Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 23
Pero Logan no había terminado.
—Déjame adivinar —continuó, cruzándose de brazos—. Tú no vas a ir solo, ¿verdad? Vas a mandar a otros mientras tú das órdenes desde atrás.
Un murmullo incómodo recorrió el grupo.
Ataque directo.
Calculado.
Pero entonces—
—Yo iré.
La voz de Enrique no fue fuerte.
Pero sí firme.
Lo suficiente para hacer que todos se callaran.
—Lideraré el equipo del supermercado.
Logan entrecerró los ojos.
No esperaba eso.
—¿Ah, sí? —dijo, con una media sonrisa—. ¿Y eso cambia algo?
—Todo —respondió Enrique, sin titubear—. Porque no estoy pidiendo voluntarios para sacrificarlos. Estoy organizando una estrategia para que todos sobrevivamos.
Se hizo un breve silencio.
Pero Logan volvió a atacar.
—Sobrevivir… —repitió con burla—. ¿Sabes qué es sobrevivir? Mantener este piso seguro. No abrir puertas. No arriesgarse por comida cuando aún tenemos.
—“Aún” —repitió Omar desde un lado.
Su voz fue baja.
Pero suficiente.
Todos lo miraron.
Omar estaba apoyado contra una mesa, con los brazos cruzados, su expresión tan fría como siempre… pero sus ojos estaban atentos.
—Ese es el problema —continuó—. Aún tenemos comida. Aún estamos vivos. Aún no nos han alcanzado.
Se incorporó lentamente.
—Pero eso no va a durar.
El silencio volvió.
Distinto esta vez.
Más incómodo.
—Las reservas son limitadas —añadió—. Y lo sabes, Logan. Lo has visto.
Logan no respondió de inmediato.
Pero su mandíbula se tensó.
—Salir ahora… —continuó Omar— es una decisión estratégica. No desesperada. El supermercado está a tres cuadras. Es más seguro que esperar a que tengamos que salir cuando ya no tengamos opción.
Algunas personas comenzaron a asentir.
Dudosas.
Pero empezaban a entender.
—Además —intervino Enrique—, no se trata solo de comida. Necesitamos armas. Necesitamos rutas. Necesitamos conocer el exterior antes de que nos obligue a salir sin preparación.
Logan soltó una risa baja.
—¿Y tú crees que un grupo de civiles va a lograr eso?
—No —respondió Omar sin dudar—. Pero un grupo organizado, sí.
Ese golpe fue más directo.
Más frío.
Logan lo miró fijamente.
—¿Y tú qué? —replicó—. ¿Vas a ir también?
—Sí.
Sin emoción.
Sin duda.
—Entonces eres igual de idiota que él.
Un par de hombres rieron nerviosamente.
Pero nadie más.
Porque ya no sonaba tan convincente.
—No —dijo Enrique—. Él es el que entiende lo que está en juego.
Logan chasqueó la lengua, claramente irritado.
—La gente no quiere ir —insistió, señalando a los demás—. Míralos. Están aterrados.
Y era verdad.
Podía verlo en sus ojos.
En sus manos.
En su silencio.
Enrique respiró hondo.
Y entonces cambió de enfoque.
—No obligaré a nadie —dijo—. Pero tampoco voy a mentirles.
Su voz se volvió más grave.
Más humana.
—Si nos quedamos… vamos a morir. Tal vez no hoy. Tal vez no mañana. Pero va a pasar.
Nadie habló.
—Y cuando eso ocurra… —continuó— no será porque no pudimos hacer algo.
Su mirada recorrió la sala.
Se detuvo un segundo en mí.
Luego siguió.
—Será porque tuvimos miedo.
Ese golpe… llegó.
Se sintió.
El silencio ya no era duda.
Era reflexión.
—Yo voy a salir mañana —finalizó—. Con quien esté dispuesto a luchar por seguir vivo.
Nadie respondió de inmediato.
