EL PRECIO DE DESEARTE
Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.
Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.
Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.
Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.
Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.
Será descubrir por qué él la eligió.
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LA NIÑA QUE ERA LA LLAVE
—¡Entréguenme a la heredera!
La voz atravesó la casa.
Valeria sintió que la sangre se le helaba.
Isabel la sujetó del brazo.
—No mires por la ventana.
Pero ya era demasiado tarde.
Valeria había visto sombras moviéndose detrás de los vehículos estacionados frente a la casa.
Adrián cerró las cortinas.
—¿Cuántos son?
Nicolás miró por una pequeña abertura.
—Al menos seis.
—¿Y salidas?
—La puerta trasera y el sótano.
Elena negó con la cabeza.
—La puerta trasera estará vigilada.
Adrián miró a Isabel.
—¿El sótano?
Ella asintió.
—Hay un túnel.
Valeria apretó el libro contra su pecho.
—¿Otro túnel?
Isabel la miró.
—Esta casa fue construida para que alguien pudiera desaparecer sin dejar rastro.
—¿Tú?
—Yo.
Un fuerte golpe sacudió la puerta principal.
—¡Última oportunidad!
Adrián se acercó a Valeria.
—Vamos.
Pero ella no se movió.
Miraba la portada del libro.
—Mamá...
Isabel se acercó.
—¿Qué?
—Dijiste que yo era la llave.
Isabel respiró profundamente.
—Sí.
—¿Qué significa?
Antes de responder, Isabel miró a Nicolás.
—Creo que ya es hora.
Nicolás asintió.
—Lo es.
Isabel tomó el libro y abrió las primeras páginas.
Había decenas de nombres.
Algunos estaban tachados.
Otros tenían símbolos junto a ellos.
Y varios estaban marcados con una fecha.
Valeria reconoció algunos.
—Estos son los nombres de las personas de la organización.
—No todos —dijo Isabel—. Son los nombres que podían ser expuestos.
—¿Y el mío?
Isabel pasó varias páginas.
—El tuyo no está como un nombre.
Valeria frunció el ceño.
—¿Entonces qué soy?
Isabel señaló una frase escrita debajo de su fecha de nacimiento.
“La niña será la llave.”
—Tu padre descubrió que el libro no era solamente un registro.
Valeria miró a Adrián.
—¿Qué más contiene?
—Pruebas —respondió Isabel—. Cuentas, transferencias, nombres falsos, acuerdos secretos y registros que podrían destruir a personas muy poderosas.
Nicolás añadió:
—Pero hay una parte que nunca apareció completa.
—¿Cuál?
—La última sección.
Valeria abrió el libro.
Las páginas finales estaban arrancadas.
—¿Quién las tiene?
Isabel guardó silencio.
Valeria entendió.
—Mi madre.
Isabel negó lentamente.
—No.
—¿Entonces?
—Tú.
Valeria quedó inmóvil.
—¿Yo?
—Tu padre separó las páginas del resto del libro.
—¿Dónde están?
Isabel la miró directamente.
—Nunca estuvieron en el libro.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Dónde las escondió?
Isabel señaló el colgante que llevaba al cuello.
Valeria bajó la mirada.
El pequeño símbolo brilló bajo la luz.
—Mi pendant...
—Tu padre escondió allí la primera parte de la clave.
Valeria recordó de inmediato las palabras de Alejandro.
“Nunca abras el colgante delante de nadie.”
Adrián se acercó.
—Entonces la placa que tenía el colgante...
—Era una parte de la clave —confirmó Isabel.
Valeria recordó algo más.
—La otra parte.
Nicolás la miró.
—¿Qué otra parte?
—La llave.
Sacó de su bolsillo la pequeña llave que Elena le había entregado.
El símbolo coincidía perfectamente.
Isabel cerró los ojos.
—Julián sabía que algún día recordarías.
Valeria juntó la llave con el colgante.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después se escuchó un pequeño clic.
Todos se quedaron inmóviles.
Una diminuta sección del colgante se abrió.
Dentro había un fragmento de papel doblado.
Valeria lo sacó.
Era antiguo.
La tinta estaba casi borrada.
Pero todavía podía leerse.
17 — 42 — 7
Debajo había otra frase.
“Donde comenzó nuestro secreto.”
Valeria levantó la mirada.
—Esta casa.
Isabel negó.
—No.
—¿Entonces dónde?
Isabel señaló el libro.
—La habitación siete.
Adrián comprendió.
—La primera habitación siete.
Nicolás palideció.
—No puede ser.
—¿Qué? —preguntó Valeria.
Nicolás miró a Isabel.
—La habitación siete fue destruida.
—Eso fue lo que quisieron hacerles creer.
Un ruido ensordecedor sacudió la casa.
La puerta principal acababa de ser derribada.
Adrián tomó el arma.
—Tenemos que movernos.
Isabel agarró la mano de Valeria.
—Ahora.
Corrieron hacia el sótano.
Bajaron las escaleras mientras se escuchaban pasos entrando en la casa.
Al llegar al último peldaño, Isabel apartó una estantería.
Detrás había una puerta.
La abrió.
Un túnel apareció frente a ellos.
—¿A dónde conduce? —preguntó Valeria.
Isabel miró hacia atrás.
—A la primera casa de tu padre.
Valeria se quedó sin palabras.
—Pero esa casa...
—Nunca fue destruida.
Un disparo resonó arriba.
Adrián empujó a todos hacia el túnel.
—¡Ahora!
Corrieron.
Valeria avanzaba junto a Isabel.
Por primera vez, caminaban una al lado de la otra.
Sin recuerdos falsos.
Sin mentiras.
Sin años de separación.
Pero todavía quedaba una pregunta.
—Mamá.
—¿Sí?
—¿Por qué me dejaste?
Isabel bajó la mirada.
—Porque alguien me dio una elección.
—¿Qué elección?
Isabel apretó su mano.
—Tu vida o la mía.
Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—Y elegiste la mía.
—Siempre.
Detrás de ellas se escuchó un ruido.
Adrián miró hacia atrás.
Una silueta apareció al comienzo del túnel.
El hombre del anillo.
Había conseguido entrar.
—¡Sigan! —gritó Adrián.
Valeria miró a su madre.
Isabel se detuvo.
—No.
—¿Qué haces?
Isabel se volvió hacia el hombre.
—Esta vez no voy a huir.
El hombre comenzó a acercarse.
—Isabel.
Ella levantó la cabeza.
—Ya no tienes poder sobre mí.
Él sonrió.
—No sobre ti.
Su mirada pasó lentamente hacia Valeria.
—Sobre ella.
Valeria sintió un escalofrío.
Adrián se colocó delante de ella.
—Tendrás que pasar por mí.
El hombre del anillo lo observó.
—Eso fue exactamente lo que tu padre dijo aquella noche.
Adrián quedó inmóvil.
—¿Qué sabes de mi padre?
El hombre sonrió.
—Sé por qué Alejandro desapareció.
Y antes de que pudiera continuar, una explosión sacudió el túnel.
El techo comenzó a derrumbarse.
Adrián tomó a Valeria.
Isabel gritó.
Nicolás corrió hacia ellas.
Y en medio del polvo, una parte de la pared se abrió.
Detrás apareció una puerta de hierro.
Con un número grabado.
7.
Valeria miró a Isabel.
Su madre estaba llorando.
—Ahí empezó todo.
Valeria respiró profundamente.
Y comprendió que, detrás de aquella puerta, finalmente encontraría la verdad que le habían ocultado durante toda su vida.