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La Esposa De Mí Jefe

La Esposa De Mí Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:866
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Él tenía una sola misión: protegerla.
Ella tenía una sola regla: no enamorarse de él.

Victoria Bennett tiene el matrimonio que cualquier mujer envidiaría.

Un esposo millonario. Una mansión de ensueño. Una vida rodeada de lujos.

Pero detrás de las puertas cerradas, su matrimonio es una pesadilla.

Su esposo, Alexander Blackwood, es un hombre poderoso, controlador y posesivo que se ha encargado de destruir poco a poco la seguridad y la autoestima de Victoria. Para el mundo son una pareja perfecta. Para ella, él es la razón por la que cada noche tiene miedo de volver a casa.

Hasta que Alexander contrata a Fernando Ferrara, un exmilitar convertido en guardaespaldas, para proteger a su esposa.

Fernando sabe perfectamente cuáles son sus límites.

Victoria es su jefa.

La esposa de su jefe.

Una mujer prohibida.

Pero también es la mujer que intenta esconder sus lágrimas cuando cree que nadie la está mirando.

Él comienza protegiéndola de peligros externos...

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15: La sangre no siempre protege

FERNANDO

—¿Tu hermano?

Victoria asintió lentamente.

—Se llama Nicholas.

La forma en que pronunció su nombre me dijo que no era una relación sencilla.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

Victoria bajó la mirada.

—Desapareció hace cuatro años.

Marcus dejó de mirar la pantalla.

—¿Desapareció?

—Sí.

—¿Y nunca lo encontraron?

—No.

La observé.

—¿Qué relación tenía con Alexander?

Victoria tardó en contestar.

—Se odiaban.

Marcus levantó una ceja.

—Eso puede significar muchas cosas.

—En este caso no.

Victoria se abrazó a sí misma.

—Nicholas siempre decía que Alexander era peligroso.

—¿Y tú le creías?

—Al principio no.

Una sonrisa triste apareció en su rostro.

—Yo estaba enamorada de Alexander.

—¿Y Nicholas?

—Intentó impedir que me casara con él.

Fernando permaneció en silencio.

—Después de la boda —continuó Victoria—, Nicholas empezó a investigar a Alexander.

—¿Qué descubrió?

—Nunca me lo dijo.

—¿Por qué?

—Porque Alexander lo amenazó.

Marcus intervino.

—¿Y después desapareció?

Victoria asintió.

—Una noche recibí una llamada suya.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Me dijo que había encontrado algo.

—¿Qué cosa?

—No lo sé.

—¿Qué más dijo?

Victoria cerró los ojos.

—Me dijo que si alguna vez necesitaba ayuda, buscara a Daniel Cross.

Marcus y yo nos miramos.

—Entonces todo está conectado —dije.

Victoria negó.

—No.

—¿No?

—Mi hermano no haría esto.

—¿Cómo puedes estar segura?

Me miró.

—Porque Nicholas me amaba.

—Y eso no significa que no pueda estar involucrado.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No quiero creerlo.

Me acerqué.

—No tienes que creer nada todavía.

Tomé la grabadora.

—Primero necesitamos pruebas.

Marcus continuó revisando los archivos.

De repente se quedó inmóvil.

—Encontré algo.

Nos acercamos.

En la pantalla apareció un documento.

Era un registro de acceso a una clínica.

Paciente: Victoria Bennett.

Fecha: tres días después del accidente.

Pero había algo más.

Un segundo nombre.

Acompañante autorizado: Nicholas Bennett.

Victoria palideció.

—No.

—¿Qué? —pregunté.

—Mi hermano estaba desaparecido.

Marcus señaló la fecha.

—Según esto, estuvo aquí.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

—Porque el registro dice que Nicholas salió de la clínica conmigo.

Sentí un escalofrío.

—¿Y tú no lo recuerdas?

Victoria negó.

—No.

Marcus amplió el documento.

—Hay una firma.

Victoria se acercó.

La observó.

—Es su firma.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Me quedé pensando.

—Entonces Nicholas estaba vivo después del accidente.

—Sí —dijo Marcus—.

—Y estuvo contigo.

Victoria llevó una mano a su boca.

—Pero yo no lo recuerdo.

Marcus señaló otro archivo.

—Hay algo más.

Apareció un video.

La imagen era borrosa.

Una cámara de seguridad.

Un pasillo de hospital.

Una mujer caminaba lentamente.

Era Victoria.

A su lado había un hombre.

Alto.

Cabello oscuro.

Chaqueta militar.

Nicholas.

La grabación avanzó.

El hombre se detuvo.

Miró directamente hacia la cámara.

Y levantó una mano.

En ella llevaba algo.

Una pequeña llave.

La misma llave que Victoria había recordado.

El video terminó.

Nadie habló.

Hasta que Victoria susurró:

—Él tenía la llave.

***

VICTORIA

Mi cabeza comenzaba a doler.

—No entiendo.

Fernando se acercó.

—Lo vamos a entender.

—¿Por qué mi hermano me llevaría una llave?

—Tal vez quería protegerte.

—¿Entonces por qué desapareció?

Marcus respondió:

—Porque probablemente alguien lo obligó.

Lo miré.

—¿Alexander?

Marcus negó.

—No necesariamente.