Pero esta vez…
nadie lo contradijo tampoco.
Logan exhaló con fuerza, molesto.
Miró a los suyos.
Algunos ya no lo miraban a él.
—Hagan lo que quieran —gruñó finalmente—. Pero no esperen que arriesgue mi vida por una idea suicida.
Se dio la vuelta.
Pero ya no tenía el mismo peso.
Porque la decisión…
ya no era suya.
Poco a poco, una mano se levantó.
Luego otra.
Y otra más.
Yo apreté ligeramente la mano de Jackson.
Y supe…
que ya no había vuelta atrás.
......................
Los equipos se formaron después de eso.
Enrique lideraría el grupo que iría al supermercado cercano, a unas tres cuadras. Una misión rápida… en teoría. Yo fui asignada a ese equipo junto con otros cinco supervivientes.
Omar, en cambio, lideraría el grupo que iría a la estación de policía.
Más lejos.
Más peligroso.
Pero también… más necesario.
Logan iría con él.
Y Jackson.
Cuando escuché eso, sentí cómo la mano de Jackson se tensaba junto a la mía.
—No —dijo casi de inmediato—. Iré con ella.
Su voz no fue tímida.
Fue firme.
Casi desafiante.
Pero Enrique negó sin dudarlo.
—Te necesitamos con Omar.
—No voy a separarme de ella.
El ambiente se volvió incómodo otra vez.
Omar no dijo nada al principio… pero su mirada se movió brevemente hacia mí antes de volver a Jackson.
—Tu habilidad es más útil allá —dijo finalmente, con su tono calmado, pero inquebrantable—. No es una sugerencia.
Jackson frunció el ceño.
Podía sentir su resistencia.
Su incomodidad.
Su… preocupación.
Antes de que la tensión escalara más, apreté suavemente su mano.
—Jackson…
Me miró.
Sus ojos… ya no eran solo tímidos.
Había algo más.
—Estaré bien —dije con suavidad, intentando transmitirle seguridad—. El supermercado está cerca. Es más seguro… tú eres más necesario en el otro equipo.
No me gustaba decirlo.
Pero era verdad.
Él dudó.
Por un segundo largo.
Pesado.
Finalmente… asintió.
A regañadientes.
—…Está bien.
Pero no soltó mi mano.
No de inmediato.
......................
Se decidió que partiríamos al día siguiente por la mañana.
Hoy… sería para planear.
Rutas.
Escapes.
Posibles escenarios.
Todo lo necesario para sobrevivir.
Pero mientras todos comenzaban a organizarse, a discutir, a moverse…
yo no podía dejar de sentirlo.
Esa tensión.
Invisible.
Silenciosa.
Entre nosotros.
Enrique no me miraba.
Omar evitaba hacerlo.
Y Jackson…
no quería soltarme.
Algo estaba cambiando.
Pero no sabía qué.
......................
El día se fue más rápido de lo que esperaba.
Entre planes, discusiones y ese ambiente cargado que no desaparecía, apenas tuve un momento para pensar en mí misma… o en todo lo que estaba pasando a mi alrededor.
Jackson se había adelantado a la oficina.
A nuestro… nidito.
Sonreí apenas al recordarlo, cómo insistía en que fuera con él, cómo no quería separarse ni un segundo. Había algo casi infantil en su forma de aferrarse a mí… y, al mismo tiempo, algo profundamente sincero.
Al final logré convencerlo.
Le dije que lo alcanzaría después.
Y aunque aceptó… su expresión dejó claro que no le gustaba la idea.
Caminé de regreso a la cafetería con paso tranquilo, intentando ordenar mis pensamientos.
Pero entonces—
me encontré con Omar.
Estaba ahí.
Como si me estuviera esperando… o tal vez solo fue coincidencia.
Aun así, mi impulso fue inmediato.
—Omar—
—No habías dicho que no te gustaba.
Su voz fue fría.
Directa.
Cortante.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo