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Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: Una semana para fingir (y planear) II: Las visitas

Día 4

Esa tarde, Elvira anunció que tenía visitas.

—Tus amigas —dijo con una sonrisa—. Marta y Julia. ¿Quieres bajar a verlas?

—Sí —dije, y era verdad.

Bajé al salón y ahí estaban. Marta, la morena de sonrisa fácil, y Julia, la rubia de mirada seria. Me abrazaron como si llevara un año desaparecido.

—Estás igual —dijo Marta, soltándome—. Bueno, más delgado y tienes un hueco en la ceja.

—Me caí —dije, tocándome la cicatriz—. Literalmente.

—Ya sabemos —Julia me observaba con atención—. Cuéntanos. ¿Cómo es no recordar nada?

—No es que no recuerde nada —dije, sentándome en el sofá—, recuerdo cosas, imágenes, como sueños. Ustedes, por ejemplo, aparecen.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Marta.

—Tú te ríes mucho, ella te mira como si fueras idiota.

Julia resopló.

—Siempre la misma historia.

Hablamos de la escuela. Me contaron quién era quién, qué profesores odiar, qué lugares evitar; me hablaron de los pasillos, del comedor, de las aulas. Yo asimilaba todo como una esponja, memorizando nombres, caras y relaciones.

—¿Y Karl? —preguntó Marta en un momento—. ¿Te acuerdas de él?

—Un poco —mentí—. Sé que es mi novio.

—Eso debe ser raro —dijo Julia—. Tener a alguien que dice que te ama y no recordarlo.

—Es... complicado.

Marta y Julia intercambiaron una mirada, luego Marta se inclinó hacia mí.

—Mira, Ian, no sé si te acuerdas o no, pero queremos que sepas algo. Nosotras estamos aquí, para lo que necesites.

—Gracias —dije, y por primera vez en días, lo dije en serio.

Cuando se fueron, me quedé pensando en lo que había dicho Julia, alguien que dice que te ama. Porque la cuestión era esa, ¿no? Karl decía que amaba a Ian, pero sus actos... sus actos eran los de alguien que no lo respetaba ni lo mínimo.

El diario no mentía.

——— 

Esa noche, durante la cena, Elvira sacó el tema como quien no quiere la cosa.

—Kevin llamó ayer —dijo, sirviéndome agua—, preguntó por ti. Le dije que estabas mejor, que ya caminabas y todo, se quedó más tranquilo.

—¿Kevin? —pregunté, fingiendo no recordar.

—Tu... el hermano de Karl, el mayor. Está en la universidad, por eso no ha podido venir, pero quiere verte.

Asentí, como si la información me resbalara, pero por dentro, algo se movió. Otra pieza del rompecabezas. El hermano mayor, el que se preocupa, el que manda libros con dedicatorias, el que llama para preguntar.

—¿Es... cercano? —pregunté, sin levantar la vista del plato.

Elvira dudó un instante, miró a Rodrigo, que seguía con su periódico, y luego volvió a mí.

—Kevin es... diferente —dijo al fin—, siempre lo ha sido. Es más callado, más serio, pero se preocupa por los suyos. Y tú, para él, eres de los suyos.

No supe qué responder a eso, así que solo asentí y seguí comiendo. Pero me quedé con la palabra.

Diferente.

Era la primera vez que alguien me hablaba de él directamente y no decía mucho, solo que era callado, serio, que se preocupaba. Pero la forma en que Elvira lo dijo, con ese cuidado, como si eligiera las palabras, me dijo más que cualquier discurso. Kevin no era como Karl, eso estaba claro, pero tampoco era un desconocido cualquiera. Era alguien que importaba en esta familia.

Y yo, que había aprendido a leer a la gente para sobrevivir, sabía que cuando alguien elige las palabras con tanto cuidado, es porque hay algo real detrás.

 ———

Día 5

Karl llegó esa tarde con flores. Otra vez.

—Para ti —dijo, tendiéndome un ramo enorme de rosas blancas.

—Gracias —respondí, sin saber qué hacer con ellas. Las dejé sobre la mesa.

Se sentó a mi lado, demasiado cerca, su olor llenó el espacio. Cuero y tabaco. Intenso. Pesado.

—¿Cómo estás? —preguntó, y puso una mano sobre mi rodilla.

Quita esa mano, pensé. Quita esa mano ahora mismo.

—Bien —dije, y me corrí ligeramente hacia un lado—. Mejor.

—Me alegro. Te he extrañado tanto.

Lo miré. Era guapo: ojos verdes, sonrisa fácil, ese tipo de belleza que promete cosas. Pero yo había leído el diario, sabía lo que había detrás de esa sonrisa.

—Yo también te he extrañado —mentí.

Se quedó un rato en silencio, jugando con un hilo suelto del sofá, luego, sin mirarme, dijo:

—Oye, ¿te acuerdas de Valeria?

Valeria, el nombre me sonó al instante. Del diario, la chica de la foto en Instagram, la del centro comercial, la que siempre estaba cerca de Karl, aunque él dijera que era solo una compañera. La que aparecía una y otra vez en las entradas de Ian, siempre como una sombra, siempre como una excusa.

—No —dije, con toda la calma que pude fingir—. ¿Quién es?

—Una compañera de la escuela, es porrista. Me preguntó por ti.

—¿Ah, sí?

—Sí, quería saber cómo estabas. Dijo que si necesitabas algo, que te ayudaba.

Claro, excelente persona, por eso se ve con mi novio a escondidas. Me imagino cuánto se preocupa por mí. Seguro que está deseando que me recupere para poder seguir viéndolo tranquila.

—Qué amable —dije, con una sonrisa que no llegó a los ojos.

Karl asintió, ajeno a mi sarcasmo.

—Es buena gente. Un poco intensa a veces, pero buena.

Buena gente, claro. La próxima vez que quiera verme, que me avise, así le preparo un café y hablamos de lo mucho que nos quiere a los dos.

—Seguro que sí —dije.

Se acercó un poco más, su mano subió de mi rodilla a mi muslo.

—Te he extrañado mucho, Ian. De verdad.

Quita la mano. Quita la mano. Quita la mano.

—Yo también —repetí y me levanté de golpe—, pero estoy cansado. ¿Te importa si lo dejamos para mañana?

Karl me miró con extrañeza, luego sonrió, esa sonrisa que debía costar una fortuna en ortodoncia.

—Claro, descansa. Te llamo mañana.

Se acercó y me besó en la mejilla. Cuando se fue, respiré hondo y me sequé la mejilla con la manga.

—Qué asco —murmuré.

Subí a mi habitación, abrí el cajón donde había escondido el diario y lo toqué con la punta de los dedos.

—No te preocupes, Ian —dije en voz baja—. Yo me encargo.

 ———

Día 6

Al sexto día llegó la tía, hermana de Rodrigo. Misma mirada altiva, mismo porte de reina destronada. Me examinó de arriba abajo como si fuera un cuadro en subasta.

—Pareces otro —dijo.

—Gracias —respondí, por si acaso.

—No era un cumplido, te veías mejor antes. Más... dócil.

Más dócil, esa era la palabra clave. Un omega dócil, un omega bonito, un omega que no molesta. Como Ian, que había pasado meses disculpándose por existir mientras su novio lo engañaba.

—Los médicos dicen que la personalidad puede cambiar después de un trauma —dije, usando la excusa que ya empezaba a dominar.

—Los médicos dicen muchas tonterías —sentenció ella, y se sentó en el sofá con la espalda recta, como si estuviera posando para un retrato.

Me quedé de pie, sin saber qué hacer. La tía me miró con esos ojos fríos de la familia Mendoza, evaluándome.

—En mi época, los omegas no tenían esos humores —continuó—. Sabían cuál era su lugar y lo aceptaban con dignidad.

—¿Dignidad? —repetí, y no pude evitar que se me escapara una sonrisa—. ¿Eso es lo que llaman ahora a quedarse callado mientras te pisan?

Porque en mi barrio a eso le decimos otra cosa, pensé

La tía arqueó una ceja.

—Vaya, así que el golpe te quitó la memoria y te dio lengua.

—Será eso.

—Pues ten cuidado —dijo, y su voz se volvió más afilada—. Un omega con lengua es un omega que se queda solo, y un omega solo es un omega vulnerable.

Me quedé callado, no por miedo, sino por rabia, porque tenía razón. Y porque Ian, que nunca abrió la boca, terminó muerto al pie de una escalera. La tía se levantó, satisfecha de su pequeño discurso.

—Solo vine a ver cómo estabas. Ya veo que estás recuperado, o casi.

Se fue sin despedirse. Me miré al espejo, llevaba puesto un conjunto rosa que Elvira había dejado en mi habitación. Me quedaba bien, eso era lo peor, me quedaba muy bien. Pero yo no era un omega dócil, yo era Joseph.

Y Joseph no usaba rosa.

 ———

Llevaba seis días vistiendo la ropa de Ian, y cada vez que me miraba al espejo sentía que me ponía un disfraz. Ya no podía más, necesitaba algo mío, algo que no oliera a cashmere rosa y a omega perfecto.

Esa noche, después de la cena, tomé una decisión. Saqué el teléfono y abrí la aplicación de compras, esa que mi hermana usaba para comprar cosas que luego devolvía porque no le alcanzaba el dinero. Una hora después, tenía un carrito lleno de ropa negra, gris, azul marino. Sudaderas holgadas, jeans rotos, camisetas sin forma, una chaqueta de cuero que parecía de motero, botas militares. Cosas que Ian nunca usaría. Cosas que yo sí.

Elvira entró a desearme buenas noches y me encontró sonriendo frente a la pantalla.

—¿Qué haces, hijo?

—Compras —dije—, necesito ropa.

Elvira se acercó curiosa, miró la pantalla y su sonrisa se congeló.

—¿Eso? Pero... eso no es lo que tú usas.

—Ya sé, pero ahora soy otro, o el mismo pero diferente, no sé. Los médicos dicen que a veces la personalidad cambia después de un trauma.

—¿Los médicos dicen eso?

—Sí —mentí con la mayor naturalidad del mundo—, es muy común. El cerebro se reconfigura, cambian los gustos, las preferencias. Todo.

Elvira dudó, me miró a los ojos buscando algo, no sé si lo encontró.

—¿Estás seguro, hijo?

—Completamente.

Suspiró, luego asintió, con esa resignación de madre que no entiende pero acepta.

—Está bien, si eso te hace sentir mejor...

—Me hace.

Cuando salió, miré mi reflejo otra vez. El Ian del espejo me miraba con sus ojos grandes y su piel perfecta.

—Prepárate —dije—. Esto se va a poner interesante.

 ———

Día 7

El último día de esa semana en casa amaneció lluvioso. Me quedé en la cama escuchando el agua golpear contra el vidrio, pensando. Los recuerdos de Ian seguían llegando, no todos, no ordenados, pero llegaban. Y ahora tenía el diario, sus palabras, su dolor.

Sospechaba que Karl era un infiel y Valeria... Valeria estaba en todas las entradas del diario, siempre cerca, siempre con una excusa. No tenía pruebas, pero algo me decía que ella era la amante. Y sabía que una mujer con uñas rojas y un perfume dulzón lo había empujado por las escaleras, pero todavía no sabía quién era esa mujer.

Necesitaba un plan, un plan de verdad, no solo una idea.

Primero: volver a la escuela. Necesitaba estar cerca de Valeria, observarla, ver cómo se comporta. Y también necesitaba estar cerca de todos los demás. Porque la mujer que lo empujó no era una desconocida, era alguien del entorno de Ian, alguien que estaba en esta casa ese día. Alguien que conocía las escaleras, que sabía cuándo Ian estaba solo, que podía acercarse sin levantar sospechas.

Segundo: exponer a Karl públicamente, que todos vieran quién era realmente. Si lograba demostrar que era un infiel, el compromiso se rompería y Joseph quedaría libre. Libre de Karl, libre de esta familia, libre para volver a... bueno, para volver a algo, a lo que fuera. Pero libre.

Tercero: Sofi, la del mensaje. "Ojalá te hubieras roto el cuello." Eso no era una amenaza cualquiera, era odio puro. Sofi odiaba a Ian y yo necesitaba averiguar por qué. ¿Era por Karl o había algo más? ¿Podía estar relacionada con su muerte?

Lo pensó un momento. No, una asesina no manda un mensaje así, es demasiado obvio. Si Sofi lo hubiera empujado, no habría dejado un rastro tan evidente, nadie es tan estúpido. Así que probablemente era solo una chica con mala leche, pero no podía descartarla del todo. Todavía no.

Cuarto: descubrir quién era la mujer de las uñas rojas, la del perfume dulzón y químico. No sabía su nombre, no conocía su cara, solo sabía que olía mal y que empujaba. Pero estaba seguro de que, en algún momento, volvería a oler ese perfume y cuando lo hiciera, lo reconocería.

Quinto: sobrevivir, eso era lo más importante. Mantener la farsa, no levantar sospechas, no dejar que nadie viera que Joseph no era Ian. Porque si alguien lo descubría, todo se acababa.

—Es un plan —murmuré—. No es un gran plan, pero es un plan.

No sabía cómo iba a hacer nada de eso, pero por algún lado se empieza.

Saqué el diario del cajón y lo hojeé una última vez. Las palabras de Ian, su letra redonda y cuidada, sus disculpas eternas, su necesidad de creer que todo estaba bien.

—Lo siento, Ian —dije—. No te conocía, pero ahora sí, y no te merecías esto.

Cerré el diario y lo guardé de nuevo.

Esa noche, durante la cena —a la que Karl se había invitado con la excusa de que "quería ver cómo seguía Ian"—, solté la bomba.

—Mamá —dije, probando la palabra—. Creo que quiero volver a la escuela.

Elvira dejó el tenedor a medio camino.

—¿Estás seguro, hijo? Todavía estás débil. Los médicos dijeron...

—Los médicos dijeron que la rutina ayuda —la interrumpí— y creo que tienen razón. Estar en casa, sin hacer nada... no me ayuda a recordar.

Rodrigo me miró por encima del periódico, su mirada de alfa evaluando.

—¿Y si te pasa algo?

—No me va a pasar nada. Estaré en la escuela, con mis amigos, con Karl.

Al nombrarlo, Karl levantó la cabeza y sonrió.

—Yo lo cuidaré —dijo.

Tú no cuidas ni a tus plantas, pensé. Tú lo que haces es destrozar omegas y luego darles flores para que se callen.

Pero sonreí, asentí.

—Es buena idea —dijo Karl—. En la escuela lo extrañan y yo también lo extraño.

Elvira dudó, miró a Rodrigo, que dio un leve asentimiento.

—Está bien —dijo ella, suspirando—, pero si te sientes mal, avisas y vienes a casa. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Esa noche, en mi habitación, repasé el plan una vez más. En dos días volvería a la escuela, conocería a Valeria en persona, empezaría el juego. Y Karl... Karl no sabía lo que le esperaba.

Toqué el cajón donde guardaba el diario.

—Por ti, Ian —susurré—. Todo esto es por ti.

Y por primera vez en días, sentí que tenía un propósito, que no era solo un fantasma en un cuerpo prestado. Que estaba aquí por una razón.

Que empiece el show.

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kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
Nidia Mojica
Ya le cauo jna mosca a la sopa, también que estaban ellos dos.
☆Nanu☆
eh bue, lo bueno dos veces bueno, pero a veces dura poco...
Kevin, demuestre lo que realmente vale saber y querer saber del que te gusta 😉.
Será que la madre de Ian les dijo a donde iban estos dos a Karl??? 👀
Yolanda Plazola Arroyo: si creo que que ella le dijo porque es mucha coincidencia que se encontrarán ai
total 3 replies
kohaku viento
noo ya llegó la basura a arruinar el momento
Alex
ya le cayó 💩 al pastel 🙄
DAM 💜💜💜
ahora sí que no confíe en sus supuestos padres ellos saben algo o están encubriendo no lo sé tengo esa sensación
DAM 💜💜💜
Ahora sí comienza su verdadera lucha de aprender a vivir en otra piel hay me encanta
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