NovelToon NovelToon
Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:6
Nilai: 5
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Arthur

La rutina había vuelto a existir. No porque me sintiera entero, sino porque el mundo exigía que funcionara aunque estuviera roto. El despertador sonó a las seis y media. Lo apagué antes del segundo toque. Me quedé unos segundos mirando al techo, intentando identificar si aquella sensación extraña en el pecho era ansiedad o solo otro día empezando mal. La habitación estaba demasiado silenciosa. Demasiado limpia. Demasiado organizada. Nada allí parecía realmente mío.

Me levanté y fui directo al baño. El agua fría en el rostro no alejó el peso en la cabeza. El reflejo en el espejo mostraba a alguien que yo reconocía, pero no comprendía. Había algo en mis ojos que no combinaba con la vida que me decían que yo tenía ahora. Un cansancio antiguo. Una saudade sin nombre.

Luísa.

El nombre surgió de la nada, como si alguien lo hubiera susurrado dentro de mi mente. Cerré los ojos con fuerza, apoyando las manos en el lavabo. “¡Basta!” murmuré. “¡Basta de esto!”

Pero no bastaba. En el desayuno, todo seguía un patrón casi mecánico. Alice ya estaba sentada a la mesa, toqueteando el móvil. Cuando me vio, sonrió demasiado rápido.

“Buenos días”, dijo.

“Buenos”, respondí, sirviendo café.

Ella me observaba. Yo lo sentía. Como si estuviera siempre esperando algo de mí. Una reacción. Un recuerdo. Un error.

“Saliste más temprano ayer”, comentó, casual.

“Necesitaba conducir”, mentí.

Ella asintió, pero el silencio que se siguió no era confortable. Antes de que dijera cualquier cosa, Verônica entró en la cocina, elegante como siempre, ya vestida para el día.

“Arthur”, sonrió. “Tienes reunión esta noche, no lo olvides”.

“No lo olvido”, respondí.

Ella me analizó por un segundo más de lo normal. “¿Estás bien?”

“Sí”, mentí de nuevo.

Eso era lo que yo hacía ahora. Mentía. Para ellas. Para mí. Para el mundo entero. En el trabajo, todo funcionaba como un reloj. Reuniones, contratos, decisiones importantes. Mi mente era afilada cuando se trataba de números, estrategias, negocios. Pero bastaba un segundo de pausa para que las imágenes volvieran. Un corredor estrecho. Una risa ahogada. Una mujer sentada en el suelo, apoyada en la pared, riendo mientras yo reclamaba de alguna cosa.

“Eres imposible, Arthur”.

“Y tú me amas así mismo”.

“Afortunadamente”.

El recuerdo vino con tanta nitidez que necesité apoyar la mano en la mesa.

“¿Arthur?” uno de los directores llamó. “¿Tu opinión?”

“Disculpa”, carraspeé. “¿Puedes repetir?”

La mirada curiosa alrededor de la mesa me hizo enderezar la postura. Nadie podía saber. Nadie podía desconfiar. Pero yo desconfiaba. En aquella tarde, no volví directo a casa. Conduje sin rumbo por casi una hora. El tráfico, el ruido, todo ayudaba a mantener mi mente ocupada. Hasta que paré en un semáforo en rojo y vi algo que hizo que mi estómago se revolviera. Una mujer embarazada atravesaba la calle. No era ella. Yo lo sabía. Pero mi cuerpo reaccionó como si fuera. El corazón se aceleró, la respiración falló, la mano apretó el volante con demasiada fuerza.

Embarazada.

La palabra resonó dentro de mí como un trueno. En aquella noche, no conseguí dormir. Esperé a que el silencio tomara cuenta de la casa. Oí la puerta de la habitación de Alice cerrarse. Verônica todavía hablaba al teléfono en algún cuarto distante. Cuando tuve la certeza de que estaba solo, cogí el ordenador portátil. No era más curiosidad. Era necesidad. Digité el nombre completo de ella con cuidado, como si eso pudiera cambiar el resultado.

Luísa Valente.

Poca cosa. Fotos antiguas en sitios fuera del aire. Un registro de matrimonio. Mi nombre al lado del de ella. La fecha me hizo contener la respiración. Casados. Pasé la mano por el rostro, sintiendo la cabeza palpitar. Continué. Direcciones antiguas. Un contrato de alquiler. Un e-mail desactivado. Todo parecía fragmentado, como si alguien hubiera limpiado los rastros con paciencia.

“Esto no es coincidencia”, murmuré.

Cerré el ordenador portátil cuando oí pasos en el corredor. Volví para la cama fingiendo dormir. Pero mi mente ya estaba lejos de más. En los días siguientes, los flashbacks se quedaron más intensos. Una maleta abierta encima de la cama. Ella doblando ropa con prisa. Yo parado en la puerta.

“Es solo un viaje”.

“Tú siempre dices eso”.

“Yo vuelvo”.

Vuelvo. La palabra quemó. Comencé a salir más temprano del trabajo. A volver más tarde para casa. A hacer preguntas indirectas. A observar personas que tal vez hubieran cruzado el camino de ella. Cada pequeña información me tiraba más hondo. Hasta que encontré una dirección reciente. Un barrio simple. Distante de la vida que yo llevaba ahora. Perfecto para alguien que quisiera desaparecer.

En el día en que decidí ir hasta allá, no le conté a nadie. Cogí el coche y conduje con el corazón acelerado. El cielo estaba nublado, pesado, como si anticipara algo importante. Paré el coche a algunos metros del edificio. Me quedé observando. Personas entrando y saliendo. Ninguna de ellas era ella. Tal vez yo estuviera equivocado. Tal vez fuera demasiado tarde. Bajé del coche así mismo. Subí las escaleras despacio. Cada escalón parecía tirar recuerdos que yo no conseguía sujetar, no sabía qué lugar era aquel. Llegué al piso indicado. Paré delante de la puerta. No llamé. El miedo me trabó. Miedo de estar cierto. Miedo de estar equivocado. Miedo de recordar demasiado.

Bajé de nuevo. Fue cuando vi. Del otro lado de la calle, ella caminaba despacio. Más delgada. Más cansada. El rostro serio, concentrado. Una mano reposaba sobre la barriga de forma protectora. Mi mundo paró. Era ella. Todo dentro de mí gritó al mismo tiempo. La ausencia hizo sentido. El dolor hizo sentido. El vacío tenía nombre, rostro, historia. Atravesé la calle sin pensar. Cada paso parecía tirar años de distancia. Cuando ella se giró, los ojos se encontraron. Y todo encajó.

“Luísa, finalmente te encontré”.

“¿Arthur?”

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play