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Reencarnando En Un Omegaverse Para Salvar A Mi Hijo, El Protagonista

Reencarnando En Un Omegaverse Para Salvar A Mi Hijo, El Protagonista

Status: En proceso
Genre:ABO / CEO / Omegaverse
Popularitas:9.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Inés Nsé

Harold era un médico incapaz de concebir, tras su muerte descubre que ahora es Sayon, el esposo Omega de Lebrón Kambell que ha permanecido encerrado en una jaula de oro alejado de la civilización por ese Alfa, Lebrón.
Con la misión que le pidió el verdadero Sayon de recuperar y proteger a su hijo de cinco años, Dion, que es el verdadero protagonista de la novela, Sayon tendrá que idear un plan para escapar de su prisión de oro y salvar al hijo que Lebrón le arrebató al nacer ya que era el hijo de Sayon con otro hombre, otro Alfa al que Lebrón odiaba profundamente.
Y así Sayon inicia su escape de un Alfa dominante que no quiere soltarlo.
Y así inicia la historia de estos tres, un Alfa que se aferra a buenas y malas a un Omega, un Omega reencarnado que no quiere ser encerrado y un niño Omega que solo quiere a sus padres.

NovelToon tiene autorización de Inés Nsé para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

En su otra vida, Harold siempre había sido curioso. Sin embargo, jamás había hecho nada que pudiera preocupar a sus padres. Por ellos, había aprendido a contenerse, a reprimir sus impulsos y a pensar antes de dejarse llevar por lo que realmente quería.

Pero aquella vida era diferente.

Quizás porque sus padres ya no estaban allí para preocuparse por él. Quizás porque, por primera vez, no había nadie que pudiera decirle qué debía o no debía hacer. O tal vez simplemente porque, después de morir y despertar en un mundo completamente desconocido, Harold había decidido que quería seguir su corazón en lugar de vivir obedeciendo siempre a su cabeza.

Mientras Laila hablaba con la otra chica, probablemente intentando convencerla de que no contara que los había visto allí, Sayon caminó lentamente hacia la puerta. Llevaba la botella de vino todavía en la mano. Miró hacia atrás una última vez.

Nadie parecía estar prestándole atención.

Entonces salió.

Lo hizo en silencio, sin hacer ruido, como un niño que sabe perfectamente que está haciendo algo que no debería.

Durante demasiado tiempo, aquel cuerpo había sido privado de algo tan sencillo y natural como sentir el calor del sol sobre la piel.

Ahora podía hacerlo.

Sayon cerró los ojos durante unos segundos y dejó que el calor acariciara su rostro. Era agradable. Increíble. Real.

Por primera vez desde que había despertado en aquel mundo, Sayon sintió algo que no podía explicar con palabras.

Se sintió real.

Harold se sintió realmente vivo.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Llevaba únicamente un camisón blanco que le llegaba hasta las rodillas. No tenía puesta la bata y seguía sosteniendo la botella de vino en una mano. Estaba descalzo y, por primera vez, no le importaba.

Miró a ambos lados.

A su derecha había un enorme invernadero.

Sus ojos se iluminaron.

Sin pensarlo demasiado, echó a correr hacia él.

Cuando entró, se quedó completamente maravillado.

—Vaya...

El lugar estaba lleno de flores. Había plantas de todo tipo, algunas que reconocía y otras que jamás había visto. Los colores llenaban cada rincón y el delicado aroma de las flores flotaba en el aire.

Era hermoso.

Sayon avanzó lentamente entre ellas. Olió una flor, después otra, rozó con las yemas de los dedos las hojas de una planta y luego se inclinó para observar otra más de cerca.

Era una sensación reconfortante.

Durante unos instantes olvidó dónde estaba. Olvidó a Lebrón. Olvidó su situación. Olvidó incluso que aquel cuerpo no le pertenecía originalmente.

Simplemente disfrutó del momento.

Entonces miró la botella que todavía llevaba consigo.

—Creo que me merezco un trago antes de que me encuentren.

Sonrió para sí mismo.

Como no había ningún vaso disponible, abrió la botella como pudo y bebió directamente de ella.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—Está buenísimo...

El sabor del vino lo fascinó. Intentó darle un segundo sorbo.

Pero entonces...

—¿Quién eres?

La voz surgió de repente en aquel invernadero aparentemente desolado.

Sayon se sobresaltó.

El líquido que estaba a punto de beber cayó sobre su pecho, empapando el camisón blanco.

—¡¿Qué...?!

La botella resbaló de sus manos.

Cayó al suelo.

Y se hizo añicos.

—¡Oh, mierda!

Sayon miró los restos de la botella y después al hombre que tenía delante.

—¿Sabes lo que acabas de hacer?

El hombre lo observó sin entender nada.

—¿Yo?

—¡Has roto seguramente miles de dólares!

El hombre frunció el ceño.

Vestía completamente de negro y llevaba un comunicador en la oreja.

Era evidente que se trataba de uno de los guardaespaldas que vigilaban la residencia.

—Espera... ¿quién eres tú?

Antes de que Sayon pudiera responder, otro hombre apareció y le agarró el brazo.

