NovelToon NovelToon
EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 5. EL FAVOR DEL DESTINO

El lunes por la mañana llegó con un cielo encapotado que amenazaba tormenta, un reflejo exacto del estado de mi mente. Llegué a la oficina con unas ojeras profundas que ni el mejor corrector de maquillaje lograba ocultar y el estómago cerrado por los nervios. Llevaba todo el fin de semana dándole vueltas a la absurda mentira que le había soltado a Héctor. No había pegado ojo. La presión de buscar un novio falso a contrarreloj me estaba carcomiendo por dentro, y la idea de confesar mi farsa me resultaba aún más insoportable que la de asistir sola a la boda.

Por suerte, mi entorno laboral era lo único que me daba un respiro. Desde hacía tres años, trabajaba como asistente de Marcos, el abogado principal de la firma de servicios corporativos donde prestaba mis servicios. Marcos no era el típico jefe estirado y distante; al contrario, era un hombre jovial, perspicaz y con un sentido del humor a prueba de bombas. Con el paso del tiempo, nuestra relación laboral había evolucionado hacia una amistad muy estrecha. Nos cubríamos las espaldas, compartíamos confidencias entre café y café, y el ambiente en su despacho se parecía más al de dos viejos camaradas que al de un jefe y su empleada. Marcos conocía mi historia con Héctor por encima —lo suficiente para saber que el viaje de mi amigo me había dejado un vacío enorme—, pero no tenía ni idea del laberinto en el que me acababa de meter.

Entré en su despacho a primera hora para dejarle el informe de los contratos comerciales de la semana. Mi torpeza habitual, agudizada por la falta de sueño, hizo que al apoyar la carpeta en la mesa golpeara sin querer el soporte de los bolígrafos, desparramándolos todos por la alfombra.

—¡Lo siento, Marcos! De verdad, qué cabeza la mía... —me disculpé de inmediato, agachándome a toda prisa con las manos temblorosas para recogerlos.

Marcos se reclinó en su silla de cuero, cruzó los brazos y me observó en silencio durante unos segundos. Sus ojos analíticos, habituados a cazar cualquier anomalía en los textos legales, no pasaron por alto mi temblor ni mi mirada ausente.

—A ver, Leo, frena un momento —dijo con un tono suave, pero cargado de firmeza amistosa—. Deja los bolígrafos en el suelo, que de ahí no se van a escapar. Mírame. Llevas toda la mañana arrastrando los pies, has puesto el café sin filtro en la cafetera de la planta y ahora estás a punto de llorar por un par de lapiceros. ¿Qué te pasa? Y no me digas que es el lunes, porque te conozco demasiado bien.

Me incorporé despacio, me senté en la silla frente a su escritorio y apreté las manos sobre mis rodillas. El peso de guardar el secreto yo sola era demasiado grande. Miré a Marcos a los ojos y, sin poder contenerlo más, las compuertas se abrieron. Le solté todo de golpe: la llegada de la invitación de boda, el dolor de darme cuenta de mis verdaderos sentimientos hacia Héctor tras cinco años de silencios, la llamada de confirmación, la mentira por orgullo sobre mi supuesta pareja estable y el pánico absoluto de tener que presentarme en el extranjero con un novio invisible dentro de un par de semanas.

Marcos escuchó todo el relato sin interrumpirme ni una sola vez. Su expresión pasó de la sorpresa a una seriedad pensativa, pero en ningún momento me juzgó. Al contrario, soltó un largo suspiro cuando terminé de hablar y se frotó la barbilla, como si estuviera encajando las piezas de un rompecabezas legal muy complejo.

—Vaya enredo en el que te has metido por culpa del dichoso orgullo, Leo —comentó con una media sonrisa comprensiva—. Pero te entiendo. Al tal Héctor le hace falta un buen golpe de realidad si piensa que ibas a estar toda la vida esperándolo en un rincón. El problema es el "acompañante". No puedes contratar a cualquiera; un actor de tres al cuarto metería la pata en cinco minutos y la humillación sería el doble.

