"Lo soñé mil veces antes de conocerlo. Ahora, él es mi única salvación... o mi perdición."
Bibiana siempre soñó con un hombre misterioso y con el sabor de la sangre. Al mudarse a Finlandia, el hombre de sus sueños se vuelve real. Adam es protector, letal y oculta un secreto que podría matarla.
Mientras su padre huye de un pasado oscuro, el cazador está cada vez más cerca. En un mundo donde los vampiros dominan las sombras, Bibiana descubrirá que no es una humana común: ella está Destinada a un Amor Inmortal.
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Capítulo 12 - El beso del destino
Cima de la Gran Roca – Atardecer
Sus labios estaban a milímetros de distancia cuando, de pronto, Adam se tensó y se apartó bruscamente, cubriéndose el rostro con una mano.
—No puede ser… —gruñó, con un matiz de dolor en la voz.
—¿Qué pasa? —preguntó Bibiana, alarmada por el repentino cambio.
—Se está terminando el efecto de la fórmula —respondió él con dificultad.
Bibiana observó con asombro cómo la piel de Adam comenzaba a cambiar bajo los últimos rayos del sol; se volvía más pálida, casi traslúcida, y sus facciones se endurecían, revelando su verdadera naturaleza depredadora. El sol empezó a hundirse rápidamente tras las montañas, pintando el cielo de un rojo sangre.
—¡Mira! El sol ya se ocultó por completo —exclamó Bibiana, señalando el horizonte—. Ya no corres peligro, ya no vas a quemarte.
Adam soltó un suspiro de alivio, dejando caer los hombros mientras su cuerpo terminaba de transformarse en la penumbra.
—Menos mal… —susurró, recuperando el aliento.
Bibiana miró a su alrededor; las sombras del bosque se alargaban y el frío de la noche empezaba a calar.
—Va a anochecer —dijo, dándose cuenta de la hora—. Tengo que irme, mi familia se preocupará.
Adam la miró con intensidad, sus ojos brillando levemente en la oscuridad.
—No dejaré que camines sola por aquí. Vamos, yo te llevo.
Se agachó ligeramente para que Bibiana pudiera subir a su espalda. Ella lo rodeó por el cuello, aferrándose con fuerza mientras sentía la fuerza sobrenatural en los músculos de él. Sin previo aviso, Adam tomó impulso y se lanzó al vacío, desplegando una velocidad increíble que se sentía como si estuvieran volando entre las copas de los árboles, fundiéndose con la noche que apenas comenzaba.
Alaska – Mansión Soler
Bárbara observaba la luna desde su ventana, consumida por una obsesión que no le daba tregua.
—Tengo que encontrarlo. Y creo saber exactamente quién tiene la respuesta —murmuró con una sonrisa maliciosa. En un movimiento fluido, su cuerpo se contrajo y se transformó en un murciélago de alas negras, saliendo disparada hacia la cabaña de la anciana Clara.
Minutos después, Bárbara recuperaba su forma humana frente a la puerta de Clara. La anciana abrió antes de que ella tocara.
—¿Qué haces aquí, Bárbara? —preguntó Clara con voz severa.
—¿Cómo sabes que soy yo?
—Puedo verlo todo. Sé que fuiste tú quien traicionó a mi nieto con Marcelo. ¿A qué viniste?
—Sé que sabes dónde está Adam. Dímelo ahora —exigió la vampiresa, dando un paso amenazante.
—Jamás lo sabrás. Aunque Marcelo me mate, mi nieto estará a salvo de ti.
Clara cerró los ojos por un segundo y una visión cruzó su mente: vio a Bárbara cayendo en un abismo de oscuridad.
—Si lo encuentras, morirás —advirtió la anciana—. Es lo que veo en tu futuro.
—¡Qué estupidez! —rió Bárbara con arrogancia—. El destino no existe. Tarde o temprano lo encontraré, y esta vez no escapará de mí. —Se transformó nuevamente y se perdió en la noche, sin saber que acababa de sellar su propia muerte.
Pueblo Finlandés – Dos meses después
El tiempo había pasado volando entre encuentros furtivos y conversaciones que duraban horas. Bibiana observó el interior de la cabaña, donde el fuego de la chimenea proyectaba sombras cálidas sobre las paredes de madera.
—Tu cabaña es realmente acogedora —comentó ella, dejando su abrigo a un lado.
