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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16

El camino se alejaba de la ciudad, entre árboles altos y campos que se extendían en silencio. Ottavia llegó a una casa pequeña y hermosa, construida de piedra y madera, escondida entre la vegetación como un refugio olvidado. No había cámaras, ni vecinos curiosos, ni ojos que pudieran reconocerlos. Solo paz, privacidad y el corazón latiéndole con fuerza al saber que lo encontraría allí.

Cuando entró, Lorenzo estaba de pie junto a la ventana, esperándola. Al verla, no hubo palabras de cortesía ni dudas. Solo dio un paso hacia ella y la miró como si hubiera estado esperando este momento desde la última vez que se separaron.

—Viniste —dijo él, y la voz le salió con una mezcla de alivio y deseo que le recorrió la piel entera—. Sabía que vendrías, pero cada hora sin ti se hizo eterna.

Ottavia cerró la puerta tras de sí y se quitó el abrigo, dejándolo caer sobre una silla con gesto decidido. —No iba a faltar. Desde que nos despedimos, cada día ha sido solo esperar a volver a verte. No hay reglas que me alejen de ti. No hay miedo que me detenga.

Lorenzo llegó hasta ella y la tomó por las manos, apretándolas con fuerza, como si quisiera grabar su tacto en la piel. —¿Y las reglas? ¿Y el trato de un día a la vez? —preguntó, aunque sus ojos no pedían distancia, sino todo lo contrario—. ¿Siguen en pie?

—Las reglas siguen —respondió ella acercándose más, hasta que sus cuerpos casi se rozaban—. Pero lo que sentimos va más allá de palabras escritas. Y hoy… hoy no quiero poner límites a nada. Solo quiero estar contigo. Completamente.

Él no dijo nada más. La atrajo hacia sí con una urgencia contenida, una hambre de días sin verse que se desbordó en ese instante. Sus labios se encontraron con la certeza de quienes ya se conocen, sin torpeza, sin vacilación. Era un beso de reencuentro, de reconocimiento, de dos almas que se habían buscado y por fin se hallaban.

—Te soñé cada noche —le susurró contra los labios, mientras sus manos recorrían su espalda con caricias firmes y suaves a la vez—. Te soñé y desperté con ganas de volver a verte. De tocarte. De saber que eras real.

—Soy real —respondió ella abrazándolo con fuerza—. Y soy tuya. Aquí, en este lugar, no hay esposo, ni familia, ni sociedad. Solo nosotros. Y lo que decidimos ser.

Caminaron juntos hacia la habitación, sin prisa pero sin detenerse, sabiendo que el tiempo allí les pertenecía. La luz entraba suave por las ventanas, iluminando cada rincón de ese refugio que parecía hecho solo para ellos. Y cuando se entregaron el uno al otro, fue con una confianza absoluta, sin reservas, con esa certeza de que en esos momentos no existía nada más allá de sus cuerpos y sus corazones latiendo al mismo ritmo.

—Eres mi refugio —le dijo Lorenzo mientras la sostenía entre sus brazos, con la respiración entrecortada y la mirada llena de devoción—. Donde no hay mentiras ni rivalidades. Solo tú y yo. Y eso me basta.

—Y tú eres el mío —respondió ella, acariciando su rostro con las yemas de los dedos—. El lugar donde puedo ser yo sin fingir nada. Donde me respetan y me aman por quien soy. No cambiaría esto por nada.

Cada caricia era un secreto compartido, una promesa sin palabras, un vínculo que se fortalecía con cada instante. No hablaban de futuro ni de pasado, solo vivían el ahora, ese espacio pequeño y sagrado donde solo existían ellos dos. Y en esa casa apartada del mundo, donde nadie los conocía ni los juzgaba, comprendieron que lo que los unía iba mucho más allá de lo físico: era una conexión de almas heridas que sanaban juntas, paso a paso, beso a beso.

—No quiero que este momento termine —susurró Ottavia recostada sobre su pecho, escuchando el latido de su corazón—. Aquí todo es tan sencillo. Tan perfecto.

—No tiene por qué terminar —respondió él besando su cabello con ternura—. Mientras decidamos estar aquí, este lugar será nuestro. Y nadie puede quitárnoslo. Ni el tiempo, ni el mundo, ni nadie.

Se quedaron así, abrazados, mientras la tarde caía afuera y la luz se volvía dorada y suave. No necesitaban más explicaciones ni acuerdos. Sabían lo que tenían: algo hermoso, frágil y real. Y cada vez que se miraban, entendían que ese secreto compartido los unía de una forma que ni la distancia ni las circunstancias podrían romper.

—¿Sabes qué es lo más hermoso de todo esto? —le dijo Lorenzo, acariciándole despacio la espalda mientras yacían juntos—. Que no hay máscaras. No hay fingimientos. Cuando estamos así, solo somos tú y yo. Sin nombres, sin apellidos, sin enemigos. Solo dos personas que se eligen.

Ottavia lo miró a los ojos y sonrió con toda el alma, acercándose más a él. —Eres el único lugar del mundo donde puedo ser yo sin miedo. Donde no tengo que demostrarle nada a nadie. Solo estar. Y ser amada por eso mismo.

—Y siempre serás —respondió él sellando sus labios con un beso suave y profundo—. Aquí y donde quiera que vayamos. Tu lugar está conmigo, si decides que así sea. Y nadie te pedirá que seas otra. Solo tú. Basta.

1
Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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