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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 – Renuncias que sanan, destinos que arden

El amanecer en aquel refugio luminoso tenía un modo delicado de hacerse sentir. No rompía la noche, sino que la persuadía suavemente, extendiendo matices dorados, rosados y azulados entre las hojas que brillaban con su propia vida. El bosque susurraba, las haditas danzaban aún somnolientas, y los extraños animales de aquel mundo —criaturas suaves, de colas luminosas y ojos inmensos— se arrastraban entre la hierba perlada, buscando los primeros rayos cálidos.

Kael observaba todo desde la entrada del refugio natural formado entre raíces gigantes. Parecía incapaz de apartar la mirada del horizonte, aunque su mente estaba muy lejos del paisaje. No pensaba en la belleza. Pensaba en el peso que comenzaba a acumularse en su pecho.

Elara dormía adentro junto a los bebés, los pequeños que ya empezaban a mostrar chispas de poder que ni siquiera comprendían. Sombras diminutas jugaban alrededor de uno, mientras la luz más pura se acumulaba sobre el pecho de la otra. Eran una contradicción perfecta, un equilibrio que no debía existir y que, aun así, había nacido para existir.

Kael sintió, sin necesidad de moverse, la presencia detrás de él.

Aeryn había vuelto.

No como una amenaza, no como la sombra obsesiva que había intentado reclamar algo que ya no le pertenecía, sino con un aire distinto. Su magia seguía siendo profunda, casi abrumadora, pero había perdido esa vibración errática, aquella que parecía querer devorarlo todo. Ahora estaba sereno. No totalmente libre de oscuridad —porque eso jamás sería posible—, pero sí dueño de sí mismo por primera vez desde que aquel mundo lo atrapó entre sus grietas.

—Llegaste temprano —murmuró Kael sin girarse.

Aeryn se acercó despacio, sin intentar ocultar sus pasos sobre la hierba luminosa.

—No pude dormir —respondió, con una sinceridad que sorprendió incluso al aire a su alrededor.

Hubo un silencio extraño. No incómodo, sino expectante.

—¿Sigues sintiendo el influjo de este mundo? —preguntó Kael.

Aeryn respiró profundo. Su pecho se expandió como si necesitara recordar que el aire era suyo y no de la magia que lo había consumido.

—Sí… pero ya no me domina. Antes era como un canto que exigía obediencia. Ahora apenas susurra. Y puedo ignorarlo. —Hizo una pausa, y su voz se volvió más grave—. Me costó comprenderlo, pero parte de lo que sentía por Elara no era sólo mío. Esta tierra… este poder oscuro… lo amplificó todo. Lo retorció.

Kael apretó la mandíbula.

No era celoso por naturaleza, pero sí protector. Y Aeryn, en cualquier otro escenario, hubiese sido una amenaza. Pero ahora, escuchándolo, podía detectar el cambio. No había lucha en su mirada. Ni deseo. Ni obsesión. Sólo remordimiento, claridad y un cansancio profundo.

—¿Y ahora qué es lo que sientes? —preguntó Kael, directo, honesto.

Aeryn ladeó ligeramente la cabeza, observando el horizonte del otro mundo al que estaban atrapados.

—Lo que siempre debí sentir. Respeto. Y… —sus ojos se suavizaron— gratitud. Porque si alguien debía estar con ella, siempre fue alguien como tú.

Kael respiró hondo, sorprendido.

—No lo dices por obligación.

—No —respondió Aeryn, y sonrió apenas—. Lo digo porque finalmente puedo verlo. Ella nunca fue mía a pesar de lo que creí en algún pasado lejano. Ese destino no era un camino; era una herida que ambas almas compartían. Pero ustedes… ustedes construyeron algo real. Algo que ni la oscuridad de este mundo pudo romper.

El silencio volvió, pero esta vez fue liviano.

Entonces Aeryn desvió la mirada hacia la entrada del refugio, donde la luz se filtraba formando motas suaves.

—Puedo sentirlos —dijo—. Tus hijos. Sus energías. Una dualidad tan perfecta que resulta… abrumadora.

Kael asintió.

—Son fuertes. Demasiado fuertes para su edad. Y no sabemos qué implicará eso.

Aeryn dio un paso hacia adelante, dejando que una hoja luminosa rozara su mano.

—Lo que implicará… —sus ojos oscuros se profundizaron— es que serán el inicio de algo que ninguno de nosotros puede prever. Pero lo importante, Kael, es que no debes temerles. Ellos no nacieron para destruir. Nacieron para elegir.

