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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16

Valentina

Mi padre nos había invitado a conocer una finca que había adquirido hacía un par de años.

Según él, cuando hizo la compra yo ya estaba en Europa, por eso nunca había tenido la oportunidad de conocerla.

—Quiero que la veas, princesa —me había dicho por teléfono—. Estoy seguro de que te va a encantar.

Gael, sin embargo, había dicho que no podía acompañarnos.

No explicó demasiado.

Solo comentó que tenía asuntos pendientes y que Thiago iría conmigo.

Incluso había enviado sus disculpas y agradecimiento a mi padre por la invitación.

Lo noté más distante de lo normal.

Mucho más.

Y eso me molestó.

No sabía por qué, pero últimamente cualquier cambio en el comportamiento de Gael conseguía alterar mi humor.

Cuando llegamos, Thiago ya estaba esperándonos.

Martha no estaba.

Según me explicó, había salido a revisar algunas cosas de la finca y no tenía señal porque se había ido a caballo.

Thiago permaneció en silencio durante buena parte del trayecto.

No era el Thiago que yo conocía.

El hombre divertido, espontáneo y capaz de hacerme reír por cualquier tontería había desaparecido.

Parecía triste.

Angustiado.

Decepcionado.

Incluso furioso.

No lograba descifrarlo.

—¿Estás bien? —pregunté finalmente.

Me miró y sonrió.

Una sonrisa falsa.

—Sí.

No le creí.

Comenzó a hablarme de cualquier cosa, evidentemente intentando distraerme para que no siguiera preguntando.

Lo dejé.

Por ahora.

La casa principal de la propiedad era preciosa.

Era de un solo nivel, amplia, elegante y perfectamente integrada con el paisaje.

La ganadería funcionaba de manera impecable.

Todo estaba tecnificado.

Los trabajadores parecían conocer perfectamente sus funciones y, a diferencia de lo que había visto en otros lugares, allí se respiraba tranquilidad.

Mi padre apareció con una sonrisa orgullosa.

—Princesa, ¿qué te parece?

Miré alrededor.

—Es hermosa.

—Fue un excelente acuerdo.

Vi a Thiago tragar saliva.

Mi padre también lo miró.

Durante apenas un segundo, la expresión de Augusto cambió.

Fue una mirada de desprecio.

Fría.

Desagradable.

Pero desapareció tan rápido que casi pensé que la había imaginado.

Mi padre volvió a sonreír cuando notó que lo estaba observando.

—Vamos. Quiero enseñarte el resto.

Después miró a Thiago.

—No hay necesidad de que vengas.

Thiago bajó ligeramente la cabeza.

—Como guste, señor Montenegro.

Me molestó.

No sabía exactamente por qué, pero me molestó.

---

Durante el recorrido le pregunté a mi padre:

—¿De quién era esta finca antes?

Él sonrió.

—De alguien que ya no tiene importancia, princesa.

No insistí.

Pero su respuesta me pareció extraña.

Esa noche invitaron a Thiago a cenar con nosotros.

Y aquello resultó todavía más extraño.

Mamá no parecía estar de acuerdo con la decisión.

Ella siempre había sido muy cuidadosa con las distancias sociales.

Incluso recuerdo haberla escuchado decir alguna vez que había que saber mantener las diferencias entre quienes trabajaban para nosotros y quienes pertenecían a nuestro círculo.

Yo odiaba esa forma de pensar.

Y aquella noche me avergoncé de ella.

La incomodidad podía sentirse en toda la mesa.

Thiago estaba sentado frente a nosotros, intentando pasar desapercibido.

Mi padre inició una conversación.

Todos participamos hasta que mamá decidió dirigirle la palabra.

—Thiago, ¿has salido del país, verdad?

Su tono tenía una arrogancia que me incomodó.

—Sí, señora.

Continuó comiendo.

—¿Has ido a Francia?

—Sí, señora.

Mamá pareció interesarse.

Comenzaron a hablar de Francia.

Después de Europa.

Y entonces ocurrió algo que dejó a todos con la boca cerrada.

Thiago hablaba francés.

No simplemente lo hablaba.

Lo hablaba perfectamente.

Su pronunciación era impecable.

Incluso mejor que la mía.

Mucho mejor que la de mis padres.

Lo miré sorprendida.

