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MAHUA

MAHUA

Status: En proceso
Genre:Aventura / Magia y demonio / Romance
Popularitas:148
Nilai: 5
nombre de autor: melany ayelen tschentscher

Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.

NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17: "BAJO LA LLUVIA DORADA"

El silencio duró un poco más.

Tranquilo.

Extrañamente cálido.

El Luk’s Stray avanzaba despacio entre ambos cielos mientras las luces del océano invertido seguían moviéndose sobre nuestras cabezas como constelaciones vivas.

Kai seguía dormido junto al mástil roto.

Yo observaba las estrellas inferiores.

no estaba pensando en sobrevivir.

Mis dedos rozaron distraídamente la tela gastada de mi abrigo.

El viento olía distinto lejos de las nieves eternas.

Más húmedo.

Más vivo.

Todavía me resultaba extraño.

Cerré apenas los ojos.

Y el recuerdo de Mahua volvió otra vez.

Pequeñas huellas sobre nieve infinita.

Sus ojos brillando entre la tormenta.

El sonido suave que hacía cuando encontraba refugio antes que yo.

Siempre antes que yo.

Una pequeña sonrisa apareció apenas en mi rostro.

Muy leve.

Casi inexistente.

—Estás sonriendo.

Abrí los ojos inmediatamente.

Kai seguía apoyado contra el mástil.

Pero ahora me estaba mirando medio dormido.

—No estaba sonriendo.

—Claro.

Su voz salió ronca por el sueño.

—Y yo soy capitán.

Desvié la mirada hacia las estrellas inferiores.

—Duérmete.

Kai soltó una risa baja.

El sonido hizo algo raro en el silencio del barco.

Lo volvió menos pesado.

Menos vacío.

Escuché movimiento detrás de mí.

Después pasos suaves acercándose.

Kai terminó sentándose a mi lado sobre la madera húmeda del barco.

Durante unos segundos ninguno habló.

Solo escuchamos el océano.

Arriba.

Abajo.

En todas partes.

—¿Cómo era? —preguntó de repente.

Lo miré apenas.

—¿Qué cosa?

Kai apoyó los brazos sobre las rodillas.

—El lugar donde vivías.

El viento movió lentamente mi cabello.

Tardé en responder.

Porque no sabía cómo explicar ciento cincuenta años de invierno.

—Blanco.

Kai sonrió apenas.

—Muy descriptivo.

Lo ignoré.

—El cielo casi nunca se veía. Las tormentas tapaban todo durante semanas enteras.

Mis ojos volvieron lentamente hacia la oscuridad del horizonte.

—A veces el viento era tan fuerte que no podías distinguir arriba de abajo.

Mi voz salió más baja.

—Y el silencio… Era enorme.

Kai guardó silencio esta vez.

Escuchando de verdad.

—Había días donde pensaba que si dejaba de caminar… el mundo entero iba a olvidarse de que existía.

El barco crujió suavemente.

Kai bajó un poco la mirada.

—Suena horrible.

Pensé en responder.

Pero entonces recordé a Mahua corriendo entre la nieve.

Durmiendo junto a mí durante las tormentas.

Mirándome como si yo todavía perteneciera al mundo.

Negué lentamente con la cabeza.

—No siempre.

Kai levantó apenas la mirada.

 Por alguna razón… seguí hablando.

—Mahua hacía sonidos raros cuando encontraba peces bajo el hielo.

Kai soltó una pequeña risa.

—¿Sonidos raros?

Asentí.

Intenté imitarlo.

El ruido salió terriblemente mal.

Kai empezó a reírse de verdad esta vez.

Y antes de entender qué estaba pasando…

yo también estaba riéndome un poco.

Muy poco.

Pero suficiente.

El sonido me resultó extraño.

Como escuchar la voz de otra persona.

Kai me observó sorprendido.

—Definitivamente nunca te había visto hacer eso.

La risa desapareció rápido.

Porque algo dentro de mi pecho se tensó.

Una sensación incómoda.

Fragil.

Peligrosa.

Bajé lentamente la mirada.

No estaba acostumbrada a esto.

A hablar.

A compartir recuerdos.

A sentir que alguien realmente escuchaba mis palabras.

Durante ciento cincuenta años el silencio había sido más seguro.

Más simple.

Kai pareció notarlo.

Porque dejó de sonreír.

—Oye.

Lo miré de reojo.

El viento movía suavemente su cabello oscuro.

—No tienes que verte tan preocupada cada vez que pasa algo bueno.

Sus palabras me dejaron inmóvil.

El océano invertido brilló tenuemente sobre nosotros.

— ¿Cómo quieres que esté tranquila?. El Kraken, el megadolon y el Leviatan, solo son leyendas que nos leían a través de los cuentos o la biblia. Verlos en la realidad es realmente aterrador.

—Lo mejor es que no pienses en eso.

