Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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Frente al enemigo.
Klaus..
- ¡Pero lo que están diciendo es inadmisible!
Dice Héctor. Todos los demás consejeros estaban perplejos.
-Inadmisible fue lo que pasó ayer. La zona que debían estar vigilando tus hombres fue usada como ruta de entrada por los Martineli, y lo más curioso es que no encontraron ninguna dificultad.
Digo con calma.
-No entiendo qué pasó, Klaus...
Dice Héctor, genuinamente confundido.
-Klaus tiene toda la razón. Un error así es inadmisible, Héctor. Creo que no puedes seguir siendo uno de los consejeros de la Manchestary.
Dice Sergio.
-¿Qué?
Dice Héctor aturdido.
- Exactamente. Serás destituido del consejo. Si no puedes proteger un lado de la ciudad, significa que cualquier mafia enemiga puede entrar y masacrarnos, como lo que hicieron anoche en la casa del consigliere de uno de los Don.
Completa Sergio, y los demás miembros empezaron a debatir el asunto. El comportamiento de Sergio llama mi atención: parece esforzarse por ocultar su alegría. Héctor, en cambio, está confundido y aturdido ante la posibilidad de salir del consejo.
Mis hermanos parecen estar de acuerdo con Sergio. Felipe comparte el mismo pensamiento que yo: hay algo que no encaja en esta historia. Pero por ahora, es mejor seguirle el juego a Sergio.
-Propongo que la decisión se tome por votación.
Dice Paul, y todos los miembros asienten.
-¿Quién desea que Héctor permanezca en el consejo?
Nadie levanta la mano ni dice nada, y con eso Héctor baja la cabeza.
— Está decidido. Quedas destituido del consejo y a partir de hoy tus pasos serán vigilados las 24 horas. Si aparecen pruebas de que ayudaste a los Martineli, morirás de la peor manera posible.
Digo, y todos asienten. La sonrisa estaba estampada en el rostro de Sergio. Si cree que me engaña, voy a demostrarle quién manda en esta porra, en cuanto descubra lo que realmente ocurrió.
— Fue un honor servir a la Manchestary. Quiero que sepan que nunca los traicionaría. No sé qué pasó, pero probaré que soy inocente.
Dice Héctor, y Felipe me mira. Cuando la reunión termina, todos salen de la sala, excepto yo, Felipe y Héctor.
- ¿Qué desea hablar conmigo, señor?
Pregunta mirándome desde el otro lado de la mesa.
- Héctor, sé que no traicionarías la confianza que yo y mis hermanos depositamos en ti.
-¿Entonces por qué fui destituido del consejo?
Pregunta confundido.
-No seas tonto. Aunque sé de tu lealtad, los demás miembros y mis hermanos quieren tu cabeza en bandeja de plata. O te destituía yo, o tendría que matarte.
— Tiene razón. Pero ¿qué hago? ¿Quedarme como supuesto traidor para siempre?
Lo miro pensativo.
-Cumple lo que prometiste. Prueba que eres inocente y tráeme el nombre del verdadero culpable.
-Sí, señor.
La noche....
— P-por... favor...
El hombre gritaba e imploraba que parara, pero solo me detuve en cuanto terminé de serrarle la pierna. Sus gritos me complacen y la sangre que brota es todo un espectáculo.
— Deberías estar agradecido de que todavía no te he matado. No suelo dejar vivo a alguien que me debe tanto.
Digo pisándole la otra pierna, donde había una herida que olía mal. Grita aún más.
—Veo que estás en tu terapia.
Dice Felipe desde lejos.
— Me estoy divirtiendo un poco.
Felipe ríe.
—No quiero arruinarte la diversión, pero la fiesta de las mafias es en 30 minutos.
—¡Carajo! Se me había olvidado por completo.
Tomo mi arma y le disparo en el ojo al hombre, que muere en el acto.
—Hubiera querido divertirme más.
Camino hacia Felipe. Tengo la ropa escurriendo sangre; incluso mis zapatos están empapados, y donde camino queda marcado.
— ¡Vámonos!
Ordeno pasando junto a él, que enseguida viene detrás.
.....
Todas las mafias reunidas en el mismo lugar: eso puede convertirse en un verdadero caos. No me gusta el hecho de que los enemigos de la Manchestary estén en el mismo ambiente que nosotros.
Cada dos años, los consejos se reúnen para llegar a un acuerdo sobre los territorios. Con eso, algunas mafias dejan las diferencias de lado y se unen, lo cual es muy raro.
— Esta noche va a ser muy agradable.
Dice Felipe mirando en dirección a Guxta, el capo de la Camorra. A su lado está su hermano mayor, Leon.
—Recuérdame que no puedo matarlos, al menos no aquí.
Digo, y sin darle tiempo de responder, escucho una voz irritante de lo más.
— ¡Hades! Qué bueno que te encontré.
Dice Ana, la hija menor de Sergio. Se aferró a mi brazo mientras rozaba su escote contra mí.
—¿Puedo acompañarte esta noche?
Pregunta con segundas intenciones. Solo asiento. Después de esta noche, solo podré relajarme cogiendo a alguien.
Saludamos a varios aliados y amigos. Pronto llegaron mis hermanos con sus mujeres y poco después, los Martineli.
—¡Qué ganas de torturar a esos hijos de puta!
Dice Mikael tomando su whisky. Los Martineli nos miraron en nuestra dirección y claramente nos provocaron.
Víctor estaba dispuesto a matarlos en el mismo instante en que nos provocaron.
— Tranquilo, Demon, no podemos hacer nada. Aquí tienen tantos aliados como nosotros; este lugar se convertiría en una zona de guerra.
Digo.
— Tienes razón.
Dice calmándose. Miro a los Martineli con una pequeña sonrisa.
— Pronto esa sonrisa se les borrará.
Completo casi en un susurro, observándolos acercarse.
— Buenas noches, señores Cassano.
Dice Guxta en tono de provocación.
— ¿Cómo se atreven a dirigirnos la palabra después de lo que hicieron?
Pregunta Mikael mirándolo fijo, como si quisiera matarlo. Guxta solo ríe.
— ¿Lo que hicimos? ¿Tienen pruebas de lo que dicen, o es producto de su fértil imaginación?
Mikael se lanza hacia él y lo sujetamos.
— Lárgate de aquí, Guxta. No olvides que estás en nuestro territorio, así que es mejor que te vayas antes de que te mate y cuelgue tu cabeza en la plaza pública. Y si yo fuera tú, rezaría mucho, porque cuando llegue mi turno, no seré piadoso.
Digo, y la música se detiene. En cuestión de segundos, nuestros aliados encaraban a los aliados de la Camorra, y cualquier movimiento brusco desataría una guerra.
Guxta es jalado lejos por su hermano y los ánimos se calman.
—Necesitas relajarte, querido.
Dice Ana, de quien casi me había olvidado.
— Es mejor que desaparezcas de mi vista antes de que te vuele los sesos.
Digo, y ella sale prácticamente corriendo.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