Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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LÍMITES QUE NUNCA CRUZAMOS
KRISTEN WHITAKER
Dormir se convirtió en una pesadilla. Sentía palpitaciones en el hueco que me había quedado en la boca. Si necesitaba un analgésico, no podía abrirla lo suficiente para tomarlo, así que aguanté tanto como pude el dolor.
A medianoche me puse de pie y fui a la cocina. Las lágrimas se me caían debido al dolor y a la frustración que sentía.
Tomé un vaso de agua y me senté en el sofá. Esperaba que el agua bien fría me ayudara, pero no funcionó.
Dante se levantó usando únicamente un pantalón corto.
Me sequé las lágrimas tan rápido como pude, pero supe que me había visto.
--¿Te sientes mal?
--¿Te parece que estoy bien?
Quise ir a mi habitación. Al menos allí podría llorar tranquila, pero me lo impidió.
--¿Quieres un abrazo? --preguntó con lo que parecía una genuina preocupación
--Si eso calmara el dolor, lo aceptaría, pero no lo hace
Me dejó ir. Varios minutos después apareció con un vaso que tenía un tercio de jugo de naranja, en el que se veían trocitos blancos esparcidos, y también mi helado de fresa con una cuchara.
Lo miré confundida.
--Si no puedes abrir la boca lo suficiente, toca improvisar
Sonrió como si hubiera tenido la idea más brillante del mundo.
--¿Qué le pusiste al jugo?
--Un analgésico. No sabe bien, pero para eso es el helado
--¿Qué?
--Tomas jugo y después una cucharada de helado para quitarte el mal sabor
Mi desesperación hizo que lo obedeciera. Hubiese tomado limpiador de pisos si eso me hacía sentir mejor. Jamás demoré tanto en tomar una simple pastilla.
Entonces volvió a acostarse en mi cama.
--Estoy en mi cama usando un pijama. ¿No crees que al menos deberías vestirte?
--No duermo vestido, Whitaker. Me puse el pantalón para salir de la habitación solamente
--Qué considerado eres. Estoy impresionada.
De nuevo, una fuerte punzada de dolor me atravesó. Cerré los ojos con fuerza mientras respiraba agitada para no llorar.
--Qué orgullosa eres-- comentó con incredulidad
--Ahora no, McCade
--Quieres llorar y no lo haces porque estoy presente. No voy a juzgarte
--No lloro delante de nadie
--Eso ya lo sé. En eso soy igual que tú
--No te compares conmigo. Te gané la mayoría de las veces en todo
Se cubrió con las mantas y después cruzó los brazos detrás de su cabeza con una sonrisa.
--Te gané en educación física y también soy más cariñoso que tú
--¿Tú eres cariñoso, McCade? No sé si llorar o reír
Suspiré por enésima vez. Maldita extracción.
--Te ofrecí un abrazo, pero no lo quisiste
--Como tampoco te quiero en mi cama
La conversación no fue incómoda. Fue absurda. Dante no sabía distraerme sin decir estupideces.
--La próxima vez no me acompañes al hospital. Comienzo a preocuparme por que lo hagas
--Voy a ir. Si algo te pasa, acabarán culpándome
--¿Y si hubiese tenido que ir al ginecólogo? ¿También ibas a estar presente?
--Si era una emergencia, sí
Creo que notó que lo miraba con absoluta sorpresa.
--No te estaría mirando allí abajo, pero estaría presente-- lo peor no fue lo que dijo sino la desvergüenza total que tuvo
--Necesito mudarme
Él no dijo nada más.
Acomodé mejor la almohada y me acosté sobre el lado que no me dolía. Miré mis mensajes y vi que tenía algunos de Tina y otros de Justin.
Les respondí y después dejé mi teléfono debajo de la almohada.
Entonces empezaron los gritos de la vecina. Creo que, si la estuvieran matando, ella gritaría menos.
--Ahora regresaré, Whitaker. Ya verás que soy inteligente
Me guiñó el ojo y salió de la habitación.
¿Habrá tenido una idea decente y se fue a anotarla en algún sitio para no olvidarla?
Regresó a mi habitación y se acostó en mi cama como si fuera la suya.
--Escucha
--No quiero
--No eso. Llegarán visitas
Pocos minutos después escuchamos que golpeaban su puerta con fuerza para preguntarle si estaba bien porque habían reportado gritos.
La visita de los oficiales de policía fue suficiente para que acabaran los ruidos molestos.
--Gracias. Tuviste una buena idea, al fin
--¿Te imaginas estar teniendo sexo y que te interrumpa la policía?
--Al menos no le abrieron la puerta. Eso hubiese resultado más vergonzoso
--Sí, eso tiene que ser peor. Me pasó una vez algo incómodo-- comentó riéndose
--¿Vas a contarme o no?
--Fui a ver a alguien. Me dijo que estaba sola y llegó el novio. Salí casi desnudo por la ventana y una viejita que regaba las plantas se acomodó las gafas para mirarme mejor
Sonreí. No podía soltar una risa sin que doliera.
--¿Por qué hiciste lo del maní? ¿Qué te hizo Brian a ti?
Mi pregunta bastó para borrarle la sonrisa.
--Whitaker, ¿de verdad quieres saberlo? No te va a gustar que sea sincero
--Dime-- insistí
--Lo hice por ti. Brian tenía planes que no iban a gustarte
--McCade, la verdad-- exigí
--Dijo que iba a quitarte la virginidad. Lo comentó en el equipo y los del equipo lo hablaron con otros. Él daría detalles y, si le era posible, grabaría o te tomaría alguna foto desnuda
Lo miré. No estaba sonriendo.
--¿Fuiste tú?
--No creí que fueras tan tonta para acostarte con él, pero los vi por la ventana
--¿Me viste en sostén?
Aquello bastó para que se me calentaran hasta las orejas.
--Estabas de espaldas, Whitaker. No vi nada más que un beso lamentable y un idiota impaciente
--Creí que había llegado mi madre
--No. Whitaker, podemos llevarnos pésimo, pero siempre hubo límites que no cruzamos y que sé que no cruzaremos. Incluso siendo niños hubo cosas de las que jamás hicimos referencia
Lo pensé y llegué a la conclusión de que tenía razón. Físicamente no nos criticamos. Tampoco nos burlamos de ciertas situaciones que vivimos.
--Debiste darte cuenta cuando te llegó el período en mi habitación. Tú estabas llorando y yo estaba nervioso y avergonzado. No sabía qué decir, pero no podía burlarme
Por primera vez hablábamos de esto y sentí que estaba siendo sincero. En aquel momento me sentí demasiado apenada e incómoda, y él en verdad no sabía qué decir.
--No sé si algún día me sentiré cómoda con que hayas presenciado mis desgracias y momentos íntimos
--Cuando pusiste las sábanas horribles en mi cama, arruinaste mi primera vez y no sabes la vergüenza que me dio ir a comprar condones-- comentó riéndose
--¿La primera?
--Sí. Estaba lo suficientemente nervioso y, cuando vi esas sábanas, fue peor. Intenté explicarle y no funcionó
--También arruinaste mi primera vez y miraste por la ventana. Eso fue peor
--No sé. Los dos nos quedamos con las ganas en ese momento. Técnicamente, es un empate
muy dramática yo