—¿Acaso eres un Omega? ¿Eres un ladrón? ¿Cómo entraste aquí?

Ambos eran Alfas.

Sayon arrugó el rostro.

—¿A quién llamas ladrón? Suéltame.

Intentó liberarse.

No pudo.

Aquello lo sorprendió. En su vida anterior había sido cinturón negro y sabía defenderse. Su cuerpo original habría podido escapar fácilmente de un agarre como aquel.

Pero aquel cuerpo no era el suyo.

El Alfa apretó todavía más.

Sayon sintió dolor.

—Oye, ya suéltalo —ordenó el otro Alfa con tono amenazante.

El segundo guardaespaldas obedeció, aunque claramente de mala gana.

—¡Señor Sayon! ¡Señor Sayon!

La voz de Laila llegó desde la entrada.

La muchacha apareció corriendo, con el corazón prácticamente en la garganta y lágrimas acumulándose en sus ojos. Cuando vio la escena, palideció.

El camisón de Sayon estaba manchado de vino.

Su brazo tenía una marca roja donde lo habían sujetado.

La botella del señor Kambell estaba hecha añicos en el suelo.

Estaba descalzo.

Y, lo peor de todo...

Estaban dentro del invernadero del señor.

Un lugar al que nadie, salvo el jardinero, tenía permitido entrar.

Aquello no podía terminar bien.

—Señor Sayon...

Laila corrió hacia él.

—¿Por qué salió? Usted sabe que no puede salir. Si el señor Kambell se entera de esto, las cosas no acabarán muy bien.

Intentó limpiar desesperadamente la mancha de vino del camisón.

Los dos Alfas permanecieron inmóviles. Ambos conocían a Laila.

No solo porque la muchacha era amable con todos, sino porque era la única persona a la que el señor Kambell permitía permanecer cerca de su esposo. Ella era su cuidadora.

Por eso, lentamente, ambos comenzaron a comprender quién podía ser aquel Omega.

—Laila —llamó el primer Alfa.

La muchacha levantó la mirada.

—¿Acaso él es...?

—Sí, Ray.

Laila tragó saliva.

—Es el señor Sayon.

Hizo una pausa.

—El esposo del señor Kambell.

Las palabras cayeron sobre los dos hombres como un balde de agua helada.

Tres años.

Tres años trabajando en aquella residencia y Ray jamás había visto al esposo del señor Kambell.

De hecho, el señor Kambell no quería que ninguno de sus hombres entrara en la casa ni dejara el más mínimo rastro de su aroma allí. Los controles de feromonas eran exhaustivos.

No se permitía el menor error.

Y ahora uno de ellos había tocado al Omega que el señor Kambell mantenía prácticamente escondido del mundo.

—Ray...

Laila lo miró, completamente asustada.

—¿Qué hacemos?

Ray respiró profundamente.

—Vale... Okey.

Intentó tranquilizarse.

Se quitó la chaqueta y se la colocó sobre los hombros a Sayon.

—Basta ya de tanto drama —murmuró Sayon—. Solo salí un momento. Tengo que volver y ya está.

Intentó avanzar.

Pero olvidó por completo los cristales que estaban esparcidos por el suelo.

Un dolor agudo atravesó sus piernas.

—¡Ah!

Sayon cayó hacia delante.

—¡Señor Sayon!

Laila palideció al ver la sangre.

—Oh, mierda...

Sayon se agarró de Ray para no caer.

—Duele...

Terminó sentándose en una pequeña banca.

Laila miró sus piernas horrorizada. Había pequeños fragmentos de cristal clavados en su piel.

—Trae el botiquín —ordenó Ray al otro Alfa.

—Voy.

Kurt salió inmediatamente en busca de ayuda.

—Señor Sayon, ¿está bien? ¿Le duele mucho? —preguntó Laila.

—No te preocupes, Laila. Estoy bien.

Intentó sonreír.

—No sé cuándo me volví tan patoso.

Miró sus piernas.

Definitivamente no estaba bien.

Ray sacó un pañuelo de su chaqueta y se arrodilló frente a él.

—Tenga cuidado —pidió Laila—. Hágalo despacio para que no le duela.

—Okey.

Ray comenzó a retirar cuidadosamente los pequeños cristales incrustados en la piel, uno por uno. Después limpió la sangre con el pañuelo.

Sayon hizo una mueca de dolor.

—Hay que desinfectarlo.

Ray miró hacia la puerta.

—No sé qué está haciendo ese idiota de Kurt.

—Deberíamos entrar —dijo Laila—. Señor Sayon, ahí podrán atenderlo.

—Sí.

Sayon intentó ponerse de pie.

No pudo.

Sus piernas apenas podían sostenerlo.

Ray lo observó durante unos segundos.

—Tranquilo. Yo lo llevaré.

Antes de que Sayon pudiera protestar, el Alfa lo levantó en brazos.

Lo cargó como a una princesa y salió del invernadero.

Laila los siguió inmediatamente.

Caminaron hacia la entrada principal, pues la puerta que comunicaba con la bodega probablemente ya estaba cerrada.

Mientras avanzaban, Sayon observó a su alrededor.

Había guardaespaldas por todas partes.

Algunos lo miraban con evidente curiosidad.

Era lógico.

Seguramente se preguntaban quién era aquel Omega al que Ray llevaba en brazos.

Sayon arqueó una ceja.

—Vaya... aquí hay más guardias que en una comisaría.

Ray intentó responder con cautela.

—Bueno... el señor Kambell solo quiere protegerlo.

—Sí. De la mafia.

Ray no supo qué responder.

—Ray.

La voz de Kurt los hizo detenerse.

El otro Alfa apareció desde el interior de la casa.

—La ama de llaves no me deja pasar y no quiere darme el botiquín.

Ray miró hacia la puerta.

Allí estaba Karen, la ama de llaves.

Su mirada estaba clavada en Sayon.

—La señora Kambell está herido —dijo Ray—. Necesita atención. Puede traer a alguien para que lo lleve dentro. Tienen Betas, ¿no?.

Karen no respondió.

Permaneció inmóvil.

Aunque sus manos temblaban ligeramente.

Los guardaespaldas comenzaron a mirarse entre sí.

Muchos de ellos estaban viendo a la señora Kambell por primera vez.

—Señora Karen, ¿qué está haciendo? —preguntó Laila—. El esposo del señor Kambell está herido y necesita ser atendido.

La mujer continuó sin moverse.

Aunque sus manos temblaban ligeramente.

—Esto es increíble...

Laila se acercó a la puerta e intentó entrar.

Karen la detuvo empujándola.

—¡Laila!

Sayon se preocupó al verla.

Algo no estaba bien.

Entonces lo sintió.

Su piel se erizó.

El aire pareció volverse repentinamente frío. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y, por alguna razón, su corazón comenzó a latir más rápido.

No sabía por qué.

Pero algo dentro de él le gritaba que algo terrible estaba a punto de suceder.

Y así fue.

A lo lejos se escuchó el ruido de un vehículo acercándose a toda velocidad.

Los guardaespaldas se quedaron en silencio.

Laila levantó la cabeza.

Ray también miró hacia la entrada.

El vehículo avanzaba demasiado rápido.

No redujo la velocidad hasta encontrarse prácticamente frente a la residencia.

Entonces frenó bruscamente.

Los neumáticos chirriaron contra el suelo.

El mismo coche que había abandonado la residencia unas horas atrás acababa de regresar.

Y esta vez no había nadie dentro que pudiera suavizar el ambiente.

La puerta del vehículo se abrió.

Lebrón Kambell bajó.

Solo.

Sin Caleb.

Sin chofer.

Durante un instante nadie dijo nada.

Lebrón cerró la puerta del coche con una calma que resultaba mucho más intimidante que cualquier grito.

Su rostro estaba serio.

Demasiado serio.

Había algo diferente en su expresión.

Había regresado antes de lo previsto, levantó la mirada.

Y todo lo demás desapareció.

Sus ojos se detuvieron en una única persona.

Sayon.

1
julietha galiano
ahora no se cuál es peor si Lyn o tú
acá me tiene padeciendo por más capitulos, no hay derecho
Luna cristal Rodriguez
me dejas en la mejor parte 😭😭😭😭
kohaku viento
espero todo salga bien y pueda encontrar pronto a su hijo como ya sabe en qué lugar está supongo que tendrá que ubicar el lugar e ir aya y en cuanto al alfa no se. espero que cambie. en cuanto al padre biológico de Dios tampoco estoy totalmente feliz con el ya que de alguna forma se aprovecho de su amigo cuando esté estaba borracho y más vulnerable
kohaku viento
casi me da. algo. en esta situación menos mal logro salir ahora a correrrrrrr
kohaku viento
aaaa que suspenso. el escape empezó que emisión
kohaku viento
ojalá todo resulte bien
kohaku viento
ay dios en qué lío se metió
kohaku viento
creo que te dió una segunda oportunidad para conseguir lo que más deseas
kohaku viento
eso no creo que sea malo desear ser feliz y tener una familia que amar no creo que sean celos malos que tenga hacia su amiga
kohaku viento
Ya era lectura de apoyo no sé pero Ami me salieron hasta lágrimas 😭😭 en esa última parte
kohaku viento
definitivamente eso fue sorpresa quedé plop
kohaku viento
no que va esa historia es para puro llorar que demonios estaba haciendo esa mujer leyendo algo así
kohaku viento
creo que se le olvidó esa parte 🤭🤭🤭
kohaku viento
esto ya se ve mal en el lío que dejaron al pobre ojalá pueda resolver este embrollo
kohaku viento
que pena pero creo que ahora se le hará realidad su sueño
LecturasDeNoche
No, por favor, vengo de dejar una historia a medias porque los protas eran absurdamente tóxicos, no me digan que esto será igual porque abandono este barco 😑.
patata_02
jajajajajajaj esta mujer casa vez me cae mejor
LecturasDeNoche
Eso es un poco triste, sinceramente...
patata_02
señor, usted es un amor de persona se merece todo lo mejor del mundo 💕
LecturasDeNoche
Eso no me lo ví venir
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