NovelToon NovelToon
Donde El Amor No Se Rinde

Donde El Amor No Se Rinde

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Romance
Popularitas:451
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Damián y su hijo Elían vivían felices y humildes, hasta que Damián se casó con el poderoso Zorán y su mundo cambió.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

— Las notas que se quedan solas

La vida de Elían seguía igual que siempre: madrugaba, estudiaba, trabajaba, y volvía a estudiar. Kaelo y Vladímir estaban siempre a su lado ahora, inseparables, llenándolo de atenciones, invitándolo a todo, queriendo ocupar cada rato libre que tenía. Poco a poco, los días se fueron llenando de ellos, y el camino hacia la casa de su padre se hizo cada vez más corto en su memoria, cada vez más lejano.

La promesa de verse todos los días empezó a desvanecerse sin que nadie lo quisiera.

Damián llegaba por la mañana, con el corazón alegre, esperando encontrarlo en la cocina, como siempre. Pero Elían ya no estaba. Sobre la mesa, limpia y ordenada, quedaba una nota escrita con su letra clara y dulce:

Papá, lo siento por no esperarte. Se me hacía tarde. Nos vemos mañana, te quiero.

Damián la leía una y otra vez, la acariciaba con los dedos, y la guardaba en un cajón, como si fuera un tesoro que se le escapaba entre las manos.

Pasó un día. Luego dos. Luego una semana. Y otra. Las notas se repitieron, cada una igual, cada una con la misma despedida amable, y cada vez más breve. Damián llegaba temprano, luego un poco más tarde, y al final, cuando lograba ir, la casa estaba en silencio, vacía, sin rastro de su hijo.

Una tarde, decidió preparar la cena que más le gustaba a Elían: estofado con papas, pan recién horneado, la torta de chocolate que siempre compartían. Lo llamó con manos un poco temblorosas.

—Hijo… preparé todo lo que te gusta. ¿Puedes venir? Estaré esperándote.

Al otro lado de la línea, Elían dudó. Se escucharon risas al fondo, la voz de Kaelo llamándolo.

—Papá… lo siento, ya tengo planes con ellos, te lo dije ayer. No te acuerdas. Será en otra ocasión, ¿sí? Te llamo.

Colgó antes de que Damián pudiera responder.

Se quedó de pie junto al teléfono, sintiendo cómo algo se le rompía por dentro. La mesa estaba puesta para dos, los platos limpios, la comida humeante… y nadie venía. Se sentó solo, mirando la silla vacía, y entendió con un dolor profundo y silencioso: estaba perdiendo a su bebé. No por enojo, no por pelea, sino porque Elían estaba creciendo, alejándose, construyendo su vida… y ya no lo necesitaba de la misma manera, antes dejaba todo lo que estaba haciendo y volvía lo más rápido posible para cenar con él.

Esa noche, volvió a la mansión con el pecho pesado. Recordando cuando su hijo habló sobre sus planes de hoy, se había olvidado de éso. Zorán lo recibió con ternura, lo abrazó sin preguntar, pero Damián no pudo hablar. Se quedó mirando la ventana, pensando en la casita pequeña, en la cama donde su hijo dormía solo, en las mañanas que ya no compartían.

—Lo perdí —susurró, con lágrimas que por fin se le escaparon—. Se me fue.

Zorán lo apretó más fuerte.

—No lo has perdido. Está creciendo. Y te quiere. Solo… necesita su espacio.

—Pero yo no estoy ahí —dijo Damián con voz rota—. No sé si come bien. Si llega cansado. Si se tapa bien de noche. Ya no sé nada de él. No conversamos como antes.

Lía se acercó despacio y le tomó la mano.

—No estás solo, mamá Damián. Nosotros estamos contigo.

Damián la miró, le acarició la cabecita, y asintió con tristeza. Sabía que era verdad. Pero el hueco que Elían dejó no se llenaba tan fácil.

Al día siguiente, volvió a ir a la casa antes de que amaneciera. Se sentó en el porche, esperando. Quería verlo, aunque fuera un instante. Quería decirle que lo amaba, que lo entendía, que no tenía que disculparse por vivir su vida.

Cuando Elían salió, se sorprendió al verlo.

—¿Papá? ¿Que haces aquí?

—Solo quería verte —dijo Damián, levantándose despacio—. Solo eso.

Elían lo miró, y por un instante vio en su rostro al padre que siempre lo cuidó, que lo dio todo, que nunca pidió nada a cambio. Sintió un nudo en la garganta.

—Perdóname —susurró—. No quise hacerte sentir mal.

—Lo sé —respondió Damián, acercándose para abrazarlo sin asfixiarlo—. Solo quiero que seas feliz. Pero no dejes de saber que estoy aquí. Siempre.

Elían asintió, lo abrazó rápido, y luego se apartó porque escuchó el coche de sus novios acercarse. Damián se quedó viéndolo irse, con la mano aún extendida, sabiendo que su hijo iba por su camino… y que él tenía que aprender a quedarse en el suyo.

1
Brisa Romero
/Proud/
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play