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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22. DESAYUNOS SECRETOS Y CARPETAS PERDIDAS.

Llegar a la oficina el viernes por la mañana tuvo un sabor completamente diferente. Tras la intensa y apasionada noche que Sebastián y yo habíamos compartido sobre el roble de su escritorio, sentía que caminaba sobre las nubes. Me había recogido el cabello castaño en mi moño desordenado de siempre y vestía un traje de sastre color azul marino, pero por dentro seguía recordando la calidez de sus fuertes y calidas manos y el ritmo pausado de sus besos bajo la luz de la luna.

A las ocho y media, me encontraba en mi cubículo revisando las notas del formato de "Lunas de miel" cuando escuché unos pasos firmes y conocidos. Sebastián entró de forma casual, sosteniendo una bandeja de la cafetería de abajo con dos tazas de café humeante y un plato lleno de croissants recién horneados.

—Buenos días, señorita Miller —dijo con una voz formal pero con unos ojos café que brillaban con una picardía absoluta—. El departamento contable me informó que el área creativa necesita un refuerzo de energía para los presupuestos de hoy.

—Buenos días, señor CEO —le sonreí, cerrando la puerta corredera de mi cubículo para darnos un poco de privacidad—. No sabía que el director general ahora hacía entregas a domicilio. Si los diseñadores te ven, van a pensar que te estás ablandando.

Sebastián dejó la bandeja sobre mi mesa, se inclinó hacia mí acortando toda distancia y me plantó un beso rápido pero profundamente encendido en los labios que me hizo contener el aliento. Su perfume amaderado me embriagó al instante.

—Que piensen lo que quieran, preciosa —susurró contra mi oído, dándole un sutil apretón a mi cintura antes de enderezarse—. Llevo desde que me desperté extrañando el calor de tu piel. Desayunemos rápido antes de que comience el caos del día.

Compartimos el desayuno entre risas flojas y caricias cómplices por debajo del escritorio. Era maravilloso poder mantener ese aire jovial y fresco en medio de las responsabilidades de la empresa. Sin embargo, tal como Sebastián lo había predicho, el caos no tardó en tocar a nuestra puerta.

Unos golpes desesperados y rápidos sonaron en el panel de cristal. Al abrir, nos encontramos a Carla con el rostro completamente pálido, los ojos desorbitados y un manojo de papeles arrugados entre las manos. Al ver a Sebastián sentado en la silla de visitas comiéndose un croissant, la pobre chica se congeló, tragando saliva con dificultad.

—¡Jefa! ¡Señor Lombardi! Lamento muchísimo interrumpir su... su desayuno de negocios —tartamudeó Carla, visiblemente avergonzada—. Pero tengo una crisis monumental en la sala de juntas y no sé qué hacer.

Sebastián se puso de pie de inmediato, recuperando su postura imponente de director general, aunque le dedicó una sonrisa amable para tranquilizarla.

—Tranquila, Carla. Respira profundamente y dinos qué pasó —le indicó con su voz varonil y segura.

—Es el equipo de diseño gráfico —explicó Carla de forma atropellada—. Estábamos montando las animaciones digitales para las pantallas de la estación central de trenes y... ¡alguien borró la carpeta de los renders finales! El lanzamiento es en dos horas, la imprenta digital está esperando los archivos y los diseñadores se están gritando los unos a los otros culpándose por el error. Estoy colapsando, jefa. Siento que el puesto me queda gigantesco.

Miré a Sebastián y ambos compartimos una mirada de comprensión. Era el primer gran reto de Carla al frente del departamento, y era completamente normal que los nervios la traicionaran.

—No te preocupes, Carla, el puesto no te queda grande en absoluto —le dije con firmeza, dándole una palmada de apoyo en el hombro—. Los errores técnicos ocurren en todas las campañas. Vamos a la sala de juntas. Sebastián, ¿nos acompañas?

—Por supuesto. Vamos a resolver esto en equipo —asintió el CEO, acomodándose la chaqueta.

Cuando entramos a la sala de juntas, el ambiente era un verdadero campo de batalla. Cuatro diseñadores hablaban al mismo tiempo, señalando las computadoras con frustración, mientras Gladis intentaba calmarlos sin éxito. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

—¡Suficiente! —la voz fuerte, profunda y varonil de Sebastián resonó en las paredes de la sala, provocando un silencio sepulcral instantáneo. Todos los empleados se enderezaron en sus asientos, mirando al jefe con respeto y un poco de temor—. Discutir no va a recuperar los archivos. Necesito soluciones, no culpables. Carla, toma el control de la pizarra.

Carla miró a Sebastián, luego a mí, y al ver el asentimiento de confianza que le dediqué, tragó saliva, enderezó la espalda y caminó con paso firme hacia la pizarra acrílica, tomando un marcador.

—A ver, muchachos, escúchenme —comenzó Carla, con una voz que recuperaba poco a poco su seguridad habitual—. Los renders originales se borraron del servidor local, pero recuerden que el jueves hicimos una prueba de color en las tabletas portátiles del subsuelo. ¿Alguien guardó el caché de la memoria externa?

Uno de los diseñadores jóvenes abrió los ojos de par en par, dándose un golpe en la frente.

—¡Es verdad! Yo no los borré de mi tableta de dibujo porque quería revisar los contrastes en mi casa —exclamó el chico, conectando a toda prisa su dispositivo al ordenador central.

En cuestión de cinco minutos, las barras de carga se llenaron y los bellísimos diseños del formato familiar de Sailing Dreams volvieron a brillar en la pantalla principal de la sala. El peligro había pasado. Carla organizó las especificaciones de envío a la imprenta con una soltura impecable, ganándose el aplauso aliviado de sus compañeros.

Al terminar la reunión, Carla se acercó a nosotros en el pasillo, con una sonrisa amplia y los ojos brillando de gratitud.

—Gracias, jefa. Gracias, señor Lombardi. Si no hubieran entrado a ponernos orden, habríamos arruinado la entrega —confesó con alivio.

—Lo hiciste tú sola, Carla —le respondió Sebastián con una sonrisa jovial—. Nosotros solo te dimos el espacio para pensar. Estás haciendo un trabajo magnífico al frente del área. Sigue así.

Mientras el equipo creativo celebraba haber salvado la entrega técnica del viernes, en las oficinas de la corporación cliente, la calma aparente escondía un veneno lento. Alan Vance se encontraba en su despacho, firmando unos documentos de revisión con una frialdad absoluta. Su padre lo había sancionado, despojándolo del presupuesto, pero Alan seguía siendo el director de marketing ante los ojos del sector. Una sonrisa malévola se dibujó en sus labios mientras guardaba un archivo confidencial con los datos de contacto de una firma de auditoría externa muy agresiva.

—Disfruta de tu pequeña victoria técnica, Lombardi —murmuró Alan en la oscuridad de su oficina—. Porque la próxima semana voy a enviar a un inspector que va a revisar hasta el último centavo de tus cuentas. Vamos a ver si tus creativos son tan brillantes cuando tengan que justificar cada factura bajo la lupa.

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