Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.
Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.
Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.
Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.
Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.
Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.
¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?
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Capítulo 20
Bram se quedó callado un momento antes de responder.
—En el campus. Acaba de salir de clase. Debería seguir en el estacionamiento del edificio E.
El corazón de Wenda se aceleró.
Se levantó de la cama de un brinco. La adrenalina barrió el sueño, el cansancio, todo. Tenía las palmas heladas.
—¿Wen? ¿Vas a ir? —preguntó Bram con cautela.
—Solo quiero ver.
Mentira.
Ni ella misma sabía qué iba a hacer. Pero su cuerpo se movía más rápido que sus pensamientos.
—Wen, yo solo te aviso. No me eches la culpa si…
Wenda cortó la llamada.
El celular casi se le resbaló de las manos temblorosas.
Se miró un instante en el espejo. Pelo revuelto, cara pálida del vuelo. Pero le dio igual. El corazón le golpeaba las costillas como queriendo salir.
Es imposible que le guste Sofia. Imposible.
Pero las palabras de Bram se le clavaron demasiado hondo para ignorarlas.
Sin pensarlo, agarró las llaves del auto que su padre había dejado en la mesa de la sala y salió.
—¿Wen? ¿A dónde vas? —preguntó su padre, que venía de la cocina.
—A tomar aire, papá. Vuelvo al rato.
No esperó respuesta. Subió al auto y arrancó.
El camino al campus se sintió más corto de lo que recordaba. O tal vez era porque su cabeza no dejaba de repetir un solo nombre.
Kayden.
Dos años fuera. Dos años sin contacto. Dos años esperando que él siguiera ahí…
…aunque fue ella quien lo destrozó todo.
—Idiota —se susurró a sí misma—. Tú lo dejaste… ¿y ahora estás celosa?
Pero los sentimientos no se dejan engañar.
El pecho le ardía, le dolía, se le revolvía todo.
Que no sea demasiado tarde…
Campus — Estacionamiento del edificio E
En cuanto estacionó el auto, Wenda bajó de inmediato. Le faltaba el aire al ver a los estudiantes pasar.
Sus ojos buscaron.
Y entonces lo vio.
Kayden.
De pie junto a su moto deportiva negra, con una camisa oscura y bolso cruzado. El pelo un poco más largo que la última vez. La mirada más madura. Más intensa.
Y a su lado…
Wenda sintió que el mundo se detenía. Porque ahí estaba Sofia.
—¿Estás loco? ¡Llevas días siguiéndome! ¡Lárgate!
Sofia sentía que la presión le subía con cada día que pasaba lidiando con Kayden, que ahora se le pegaba como chicle.
La pregunta era: ¿por qué Kayden se había interesado en ella de repente?
—¿Y qué tiene? Antes eras tú la que me buscaba. ¿Ahora que es al revés te molesta?
Sofia resopló.
—¡Yo nunca te busqué! Solo…
—¿Solo qué? —Kayden la cortó, arqueando una ceja—. ¿Solo aparecías frente a mi salón en cada hora de clase? ¿Solo me traías apuntes? ¿Solo me esperabas aquí en el estacionamiento?
Sofia se quedó helada. Todo eso no lo había hecho ella, sino la dueña original de este cuerpo.
Le ardió la cara. No de pena, sino de coraje. Porque en la trama original, Kayden detestaba todo eso.
¿Y ahora? Resulta que el tipo se sentía atraído precisamente porque ella lo rechazaba. ¿Tenía eso algún sentido?
Kayden se acercó medio paso.
Una sonrisa apenas perceptible asomó en sus labios. Suficiente para ponerla nerviosa.
—Siempre tienes una excusa —dijo en voz baja—. Pero yo sé la verdad.
Sofia tragó saliva y puso los ojos en blanco para disimular.
—¡¿Qué verdad?!
Kayden la miró largo rato antes de contestar, la voz grave.
—Que te gusto.
Sofia se atragantó.
—¡¿Q-qué?! ¡N-no…!
—Tranquila.
Kayden se inclinó un poco. Su voz sonó más suave que de costumbre.
—No me estoy burlando de ti.
Sofia se quedó sin palabras.
Era la primera vez que Kayden le hablaba sin dureza, sin frialdad, sin ese filo que lastimaba.
—Kayden… ¿qué te pasa últimamente? —preguntó más bajo, genuinamente confundida—. Tú no eres de los que…
—¿Que le ponen atención a alguien? —Kayden completó la frase.
Sofia asintió ligeramente.
Kayden soltó un suspiro corto y la miró como tratando de leerle el alma.
—Yo tampoco entiendo —admitió con honestidad—. Pero haces que no pueda dejar de pensar en algo que se supone ya debería haber terminado.
Sofia se quedó clavada en el suelo. No entendía a qué se refería con "algo."
—Eres fastidiosa —murmuró Kayden, casi para sí mismo—. Pero eres real. Eres escandalosa. Eres ruidosa. Y haces que mi cabeza no se vaya a cosas que no importan.
Sofia tragó con fuerza.
Le ardía la cara.
El corazón se le desbocó.
—No entiendo lo que quieres decir —contestó, aunque las mejillas le delataban todo.
Kayden esbozó una sonrisa mínima. Una que nunca le había mostrado a Sofia.
—No importa. Yo también estoy tratando de entenderlo.
Y fue en ese preciso instante cuando, desde lejos, Wenda lo vio todo.
Y su mundo se derrumbó en silencio.
La risa discreta de Kayden.
Su media sonrisa.
La forma en que miraba a Sofia, como si ella captara algo en él.
Como si Kayden hubiera encontrado algo que le faltaba.
Wenda se aferró a la puerta del auto hasta que los nudillos se le pusieron blancos.