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Embarazada De Un CEO Frio, Posesivo Y Controlador.

Embarazada De Un CEO Frio, Posesivo Y Controlador.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Es la 2da parte de la obra" No soy la debilidad de nadie", pero ahora la trama, es el embarazo de Valentina socia y amiga de las gemelas Laura y Lorena Lombardi. En la noche después de la fiesta de la empresa "Angora VS Asociadas", fundadas por las Lombardis y sus amigos Jon Jairon, Karla y Valentina en Moscú, recibio un premio internacional. Al finalizar la fiesta donde Alexander CEO y hermano mayor de las gemelas Lombardi encargado de la seguridad, es provocado por Valentina una mujer ardiente y sin filtros, y tiene un encuentro sexual apasionado, caliente y sin compromiso, donde ambos ponen sus límites. Solo que por el alcohol, la premura y el momento no fueron precavidos lo suficiente y la consecuencia es un Embarazo. Que pasará ahora...

NovelToon tiene autorización de Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El ultimátum.

El ultimátum

Lorena llevaba tres días enteros pegada a su teléfono como si fuera una extensión de su mano, pero el dispositivo solo le devolvía el mismo mensaje mecánico y cruel: "El número al que llama se encuentra fuera del área de cobertura o apagado". Esa voz metálica, repetida hasta el delirio, se había convertido en el sonido de su propia impotencia. Se levantó de la cama sin haber dormido bien, con los ojos hinchados y el cabello revuelto, y marcó por enésima vez el número de su hermana gemela, esa con la que compartió el útero, los primeros juguetes, los secretos de la adolescencia y el dolor de la distancia cuando el destino las separó.

Pero Laura no respondía, y eso no era normal, porque Laura siempre respondía, incluso en medio de una cena de gala o en la peor de sus crisis matrimoniales; su hermana tenía esa obsesión por mantener el contacto, por asegurarse de que Lorena estuviera bien, por llamarla hasta el cansancio, hasta que Lorena tuviera que colgarle diciendo "ya basta, hermana, que me estás ahogando". Ahora el silencio era tan ensordecedor que le dolía el pecho, y ese dolor no era imaginario, era físico, era el instinto gemelar que le susurraba al oído que algo andaba muy mal en Berlín. Agarró el teléfono con manos temblorosas y llamó a Valentina, la mejor amiga de Laura, la única persona que entendía la intensidad de ese vínculo doble. Valentina atendió a la segunda llamada, con su voz ronca de quien acaba de despertar, y cuando Lorena le preguntó si había hablado con Laura recientemente, la respuesta fue un mazazo: "No, desde la semana que estuvo aquí en, no sé nada de ella. ¿Por qué? ¿Qué pasa?".

Lorena sintió que el suelo se le hundía, y le contó que había llamado a su asistente personal, esa mujer eficiente y fría que siempre sabía dónde estaba su jefa, y que la asistente le había respondido con un tono monótono y calculado: "La señora está descansando en su casa, no quiere ser molestada". Valentina soltó una risa nerviosa, de esas que preceden a una tormenta, y dijo con una certeza absoluta: "Eso es muy raro, Lori. Laura descansa en su casa cuando está agotada, pero jamás, jamás, deja de llamarnos. Si estuviera solo descansando, ya nos habría acosado con quinientas llamadas, con fotos de lo que está comiendo, con quejas de Fred, con planes para la próxima semana. Eso no es descanso, eso es un secuestro o una prisión dorada".

Valentina no perdió un segundo en pasar a la acción, porque así era ella: una mujer de fuego que no sabía esperar ni respirar cuando sus afectos estaban en peligro. Marcó el número de Laura una y otra vez, obteniendo el mismo mensaje de apagado, y entonces su furia encontró un objetivo claro: Alexander, el hombre que compartía su cama y su vida, y que además era el enlace más cercano al círculo de Fred Muller, ese maldito alemán que se creía dueño del mundo y de las mujeres que lo habitaban. Valentina llamó a Alexander y no le dio tiempo ni a saludar: "Necesito el número de teléfono de ese cabrón de Fred Muller, y no me digas que no lo tienes porque sé que te lo dio para emergencias. Esto es una emergencia, Alexander. Laura no da señales de vida desde hace una semana, nadie la localiza, y su asistente nos ha dicho que está descansando, lo cual es la mentira más estúpida que he escuchado en mi vida.

Así que vas a llamar a ese alemán ahora mismo, le vas a poner un ultimátum y le vas a decir que si en las próximas horas no sabemos algo de mi amiga, hasta de cuándo va al baño quiero saberlo, ¿me oíste? Y si no lo haces, si no me traes noticias, te juro por todo lo que quieras que no vuelves a follar conmigo hasta que recupere a Laura, y sabes que no bromeo con eso".

Alexander, acostumbrado a las explosiones de Valentina, quedó mudo unos segundos, pero el tono de su mujer era tan severo que supo que no había margen para la negociación. "Voy a llamarlo ahora, amor, no te exaltes, pero prométeme que no vas a hacer ninguna locura", alcanzó a decir antes de que ella colgara sin despedirse. Lorena, que había escuchado toda la conversación en altavoz, sintió una mezcla de gratitud y terror: su hermana no estaba bien, y si el Don de la mafia alemana había hecho algo, ningún ultimátum amoroso iba a detenerlo, pero al menos tenían una mecha encendida en medio de la oscuridad.

Lorena respiró hondo y tomó la decisión más difícil de todas: llamar a su madre, Olga, con una voz que fingiera calma aunque por dentro se estuviera desmoronando. "Mami, ¿has hablado con Laura estos días?", preguntó con una ligereza que no sentía, y el silencio del otro lado de la línea fue su primera respuesta. "No, hija, no sé nada de ella desde hace más de una semana. La he llamado y tampoco contesta. Pensé que estaría ocupada con Fred o con algún viaje, pero ya empiezo a preocuparme, ¿tú sabes algo?" Lorena cerró los ojos y mintió por primera vez en su vida a su madre: "Sí, mami, todo está bien, está descansando, ya sabes cómo se agota con ese marido tan absorbente. No te preocupes". Colgó antes de que su voz se quebrara, y el peso de esa mentira le cayó como una losa. Sin embargo, ya no había tiempo para dudas; marcó el número de Dimitri, el amigo leal, el hombre de su vida que tenía un avión privado y una devoción incondicional por ella, y cuando él atendió,

Lorena habló con una autoridad que no admitía réplica: "Dimitri, no sé nada de mi hermana desde hace una semana, nadie sabe nada, y el instinto me dice que Fred la tiene atrapada o algo peor. Prepara tu avión para esta misma tarde. Te doy dos horas de plazo, Dimitri, dos horas para que alguien me dé una noticia real de Laura, y si no la tengo, viajamos a Berlín, con o sin permiso, con o sin gasolina, pero viajamos. Algo tiene mi hermana, porque si estuviera bien, aunque estuviera encerrada en una fortaleza, me habría llamado mil veces hasta el cansancio, hasta quedarse afónica, porque así es ella, porque somos gemelas y no soporta estar desconectada de mí. Este silencio no es descanso, es una señal de auxilio, y voy a responderle aunque tenga que derribar las puertas del infierno". Dimitri asintió al otro lado, sintiendo la urgencia en cada palabra de Lorena, y mientras ella colgaba y miraba el reloj, sintió que cada segundo que pasaba era un latido de angustia que la acercaba más a la certeza de que su hermana gemela, su otra mitad, estaba en peligro, y que ella, aunque tuviera que enfrentarse a todo el poder de la mafia alemana, iría a rescatarla.

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