Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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está loca
Aviso
En varios capítulos ahí imágenes de los personajes si no coinciden con los personajes de la portada es por noveltoon cambio la portada.
Los personajes son como en las imágenes que están.
—¿Por qué me duele? ¿Qué me pasó? ¿Acaso no morí cuando me desplomé por exceso de trabajo?
—¡Mamá! —lloró un niño.
—¿Eh...? —Valeria abrió los ojos y vio a un pequeño llorando frente a ella.
—¡Aprendí la lección! —sollozó.
La joven observó que el niño cargaba varios libros enormes, uno en cada mano.
—¡Mamá! —volvió a llorar.
—Oh, no, cielo.
Al darse cuenta del peso que cargaba, le quitó los libros de las manos.
El niño la miró sorprendido.
—¡Mami, prometo no volver a molestarte! ¡Juro que ya no te avisaré más cuando estés con otros hombres! —dijo jugando nerviosamente con sus dedos.
En ese momento apareció una sirvienta.
—Mi señora Valeria, el joven Lucas entendió. No volverá a molestarla —dijo la mujer.
—¿Valeria? ¿Soy yo? —preguntó señalándose mientras sonreía.
—Sí. Usted es la esposa del señor Sebastián Montenegro.
—No puedo creerlo... —sonrió—. Espera... ese nombre me suena.
Su expresión cambió de golpe.
—No puede ser...
—Soy Valeria Suárez. No puede ser... ¿Soy la villana?
De repente saltó emocionada.
—¡Espera! ¡Soy Valeria de Montenegro! ¡Eso significa que soy millonaria!
Pero la alegría duró apenas unos segundos.
—No... espera...
Recordó la historia.
Valeria era una derrochadora, adicta a las compras y obsesionada con los hombres. Descuidó a su esposo, maltrató a su hijo y terminó sola cuando se acabó la fortuna de Sebastián.
—¡¡Noooo!! —gritó—. ¡Voy a morir pobre y sola!
Cayó sentada en el suelo.
Todos se acercaron preocupados.
Lucas también quería hacerlo, pero tenía demasiado miedo.
—Señora, ¿le dio otro colapso nervioso? —preguntó la sirvienta con curiosidad.
—No, no. Descuida.
Volvió a ponerse de pie y observó a su alrededor.
—Bueno, ya me iré —dijo la sirvienta.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Valeria alarmada.
—La familia ya no ayudará más al señor Sebastián debido a usted.
—¿¡Qué yo!? —se señaló.
—Sí. Usted es su esposa. Debería encargarse de la casa y de todo lo demás. Además, ya no tienen dinero. Es mejor que me vaya ahora. No quiero gastar lo poco que queda y que podría usarse para el joven Lucas.
—¡¿Qué?!
La mujer se acercó al niño.
—Perdón, Lucas. Tengo que irme.
Lo abrazó.
—Rosa, no te vayas... —lloró el niño.
—Lo siento. Tu madre ya no puede pagarme.
Le dio un beso en la frente.
Y así, Rosa se marchó.
Valeria se quedó sola con Lucas.
—Ah... ¿Qué hago? Apenas volví a la vida y ya me dejaron sola.
Hizo un pequeño puchero.
Entonces vio a Lucas mirando la puerta en silencio.
—Oh, Lucas...
Se acercó y puso una mano sobre su hombro.
—¡NO ME TOQUES! —gritó el niño.
—Eh... Lucas, perdón. No quería molestarte.
—¡Mientes! ¡Tú me odias desde que nací! —lloró.
Valeria no sabía qué hacer.
—Yo... yo...
Buscó las palabras correctas.
—¡Te odio! ¡Ojalá nunca hubieras sido mi madre!
Y salió corriendo hacia su habitación.
Valeria se quedó inmóvil.
Luego se dejó caer sobre el sofá.
—Genial. Soy la villana de un libro y mi hijo me odia.
Se cubrió el rostro con ambas manos.
—Toda mi vida estuve sola. En mi otra vida era enfermera. Trabajé hasta morir y nunca tuve una vida propia. Ahora estoy aquí, pobre, con un hijo que me odia y un esposo en coma.
De repente se levantó.
—¡Un esposo en coma!
Recordó toda la historia.
Sebastián era un hijo no reconocido, por eso sufría tanto desprecio. En la secundaria ella y él eran enemigos, pero una noche coincidieron en una fiesta. Después quedó embarazada de Lucas y poco tiempo después Sebastián sufrió un accidente que lo dejó en coma.
Valeria subió las escaleras.
Vio una puerta entreabierta y entró.
Allí estaba Sebastián.
Acostado sobre la cama.
—Ah... este es Sebastián.
Se acercó lentamente.
—Es muy guapo.
Lo observó con atención y tocó suavemente su cuello.