—Lo sé, Marcos, lo sé —respondí hundiéndome en la silla, tapándome la cara con las manos—. Estoy desesperada. He pensado en inventar una enfermedad de última hora, pero Héctor insistirá en reprogramar mi mesa o me llamará cada día. He cavado mi propia tumba.

Marcos guardó silencio durante un par de minutos, tamborileando los dedos sobre la madera del escritorio. En su mirada empezó a brillar una chispa muy particular, una mezcla de picardía y resolución que yo ya conocía de sus mejores estrategias en los tribunales. Lo que yo no sabía en ese momento era que Marcos no solo estaba pensando como mi jefe o mi amigo, sino como el mejor amigo de la infancia de Adrián Valero, el mismísimo CEO de nuestra multinacional.

Marcos conocía a Adrián mejor que nadie en el mundo. Sabía que detrás de esa fachada de empresario implacable, serio y obsesionado con el trabajo, había un hombre de una lealtad inquebrantable, con un sentido del humor irónico que muy pocos lograban despertar y, sobre todo, un hombre que detestaba las injusticias. Además, la casualidad —o el destino, que a veces tiene un sentido del humor muy retorcido— acababa de crear el escenario perfecto. Esa misma mañana, la asistente personal de Adrián había llamado de urgencia para reportar una baja por enfermedad médica grave, justo dos días antes de que el CEO tuviera que emprender un viaje de negocios crucial de una semana... exactamente a la misma ciudad extranjera donde se celebraría la boda de Héctor.

Marcos conectó los puntos en su cabeza en un segundo. Vio una oportunidad de oro no solo para salvar a su asistente favorita de un desastre social, sino para forzar un encuentro entre dos personas que, según su intuición masculina, encajaban de una manera extraña pero perfecta. Adrián necesitaba una asistente bilingüe, eficiente y de total confianza para ese viaje express; Leonor necesitaba un milagro y un hombre con la clase suficiente para eclipsar a cualquier rival.

—Escúchame bien, Leo —dijo Marcos, inclinándose hacia delante con una expresión misteriosa—. No digas nada todavía, pero creo que tengo la solución a todos tus problemas. No me preguntes detalles ahora. Solo quiero que vuelvas a tu puesto, te tomes un té caliente, te retoques el maquillaje y dejes que yo me encargue de la logística.

—¿Qué vas a hacer, Marcos? —le pregunté con desconfianza, frunciendo el ceño—. No estarás pensando en pedirle a alguno de tus amigos solteros del club de golf que actúe, ¿verdad? Porque me muero de la vergüenza.

—Confía en mí, Leo. Va a ser algo mucho mejor que un soltero del club de golf —respondió Marcos con una sonrisa enigmática mientras cogía su teléfono móvil y se levantaba de la silla—. Quédate cerca de tu mesa. Puede que en la próxima hora recibas una llamada que cambie por completo el rumbo de tu viaje.

Salió de su despacho dejándome con la palabra en la boca. Me quedé sentada, mirando los bolígrafos del suelo, con el corazón latiéndome a mil por hora. No tenía ni la menor idea de lo que mi jefe estaba tramando al otro lado de las puertas de cristal, pero una extraña sensación de calidez empezó a sustituir el frío pánico de los días anteriores. Los hilos del destino acababan de empezar a moverse, y el imponente Adrián Valero estaba a punto de entrar en mi vida para ponerla completamente del revés.

1
Akire
hermoso trabajo felicidades escritora , me engancho desde el primer capítulo hasta el final 👏👏👏👏👏👏👏
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
guaoo.. 🥰🥰🥰
Doris C Medina Rivero
buenísimo, Héctor que te quede claro! 👏👏👏
Doris C Medina Rivero
esa bruja de Priscila 💣💣
Doris C Medina Rivero
que emoción 🥰🥰
Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play