Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 3
El restaurante elegido por Gregory era uno de los más exclusivos de la ciudad. Un lugar elegante, reservado para empresarios y personas acostumbradas a cerrar grandes negocios lejos de miradas indiscretas.
Gregory llevaba varios minutos esperando.
Miraba constantemente hacia la entrada mientras acomodaba por tercera vez los documentos que tenía frente a él.
Sabía que aquella reunión podía significar la salvación de Whitmore Mining Group.
Cuando finalmente vio entrar a Renán Prescott, se puso de pie.
Renán avanzó hacia la mesa con paso firme.
—Señor Prescott —saludó Gregory, extendiendo la mano.
Renán correspondió al saludo.
—Señor Whitmore.
Ambos tomaron asiento.
Gregory intentó mantener la calma, pero Renán pudo notar perfectamente su ansiedad.
Renán tomó el menú, lo observó apenas unos segundos y lo dejó sobre la mesa.
—Vamos al grano.
Gregory respiró profundamente.
—Por supuesto.
Se inclinó ligeramente hacia delante.
—Quiero una asociación.
Renán permaneció en silencio.
—Nuestros imperios son los mejores del país —continuó Gregory—. Prescott Energy y Whitmore Mining Group podrían hacer grandes cosas juntos. Tenemos recursos, experiencia y contactos. Si unimos nuestras fuerzas, podemos convertirnos en una alianza imposible de superar.
Renán lo observaba sin mostrar ninguna emoción.
—¿Qué propone?
Gregory sonrió.
—Que nos asociemos. En la empresa...
Hizo una pequeña pausa.
—Y en lo personal.
Renán frunció el ceño.
—¿A qué se refiere?
Gregory acomodó su saco.
—Hacemos negocios y acordamos un matrimonio.
Renán permaneció inmóvil.
—¿Un matrimonio?
—Entre usted y mi hija mayor.
El silencio que siguió fue absoluto.
Gregory esperaba una reacción favorable. Había pensado en aquella propuesta durante días y estaba convencido de que Renán entendería las ventajas.
Pero Renán simplemente lo miró.
Después tomó lentamente la servilleta que tenía frente a él y la dejó sobre la mesa.
Se puso de pie.
—No me interesa el matrimonio.
La sonrisa de Gregory desapareció.
—Señor Prescott...
—Si esa era su propuesta, entonces me retiro.
Gregory también se levantó.
—Espere. Podemos hablarlo.
—No hay nada que hablar.
Renán tomó su saco.
—Tengo mucho trabajo y no pienso perder mi tiempo en algo que no me interesa.
Gregory intentó mantener la compostura.
—Nuestra alianza podría beneficiar a ambas familias.
Renán lo miró directamente.
—Le recuerdo algo, señor Whitmore.
Su tono se volvió frío.
—Su empresa no está en condiciones de exigir.
Gregory apretó los labios.
—Nosotros no estamos exigiendo...
—Usted necesita de mi empresa.
Renán hizo una pausa.
—Yo no necesito de la suya.
Gregory no encontró una respuesta.
Renán se dio la vuelta y abandonó el restaurante.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Minutos después, Renán conducía por una de las avenidas principales de la ciudad.
Tenía las manos firmes sobre el volante, pero su mente seguía en aquella absurda propuesta.
Un matrimonio.
No podía creer que Gregory hubiera tenido la osadía de ofrecerle a su hija como parte de un acuerdo empresarial.
—Increíble —murmuró.
Había esperado encontrar desesperación, quizá una propuesta de asociación en condiciones favorables.
Pero aquello había superado cualquier expectativa.
Renán negó con la cabeza.
Por unos segundos, su atención se apartó de la carretera.
Y entonces ocurrió.
¡CRASH!
El golpe lo tomó por sorpresa.
Su vehículo impactó contra otro automóvil que circulaba delante de él.
Renán frenó inmediatamente.
—Mierda.
Respiró profundamente y salió del vehículo.
......................
Al mismo tiempo, la conductora del otro automóvil abrió la puerta y bajó.
Renán dio unos pasos hacia ella.
—¿Está bien?
La joven se quedó inmóvil durante un instante.
También había salido de su vehículo preparada para reclamarle al responsable del accidente.
Pero al verlo, se quedó sorprendida.
Renán sintió algo extraño.
No fue simplemente que aquella mujer fuera hermosa.
Había algo en su mirada.
Algo que consiguió captar su atención de inmediato.
Ella también lo observaba.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Sia fue la primera en reaccionar.
—¿Está bien?
Renán asintió.
—Sí. ¿Tú?
Sia se pasó una mano por el cabello.
—Sí.
Miró rápidamente su automóvil y después volvió a mirarlo.
La preocupación inicial desapareció de sus ojos y fue reemplazada por indignación.
—Aunque debería preguntarle a usted qué estaba haciendo.
Renán arqueó una ceja.
—¿Perdón?
Sia cruzó los brazos.
—¿Acaso no se fija, señor? ¿Está ciego?
Renán la miró sorprendido.
No estaba acostumbrado a que una mujer le hablara de aquella manera.
Mucho menos una desconocida.
—Iba distraído —admitió—. Lo siento.
Sia abrió los ojos.
—¿Iba distraído?
—Sí.
—Eso no es una excusa.
Renán guardó silencio.
Sia señaló los vehículos.
—Fíjese que hubiera pasado si yo hubiera resultado herida.
—Le acabo de preguntar si está bien.
—Porque tuve suerte.
Sia dio un paso hacia él.
—¿Y si el golpe hubiera sido peor?
Renán la observó.
A pesar de su tono molesto, no podía apartar la mirada de ella.
Era hermosa.
Tenía unos ojos expresivos que parecían capaces de decir exactamente lo que pensaba y una seguridad que no esperaba encontrar.
Sia, por su parte, intentaba mantenerse enfadada.
Pero tampoco podía ignorar al hombre que tenía delante.
Era alto, elegante y tenía una presencia que imponía.
Su mirada era intensa.
Demasiado intensa.
Sia apartó los ojos primero.
—¿Siempre conduce así?
—No.
—Pues debería tener más cuidado.
—Tiene razón.
Aquella respuesta la descolocó.
Esperaba que discutiera.
—¿Eso es todo? —preguntó ella.
—¿Qué quiere que diga?
—No sé. Algo que demuestre que entiende lo que acaba de pasar.
Renán se acercó un poco.
—Le dije que lo siento.
Sia levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron nuevamente.
Esta vez ninguno apartó la mirada.
Durante un instante, el ruido de los automóviles alrededor pareció desaparecer.
Renán sintió una atracción inesperada.
No entendía de dónde había surgido.
Hacía apenas unos minutos estaba furioso por la propuesta de Gregory Whitmore y ahora se encontraba completamente distraído por una desconocida.
Sia sintió algo parecido.
Había algo en él que la ponía nerviosa.
Y no le gustaba admitirlo.
—¿Tiene algún golpe? —preguntó Renán con voz más suave.
Sia negó con la cabeza.
—No.
—¿Está segura?
—Sí.
Renán observó su rostro.
—Entonces tuve suerte.
Sia frunció el ceño.
—¿Usted tuvo suerte?
—Sí.
—¿Por qué?
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Renán.
—Porque usted está bien.
Sia se quedó sin palabras durante un segundo.
No esperaba aquella respuesta.
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🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo