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Contrato Con El Diablo

Contrato Con El Diablo

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor-odio / Amor prohibido
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Para salvar a su familia de la quiebra, Elena Moretti firma un contrato matrimonial de doce meses con Alessandro Rossi, el CEO más frío y despiadado de Milán.
Él es poder, oscuridad y venganza hecha hombre.
Ella solo es una pieza en un juego que comenzó hace cinco años.
Obligada a vivir bajo el mismo techo del hombre que odia, Elena descubrirá pronto que detrás de esos ojos grises se esconde un secreto devastador: Alessandro no la eligió por casualidad. Lo ha planeado todo para hacerle pagar.
Entre noches ardientes, malentendidos que rompen el alma y verdades que pueden destruirlo todo, el odio se convierte en una pasión peligrosa.
Pero cuando la venganza se mezcla con el deseo… ¿quién de los dos perderá el control primero?
Un matrimonio de conveniencia.
Un amor prohibido.
Una verdad que podría aniquilarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 – Un nuevo amanecer

Los años que siguieron al nacimiento de Matteo e Isabella fueron una sinfonía de momentos pequeños pero profundos que construyeron la verdadera felicidad de los Rossi. La mansión, que alguna vez había sido un símbolo de poder y secretos, se convirtió en un hogar vivo, lleno de risas infantiles, dibujos en las paredes y el aroma constante de café recién hecho por las mañanas.

Elena había florecido de una manera que ni ella misma esperaba. Su estudio de diseño se convirtió en una pequeña empresa que colaboraba con marcas italianas importantes. Sus colecciones, inspiradas en la resiliencia y la belleza de las mujeres que reconstruyen su vida, recibieron premios y reconocimientos. Pero lo que más le importaba eran las mañanas en las que llevaba a los gemelos al jardín de infancia, las tardes en las que jugaba con ellos en el césped y las noches en las que se acurrucaba contra Alessandro después de un largo día.

Alessandro, por su parte, había cambiado radicalmente. El CEO implacable que una vez había firmado contratos de venganza ahora delegaba más responsabilidades para estar presente en cada momento importante de su familia. Redujo sus viajes, implementó políticas familiares en la empresa y se convirtió en un padre activo que cambiaba pañales, contaba cuentos y respondía pacientemente a las mil preguntas diarias de Matteo e Isabella.

Una mañana de verano, cuando los gemelos tenían cinco años, la familia completa salió a un picnic en el lago Como. El sol brillaba sobre el agua azul, y los niños corrían persiguiendo mariposas. Elena estaba sentada sobre una manta, con la cabeza apoyada en el hombro de Alessandro.

—¿Recuerdas cuando firmé ese contrato? —preguntó ella en voz baja.

Alessandro sonrió y le besó la sien.

—Cada día. Y cada día doy gracias porque ese error me trajo lo mejor de mi vida.

Matteo se acercó corriendo con una flor silvestre.

—¡Mamá, para ti!

Isabella llegó detrás, con las manos llenas de margaritas.

—¡Y para papá!

Los cuatro se tumbaron en la manta, riendo y contando historias. Esa tarde, mientras los niños dormían la siesta bajo la sombra de un árbol, Alessandro tomó la mano de Elena.

—Quiero que renovemos nuestros votos otra vez. Pero esta vez con los niños. Quiero que vean que el amor se elige todos los días.

Elena aceptó con lágrimas en los ojos.

La ceremonia de renovación de votos se celebró seis meses después, en los jardines de la mansión, en una tarde de primavera perfecta. Habían invitado a un grupo reducido: los padres de Elena (ya recuperados y felices), algunos amigos cercanos y el equipo que los había protegido durante los años difíciles.

Elena vestía un vestido blanco fluido que resaltaba su figura y su embarazo reciente. Sí, esperaban un tercer hijo. Alessandro no podía dejar de mirarla. Cuando llegó el momento de los votos, su voz se quebró varias veces.

—Elena, llegaste a mi vida como una deuda que quería cobrar. Terminaste siendo el mayor regalo que el destino me dio. Prometo amarte en los días fáciles y en los difíciles. Prometo ser el hombre que nuestros hijos puedan admirar. Y prometo elegirte cada mañana por el resto de mi vida.

Elena lloró abiertamente mientras decía los suyos:

—Alessandro, me enseñaste que del odio puede nacer el amor más profundo. Me mostraste que las cicatrices no nos definen, sino la forma en que las superamos. Prometo ser tu compañera, tu amante, tu amiga y la madre de nuestros hijos. Te elijo hoy, mañana y siempre.

