Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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16.. Bajo la luz de la luna
La biblioteca permanecía completamente en silencio.
Solo el crepitar de la chimenea acompañaba los pensamientos de Alisa.
El antiguo libro seguía abierto sobre la mesa a la vez de que volvía a recordar aquellas palabras del oráculo.
"Confía en el dragón..."
"No permitas que el príncipe cambie tu destino..."
Suspiró profundamente.
—Todos hablan del dragón...
Cerró el libro con suavidad.
—Pero... ¿quién es realmente ese dragón?
Recordó a Arion.
Su forma de protegerla.
La manera en que siempre aparecía cuando ella lo necesitaba.
Su mirada.
Sus besos.
Y una sonrisa apareció sin darse cuenta.
—Sea quien sea el dragoncito del que hablan...
No pienso alejarme de él.
Aquellas palabras escaparon de su corazón antes de que pudiera detenerlas.
Al caer la noche, un suave golpe sonó en la puerta de su habitación.
—¿Alisa?
Ella reconoció inmediatamente aquella voz.
Abrió la puerta.
Arion sostenía una pequeña caja de madera.
—Pensé que... quizá le gustaría cenar conmigo.
Ella sonrió.
—Creí que ya habíamos cenado.
Él levantó ligeramente la caja.
—No una cena como esta.
En una terraza del palacio, iluminada únicamente por cientos de velas y la luz de la luna, una mesa esperaba para dos personas.
El viento movía lentamente las cortinas.
Las estrellas parecían más cercanas que nunca.
Alisa quedó maravillada.
—¿Preparaste todo esto?
Arion asintió con cierta timidez.
—Quería agradecerte por confiar en mí.
Ella tomó asiento.
—Creo que soy yo quien debería agradecerte.
Durante la cena hablaron durante horas.
Recordaron el día en que chocaron frente a la librería.
El extraño beso en el jardín.
Los rumores.
La falsa relación con el príncipe.
Las flores devueltas.
Las discusiones.
Y terminaron riéndose de las ocurrencias del barón Harold.
—Tu padre realmente intentó emparejarnos desde el primer día.
Alisa soltó una carcajada.
—Ahora que lo pienso...
Creo que nunca tuve oportunidad de escapar.
Arion sonrió.
—¿Te arrepientes?
Ella levantó la copa de vino.
Permaneció pensativa unos segundos.
Después negó lentamente.
—No.
La respuesta fue tan sincera que hizo callar a ambos.
Sin darse cuenta, siguieron llenando las copas.
Una más.
Y otra.
El ambiente se volvió más relajado.
Las palabras comenzaron a salir con mayor facilidad.
Las risas también.
Cuando finalmente decidieron levantarse...
Alisa dio apenas dos pasos antes de perder ligeramente el equilibrio.
Arion reaccionó de inmediato.
—Con cuidado.
Ella soltó una risa avergonzada.
—Creo... que bebí más de la cuenta.
—Creo que los dos lo hicimos.
Él le ofreció el brazo.
—Permíteme acompañarte.
Alisa aceptó sin discutir.
Caminaron lentamente por los silenciosos pasillos del palacio.
Al llegar frente a la habitación de la joven, Arion abrió la puerta para ella.
—Descansa.
Fue entonces cuando Alisa lo miró fijamente.
Sus mejillas estaban sonrojadas por el vino, pero sus ojos conservaban una claridad que sorprendió a Arion.
—¿Te vas a ir...?
Él guardó silencio.
—No quiero obligarte a nada.
Alisa dio un paso hacia él.
Con delicadeza rodeó su cuello con ambos brazos.
—No me estás obligando.
Antes de que Arion pudiera responder, ella perdió nuevamente el equilibrio.
Ambos terminaron cayendo suavemente sobre la cama entre una mezcla de sorpresa y risas.
Durante unos instantes permanecieron inmóviles.
Mirándose.
Muy cerca el uno del otro.
El silencio volvió a envolver la habitación.
Arion levantó lentamente una mano y apartó un mechón del rostro de Alisa.
—Si continuamos...
Quiero que sea porque los dos lo deseamos.
Ella respondió sin apartar la mirada.
—Es exactamente lo que deseo.
Sus labios volvieron a encontrarse en un beso lleno de ternura.
No había prisa.
No había dudas.
Solo dos corazones que, después de tantos encuentros, desencuentros y promesas, finalmente dejaban de esconder lo que sentían.
La luna siguió su camino sobre el cielo del Imperio Cristal.
Las velas se consumieron lentamente.
Y aquella noche, sin necesidad de pronunciar más palabras, ambos sellaron el vínculo que el destino parecía haber escrito mucho antes de que se conocieran.
Antes del amanecer...
Un suave resplandor comenzó a envolver la habitación.
Sobre la clavícula de Alisa apareció lentamente una delicada marca plateada con forma de un dragón rodeando una flor de cristal.
Al mismo tiempo, una marca idéntica surgió sobre el pecho de Arion.
La magia antigua había reconocido aquello que ambos habían elegido libremente.
El vínculo de pareja había despertado.
Los primeros rayos del sol atravesaron las cortinas.
Arion abrió lentamente los ojos.
Por un instante permaneció inmóvil.
Alisa dormía plácidamente a su lado, con una expresión serena que él jamás había visto en nadie.
Un mechón de cabello cubría parte de su rostro.
Con infinita delicadeza lo apartó.
La joven murmuró algo ininteligible entre sueños y sonrió apenas.
Arion sintió cómo su pecho se llenaba de una calidez desconocida.
Después observó la brillante marca sobre la piel de ambos.
No era un sueño.
Ya no había vuelta atrás.
Con una sonrisa que muy pocos tendrían el privilegio de conocer, inclinó la cabeza y besó con suavidad la frente de Alisa.
—Buenos días... mi compañera.
Y, por primera vez desde hacía siglos, el dragón que habitaba en su interior guardó silencio.
Porque, al fin, había encontrado su hogar.
Este se recostó pues no veía que la joven se despertará de su sueño.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/