Kai apoyó nuevamente la cabeza contra el mástil.

—Descansa un poco, Nara.

Su voz empezó a apagarse otra vez por el sueño.

—Yo vigilo…

—Te quedarás dormido en dos minutos.

—Probablemente.

Cerró apenas los ojos.

Y esta vez…

una pequeña sonrisa terminó apareciendo en mi rostro de verdad.

Muy leve.

El viento siguió empujando lentamente al Luk’s Stray hacia la oscuridad lejana de la Frontera.

Y mientras las estrellas brillaban bajo nuestros pies…

el silencio ya no parecía un enemigo.

Kai efectivamente se quedó dormido dos minutos después.

Tal vez menos.

Su respiración volvió a hacerse lenta mientras continuabamos avanzando entre las estrellas inferiores y el océano suspendido.

Yo seguía despierta.

Observando.

Escuchando.

El mundo de la Frontera nunca dejaba de sentirse imposible y aprendí a estar siempre en alerta.

Arriba, enormes corrientes azules cruzaban lentamente las profundidades invertidas. Criaturas luminosas nadaban entre arrecifes suspendidos dentro del mar superior como si el cielo entero estuviera vivo.

Y abajo…

las constelaciones seguían extendiéndose infinitamente bajo el barco.

Nunca terminaban.

Nunca.

El viento cambió otra vez.

Pero esta vez no trajo peligro.

Trajo olor.

Humedad.

Conocía eso.

Aunque hacía muchísimo tiempo que no lo sentía.

Me puse lentamente de pie.

Entonces lo vi.

Una pequeña gota dorada ascendió desde el cielo inferior.

Subió lentamente junto al casco del barco.

Después otra.

Y otra.

Mis ojos se abrieron.

— No…

Miles de pequeñas gotas comenzaron a elevarse desde las estrellas de abajo.

Lluvia.

Ñ

Pero no descendía.

Ascendía.

Subía desde el cielo inferior hacia el océano invertido.

Las gotas brillaban con luz dorada mientras atravesaban la oscuridad entre ambos mundos.

Parecían estrellas naciendo.

El aire entero comenzó a llenarse de lluvia ascendente.

Silenciosa.

Hermosa.

Irreal.

Las gotas pasaban junto a mi rostro antes de continuar elevándose hacia las aguas superiores, donde desaparecían lentamente dentro del océano invertido.

Sentí algo apretarse dentro de mi pecho.

Porque jamás había visto lluvia.

Nieve.

Ventiscas.

Hielo eterno.

Eso sí lo conocía.

Pero esto…

esto era distinto.

Estiré lentamente la mano.

Una gota dorada atravesó mis dedos y continuó subiendo hacia el cielo marino.

Caliente.

La gota estaba tibia.

Mi respiración se volvió apenas inestable.

No entendía por qué.

Era solo agua.

Pero mis ojos no podían apartarse de aquello.

La lluvia dorada siguió ascendiendo alrededor del barco como un río de estrellas invertidas.

Kai abrió lentamente los ojos.

Todavía medio dormido.

—¿Qué pasa…?

Entonces vio la lluvia.

Y sonrió.

—Ah.

Se incorporó despacio observando las gotas subir hacia el océano superior.

—Primera vez, ¿no?

No respondí.

Porque algo dentro de mí se sentía demasiado lleno.

Demasiado vivo.

Las gotas doradas atravesaban mi cabello.

Mi ropa.

La espada.

Subiendo constantemente hacia arriba.

Como si el mundo hubiese olvidado cómo funcionaba la gravedad.

Kai me observó unos segundos.

Y creo que entendió inmediatamente lo que estaba sintiendo.

Porque no hizo bromas.

No habló.

Solo miró la lluvia conmigo.

El Luk’s Stray avanzaba lentamente en medio de aquella tormenta invertida de luz dorada.

Y entonces…

una puerta se abrió detrás de nosotros.

La capitana apareció sobre cubierta.

Su abrigo oscuro se movía violentamente con el viento húmedo.

Sus ojos recorrieron primero la lluvia.

Después el horizonte.

Y finalmente a nosotros.

Su expresión se volvió seria inmediatamente.

Muy seria.

—Entren adentro.

Kai frunció apenas el ceño.

—¿Qué ocurre?

La capitana levantó lentamente la mirada hacia el océano invertido.

Las aguas superiores estaban cambiando.

Corrientes gigantescas comenzaban a girar lentamente en círculos enormes sobre el barco.

Como remolinos formándose en el cielo.

La lluvia dorada aumentó.

Miles.

Millones de gotas ascendían ahora alrededor del Luk’s Stray.

La voz de la capitana salió baja.

Casi un susurro.

—Nos estamos acercando a la Frontera.

El viento rugió.

Y a lo lejos…

muy lejos…

algo gigantesco comenzó a iluminarse dentro de las profundidades del océano invertido.

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