Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
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Capítulo 16 — Una mañana diferente
Después de desayunar, me levanté de la mesa y empecé a recoger los platos. Eithan se quedó sentado, terminándose tranquilamente el café.
—Deje eso ahí, yo lavo —dijo.
—Ni por el berraco. Usted ya puso la mesa.
—Pero...
—Nada de peros. Yo lavo.
Me fui hasta el fregadero y comencé a lavar los platos.
Eithan se quedó apoyado en la entrada de la cocina, mirándome.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada.
—Entonces deje de mirarme.
—Es que me gusta verte.
Sentí que me daba calor la cara.
—Ay, Eithan, deje la bobada.
—No estoy diciendo ninguna bobada.
Terminé de lavar los platos y me sequé las manos.
—Eithan, ¿qué hora es?
Él miró su celular.
—Son las siete y media.
—¡Juepucha! Me tengo que ir a bañar.
—¿Ya?
—Sí. Tengo clases.
—Todavía falta.
—Falta poquito. Yo me demoro arreglándome.
Eithan sonrió.
—¿Y si te acompaño?
Me volteé a mirarlo.
—¿A bañarme?
—Sí.
Me quedé callada unos segundos y luego sonreí.
—Bueno.
Fuimos al baño juntos y nos duchamos como pareja, y tuvimos sexo
Cuando terminamos, salí a arreglarme.
Me puse una blusa blanca de manga corta, un jean azul claro y unos tenis blancos. Encima me puse una chaqueta delgada porque sabía que la mañana en Manizales estaba fría. Me dejé el cabello suelto, todavía un poquito húmedo, y me arreglé de manera sencilla.
después salir juntos se quedó mirándome.
—¿Qué? —pregunté.
Él sonrió.
—Estás hermosa.
—¿Sí?
—Sí.
—Ni siquiera me maquillé mucho.
—No necesitas hacerlo.
Bajé la mirada, sonriendo.
—Gracias.
Tomé mi bolso y revisé que llevara mis cuadernos.
—Bueno, chao. Debo ir a clases.
—¿Ya te vas?
—Sí, señor.
—Yo te llevo.
—No hace falta.
—Maidy.
—¿Qué?
—Te llevo.
—Bueno, pues.
Salimos del apartamento juntos.
Mientras caminábamos por el pasillo, Eithan tomó mi mano.
Lo miré sorprendida.
—¿Qué?
—Nada. Solo quiero caminar así.
Sonreí.
—Está bien.
Bajamos hasta el parqueadero y nos subimos al carro.
Durante el camino, Eithan puso música bajita.
—¿Estás nerviosa? —preguntó.
—Un poquito.
—¿Por qué?
—Porque todo esto es nuevo.
—Para mí también.
Lo miré.
—¿En serio?
—Sí.
Se quedó unos segundos en silencio.
—Pero me gusta.
Sonreí.
—A mí también.
Cuando llegamos a la universidad, estacionó cerca de la entrada.
Me quité el cinturón.
—Gracias por traerme.
—De nada.
Antes de bajar, Eithan me tomó suavemente de la mano.
—Maidy.
—¿Sí?
—Que te vaya bien.
—Gracias.
Se acercó y me dio un beso corto en los labios.
Sonreí.
—Nos vemos después.
—Te espero.
Bajé del carro y cerré la puerta.
Caminé unos pasos y volteé.
Eithan todavía estaba allí, mirándome.
Le hice una pequeña señal con la mano.
Él sonrió y arrancó.
Yo seguí caminando hacia mis clases con una sonrisa que no podía quitarme de la cara.
Aquella mañana había comenzado como cualquier otra.
Pero para mí ya no era una mañana cualquiera.
Porque ahora tenía a alguien esperándome al regresar a casa.
Entre a la aula pero cargaba una felicidad enorme que sonría como una tonta después de aquella noche y la mañana no podía olvidarme de eso