Valeria Salcedo se fue de México sin explicar la verdad: estaba enferma, sola y convencida de que dejar a Alejandro Alcázar era la única forma de no arruinarle la vida.
Tres años después, vuelve decidida a empezar de cero con su papá y un nuevo trabajo. Pero el primer proyecto que recibe la pone frente a Camila Rivas, la nueva novia de Alejandro. Una mujer dulce frente a todos, venenosa cuando nadie mira.
Alejandro ya no es el hombre que la amaba. Ahora la humilla, la duda, la acusa y protege a otra con la misma ternura que antes era solo para ella.
Valeria intenta mantenerse lejos, pero cada encuentro abre una herida vieja. Entre mentiras, escándalos, accidentes y nuevas oportunidades, tendrá que decidir si sigue atada al amor que la destruyó o si por fin se elige a sí misma.
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Capítulo 11
Capítulo 11
Cuando abrí los ojos, estaba en una cama de hospital.
Tenía las dos piernas inmovilizadas, el brazo con suero y el cuerpo hecho pedazos. Intenté moverme y un dolor brutal me dejó sin aire.
La puerta se abrió.
Santiago entró con un termo.
—Despertaste. No te muevas. Las dos piernas están fracturadas. La camioneta perdió frenos. Tuviste suerte, aunque suene horrible. ¿Qué hacías en medio de la calle, esperando que te recogiera el destino?
—¿Alejandro?
—Te trajo. Yo estaba en urgencias. Luego recibió una llamada, dijo que tenía algo urgente y se fue. Yo sí me quedé toda la noche, por si quieres hacer una lista de gente confiable.
No estaba herido.
Pero me dejó.
—¿Mi papá?
—Le avisé. Se quedó media noche. Lo mandé a descansar.
Abrió el termo.
—Caldo de res y verduras. Vas a comer.
—Yo puedo.
Intenté levantar el brazo y el dolor me dejó sin fuerza.
Santiago tomó la cuchara.
—No seas necia.
Comí porque no había de otra.
Luego necesité ir al baño. Santiago salió por una silla de ruedas y me cargó con cuidado.
—Busca una enfermera —le dije, roja de vergüenza.
—Las enfermeras no van a poder contigo.
—Mido uno sesenta y ocho y peso cincuenta kilos. No estoy gorda.
—Ves, por eso te va mal. Todo te lo tomas en serio. Espérame, voy por una cuidadora.
Me dejó en el pasillo.
Dos enfermeras pasaron empujando un carrito.
—¿Sabes quién está en la cama diez? Camila Rivas.
—¿La influencer?
—Sí. Dicen que ella y Alejandro terminaron, ella desapareció y él movió a todo Grupo Alcázar para buscarla. La encontró y ahora no se separa de su cama.
El pasillo se volvió frío.
Alejandro me dejó en urgencias para buscar a Camila toda la noche.
Santiago volvió con una cuidadora robusta.
—Ya está. Alguien que sí puede cargarte.
No notó mi cara.
—Vete a trabajar —dije.
Cuando regresé al cuarto, mi papá estaba sentado junto a la cama. Al verlo, las lágrimas salieron.
Él pensó que era por el dolor.
—Ya va a pasar, mi niña. Aguanta tantito.
No lo corregí.
Más tarde llamé a Leonardo. Me dijo que no me preocupara por el trabajo y que descansara.
Al mediodía llegó Santiago con comida. Me obligó a comer más.
Entonces entró Alejandro.
Vio a Santiago dándome de comer y su cara se cerró.
—Con tanto ánimo para comer, veo que no fue grave.
—No necesita preocuparse, señor Alcázar.
Miré a Santiago.
—Quiero más.
Santiago entendió y me dio otra cucharada.
Alejandro apretó la mandíbula.
—Si no fuera porque te lastimaste por mí, ni vendría. Pero si ya tienes quien te cuide, sobro.
Se fue dando un portazo.
Santiago dejó el termo.
—¿Qué pasó exactamente?
Le conté todo. También lo de las enfermeras.
Se enfureció.
—Valeria, ¿ya puedes despertar? Te atropellan por él y te cambia por Camila.
No pude contestar.
Esa tarde Leonardo llegó con varios compañeros y, detrás de ellos, Emiliano.
—Señor Fuentes, ¿usted también vino?
Leonardo casi se atraganta.
—Valeria, ¿el golpe te dejó tonta? El señor Fuentes vino a verte. Invítalo a sentarse.
Los demás dejaron flores y fruta. Se fueron rápido.
La cuidadora bajó por medicina. Emiliano y yo quedamos solos.
—¿Quieres agua? —preguntó al oírme toser.
—No. Si tomo, luego tengo que ir al baño y es un problema.
Miró alrededor.
—Ni baño tiene este cuarto. Te cambiaré a una habitación privada.
—No hace falta.
—Es poca cosa.
a y como midiera emiliano que como hombre acepta este tipo de cosas y aun asi sigue detrás de ella
esta esceitora pone a la mujer peor que una botella vacía de agua en l alcalde pateada hasta por el perro callejero