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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

MIS REGLAS, Y EL FUEGO QUE NO SE APAGA

El coche se detuvo frente a la imponente residencia familiar. Las luces doradas se derramaban por los jardines, el murmullo de voces llegaba desde el porche, y Katherine sintió cómo el estómago se le contraía en un nudo frío. Allí estaban todos: sus padres, sus parientes, los amigos que la felicitaron días atrás por su boda… y entre ellos, Marco y Diana, radiantes, juntos, como si nada hubiera pasado.

Leonardo apagó el motor. No se movió de inmediato. Giró hacia ella, y su voz, grave y firme, cortó la inquietud:

—Escúchame bien. No bajarás la mirada. No te disculparás. Caminarás a mi lado como si este lugar te perteneciera. Yo pongo las reglas de la actuación: te tocaré, te miraré, te besaré si hace falta… todo para que crean que me tienes en la palma de la mano. Pero tú mantienes el control. ¿Entendido?

Ella asintió, apretando los labios:

—Entendido. No me confundiré.

—Eso espero —murmuró él, y en sus ojos oscuros brilló algo que no era solo advertencia—. Porque cuando yo empiece a jugar, nadie sabrá distinguir la mentira de la verdad. Ni yo mismo.

Bajó primero, le abrió la puerta y le tendió la mano. Al tomarla, el contacto fue inmediato: caliente, firme, posesivo. Entrelazó sus dedos con los de ella y no la soltó. Caminaron hacia la entrada, y Katherine sintió que todos los ojos se clavaban en ellos. No era solo curiosidad; era respeto mezclado con temor. Leonardo irradiaba algo que nadie más allí tenía: una autoridad salvaje, una presencia que llenaba cada espacio.

—Katherine —su madre salió al encuentro, con voz entre incrédula y preocupada—. No esperábamos… ¿quién es él?

—Leonardo —respondió él, antes de que ella pudiera hablar, estrechando la mano de la mujer con fuerza medida—. Encantado. Soy su pareja.

Diana, que estaba junto a Marco, palideció un instante antes de recomponer su sonrisa triunfal. Se acercó, deslenguada, con la mano extendida:

—Vaya, hermana… conseguiste compañía rápido. ¿Y tú quién eres, guapo? Alguien que te consuela tan deprisa…

Leonardo no tomó su mano. La miró de arriba abajo, frío, cortante, y Diana dio un paso atrás sin querer.

—Soy el hombre que la hace brillar —dijo él, despacio, para que todos oyeran—. Algo que ninguno de los que están aquí ha sabido hacer. Y no necesito presentaciones para saber quién eres. La clase de persona que traiciona a su propia sangre… huele desde lejos.

El silencio cayó sobre el porche como una losa. Diana se sonrojó hasta las orejas, sin saber qué responder. Marco dio un paso adelante, tenso:

—Oye, no tienes derecho a hablar así…

—¿Tú sí tienes derecho a lo que hiciste? —Leonardo lo miró directo a los ojos, y Marco se detuvo, visiblemente intimidado—. Si vuelves a acercarte a ella, si la miras con esa cara de lástima, te lo haré pagar. No tengo nada que perder. Tú sí.

Lo dijo con una calma aterradora, sin gritar, sin levantar la voz, y todos entendieron que no era una amenaza vacía. Katherine apretó su mano, asombrada y conmovida a la vez. Él la miró entonces, y su expresión se suavizó, solo para ella. Le acarició la nuca con un dedo, rozando la piel sensible, y bajó la voz hasta convertirla en algo íntimo:

—No te preocupes. Ya no te toca luchar sola.

Entraron juntos. Durante toda la cena, Leonardo fue impecable: atento, divertido cuando convenía, firme cuando era necesario. La tocaba con naturalidad: la mano en su espalda al pasar, el codo rozando el suyo al sentarse, la mirada fija en ella como si no existiera nadie más en la sala. Cuando hablaban, se inclinaba hacia ella, escuchándola con una devoción que hizo que las mejillas de Katherine ardieran. No era solo actuación; había en sus gestos una intensidad que la desarmaba.

—¿De dónde lo conoces? —le preguntó su tía, con los ojos muy abiertos.

—Nos cruzamos cuando más lo necesitaba —respondió ella, y su voz sonó sincera, demasiado sincera—. Él… vio lo que yo valía.

Más tarde, en un rincón apartado, Leonardo la acorraló suavemente contra la pared, la mano en su cintura, la respiración rozándole la frente.

—Los tienes comiendo de la palma de la mano —susurró—. Marco no te quita la vista de encima. Y Diana… parece que va a vomitar.

Katherine rio, una risa nerviosa y ligera:

—Tú has sido… increíble.

—Solo hago mi trabajo —dijo él, pero sus ojos bajaron a sus labios y se quedaron allí, fijos, oscureciéndose—. Aunque cada vez me cuesta más separar lo que es el trato… de lo que quiero de verdad.

Ella contuvo el aliento. El mundo desapareció. Solo quedaban él, su calor, el deseo que crecía entre ellos como un incendio.

—Leonardo… —susurró su nombre, sin saber si pedirle que se acercara o que se alejara.

Él se inclinó lentamente, rozando su sien con los labios, en un beso suave, prohibido, que la hizo estremecer de pies a cabeza.

—Recuerda mi advertencia —murmuró contra su oído—. Esto puede consumirte.

—Ya lo está haciendo —respondió ella, en un hilo de voz.

Se separaron de golpe, como si ambos hubieran sentido el mismo peligro. La noche avanzó, pero la tensión no desapareció; se instaló entre ellos, densa, viva. Al despedirse, Leonardo la acompañó hasta el coche. Antes de subir, la detuvo por la muñeca:

—Mañana seguimos. Pero tenlo claro: cuanto más nos acerquemos… más difícil será salir ilesa.

Katherine lo miró a los ojos, sin miedo, sin dudas:

—No quiero salir ilesa. Quiero que ardan.

Él la soltó despacio, con una mirada que prometía fuego.

—Entonces prepárate. Porque yo no voy a frenar.

El coche se alejó. Katherine miró por la ventana, con la mano en el pecho, donde el corazón le latía desbocado. La venganza había empezado… pero algo mucho más peligroso también.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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