Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 3
La oscuridad no era un vacío esta vez.
Era diferente.
No estaba inconsciente.
No exactamente.
Sentía que flotaba en algún lugar entre el sueño y la vigilia.
Y entonces comenzaron las imágenes.
Fragmentos dispersos.
Recuerdos.
No eran suyos.
Pero al mismo tiempo lo eran.
Una niña de cabello rojizo corriendo por enormes jardines.
Una elegante mansión de piedra blanca.
Sirvientes inclinando la cabeza.
Un hombre alto de expresión severa pero mirada cariñosa.
Una mujer hermosa que sonreía mientras acomodaba cuidadosamente el cabello de la niña.
Y una voz.
—Mi pequeña Grace.
Las imágenes se volvieron más nítidas.
Más rápidas.
Más intensas.
Y finalmente comprendió.
[Grace...]
[¿Ese es mi nombre?]
Los recuerdos continuaron llegando.
Como un río imposible de detener.
Grace Gartner.
Ese era el nombre de la joven cuyo cuerpo ocupaba ahora.
La imagen continuó desarrollándose dentro de aquella oscuridad llena de recuerdos.
Grace reía mientras perseguía mariposas entre los rosales de la mansión Gartner.
Era una niña feliz.
Una niña querida.
Y, sobre todo, una niña saludable.
Aquello era importante.
Muy importante.
Porque los Gartner llevaban años cargando con una historia que muchos consideraban una maldición.
Nunca había sido demostrada por los magos.
Ningún investigador de la Academia Mágica había encontrado evidencia real.
Ningún mago del templo había confirmado semejante cosa.
Pero las habladurías tenían una fuerza propia.
Y cuando una historia se repetía durante generaciones, la gente terminaba aceptándola como una verdad.
[La maldición de los Gartner...]
Los recuerdos de Grace le mostraron conversaciones escuchadas a escondidas.
Sirvientas susurrando.
Nobles comentando durante los bailes.
Mercaderes hablando en voz baja.
Todos repetían la misma historia.
Los Gartner estaban malditos.
La razón era simple.
Muchos años atrás, el hijo mayor de la familia había muerto.
No había sido un accidente.
Ni una enfermedad común.
Había sido algo relacionado con el maná.
El maná.
La energía mágica que existía en todas las personas.
Algunos poseían poco.
Otros mucho.
Y los nobles con linajes mágicos solían poseer cantidades enormes.
Pero el exceso también podía ser peligroso.
Especialmente para niños que nacían con cuerpos frágiles.
En esos casos, el maná podía convertirse en una carga demasiado pesada.
Como un río demasiado caudaloso intentando atravesar un pequeño canal.
Y así había muerto el hermano mayor de Grace.
Consumido poco a poco por su propia energía mágica.
Después de aquella tragedia llegaron más desgracias.
Embarazos difíciles.
Niños enfermizos.
Problemas de salud constantes.
Nada concluyente.
Nada que probara una maldición.
Pero tampoco nada que la desmintiera.
Y entonces nacieron los gemelos Gartner.
Los recuerdos cambiaron.
Grace observó a dos pequeños niños pelirrojos acostados en enormes camas.
Eran hermosos.
Pero también muy delicados.
Sus rostros estaban pálidos.
Se cansaban fácilmente.
Los doctores visitaban constantemente la mansión.
Los magos sanadores también.
Sus padres intentaban ocultar la preocupación.
Pero Grace podía verla.
Especialmente en las noches.
Cuando creían que nadie los observaba.
[¿Y si les ocurre lo mismo?]
[¿Y si los perdemos también?]
Aquellas preguntas atormentaban a sus padres.
Porque Grace era diferente.
Sorprendentemente diferente.
Ella había sobrevivido a un accidente.
Su cuerpo se había fortalecido.
Su maná era abundante.
Y cada año parecía más saludable.
Más estable.
Más fuerte.
Era casi como si toda la fortuna que le faltaba al resto de la familia se hubiera concentrado en ella.
Y fue entonces cuando nació una esperanza.
Una esperanza desesperada.
Quizás incluso irracional.
Pero esperanza al fin.
Los recuerdos mostraron una conversación entre sus padres.
—Nuestra hija posee magia de luz —dijo el conde.
—Y los magos afirman que tiene una afinidad extraordinaria.
Su esposa guardó silencio.
—¿Crees que realmente funcione?
—No lo sé.
El conde observó por la ventana.
—Pero si dedicarla al templo puede protegerla...
—Y proteger a nuestros hijos...
—Entonces debemos intentarlo.
La decisión estaba tomada.
Cuando Grace alcanzara la edad adecuada comenzaría a asistir regularmente al templo.
Y cuando fuera adulta dedicaría oficialmente su vida al servicio de la luz.
Muchos pensaron que aquello era una simple promesa religiosa.
Otros creyeron que los Gartner estaban desesperados.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Algo que nadie esperaba.
Los recuerdos comenzaron a mostrar una sucesión de escenas.
Grace estudiando en el templo.
Grace estudiando textos sagrados.
Grace aprendiendo magia de luz junto a sacerdotes.
Grace ayudando en ceremonias.
Mes tras mes.
Año tras año.
Y mientras ella pasaba más tiempo en el templo...
Los gemelos comenzaron a mejorar.
Sus enfermedades se hicieron menos frecuentes.
Sus crisis desaparecieron.
Ganaron peso.
Crecieron.
Sonrieron más.
Incluso los médicos quedaron sorprendidos.
—Es extraordinario.
—Sus cuerpos están mucho más estables.
—No debería haber ocurrido tan rápido.
Los padres de Grace apenas podían creerlo.
Los recuerdos mostraron a su madre llorando de felicidad después de escuchar un informe médico favorable.
Mostraron a su padre sonriendo por primera vez en mucho tiempo.
Y naturalmente, las habladurías crecieron aún más.
—La maldición se está rompiendo.
—La hija mayor está absorbiendo la desgracia.
—Los dioses aceptaron la ofrenda de los Gartner.
—La bendición de la luz protege a esa familia.
Nadie sabía la verdad.
Quizás era una coincidencia.
Quizás los tratamientos finalmente estaban funcionando.
Quizás los gemelos simplemente habían superado la etapa más peligrosa de su crecimiento.
Pero para los Gartner no importaba.
Porque los resultados estaban allí.
Por primera vez en muchos años, la familia podía respirar tranquila.
Y la pequeña Grace...
La dulce hija pelirroja que corría por los jardines...
Había crecido creyendo algo muy simple.
[Mientras yo permanezca en el templo...]
[Mamá estará bien.]
[Papá estará bien.]
[Mis hermanos estarán bien.]
Y por eso jamás se había quejado de su destino.
Nunca había protestado.
Nunca había intentado escapar.
Porque en su corazón estaba convencida de que su vida tenía un propósito.
Uno que valía más que cualquier deseo personal.
Y mientras aquellos recuerdos seguían fluyendo en la oscuridad, la mujer que había reencarnado en su cuerpo comenzó a comprender algo inquietante.
Grace nunca había sido obligada.
Grace había aceptado ese destino voluntariamente.
Porque amaba profundamente a su familia.
Mala actitud la de los padres