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¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Presentación

El día del viaje a la capital llegó con una mañana gris y silenciosa.

Los carruajes estaban listos en la entrada desde antes del amanecer. Kein había supervisado la carga de los baúles con la minuciosidad de alguien que considera que cada detalle mal colocado es un riesgo de seguridad. Sheins había revisado la lista de protocolos por tercera vez esa semana. Lody había llegado la noche anterior desde la capital con información de última hora que había pasado dos horas discutiendo con el duque en privado con la puerta cerrada.

Nazaria estaba lista.

El vestido era exactamente lo que había pedido — azul oscuro profundo, casi negro, con bordados dorados en los bordes que eran elegantes sin ser llamativos. Las joyas eran mínimas: unos aretes pequeños y un broche dorado en el cabello. Crista había recogido su cabello castaño en un estilo que parecía sencillo pero que había tomado cuarenta minutos lograr.

El hechizo estaba en su lugar. Cabello castaño. Ojos azules sin el brillo del linaje.

Una niña más. Eso era exactamente lo que quería parecer.

Rame estaba en la entrada cuando bajó las escaleras exteriores.

No debería haber estado ahí — nadie le había dicho que bajara, y él no era el tipo de persona que aparece en los lugares sin razón. Pero estaba ahí, con los brazos cruzados y la espalda contra la columna, mirando los carruajes con esa expresión tranquila que ponía cuando estaba pensando en algo que no tenía intención de decir.

Cuando la vio bajar, no dijo nada.

La miró un momento — solo un momento, con algo en los ojos que Nazaria no terminó de leer antes de que él lo apartara.

Luego desvió la vista hacia los carruajes como si eso fuera lo que había estado mirando todo el tiempo.

«¿Qué fue eso?», pensó Nazaria.

Decidió no pensarlo demasiado.

—Cuida a Invierno mientras no estoy —dijo al pasar junto a él.

—Ya lo sé —respondió Rame.

—Y termina el sexto tomo antes de que vuelva.

—Ya voy por la mitad.

—Bien.

Siguió caminando hacia los carruajes.

—Nazaria.

Se detuvo. Se volvió despacio.

Rame la miraba con esa expresión que a veces tenía — la de alguien que ha pensado algo, lo ha evaluado, y ha decidido en el último segundo que vale la pena decirlo.

—Vuelve —dijo.

Una sola palabra. Directa. Sin adornos. Como todo lo que decía cuando algo le importaba de verdad.

Nazaria lo miró un segundo.

«¿Por qué esa palabra se siente tan diferente cuando la dices tú?», pensó.

—Eso tenía pensado —dijo, y subió al carruaje.

......................

El viaje a la capital tomó dos días.

Nazaria los pasó alternando entre repasar mentalmente todo lo que Sheins le había enseñado y mirar el paisaje por la ventana — porque el Imperio Forsats era, objetivamente, hermoso, y en toda su vida anterior no había visto nada que se le pareciera. Colinas verdes que se convertían en llanuras doradas. Pueblos pequeños con mercados activos. Ríos anchos cruzados por puentes de piedra antigua.

Su padre viajaba frente a ella con sus documentos, como siempre, en ese silencio productivo que los dos compartían bien.

Al final del segundo día, cuando las torres de la capital aparecieron en el horizonte, Nazaria se incorporó en su asiento.

—Padre.

—Dime.

—¿Qué debo recordar sobre el Emperador?

El duque dejó los documentos en su regazo.

—Que sonríe mucho —dijo—. Los que sonríen mucho en esa corte son los más peligrosos.

—¿Por qué?

—Porque una sonrisa ocupa el espacio donde debería haber una advertencia.

Nazaria lo procesó en silencio.

—¿Y qué hago cuando me sonría a mí?

—Sonríes de vuelta —dijo el duque—. Y no dices nada que no hayas pensado tres veces antes.

«Bien», pensó Nazaria. «Esto lo puedo hacer.»

«Llevo toda mi vida pensando las cosas más veces de las necesarias.»

......................

El palacio imperial era otra categoría de cosa completamente.

