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"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / CEO / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO" es una historia de segundas oportunidades, de la lucha por el amor verdadero frente a la adversidad familiar y de cómo un alma ardiente puede derretir el más frío de los corazones. ¿Podrán Serena y Julián superar los obstáculos, sanar sus heridas y construir un futuro juntos, o los secretos de su pasado y la oposición de sus hijos destruirán el imperio que han construido con tanto esfuerzo? Adéntrate en un mundo de ambición, pasión y redención, donde solo el amor más puro puede salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA LUZ DE UN NUEVO DÍA.

​El olor a antiséptico y el pitido suave y constante del monitor de signos vitales marcaban el ritmo en la habitación de la Unidad de Cuidados Intensivos. Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraban por la persiana, tiñendo de un dorado pálido el rostro de Renata. Aunque se veía pálida y llevaba una cánula de oxígeno, sus labios conservaban un tinte rosado que devolvía la calma a quienes la rodeaban.

​Serena no se había movido del sillón junto a la cama. Tenía la mano de su hija entre las suyas, frotándola suavemente para darle calor.

​De pronto, los párpados de Renata se movieron con lentitud. La joven soltó un pequeño suspiro, parpadeó un par de veces para acostumbrarse a la luz y enfocó la mirada en su madre.

​—Mamá... —susurró Renata con la voz ronca y débil.

​Serena se puso de pie de inmediato, inclinándose sobre ella con una sonrisa iluminada por las lágrimas de felicidad.

​—Aquí estoy, mi amor. Aquí estoy. No te esfuerces en hablar.

​—¿Estás... estás bien? —preguntó Renata, intentando ajustar la mirada—. Él... no te hizo nada, ¿verdad?

​Un nudo de profunda emoción apretó la garganta de Serena. Se agachó y le depositó un beso tierno en la frente a su hija, cuidando de no tocar los vendajes del hombro.

​—Estoy intacta, mi vida... gracias a ti —respondió Serena con voz profunda y temblorosa—. Te arriesgaste por mí, Renata. Me devolviste la vida.

​—Eres mi mamá —murmuró Renata, esbozando una débil sonrisa—. Siempre nos has protegido a Nacho y a mí de todo. Me tocaba a mí cuidarte esta vez.

​La puerta de la habitación se abrió despacio. Ignacio entró con un vaso de café en la mano y los ojos rojos por el cansancio de la noche, pero en cuanto vio a su hermana despierta, la taza casi se le cae de los dedos. Corrió al otro lado de la cama y tomó la mano libre de Renata.

​—¡Renata! Por Dios, hermanita... nos diste el susto de nuestras vidas —dijo Ignacio con la voz quebrada, besando el dorso de su mano—. Eres una valiente. Una completa loca, pero una valiente.

​—Tenía que asegurarme de que asistieras a la boda de mamá sin tener que cargar con la culpa de nada, Nacho —bromeó la joven con un hilo de voz, sacándole una risa corta a su hermano.

​—Ese hombre ya no nos va a volver a tocar, Renata —aseguró Ignacio con tono firme y maduro—. Está detenido sin derecho a fianza.

Enfrenta cargos por intento de homicidio calificado. Se acabó para siempre. Su sombra se extinguió.

​A mediodía, el médico autorizó el traslado de Renata a una suite de habitación privada. La noticia de su recuperación fuera de peligro trajo un aire de alivio inmenso a toda la familia.

​En el pasillo exterior de la suite, Julián terminaba de coordinar por teléfono los detalles de la seguridad privada permanente para el hospital y para la mansión Montemayor. Al colgar, guardó el teléfono y vio a Serena salir de la habitación para tomar un poco de aire.

​Serena caminó hacia él.

Aunque el cansancio de una noche de angustia era evidente en su rostro, la serenidad en sus ojos era absoluta.

​Julián abrió los brazos y la acogió contra su pecho con una firmeza que a ella le devolvió las fuerzas al instante. Ella apoyó la cabeza en el hombro de su prometido, inhalando su aroma reconfortante.

​—Renata quiere verte —dijo Serena, alzando la vista para mirarlo a los ojos—. Dijo que quiere agradecerte por haber cuidado de mí durante la noche.

​—No tiene nada que agradecerme —respondió Julián, acariciándole el rostro con la yema de los dedos—. Estar aquí para ustedes es lo único que me importa.

​—Lo sé —susurró Serena, tomando la mano de Julián y llevándola a sus labios para besarle los nudillos—. En medio de la locura de ayer... cuando vi la sangre y sentí que el mundo se me caía a pedazos, te miré a ti y supe que no estaba sola. Julián... antes de ti, yo habría enfrentado todo esto como una roca helada, destruyéndome por dentro en silencio. Tú me enseñaste a apoyarme en alguien.

​Julián la miró con una devoción intacta, esa mirada azul que meses atrás había comenzado a derretir las murallas de la gran ejecutiva.

​—Somos un equipo, Serena. En las victorias corporativas, en la pasión de nuestras noches y en las tormentas como esta.

Nada ni nadie va a cambiar eso.

​Minutos después, la suite se llenó de la calidez de la familia.

​Aurelio y Eleonora conversaban en el sillón con Renata, mientras el pequeño Oliver, que había llegado acompañado por los padres de Julián, caminaba de puntitas hacia la cama sosteniendo un ramo de globos de colores y un dibujo hecho por él mismo.

​—Te traje flores que no se marchitan, Renata —dijo Oliver con timidez, entregándole el dibujo de una casa grande con un jardín gigante y cuatro figuras tomadas de la mano.

​—Son las flores más hermosas del mundo, Oliver —sonrió Renata, acomodándose los cojines con ayuda de su madre para abrazar al pequeño.

​Beatriz y Constanza entraron poco después cargando una enorme cesta de frutas y flores naturales.

​—Bueno, bueno —anunció Beatriz con su inconfundible tono picante, intentando romper la solemnidad del momento—. Veo que la heroína de la familia ya está recibiendo visitas. Renata, querida, la próxima vez que quieras evitar un discurso de tu madre, no necesitas recibir una bala. Con pedir un café es suficiente.

​Todos en la habitación soltaron una carcajada franca, incluida Renata, cuyo rostro recobraba el color a cada minuto.

​—Beatriz tiene razón —añadió Constanza sonriendo—. Pero nos alegra tanto verte bien, mi vida.

​Julián se colocó detrás del sillón donde Serena se había sentado a descansar, pasando las manos por los hombros de ella y dándole un masaje suave para aliviar la tensión acumulada. Serena inclinó la cabeza hacia atrás, dedicándole una sonrisa cómplice y enamorada.

​La prueba más dura había quedado atrás. Las mentiras, la traición y la violencia de Guillermo Fonseca no lograron destruir los cimientos de la familia; al contrario, solo consiguieron acelerar el perdón, unir a los hermanos y consolidar un amor que ya no le temía a nada.

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Isela Aguirre
excelente inicio autora
Magdalena Petrazzini
👏👏👏👏
Magdalena Petrazzini
Hermosa historia, me encanta la teama👏👏👏🥀
Magdalena Petrazzini
Wauu, que hombre👏👏
America Lopez
que cierre de capitulo tan intenso 🤭
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