Los gemelos, vestidos elegantemente, entregaron los anillos nuevos. Matteo e Isabella aplaudieron emocionados cuando sus padres se besaron.

Esa noche, después de que los invitados se fueron y los niños dormían, Alessandro y Elena se escaparon a la terraza privada. Hicieron el amor bajo las estrellas, con la misma pasión de siempre pero con una ternura que solo los años juntos podían dar.

—Te amo —susurró él mientras se movían juntos—. Más que ayer, menos que mañana.

—Te amo —respondió ella, arqueándose contra él—. Para siempre.

El embarazo de su tercera hija, Aurora, transcurrió con relativa calma. Elena trabajaba desde casa, Alessandro redujo aún más su agenda y los gemelos estaban fascinados con la idea de tener una hermanita.

Aurora nació una noche de invierno, sana y con los mismos ojos grises de su padre. La familia ahora estaba completa.

Los años siguientes fueron de crecimiento. Matteo mostró interés por los negocios y la tecnología. Isabella heredó la creatividad de su madre y dibujaba vestidos desde pequeña. Aurora era la más traviesa, siempre metiéndose en problemas pero con una sonrisa que derretía a cualquiera.

Cuando los gemelos cumplieron diez años, la familia hizo un viaje largo por Italia. Visitaron Roma, Florencia, Venecia. En cada ciudad, Alessandro y Elena les contaban pedazos de su historia, adaptados para niños: cómo se conocieron, cómo superaron dificultades y cómo eligieron amarse.

Una noche en Venecia, mientras paseaban en góndola por los canales, Matteo preguntó:

—Papá, ¿alguna vez tuviste miedo de perder a mamá?

Alessandro miró a Elena y sonrió.

—Todos los días. Pero ese miedo me hizo mejor hombre.

Isabella, siempre curiosa, preguntó:

—¿Y tú, mamá? ¿Te arrepientes de algo?

Elena acarició el cabello de su hija.

—Solo de no haber confiado antes. Pero todo lo que vivimos nos trajo hasta aquí.

Aurora, que tenía cinco años, simplemente se acurrucó en el regazo de su padre y dijo:

—Yo quiero un amor como el de ustedes.

Alessandro besó la cabeza de su hija menor.

—Lo tendrás, princesa. Cuando sea el momento.

De regreso en Milán, la vida continuó su ritmo hermoso. Elena abrió su propia tienda física de diseño. Alessandro expandió la empresa hacia proyectos sociales. Los niños crecían sanos y felices.

Sin embargo, una última sombra apareció cuando los gemelos tenían quince años.

Luca, desde prisión, intentó un último movimiento: filtró información antigua a la prensa sensacionalista. Durante unas semanas, la familia Rossi fue el centro de rumores y titulares. Elena recibió llamadas amenazantes. Alessandro tuvo que reforzar la seguridad.

Pero esta vez no se escondieron. Dieron una entrevista juntos en la que contaron su historia real: cómo empezaron como enemigos, cómo se enamoraron y cómo construyeron una familia fuerte a pesar de todo.

La entrevista se volvió viral. En lugar de destruirlos, la honestidad los hizo más fuertes. Recibieron miles de mensajes de apoyo de personas que se identificaban con su historia de redención.

Esa noche, después de la entrevista, Alessandro y Elena se quedaron solos en su habitación.

—Hemos sobrevivido a todo —dijo él, abrazándola.

—Y seguiremos sobreviviendo —respondió ella—. Juntos.

Hicieron el amor esa noche con la misma pasión de siempre, pero con la madurez y la gratitud de quienes han caminado por el fuego y han salido más fuertes.

Años después, cuando los gemelos ya eran adultos y Aurora estaba en la universidad, Alessandro y Elena renovaron sus votos por tercera vez. Esta vez fue una ceremonia íntima, solo ellos dos, en la misma terraza donde habían pasado tantas noches.

—Sigues siendo el diablo más guapo de Milán —bromeó Elena.

—Y tú sigues siendo la mujer que domó al diablo —respondió él, besándola.

Su amor no fue perfecto. Tuvo lágrimas, discusiones, miedos y cicatrices. Pero fue real. Fue elegido. Fue suyo.

Y mientras el sol se ponía sobre Milán, Alessandro y Elena Rossi se besaron como si fuera la primera vez, sabiendo que su historia, con todos sus capítulos oscuros y luminosos, valió cada segundo.

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