Sinopsis:
Serena, una joven de nuestro mundo, reencarna en el cuerpo de Lady Annelise de Beaumont, la infame villana de una novela romántica que ella misma leyó. Annelise estaba destinada a hacer la vida imposible a la dulce protagonista, Lady Eleanor, quien finalmente conquistaría al apuesto Duque Adrian. Pero Serena no está dispuesta a seguir el mismo destino. Decide escapar de esa vida predestinada y, en su huida, se encuentra con el enigmático Emperador Tiberius, un hombre temido y poderoso que no dudará en proteger a la mujer que ha capturado su corazón.
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Capítulo 3
El amanecer en la fortaleza imperial era una sinfonía de metales y voces, un constante recordatorio del poder que Tiberius ostentaba.
Serena, sentada frente a un frugal desayuno en la pequeña cámara que le había sido asignada, sentía el peso de esa realidad. Su "invitación" a la corte no era un favor, sino una prueba.
Lo sabía por la mirada calculada del Emperador y por las furtivas ojeadas de los cortesanos y los guardias.
No era una prisionera, pero tampoco una invitada de honor. Era una curiosidad, una pieza inesperada en el tablero de Tiberius.
El primer desafío no tardó en llegar.
Una joven y altiva dama de la corte, Lady Isolde, con el cabello rubio ceniza y ojos de zafiro que destilaban arrogancia, se presentó en su habitación, supuestamente para "asistirla" en su adaptación.
En realidad, venía a evaluarla, a encontrar una debilidad. Isolde habló de los complicados protocolos de la corte, las etiquetas, las alianzas entre familias nobles y los peligros de ofender a la persona equivocada.
Sus palabras estaban teñidas de veneno, un sutil intento de intimidación.
Serena, sin inmutarse, la escuchó con una media sonrisa.
En su vida pasada, había lidiado con tiburones mucho más grandes que Isolde. La joven Lady de la corte era una serpiente pequeña, predecible.
Mientras Isolde hablaba sin cesar, Serena observaba cada uno de sus gestos, la forma en que sus ojos parpadeaban cuando mentía, la ligereza de su voz cuando trataba de sonar dulce y la tensión en su mandíbula cuando se sentía desafiada.
El arte de leer a la gente era una segunda naturaleza para ella.
"Lady Isolde," interrumpió Serena con una voz melódica que sorprendió a la otra, "agradezco su amabilidad al ilustrarme sobre las complejidades de este lugar.
Sin embargo, en mi tierra de origen, la mejor manera de aprender a nadar es saltar al agua. Y le aseguro que no temo a las profundidades."
Sus ojos jade se encontraron con los zafiros de Isolde, una chispa de acero en su mirada. "Además, prefiero formarme mis propias opiniones sobre las personas, en lugar de guiarme por chismes y viejas rencillas."
Isolde se quedó sin palabras por un instante, su rostro enrojeciendo ligeramente.
No esperaba una respuesta tan directa. Antes de que pudiera replicar, un guardia imperial se anunció en la puerta, con una orden del Emperador: Lady Annelise debía presentarse en la sala de estrategia para una audiencia.
El ambiente en la sala de estrategia era denso, impregnado del olor a pergamino viejo y la tensión de hombres poderosos. Tiberius estaba de pie frente a un gran mapa, flanqueado por sus generales y consejeros.
Su mirada se detuvo en Serena, una evaluación silenciosa que duró más de lo debido.
"Lady Annelise," dijo Tiberius, su voz profunda resonando en la sala. "Necesitamos una perspectiva fresca sobre la situación en la frontera oriental. Los bárbaros de las Tierras Sombrías han intensificado sus incursiones.
Nuestros generales proponen un ataque frontal, para diezmar su fuerza de una vez por todas. ¿Qué opina usted?"
Los generales la miraron con escepticismo, incluso con desprecio.
Una mujer en una sala de guerra era una afrenta para ellos. Serena, sintiendo el peso de sus miradas, se acercó al mapa.
Recorrió con la vista las formaciones, las rutas de suministro, la topografía. La estrategia propuesta por los generales era agresiva, sí, pero también predecible y con un alto costo humano.
Recordó las lecciones de estrategia que había aprendido en su otra vida, donde la astucia a menudo valía más que la fuerza bruta.
"Majestad," comenzó, su voz clara y segura, "un ataque frontal, aunque puede ser decisivo, también es un riesgo enorme.
Los bárbaros, aunque parezcan desorganizados, conocen su terreno mejor que nosotros. Un enfrentamiento directo en su territorio sería una carnicería. Además, su estrategia de incursiones sugiere una falta de recursos para un conflicto a gran escala.
No buscan conquistar, sino saquear y desestabilizar."
Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran. "Mi sugerencia sería la de cortar sus rutas de suministro, crear pequeños grupos de exploración ágiles que ataquen sus campamentos de forma sorpresiva y, lo más importante, fomentar la disensión entre sus tribus.
Los bárbaros son feroces, pero también faccionalistas. Si podemos sembrar la desconfianza, se debilitarán desde dentro. Un ataque frontal solo los uniría contra un enemigo común."Silencio.
Los generales se miraron unos a otros, algunos con incredulidad, otros con un atisbo de reconocimiento en sus ojos. Tiberius, por su parte, mantuvo su expresión impávida, pero Serena notó un ligero brillo en sus ojos ámbar, un indicio de interés.
"¿Y cómo planea usted 'sembrar la desconfianza', Lady Annelise?" preguntó uno de los generales con un tono burlón.
Serena lo miró directamente. "Con desinformación, rumores bien orquestados y, si es necesario, algunos 'regalos' estratégicos a los líderes más ambiciosos. En mi mundo, se dice que la guerra se gana en la mente del enemigo antes que en el campo de batalla."
Tiberius sonrió, una rara y peligrosa expresión que solo unos pocos habían visto. "Interesante. Los generales pueden retirarse. Lady Annelise, quédese. Tenemos más que discutir."
Los hombres se fueron, susurrando y lanzando miradas furtivas a Serena. Ella se quedó sola con el Emperador, la tensión entre ellos palpable. Tiberius se acercó al mapa, sus dedos trazando las líneas de la frontera. "Usted tiene una mente aguda, Lady Annelise. Y una insolencia admirable."
"Soy simplemente pragmática, Majestad," respondió Serena, sin apartar la mirada. "Y prefiero la verdad a la adulación. Si mi vida está en juego, prefiero decir lo que pienso."
Tiberius se giró, su mirada ámbar perforando la suya. "Su vida ya estaba en juego desde el momento en que pisó este imperio. Pero quizás, solo quizás, usted es el tipo de riesgo que estoy dispuesto a correr."
Esa noche, Serena durmió con una sensación agridulce. Había superado la primera prueba, pero la mirada intensa de Tiberius le había dejado claro que cada paso a partir de ahora sería aún más escudriñado.
La sombra del Emperador era poderosa, y ella, Annelise, una simple mujer renacida, estaba ahora bajo su foco de atención.
ojo no estoy diciendo q la novela sea mala sólo q es como si hubiera avanzado muy rápido 🤔🤔🤔