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El Último Partido De La Tierra

El Último Partido De La Tierra

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Aventura / Héroes
Popularitas:54
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Hace doscientos años, el Sistema Solar comenzó a desaparecer. Uno a uno, sus planetas fueron derrotados en el Torneo Galáctico de Federaciones, condenando a millones de habitantes a la esclavitud. Hoy, solo la Tierra sigue con vida.
Marcus Bandeira, entrenador de la Federación del Sistema Solar, recibe una misión imposible: reunir a los descendientes de Marte, Venus, Mercurio, Saturno, Urano y otros mundos desaparecidos para formar un equipo capaz de desafiar al invencible Rhusthym Kar, pentacampeón durante cincuenta años.
No juegan por un trofeo.
No juegan por la gloria.
Juegan para impedir que la Tierra desaparezca para siempre.
En un universo donde cada derrota borra miles de vidas y cada victoria compra un poco más de tiempo, once jugadores descubrirán que vencer al mejor equipo de la galaxia exige mucho más que talento.
Exige demostrar que incluso un planeta condenado todavía puede luchar por su último partido.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LAS CICATRICES QUE NO PUEDES VER

El entrenamiento comenzó mal.

Después de una semana bajo el barro de Johann Platiné, los cuerpos estaban agotados y los ánimos habían llegado al límite. Los androides habían organizado un partido de práctica para medir el progreso del equipo.

Marcus observaba desde la banda junto a Johann y Regal.

El balón rodó.

Vex recibió un pase filtrado.

Aceleró como un rayo.

Corrió solo.

Ignoró a Beckor, que llegaba completamente libre por la izquierda.

Ignoró a Xaren, que levantaba la mano pidiendo el balón.

Intentó resolverlo por su cuenta.

Baresi le quitó el balón limpiamente.

El ataque terminó.

Desde atrás se escuchó una voz.

—Otra vez.

Todos se giraron.

Era Chilavar.

El reciclador caminó lentamente hacia el centro del campo.

—Había tres compañeros sin marca.

Vex lo miró con fastidio.

—¿Y qué?

—Los ignoraste.

Vex sonrió con desprecio.

—Cuando corres tan rápido como yo... no necesitas ayuda.

Chilavar negó lentamente con la cabeza.

—Eso no es fútbol.

—Es correr solo.

El ambiente cambió.

Vex dio dos pasos hacia él.

—¿Y tú qué sabes de fútbol?

Chilavar respondió con absoluta calma.

—Lo suficiente para saber que nunca ganarás un torneo jugando solo.

Vex lo empujó.

Chilavar apenas retrocedió medio paso.

—¿Ya terminaste?

El segundo empujón fue más fuerte.

—¡No me hables como si fueras mejor que yo!

—Nunca dije que lo fuera.

—Solo dije que estás equivocado.

El primer golpe llegó sin advertencia.

En cuestión de segundos, el entrenamiento se convirtió en un caos.

Maldek corrió para separarlos.

Beckor creyó que estaba golpeando a Vex y lo empujó.

Buffar sujetó a Baresi.

Baresi pensó que Buffar quería pelear.

Respondió.

Cholo Solís intentó detener a Chilavar.

Terminó recibiendo un codazo.

Y respondió también.

Cinco segundos después...

todo el equipo estaba peleando.

Golpes.

Empujones.

Barro.

Gritos.

El campo parecía un campo de batalla.

Marcus corrió hacia ellos.

—¡¡¡SEPÁRENLOS!!!

Johann dio un paso.

Pero una mano lo detuvo.

Era Regal.

—Déjalos.

Marcus se volvió furioso.

—¿¡Estás loco!?

¡Van a matarse!

Regal observó tranquilamente las pantallas de los androides.

—Curioso...

Marcus no podía creerlo.

—¿Curioso?

—Sus niveles de agresividad aumentaron.

Pero también...

sus niveles de confianza.

Marcus lo miró sin entender.

Regal respondió sin apartar los ojos de los datos.

—Entre mi especie...

una pelea destruye a un grupo.

Entre los humanos...

parece fortalecerlo.

Johann sonrió.

—Todavía no.

Lo importante aún falta.

En medio del caos, Cholo Solís consiguió agarrar a Chilavar por la camiseta.

Respiraba con dificultad.

Estaba cubierto de barro.

—¡Eres un idiota!

—¡No sé qué demonios estaba pensando tu madre cuando te trajo al mundo!

Silencio.

Todo se detuvo.

Chilavar dejó caer lentamente los brazos.

Lo miró fijamente.

Su voz salió tranquila.