¿Desde cuándo un hombre que trabajaba en la finca hablaba francés de esa manera?

Mi padre sonrió.

Pero no parecía una sonrisa sincera.

—Qué sorpresas dan los empleados.

Thiago sonrió forzadamente.

Yo bajé la mirada.

Aquello estaba empezando a incomodarme demasiado.

Entonces mi padre preguntó:

—Tú estuviste hace poco en París, ¿no es verdad? Creo que Gael mencionó algo.

Thiago se quedó rígido.

Fue apenas un segundo.

Pero lo vi.

—Sí, señor.

Mi corazón dio un pequeño salto.

París.

Recordé inmediatamente aquella noche.

El hombre.

Su sonrisa.

Su manera de hablar.

El francés.

La forma en que se había reído conmigo.

La barba.

El hombre que había desaparecido por la mañana dejando una nota.

Lo siento, no puedo.

Y después recordé mi conversación con Gael y Thiago.

Cuando les dije lo parecidos que eran, cuando cuestione ¿por qué Thiago no se dejabaa barba? Y él había respondido que no era su estilo, que eso era estilo de Gael.

Sentí un escalofrío.

Mi padre continuó:

—La próxima vez tiene que venir Gael.

Mamá soltó una pequeña risa.

—Para que vea todo lo que se ha perdido.

Miré a mis padres.

Después a Thiago.

Él parecía querer desaparecer.

—Disculpen —dijo finalmente.

Se levantó de la mesa.

Ni siquiera había terminado la mitad de su plato.

Lo observé salir.

Me quedé unos segundos en silencio.

Después miré a mis padres.

—¿Por qué tienen esa actitud?

Mamá me observó.

—¿Qué actitud?

—Esa.

Señalé hacia la puerta.

—Ustedes no son así. ¿Qué necesidad tenían de tratarlo de esa manera?

Mi padre suspiró.

—Es una lección de humildad.

—¿Humildad?

—A veces las consecuencias hacen que una persona pierda todo.

Lo miré fijamente.

—Pero no es la forma.

Mis padres guardaron silencio.

—No está bien hacer eso —insistí.

Finalmente, mi madre asintió.

—Tienes razón.

Mi padre también terminó aceptándolo.

—Nos disculparemos con él.

Pero yo ya no estaba pensando en eso.

Estaba pensando en otra cosa.

En París.

---

Después de terminar la cena, tuvimos que regresar a la casa de Gael para no levantar sospechas.

Subí a la camioneta.

Thiago iba conduciendo.

Durante varios minutos ninguno dijo una palabra.

Yo lo observaba de reojo.

Me pareció ver que tenía los ojos húmedos.

Como si hubiera llorado.

No pregunté.

Todavía.

Tenía demasiadas preguntas.

Habíamos avanzado varios kilómetros cuando Thiago redujo la velocidad.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

No respondió.

Detuvo el vehículo.

Una anciana estaba escondida detrás de un enorme árbol de mandarinas.

Sostenía una bolsa tejida.

Thiago se bajó casi corriendo.

La mujer abrió los brazos.

Y él la abrazó con una fuerza que jamás había visto en él.

Ella llevaba una falda larga, un suéter sencillo y el cabello completamente blanco.

Hablaron durante unos minutos.

No pude escuchar lo que decían.

Después la anciana levantó las manos y le dio una bendición.

Thiago inclinó la cabeza.

Ella le entregó la bolsa.

Él la tomó con cuidado y la colocó en el maletero.

La mujer volvió a esconderse detrás del árbol.

Thiago regresó.

Arrancó.

Lo miré.

—¿Quién es?

—Helenita.

Fruncí el ceño.

—Eso no responde nada.

Él suspiró.

—¿Puedes guardar un secreto?

—Sí.

Lo observé.

—Pero solo si tú respondes una pregunta.

—¿Cuál?

Sentí que el corazón comenzaba a golpearme con fuerza.

—Tú eras el hombre de París, ¿verdad?

Silencio.

—No Gael.

Thiago cerró los ojos.

Supe la respuesta antes de escucharla.

—Sí.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—Era yo.

No pensé.

No razoné.

Simplemente lo golpeé.

Una vez.

Y otra.

Thiago no se defendió.

—¡Eres un idiota!

—Lo sé.

—¡Me hiciste creer que eras Gael!

