sin opiniones.

Solo la verdad.

Por incómoda que fuera.

Camila respiró profundamente.

—Tu padre me hizo creer que jamás me aceptarían.

—¿Y eso justificó todo?

—No.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

—Nada de lo que hice tiene justificación.

Alejandro apartó la mirada.

Porque la herida que creía cerrada acababa de abrirse nuevamente.

—¿Por qué me lo dices ahora?

La pregunta llegó cargada de dolor.

Camila tardó varios segundos en responder.

—Porque vi la forma en que miras a Valentina.

Valentina sintió un estremecimiento.

—Y comprendí algo.

Alejandro la observó.

—¿Qué?

—Que si no decía la verdad ahora, iba a perder la oportunidad para siempre.

Aquellas palabras parecían sinceras.

Pero llegaban demasiado tarde.

Mucho demasiado tarde.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Finalmente Alejandro habló.

—Pasé años pensando que nunca te había importado.

Camila cerró los ojos.

Una lágrima escapó por su mejilla.

—Lo sé.

—Pensando que todo había sido una mentira.

—Lo sé.

—Pensando que no significaba nada para ti.

Camila negó con la cabeza.

—Nunca fue mentira.

La sinceridad de aquella respuesta resultó devastadora.

Porque Alejandro podía verla.

Podía escucharla.

Y sabía que estaba diciendo la verdad.

Pero también sabía otra cosa.

El amor no siempre es suficiente.

Y algunas decisiones tienen consecuencias que no pueden deshacerse.

Finalmente dio un paso atrás.

—Debiste decirlo hace años.

Camila bajó la mirada.

—Tenía miedo.

—Y yo también.

La respuesta fue inmediata.

Dolorosa.

Real.

—Pero aun así enfrenté las consecuencias.

Aquellas palabras hicieron que Camila comprendiera algo.

Ya era demasiado tarde.

Valentina observaba la escena con el corazón encogido.

No sentía celos.

Ni enojo.

Solo tristeza.

Porque podía ver el dolor de ambos.

Dos personas que alguna vez se amaron profundamente.

Y que ahora se encontraban separados por errores imposibles de borrar.

Después de varios minutos, Camila se secó las lágrimas.

Y sonrió con tristeza.

—Supongo que necesitaba escucharlo.

—¿Escuchar qué?

—Que realmente terminó.

Alejandro permaneció en silencio.

Y aquel silencio fue suficiente respuesta.

Camila asintió lentamente.

Como si finalmente aceptara una realidad que llevaba demasiado tiempo evitando.

Antes de marcharse, dirigió una última mirada hacia Valentina.

Una mirada diferente a todas las anteriores.

Sin rivalidad.

Sin resentimiento.

Solo honestidad.

—Cuídalo.

Valentina se sorprendió.

—¿Qué?

Camila sonrió débilmente.

—Es una buena persona.

Y merece ser feliz.

Aquellas palabras parecieron sinceras.

Completamente sinceras.

Luego volvió a mirar a Alejandro.

—Adiós.

Y esta vez, cuando se alejó, ambos supieron que era una despedida definitiva.

Durante varios minutos permanecieron en silencio.

Observando cómo desaparecía.

Hasta que finalmente quedó fuera de vista.

Alejandro dejó escapar un largo suspiro.

—No sé qué sentir.

Valentina tomó suavemente su mano.

—No tienes que decidirlo ahora.

Él la observó.

Y por primera vez aquella noche sonrió.

Una sonrisa cansada.

Pero real.

—Siempre sabes qué decir.

—Empiezo a sospechar que exageras.

—No.

Alejandro negó suavemente.

—Nunca exagero cuando hablo de ti.

El corazón de Valentina se aceleró.

Y esta vez ninguno apartó la mirada.

Porque algo estaba cambiando.

Algo importante.

Las sombras del pasado comenzaban a desaparecer.

Y por primera vez desde que se conocieron, el camino frente a ellos parecía despejado.

Sin embargo, dentro del hospital, Roberto Montenegro observaba la lluvia a través de la ventana de su habitación.

Y acababa de tomar una decisión.

Una decisión que podía cambiar para siempre la relación con su hijo.

Y también el futuro de Alejandro y Valentina.

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