Adam soltó una pequeña risa, observándola con fijeza. —¿Creíste que viviría en un lugar frío y oscuro?
—No necesariamente —respondió Bibiana con una sonrisa—. Pero sabes... estos dos meses que llevamos de amistad han sido los mejores de mi vida.
—Para mí también —asintió Adam, aunque su expresión se volvió un poco más seria—. Bibi, ¿ya no has vuelto a soñar conmigo?
Bibiana negó con la cabeza. —No. Y por suerte, tampoco he tenido esas pesadillas en las que me veía matando a alguien y bebiendo su sangre. Se han detenido.
Adam arqueó una ceja, moviéndose lentamente hacia ella. —Ahora que ya no aparezco en tus sueños... ¿sueñas con tu novio?
Bibiana se sorprendió por la pregunta. —¿Por qué me preguntas eso?
—Curiosidad —respondió él, aunque sus ojos brillaban con algo más—. Simple curiosidad.
—A veces sueño con él, sí... —admitió ella en un susurro—. Pero no es igual. No se siente de la misma forma en la que soñaba contigo antes de conocerte.
—¿Y cómo te sentías cuando soñabas conmigo? —preguntó Adam, acortando la distancia hasta que solo unos centímetros los separaban.
—Me sentía feliz. Tan feliz que, a veces, simplemente no quería despertar.
—¿No te has preguntado por qué te sentías así? —insistió él, su voz volviéndose más ronca—. ¿Por qué tu alma me buscaba sin haberme visto nunca?
—Sí, me lo he preguntado siempre... pero nunca he encontrado una respuesta lógica.
Adam se detuvo frente a ella y levantó la mano, acariciándole el rostro con una delicadeza que la hizo estremecer.
—Yo puedo darte esa respuesta —le prometió, buscándole la mirada.
—¿Qué respuesta podrías darme? —preguntó ella, casi sin aliento.
Adam no dijo nada más. Se inclinó y unió sus labios a los de ella en un beso que ambos habían estado conteniendo durante semanas. Bibiana cerró los ojos y le correspondió con la misma intensidad, comprendiendo en ese instante que su destino nunca estuvo con Matt, sino con el hombre que la había visitado en sueños.
Casa de Matt
Ajeno a la traición que ocurría en el bosque, Matt terminaba una llamada telefónica con una sonrisa de oreja a oreja.
—Estaremos allí a las siete. Gracias —dijo colgando el teléfono.
—¿A dónde llevarás a Bibi esta noche? —preguntó su hermano Tomás.
—A un hotel elegante. Le tengo preparada una sorpresa —respondió Matt, radiante de ilusión—. Ya es hora de que demos el siguiente paso en nuestra relación. Esta noche será la más especial para ambos.
La Cabaña del Bosque
El beso terminó lentamente, pero la electricidad entre los dos seguía vibrando en el aire. Bibiana se separó apenas unos centímetros, con la respiración entrecortada y la mirada nublada por la confusión.
—¿Por qué hiciste eso, Adam? —susurró, tratando de recuperar la compostura.
—Quería darte la respuesta —respondió él, sin apartar sus ojos de los de ella—. La respuesta a por qué eres feliz cuando sueñas conmigo. Porque pertenecemos al mismo mundo, Bibi.
Bibiana bajó la vista, sintiendo el peso de la realidad cayendo sobre ella.
—Yo... yo tengo novio. No debería estar aquí.
Adam retrocedió un paso, y una sombra de arrepentimiento cruzó su rostro.
—Discúlpame. Tienes razón, no debí hacerlo.
—No —lo interrumpió ella, levantando la mirada con una honestidad que la asustó—. La verdad es que yo quería que lo hicieras.
Adam se quedó helado por un segundo, y luego una sonrisa inevitable comenzó a dibujarse en sus labios.
—¿De verdad?
—Sí —admitió ella, retrocediendo hacia la puerta—. Pero esto no puede ser, Adam. No está bien.
Sin darle tiempo a responder, Bibiana se giró y salió de la cabaña a toda prisa, huyendo de los sentimientos que la invadían. Adam se quedó de pie en medio de la sala, escuchando cómo sus pasos se alejaban en la nieve. Se llevó los dedos a los labios, aún sintiendo el calor de ella.
—Está enamorada de mí —murmuró para sí mismo, con una sonrisa triunfal y llena de esperanza—. Exactamente como yo lo estoy de ella.