No era que la mansión Ainsworth fuera pequeña. Era que el palacio imperial parecía haber sido construido con la intención específica de hacer que todo lo demás pareciera pequeño en comparación. Mármol blanco y dorado. Columnas que subían hasta alturas que no tenían sentido arquitectónico excepto como declaración de poder. Jardines que se extendían en todas direcciones con esa perfección artificial que requiere ejércitos de jardineros trabajando cada día.

El gran salón del cumpleaños era más grande que el patio de entrenamiento completo de la mansión.

Y estaba lleno de personas con vestidos que costaban fortunas y expresiones que no revelaban absolutamente nada.

Nazaria entró junto a su padre con la calma de alguien que ha practicado exactamente este momento.

Las cabezas se giraron.

No todas de golpe — eso habría sido demasiado obvio —, pero las notó. El movimiento sutil de ojos. Las conversaciones que se pausaban medio segundo. Las evaluaciones rápidas que la nobleza hacía en el tiempo que tarda un parpadeo y que contenían más información que muchas conversaciones largas.

«La hija del duque diabólico», pensó Nazaria leyendo sus miradas. «Que no debería existir. Y sin embargo aquí está.»

Mantuvo la espalda recta y la expresión serena y siguió caminando junto a su padre.

La primera persona en acercarse fue una dama de mediana edad con un collar de esmeraldas y una sonrisa que Nazaria clasificó instantáneamente en la categoría que Sheins llamaba "información disfrazada de cortesía".

—Duque Ainsworth. Qué sorpresa tan agradable. No sabíamos que tenía una hija.

El duque inclinó la cabeza levemente.

—Las mejores cosas merecen ser guardadas bien —dijo, con esa voz plana que podía significar cualquier cosa.

La dama miró a Nazaria con ojos que medían todo al mismo tiempo.

—¿Y cómo se llama la señorita?

—Nazaria Ainsworth —dijo Nazaria, con una inclinación perfectamente calibrada en profundidad y duración.

—¿Cuántos años tiene?

«Evaluando cuánto tiempo tienen para usarla como variable en sus planes», pensó Nazaria. «La edad importa para eso.»

—Los suficientes para estar aquí —dijo, con una sonrisa que era idéntica en temperatura a la de la dama.

Un silencio breve.

La dama sonrió más amplio — lo cual, en este contexto, no era una buena señal.

—Encantadora —dijo, y se retiró.

El duque no miró a Nazaria.

Pero sus pasos hacia el interior del salón tuvieron un ritmo levemente diferente al de siempre.

«¿Eso fue aprobación?», pensó Nazaria. «Creo que eso fue aprobación.»

«Sheins va a recibir un informe muy detallado cuando vuelva.»

......................

Lo vio desde el otro lado del salón.

No era difícil verlo — estaba rodeado de personas, como suele estar la gente que ocupa ese tipo de espacio, y llevaba el dorado del linaje imperial en el cabello y los ojos con la naturalidad de alguien que ha nacido sabiendo exactamente qué significa eso.

El Emperador Malvyn Forsats.

No era lo que Nazaria esperaba.

No porque fuera diferente en aspecto — era exactamente como lo había imaginado, alto, con esa presencia que viene del poder real ejercido durante años, con la sonrisa de la que su padre le había advertido ya en su lugar.

Era diferente porque cuando sus ojos cruzaron el salón y encontraron los de ella, Nazaria sintió algo que no esperaba.

No miedo.

Algo más antiguo que el miedo.

«Reconocimiento», pensó, sin poder evitarlo. «Como cuando dos personas que nunca se han visto saben de alguna manera que van a importarse mutuamente. Pero en la versión oscura de eso.»

«Me está evaluando.»

«Y yo lo estoy evaluando a él.»

«Y los dos lo sabemos.»

La sonrisa del Emperador no cambió.

Nazaria sostuvo la mirada exactamente el tiempo correcto — ni un segundo de más, ni uno de menos — y luego la desvió hacia su padre con la serenidad perfecta de alguien que no ha sentido nada particular.

«¿Este es mi final?», pensó.

La pregunta llegó diferente esta vez. No como un eco del pasado sino como una advertencia del futuro.

«No.»

«Pero este es el comienzo de lo que me lleva ahí.»

«Y ahora lo tengo frente a mí por primera vez.»

«Bien», pensó Nazaria, y ajustó levemente la postura. «Mejor saberlo desde ahora.»

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Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
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