—Entonces, ¿quién?

Marcus se quedó callado.

Fernando lo observó.

—Sabes algo.

—Sí.

—Habla.

Marcus respiró profundamente.

—Hace cuatro años, Nicholas Bennett trabajó para una unidad de inteligencia privada.

Me quedé helada.

—¿Qué?

—No era un soldado común.

Fernando frunció el ceño.

—¿Inteligencia?

Marcus asintió.

—Investigaba operaciones financieras y redes clandestinas.

—¿Y Alexander?

—Era uno de los nombres que apareció en una investigación.

Sentí que todo se derrumbaba.

—Entonces mi hermano llevaba años investigándolo.

—Sí.

—¿Y nunca me dijo nada?

Marcus negó.

—Probablemente porque quería mantenerte con vida.

Mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Esta vez no había mensaje.

Era una fotografía.

Nicholas.

Vivo.

Sentado en una silla.

Con las manos atadas.

Detrás de él, una pared gris.

Y debajo de la imagen:

«TU HERMANO ESTÁ VIVO.»

Sentí que las piernas me fallaban.

Fernando me sostuvo.

—Victoria.

—Está vivo...

Otra fotografía llegó.

Nicholas miraba directamente a la cámara.

En su cuello había una herida.

Y junto a él había un hombre.

No podía verle el rostro.

Pero reconocí su reloj.

La pequeña marca roja.

—Marcus...

Él miró la imagen.

Su expresión cambió por completo.

—No.

—¿Qué?

Marcus se quedó inmóvil.

—Ese reloj...

—¿Qué pasa con él?

—Ese hombre no es uno de los hombres de Alexander.

Fernando levantó la mirada.

—¿Entonces quién es?

Marcus tardó unos segundos.

—Es alguien que creíamos muerto.

—¿Quién?

Marcus me miró.

—Mi hermano.

***

FERNANDO

La revelación cayó como una bomba.

—¿Tu hermano?

Marcus asintió.

—Michael Reed.

—¿También desapareció?

—Hace seis años.

—¿Y supuestamente murió?

—Sí.

Victoria miró la fotografía.

—Entonces las personas que creíamos muertas...

—No están muertas —dije.

Marcus negó.

—Algunas sí.

—¿Y otras?

—Fueron borradas.

—¿Por quién?

Marcus no respondió.

El teléfono de Victoria volvió a vibrar.

Otro mensaje.

«TIENEN HASTA MAÑANA A MEDIANOCHE.»

Después apareció una ubicación.

Y una última frase:

«VICTORIA DEBE IR SOLA.»

Fernando tomó el teléfono.

—No.

Victoria lo miró.

—Tengo que ir.

—No vas a ir sola.

—Si tienen a Nicholas...

—Precisamente por eso no irás sola.

Victoria negó.

—Si aparecemos todos, podrían matarlo.

—Entonces encontraremos otra forma.

Ella me miró fijamente.

—Fernando.

—No.

—Ni siquiera sabes qué iba a pedirte.

—Sí.

Di un paso hacia ella.

—Vas a decirme que te deje ir.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Es mi hermano.

—Y tú eres mi responsabilidad.

—No quiero ser una responsabilidad para ti.

—No lo eres.

La frase salió de mi boca antes de poder detenerla.

Victoria quedó inmóvil.

Yo también.

Marcus apartó la mirada.

—Creo que necesito revisar algunas cosas —dijo.

Se marchó.

Nos quedamos solos.

Victoria se acercó lentamente.

—Entonces, ¿qué soy para ti?

No encontré una respuesta profesional.

Porque la verdad ya no cabía dentro de mi trabajo.

—Eres alguien a quien no estoy dispuesto a perder.

Victoria cerró los ojos.

Una lágrima recorrió su mejilla.

—Fernando...

La tomé suavemente por la cintura.

Ella no retrocedió.

Nuestros rostros quedaron a centímetros.

—Esto está mal —susurró.

—Lo sé.

—Eres mi guardaespaldas.

—Lo sé.

—Soy la esposa de tu jefe.

—También lo sé.

—Entonces, ¿por qué siento que cuando estoy contigo puedo respirar?

No respondí.

Porque yo sentía exactamente lo mismo.

Victoria apoyó la frente contra la mía.

Y esta vez fui yo quien cerró los ojos.

Pero antes de que nuestros labios se encontraran, una alarma comenzó a sonar.

Nos separamos.

Marcus apareció corriendo.

—¡Fernando!

—¿Qué ocurre?

Me mostró su teléfono.

Había recibido un archivo.

Un video.

Lo reprodujo.

Nicholas estaba sentado en aquella silla.

El hombre del reloj rojo estaba detrás de él.

Pero esta vez hablaba.

—Fernando Ferrara.

Sentí un escalofrío.

—Si estás viendo esto, significa que Victoria está contigo.

El hombre sonrió.

—Y significa que ya cometiste el mismo error que todos los demás.

—¿Qué error? —preguntó Victoria.

El hombre miró directamente a la cámara.

—Enamorarte de ella.

El video terminó.

Marcus levantó lentamente la mirada.

Y en ese momento entendí que nuestra relación ya no era un secreto.

Alguien sabía exactamente lo que sentíamos el uno por el otro.

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