—Es hermoso. Tiene una cara de porcelana... y su cabello...
Rió.
—Ah, tengo un esposo súper guapo. En mi otra vida nadie me miraba.
Hizo un puchero.
De pronto los monitores comenzaron a sonar con fuerza.
—¡Oh! Me asustaste.
Rió mientras seguía tocando su rostro.
—Eres muy, muy guapo.
Poco a poco el sueño la venció y terminó dormida junto a él.
"Valeria Suárez... ¿qué pretendes?"
Una voz resonó en la oscuridad.
Uno de los dedos de Sebastián se movió ligeramente.
Al día siguiente.
La luz del sol iluminó el rostro de Valeria.
—¿Mamá?
Lucas apareció sosteniendo un gran recipiente lleno de agua.
—Eh...
Bostezó.
—Ah... Lucas, cielo.
Intentó acariciarle la cabeza, pero el niño se apartó.
—¿Qué viniste a hacer aquí? —preguntó con seriedad.
Ella sonrió y se estiró.
—¿No ves? Estoy con tu padre.
—Mamá, deja de mentir. Tú nunca duermes con papá. Tienes tu propio cuarto.
—¿¡Qué!? ¿Cómo voy a dormir lejos de tu padre?
Lucas no entendía nada.
"Valeria, deja de fingir delante del niño."
El monitor volvió a sonar.
—Mamá, deja de decir tonterías. Alteras a papá.
—Perdón, hijo. Oh, ¿qué llevas ahí?
—Es para bañar a papá.
—¡¡¿QUÉ?!! ¿Tú lo vas a bañar?
—Mamá, tú dijiste que debía hacerlo yo.
Bajó la mirada.
—¿Lo estoy haciendo mal?
Valeria se levantó de inmediato.
—No, pero esto no te corresponde. Solo tienes siete años.
"Sí, claro. Desde los cinco años lo tienes haciendo todo porque no es hijo de mi hermano mayor."
—Lucas, dame eso.
—No, mamá. Yo puedo hacerlo.
—Lucas Montenegro, dame ese recipiente.
—¡No! ¡Es mi papá! ¡Tú quieres matarlo!
Ambos comenzaron a tirar del recipiente.
De pronto el agua salió volando y cayó directamente sobre Sebastián.
"¡¡VALERIA!!"
Ella escuchó algo.
—¿Qué fue eso?
Se limpió el oído.
—Mira lo que hiciste, mamá —la regañó Lucas.
—Yo no hice nada. Ahora ve a cambiarte. Debes ir a la escuela.
El niño obedeció.
Cuando salió de la habitación, Valeria volvió a mirar a Sebastián.
—¿Acaso tú hablaste?
No hubo respuesta.
—Mmm...
Lo observó unos segundos.
—Qué raro. Juraría que escuché mi nombre.
Sonrió de forma traviesa.
—Bueno, como se te cayó agua encima, tendremos que cambiarte de ropa.
"¿Cómo?"
Valeria comenzó a buscar ropa.
"¿Ella me desea? Está loca."
—Bueno, te pondré esto y esto...
Se acercó.
"¡Oye, oye! Estoy en coma. ¡No puedes aprovecharte de mí!"
Comenzó a desabotonarle la camisa.
Entonces tocaron la puerta.
—¡Mamá! ¡Ya me voy a la escuela!
—¡¿Qué?!
Valeria se levantó de golpe.
"Gracias, hijo."
Abrió la puerta.
—¿Adónde vas solo?
—A la escuela. ¿Acaso no me dijiste que me cambiara?
—No, no... Tú no vas a ir solo a ningún lado. Te acompañaré.
—No puedes. Papá está en coma y si los vecinos ven que te vas, te denunciarán.
—Ah... no voy a permitir que mi hijo vaya solo.
Se cruzó de brazos.
—Ya sé.
Lucas esperó confundido.
Minutos después vio bajar a su madre por las escaleras.
Estaba arreglada y se veía muy bonita.
—¿Mamá?
—¿Qué? ¿Me veo mal? —preguntó tímidamente.
Llevaba un enterizo, una camisa, dos trenzas y un sombrero decorado con flores.
—No... solo que nunca te habías vestido así.
—Ya me di cuenta de que había demasiada ropa provocativa. Creo que la quemaré. Pero mira...
Sonrió orgullosa.
—¡Tarán!
Entonces Lucas vio algo detrás de ella.
Y abrió los ojos como platos.
Valeria había sacado a Sebastián en una silla de ruedas.
—¡¡Mamá!! —gritó asustado—. ¿Qué vas a hacer?
—Vamos a llevar a tu padre con nosotros. Así nadie me denunciará y podremos ir en familia.
Sonrió feliz.
"Valeria está loca."
—Mamá está loca —dijo Lucas