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La Esposa del Hombre Prohibido

La Esposa del Hombre Prohibido

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / La mimada del jefe / Casada con el millonario / Amante arrepentido
Popularitas:235k
Nilai: 4.8
nombre de autor: MeriGrei

Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.

Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?

NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Lucía no fue al estudio.

Primero dio una vuelta inútil por el pasillo. Después miró el ascensor interno de la casa como si fuera una salida de emergencia.

No conocía la mitad de esa residencia. Había vivido ahí unos días, pero se movía entre el cuarto, el comedor, el estudio de Mateo y la cochera. Todo lo demás era territorio ajeno.

Mateo apareció a su lado cuando el ascensor abrió.

—Te acompaño.

—No hace falta.

—Quiero.

—¿No tenés trabajo?

—Sí.

—Entonces trabajá.

—Después.

Lucía entró al ascensor porque discutir en la puerta era más ridículo que aceptar. Mateo apretó el tercer piso.

El espacio cerrado olía a él. Sándalo, jabón caro, café. Lucía miró los números subir y se obligó a no mirar el reflejo de los dos en la puerta metálica.

—¿Me tenés miedo? —preguntó él.

—No.

—No parece.

—No te tengo miedo. Me... desordenás.

Mateo no respondió.

El ascensor abrió en una biblioteca enorme. Lucía se olvidó de respirar por un segundo.

Había estantes hasta el techo, una mesa larga de madera oscura, lámparas bajas, papeles de moldería, marcadores, acuarelas, libros viejos y un ventanal que daba al jardín. No era una decoración. Alguien usaba ese lugar.

—¿Esto es tuyo?

—De la casa.

—Qué respuesta de rico.

Mateo la miró.

—Podés usarlo cuando quieras.

Lucía caminó entre los estantes. Tocó una caja de marcadores, abrió unas acuarelas, revisó un papel grueso. El cuerpo se le aflojó un poco. Eso sí era conocido. Clara e Inés la habían tenido tardes enteras haciendo figurines, corrigiéndole la mano, riéndose cuando se manchaba la nariz.

—Inés me enseñó lettering para las etiquetas —dijo.

—Lo sé.

—¿Ella te contó?

—Sí.

—¿Y vos?

—Soy malo.

Lucía lo miró, interesada de verdad.

—¿En algo?

—En esto.

—Milagro.

—Podés enseñarme.

—¿Ahora?

—Cuando quieras.

Ella agarró un libro al azar para no seguir sintiendo su mirada. Lo abrió.

Lo cerró de inmediato.

Mateo soltó una risa baja.

—No vi nada —dijo.

—Mentira.

—Sí.

Lucía devolvió el libro al estante con la cara ardiendo. Grabados antiguos. Parejas. Demasiada piel para las once de la mañana.

—Tu biblioteca es peligrosa.

—No sabía que eso estaba ahí.

—Claro.

Ella quiso pasar, pero Mateo estaba en medio del pasillo entre dos estantes. No la tocaba. Tampoco se corría.

—Mateo.

—Todavía quiero besarte.

La frase le cortó cualquier chiste.

Lucía bajó la vista. Sentía el anillo frío bajo la blusa y la nuca caliente donde él se lo había cerrado.

—Ya sé.

—Si no querés, decilo.

—No dije eso.

Mateo dio un paso. Ella no retrocedió.

—Si te incomoda, paro.

—No me hagas firmar un contrato.

Esta vez él sí sonrió.

Lucía cerró los ojos tarde. Mateo la tomó de la cintura y la besó.

Al principio fue suave. Demasiado contenido para alguien que llevaba horas mirándole la boca. Después ella le agarró la camisa, apenas, y él perdió un poco de paciencia.

La espalda de Lucía tocó el estante. Mateo puso una mano detrás de su cabeza para que no se golpeara. La otra quedó en su cintura, firme, caliente.

Lucía no pensó en Bruno.

No pensó en la oficina.

No pensó en la valija abierta ni en el vuelo de esa noche.

Pensó en que Mateo besaba como hablaba cuando se quedaba sin rodeos: directo, serio, con una calma que se rompía de golpe.

Cuando la soltó, ella estaba agarrada a su cuello.

—Perdón —dijo él, con la voz más baja.

—¿Por qué?

—Me fui.

—Un poco.

Mateo apoyó la frente contra la de ella.

—Quiero más.

Lucía tragó saliva.

Lo sabía. Lo sentía en la mano de él, en su respiración, en la forma en que intentaba quedarse quieto.

Y no le dio asco.

Eso la asustó más.

—Esta noche volamos —dijo, como si esa fuera una razón seria.

—Sí.

—No quiero subirme al avión caminando raro.

Mateo cerró los ojos.

El celu sonó.

Una vez.

Dos.

Mateo soltó aire por la nariz. Sacó el teléfono con cara de querer tirarlo por la ventana.

—Decime.

Su voz volvió a la de presidencia en medio segundo.

Lucía aprovechó para acomodarse la ropa, el pelo, la dignidad. No le quedaba mucha.

—Ahora no —dijo Mateo al teléfono—. Mandámelo por mail. No, ahora no.

Cortó.

Lucía ya estaba a dos metros.

—Tengo que revisar bocetos.