—Lo sé.

—¡Pensé que me había abandonado!

—Lo siento.

—¡Pensé que él era el hombre que me había dejado aquella mañana!

Thiago recibió cada palabra.

Cada golpe.

Hasta que mis manos comenzaron a dolerme.

Me quedé respirando con dificultad.

Él bajó la mirada.

—Perdóname.

—¿Por qué?

No respondió.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque...

Se quedó callado.

—No podía hacerlo de otra manera.

Lo miré con rabia.

Pero también con una extraña tristeza.

Entonces recordé algo.

La manera en que Gael me miraba.

Su desconcierto cuando lo enfrenté por aquella noche.

Su absoluta falta de reconocimiento.

No había sido fingido.

Gael realmente no sabía quién era yo.

Y eso significaba que todo este tiempo...

Yo había estado odiando al hombre equivocado.

Respiré profundamente.

—¿Quién es ella?

Thiago miró hacia el camino.

—Helenita fue quien nos ayudó a criar.

Su voz se suavizó.

—Cuando no teníamos a nadie, ella estaba ahí. Nos preparaba la comida que nos gustaba, nos cuidaba y hacía lo que podía por nosotros.

Miró la bolsa en el maletero.

—Tu paladar de rica probablemente no entendería esas cosas.

Lo miré.

—No hables así.

Él me observó sorprendido.

—¿Qué?

—No soy una mala persona por haber nacido con dinero.

Thiago bajó la mirada.

—No quise decir eso.

—Lo sé.

Respiré profundamente.

Miré por la ventana.

—No voy a decir nada.

—¿Valentina?

—Tu secreto está a salvo conmigo.

Se hizo silencio.

Pero mi cabeza estaba llena de preguntas.

Ahora sabía que Thiago era el hombre de París.

Ahora sabía que Gael jamás me había abandonado.

Y, por primera vez, comprendí que había estado sintiendo algo por un hombre que ni siquiera sabía que aquella noche había existido.

Gael.

El hombre al que mi madre me había advertido que no debía amar.

El hombre que supuestamente desaparecería de mi vida cuando terminara su trabajo.

Cerré los ojos.

Quizás el verdadero problema no era que Gael fuera a irse.

Quizás el problema era que yo ya no quería que se fuera.

Y entonces recordé la fotografía.

El mensaje.

Los vehículos.

Las amenazas.

Abrí los ojos lentamente.

Porque si Thiago había tenido que ocultar su identidad por alguna razón...

¿qué otras cosas me estaban ocultando los hermanos Santoro?

Y, sobre todo...

¿qué tenía que ver mi padre con todo aquello?

1
Liliana Torres
😡😡 que triste saber que tienes un papá asi de 🐀
Yadira Alvarez
cambiaste la portada ?
Isabel Balbuena
yo digo que Thiago está detrás de todo esto
Isabel Balbuena
ya vaya que lo hace es millonario y trabaja como custodio eso es raro algo esconde muy grande
Viviana Maldonado
solo espero a Valentina se quede con Gael
Viviana Maldonado
el padre de Valentina duerme con alejandra.est tratará de destruir a Valentina al igual q su padre,son dos basura ellos
Viviana Maldonado
me juego es el padre q favorece la amiga de ella
Liliana Torres
ese enemigo es muy muy cerca
Yadira Alvarez
hayyyy en la mejor parte me quede enganchada 🤦
Liliana Torres
Se va a complicar todo 😡😡
Isabel Balbuena
sospecho que es Thiago el que estubo contigo en París y que es el quien está queriendo hacerle daño a tu y Agus padres
Yadira Alvarez
me.encanta 🥰
Liliana Torres
se esta armando el rompe cabeza
Liliana Torres
se está armando
Mariela Alejandra Gonzalez
mmmm!!! para mí que don Augusto está metido en algo turbio y debe algo y para cobrarle quieren. a valentina.nose me parece a mí.
Ichuu
Es muy raro que sepa exactamente donde están siempre es alguien muy cercano
Liliana Torres
me gusta
Viviana Maldonado
buenísimo!! comenzar a leer y quiero más de esta historia
👑🖤📚
wry cuando esta mujer le va a reclamar lo de PARIS!???
Mariela Alejandra Gonzalez
pero con mucho gusto dejo que me cuides!!!!
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