Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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Llegaron las vacaciones
Por primera vez en mucho tiempo, Lucía podía olvidarse de los horarios, los deberes y los exámenes de la secundaria.
Los primeros días los pasó tranquilamente en casa junto a su abuela. Por las mañanas ayudaba con algunas tareas domésticas y después se reunía con Carla y Sofía. Era su último verano antes de entrar a la preparatoria y quería disfrutarlo.
Las tres tenían una pequeña tradición: encontrarse algunas tardes para conversar y caminar por el barrio.
—¿Ya sabes qué quieres hacer cuando empecemos la preparatoria? —preguntó Carla una tarde mientras tomaban helado.
Lucía negó con la cabeza.
—Todavía no. Solo sé que quiero estar en la misma clase que ustedes.
Sofía sonrió con ilusión.
—Eso sería genial. Imagínate las tres juntas en la prepa.
Lucía las miró a las dos.
—Pase lo que pase, seguiremos siendo amigas. Lo prometimos el último día de primaria, ¿recuerdan?
—Prometido —respondieron las dos al mismo tiempo.
Las tres juntaron las manos, como habían hecho el último día de clases. No podían imaginar cuánto cambiarían sus vidas durante los siguientes años, ahora que dejaban la secundaria atrás y entraban a una etapa completamente diferente.
Una tarde, Lucía recibió la visita de su tío Carlos. Estaba sentada conversando con su abuela en la sala cuando él mencionó algo que hizo que Lucía prestara atención de inmediato.
—Javier ya se fue.
Lucía dejó de hacer lo que estaba haciendo y lo miró sorprendida.
—¿Se fue?
Carlos asintió con tranquilidad.
—Sí. Regresó a la ciudad donde vivía antes con su madre. Su prima Jessica me contó ayer. Parece que su familia tenía que resolver unos asuntos allá.
Lucía intentó ocultar su reacción. A sus 16 años, ya intentaba que no se notara tanto lo que sentía.
—Ah... —dijo en voz baja.
—¿Lo conocías? —preguntó Carlos casualmente—. ¿Al primo de Jessica?
Lucía sintió que se ponía nerviosa.
—Lo vi algunas veces en casa de Jessica. Cuando iba con Carla.
Carlos sonrió sin sospechar nada.
—Era amigo mío. Quizá algún día vuelva a visitarnos. Es buen chico.
Lucía no respondió. No sabía si quería que volviera o si sería mejor olvidarlo definitivamente ahora que iba a empezar la preparatoria. A los 15 años, todo se sentía más confuso que cuando tenía 12.
Pasaron las semanas. Lucía comenzó a acostumbrarse a la idea de que Javier ya no estaba en la ciudad. Poco a poco dejó de pensar en él todos los días. Y cuando lo hacía, ya no sentía aquella misma emoción tan fuerte. O eso creía.
Quizás el tiempo realmente podía hacer que las personas olvidaran, pensó.
Porque mientras Lucía comenzaba a adaptarse a su nueva etapa, Javier también continuaba con su vida lejos de allí. Ninguno sabía lo que les esperaba en la preparatoria.
El comienzo de la preparatoria llegó mucho más rápido de lo que esperaba.
Lucía volvió a ponerse su uniforme nuevo, tomó su mochila y se miró frente al espejo. Ya no era exactamente la misma niña que había terminado la primaria hace tres años. Seguía siendo inteligente, seguía disfrutando de los libros y seguía siendo amiga de Carla y Sofía. Pero algo dentro de ella estaba cambiando: su forma de pensar, su forma de relacionarse con los demás y poco a poco, también su manera de verse a sí misma.
Cuando llegó al instituto de la preparatoria, vio a Sofía esperándola en la entrada, con el uniforme nuevo.
—¡Lucía!
—¡Sofía!
Se abrazaron fuerte.
Poco después apareció Carla corriendo.
—¡Por fin! ¡Llegué tarde!
Las tres caminaron juntas hacia el aula, riendo.
Lucía sonrió. Había comenzado una nueva etapa.
Y aunque no lo sabía todavía, el nombre de Javier Torres, el primo de Jessica, no tardaría en volver a aparecer en su vida cuando menos lo esperara, ahora en la preparatoria.
aunque no sé cómo, por la distancia