—Lucía.

—Y vos tenés que trabajar.

—Lucía.

—No me mires así.

—¿Así cómo?

—Como si siguieras en el pasillo.

Mateo guardó el celu.

—Sigo.

Ella salió de la biblioteca con el pulso en la garganta.

El resto de la tarde lo evitó con una torpeza evidente. Se metió en el estudio, revisó diseños, guardó los más reconocibles de La Despistada y eligió material suficiente para no hacer papelones en Seúl.

Mateo no la persiguió. Trabajó. Llamó. Revisó contratos. Cada tanto aparecía en la puerta y preguntaba algo simple.

—¿Comiste?

—Sí.

—Mentira.

—Después.

—Ahora.

Y le dejaba un plato.

A la noche, cenaron temprano. Marta y Luis movían valijas por la entrada. Simón mandó tres mensajes seguidos preguntando si el jefe estaba de buen humor o si debía llevar casco al aeropuerto.

Lucía le respondió:

Lucía: Llevá casco siempre. Sos Simón.

Simón: Señora Alcázar, qué agresiva.

Lucía: Te bloqueo.

Simón: No puede. Soy patrimonio familiar.

Mateo leyó sobre su hombro.

—No le contestes.

—Es mi ex compañero de facultad.

—Y mi asistente.

—Pobre tipo.

—Sí.

A las diez y media, Luis subió las valijas al auto. Mateo y Lucía salieron por la cochera privada. Él abrió la puerta trasera.

—¿Vamos solos?

—Pasamos por Simón.

—Qué romántico.

—Después por Nicolás y Blanca.

—Peor.

Mateo le acomodó la bufanda de Inés.

—Frío en Seúl.

—Ya sé.

—No parece.

—¿Siempre vas a ser así?

—Sí.

Lucía subió al auto.

Simón esperaba en la esquina con una valija y una sonrisa indecente.

—Buenas noches, familia.

—Subí y callate —dijo Mateo.

—Qué lindo viajar con recién casados.

Lucía lo apuntó con un dedo.

—Una palabra más y te mando a bodega.

Simón levantó las manos.

—Calladísimo.

No lo estuvo ni dos minutos.

1
Marcela Liy Espinosa
se me hace mucho lo que le pasa a él, sólo porque ella es muy insegura y no razona todo lo que él ha hecho por ella y hasta su familia lo maltrata.
Beda Aleman
Es que todos son unos envidiosos por qué Lucia está casada con Mateo y el no les hace ni pío a ellas quieren que Mateo y lucia y Mateo pelen seguro la hacen beber y ella no sabe beber seguro Mateo la buscará ya antes que todos la tomen de burla 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Es que todos son unos envidiosos por qué Lucia está casada con Mateo y el no les hace ni pío a ellas quieren que Mateo y lucia y Mateo pelen seguro la hacen beber y ella no sabe beber seguro Mateo la buscará ya antes que todos la tomen de burla 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Es que son un par de indecisos están en un estira y encogen Mateo que no se decide y ella que tampoco se decide el trabaja y trabaja y ella duerme y duerme yaaaaa🙈🙈🙈
Beda Aleman
Para mí ambos son estupidos el no la atiende como debería todo el tiempo es trabajar y trabajo 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Hay hombre que son terco el Bruno parece bruto todavía lo golpea Mateo y el continúa molestando a Lucia será que quite otra rumba de golpes le gustaron 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Esas familias son todas un choc todo lo quieren saber unas .madres protectoras y amigas sabe lo todo 😂😂😂
Beda Aleman
Que Madre tan complaciente buena familia pero todos habladores quieren saber todo hasta lo más pequeñas cosas 👏👏👏
Beda Aleman
Que Madre tan complaciente buena familia pero todos habladores quieren saber todo hasta lo más pequeñas cosas 👏👏👏
Beda Aleman
son un par de dos estiran y encogen ella se atera y el no se atreve hasta cuando 🤣🤣🤣🤣
Beda Aleman
Cierrto a pesar de todo tiene su modo de tratarse tan tierna con tanto amor así con un poco de miedo pero queriendo síi o no 🤣🤣🤣
Beda Aleman
siempre hay algo que. nadie sabe ellos todo lo esconden mira que si hay gentes curiosas y pendiente de los demas 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Bueno Mateo ya mándale a reparar la puerta o.va dormir así y llega Bruno la matará 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Sera que también está embarazada Lucia o que tanto te dolió lo de Bruno y Valentina pobre por estupida y ahora que hacer 🙈🙈🙈
Beda Aleman
Es que la envidia siempre tiene cabida cuando hay tanta gente que mide lo que y por qué acusan al primero que cumple con. su trabajo pendiente de lo que hace o deja de hacer 😍😍😍
Beda Aleman
,Bueno Licia tienes quien te pueda ayudar en cuanto de.Bruno y Valentina total ninguno de los dos vale. nada como persona 😡😡😡
Beda Aleman
,Bueno Licia tienes quien te pueda ayudar en cuanto de.Bruno y Valentina total ninguno de los dos vale. nada como persona 😡😡😡
Cliente anónimo
Ya me esta cansando
Alejandra Gomez
Excelente!!!
Vicky Salcido Estrada
queremos maaaas por favor
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