Kael lo observó con cautela.

—Hablas como si lo supieras.

—Quizás este mundo me ha mostrado más de lo que debía. O tal vez… simplemente entiendo que no hay profecía que se cumpla sin voluntad. —Hizo una pausa breve—. Y hablando de destinos… he tomado una decisión.

Kael lo miró con más atención.

—¿Qué decisión?

Aeryn suspiró lentamente, como si soltara siglos de peso.

—Voy a apartarme de su camino. De ella. De ustedes. No porque no me importe… sino porque entiendo que mi presencia entorpece lo que necesitan construir. Lo que los pequeños necesitan para crecer. Ellos deben nacer y vivir libres del conflicto que yo representaba. Y tú… tú mereces vivir sin sentir que tengo una mano sobre tu destino.

Kael lo estudiaba, midiendo cada palabra.

—No pensé que escucharías eso tan pronto —dijo finalmente.

Aeryn sonrió con cierta ironía, aunque sin malicia.

—Yo tampoco. Pero a veces… cuando dejas de luchar contra la verdad, puedes verla entera. —Alzó la vista hacia las luminosas ramas sobre ellos—. Y la verdad es que Elara debe estar contigo. No conmigo. No con una ilusión de lo que alguna vez fue. Y tú… eres capaz de protegerla de formas que yo no podría.

Kael sintió el impacto de esas palabras. No eran rendición. Eran aceptación.

Un cambio real.

—¿Y qué harás ahora? —preguntó.

Aeryn miró hacia el bosque, como si algo invisible lo llamara desde la distancia.

—Buscaré lo que aún queda de mí más allá de esta grieta. Tal vez este mundo no quiera soltarme. Tal vez sí. Pero ya no lucharé para retener lo que no es mío. —Bajó la mirada hacia Kael—. Cuida de ella. Y de ellos. No por la profecía. Sino porque la amas.

Kael inclinó ligeramente la cabeza.

—Lo haré.

Cuando Aeryn se alejó unos pasos, el aire pareció estremecerse, como si el mismo bosque respondiera a su presencia. Las hojas vibraron y la luz cambió de tono, reflejándose en sus ojos oscuros. Estaba siendo llamado por algo profundo, antiguo, y peligroso.

Kael apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Del suelo emergieron espirales de bruma negra, retorciéndose como serpientes. Aeryn no retrocedió. No había miedo en él. Sólo una extraña paz.

—Este mundo aún no ha terminado conmigo —murmuró.

—¡Aeryn! —exclamó Kael, dando un paso adelante.

Pero el otro levantó una mano para detenerlo.

—No intervengas. Esto… es parte de lo que elegí. Parte de lo que debo enfrentar.

La bruma comenzó a envolverlo, elevándolo unos centímetros sobre la tierra. Su cuerpo se tensó, pero su rostro permaneció sereno. El aire se llenó de un vibrato oscuro, poderoso, que no buscaba destruirlo, sino absorberlo. No para matarlo, sino para transformarlo.

—Kael… —dijo con un hilo de voz que, aun así, se escuchó como un eco profundo— cuida de ella.

Y entonces fue tragado por la bruma.

Sin gritos.

Sin dolor.

Sin resistencia.

Sólo una despedida final.

El bosque quedó en silencio absoluto.

Kael permaneció allí mucho tiempo, con los puños cerrados, la mandíbula rígida y una sombra en el corazón. Aeryn había elegido su destino. Un camino incierto. Un final o un renacimiento. Pero lo había hecho en paz.

Y eso… era más de lo que Kael hubiera imaginado para él.

Cuando regresó al interior del refugio, encontró a Elara despierta, con los bebés dormidos a cada lado. Ella levantó el rostro y sus ojos se encontraron con los suyos. No necesitó preguntar.

—¿Se fue? —susurró.

Kael asintió.

Ella bajó la mirada hacia los pequeños, acariciando la mejilla de la niña, donde brillaba una chispa de luz dorada.

—Era lo correcto —dijo.

Kael se acercó, se sentó junto a ella y apoyó la frente en la suya.

—Y ahora comienza lo difícil.

Elara sonrió, cansada, pero firme.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Una luz suave recorrió el refugio, acariciando a la familia recién formada, envolviéndolos con la promesa de un futuro incierto, pero posible.

Y en la distancia, muy lejos hacia donde Aeryn había desaparecido, una pulsación oscura reverberó… como el latido de un corazón que aún no había decidido su destino.

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