Demasiado tranquila.

—Mi madre...

está enterrada bajo tres metros de tierra.

Cholo dejó de forcejear.

Los dedos le temblaron ligeramente.

Chilavar continuó.

—Murió en los campos agrícolas de R1K.

—Cuarenta y ocho grados durante el día.

—Doce horas de trabajo.

—Sin agua.

—Sin descanso.

—Duró dos años.

—El tercero...

no despertó.

Nadie habló.

El viento atravesó lentamente el campo.

Cholo bajó la mirada.

—Yo...

Lo siento.

Hizo una pausa.

Luego habló casi en un susurro.

—La mía también murió.

—En las minas congeladas de RSK-16.

—Yo tenía siete años.

—La ayudé a enterrarla.

—Hoy...

ni siquiera sé dónde está su tumba.

El barro parecía haberse tragado también aquellas palabras.

Silencio.

Un silencio incómodo.

Pesado.

Hasta que alguien preguntó:

—¿Tú también?

Cholo asintió.

Entonces otro habló.

—Yo tenía nueve años.

Y otro.

—Yo, once.

Buffar bajó la cabeza.

—La mía no murió.

Todos lo miraron.

—La vendieron.

—Nunca volví a verla.

Aquello dolió incluso más que una muerte.

Y entonces habló Vex.

—Mi hermana...

quizá todavía esté viva.

Hizo una pausa.

—Eso es lo peor.

Porque no puedo llorar su muerte...

y tampoco puedo dejar de esperarla.

Ahora nadie tenía ganas de pelear.

Ya no quedaban insultos.

Solo once hombres recordando.

Maldek respiró profundamente.

—Mi padre murió aplastado por una perforadora.

Beckor levantó lentamente la mirada.

—Nunca conocí al mío.

Xaren cerró los ojos.

—Mi madre me vendió por tres raciones de comida.

Kendall miró al suelo.

—La mía se lanzó al vacío cuando cumplí doce años.

—Dijo que no podía seguir viendo cómo me mataba trabajando.

Tsubasa no dijo nada.

Simplemente bajó la cabeza.

Y todos comprendieron que su historia era peor que las demás.

Marcus sintió un nudo en la garganta.

Miró a Johann.

—¿Por eso no los detuviste?

El viejo entrenador negó lentamente con la cabeza.

—No.

Los dejé...

porque, por primera vez, dejaron de pelear entre ellos.

Marcus frunció el ceño.

—¿Qué?

Johann señaló al grupo.

—Hace unos minutos...

veían enemigos donde había compañeros.

Ahora entienden quién les arrebató realmente a sus familias.

Todos permanecieron en silencio.

Cubiertos de barro.

Cubiertos de cicatrices.

Cubiertos de recuerdos.

Johann avanzó hasta quedar frente a ellos.

Clavó su bastón en el suelo.

Tac.

Los once levantaron la mirada.

—Escúchenme bien.

Su voz era firme.

—Ahora.

Ahora saben por qué están aquí.

—No para ganar un trofeo.

—No para hacerse famosos.

—No para demostrar quién es el mejor.

Johann miró a cada uno.

—Van a jugar...

—para que ningún niño tenga que volver a enterrar a su madre.

Nadie respondió.

No era necesario.

Por primera vez desde que habían llegado a Vulcan...

ya no eran un velocista.

Un minero.

Un reciclador.

Un probador de escudos.

Un agricultor.

Un mecánico.

Por primera vez...

eran simplemente once niños que habían crecido demasiado pronto.

Y, por primera vez...

comenzaron a mirarse como hermanos.

Marcus los observó desde la banda.

Y pensó:

"Qué extraño..."

"Hace unos minutos vi a once esclavos."

"Ahora..."

"Veo a once hombres dispuestos a salvar un mundo."

Y Johann, como si hubiera leído sus pensamientos, pronunció una última frase.

—Nunca olviden esto.

Todos levantaron la mirada.

—Si perdemos...

Hizo una pausa.

—No habrá revancha.

Silencio.

—No habrá otra temporada.

—No habrá otro campeonato.

—No habrá otro equipo.

Levantó su bastón.

—Porque esto...

Miró a cada uno de sus jugadores.

—Esto es...

el último partido de la Tierra.

Nadie respondió.

No era necesario.

El viento sopló lentamente sobre el campo cubierto de barro.

Y once hombres, cubiertos de barro, cubiertos de cicatrices, cubiertos de recuerdos,

permanecieron de pie en silencio.

No como esclavos.

No como jugadores.

Sino como los últimos hijos de un mundo que se negaba a morir.

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