En Valdoria, donde la mafia controla cada sombra de la ciudad, dos almas rotas se cruza sin saber que sus pasados están unidos por sangre, traición y secretos enterrados.
lo que empieza como desconfianza se convierte en un vínculo imposible de romper.... incluso cuando la verdad amenaza con destruirlo todo.
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Lo que no entiendo
Durante los días siguientes, Ian comenzó a evitar a Elena.
No porque estuviera molesto.
Bueno, sí estaba molesto.
Pero principalmente porque cada vez que ella lo veía, sonreía de esa manera insoportable que parecía decir "yo sé algo que tú todavía no has aceptado".
Y eso era irritante.
Muy irritante.
Por desgracia, evitar a Elena era mucho más fácil que evitar sus propios pensamientos.
Porque esos seguían allí.
Especialmente cuando se trataba de Alex.
Ian estaba sentado en su despacho revisando documentos cuando se dio cuenta de que había leído la misma página tres veces seguidas sin entender una sola palabra.
Frunció el ceño.
Volvió a intentarlo.
No funcionó.
Su mente regresó otra vez al mismo lugar.
Alex.
Suspiró.
Aquello empezaba a ser ridículo.
Cerró la carpeta y se recostó en la silla.
¿Por qué estaba pensando tanto en él?
No tenía sentido.
Alex era un problema.
Un desconocido que había aparecido de la nada.
Alguien al que habían intentado secuestrar.
Alguien que claramente ocultaba cosas.
Debería mantenerse alerta.
Debería desconfiar.
Y sin embargo...
Pensaba en él constantemente.
Pensaba en las preguntas absurdas que hacía.
En su forma de discutir por todo.
En la manera en que se quejaba de las reglas.
Incluso en cómo sonreía cuando creía haber ganado una discusión.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
La puerta del despacho se abrió.
Ian levantó la vista.
Alessandro entró tranquilamente.
—Tienes cara de estar peleando con tus pensamientos.
Ian soltó un suspiro.
—Gracias por la ayuda.
—¿Tan grave es?
—No.
—Entonces sí es grave.
Ian ignoró el comentario.
Alessandro tomó asiento frente al escritorio.
—¿Tiene nombre?
Ian lo miró.
—¿Qué?
—El problema.
Ian tardó varios segundos en responder.
—No.
Alessandro arqueó una ceja.
—Entonces definitivamente tiene nombre.
Ian decidió cambiar de tema.
—¿Necesitabas algo?
—Solo pasaba por aquí.
—Mentiroso.
—Aprendiste de Elena.
Ian se arrepintió inmediatamente de haber iniciado aquella conversación.
Por suerte, Alessandro no insistió.
Al menos no demasiado.
Después de unos minutos se marchó, dejando a Ian nuevamente solo.
Lo cual resultó ser peor.
Porque el silencio permitió que sus pensamientos regresaran.
Otra vez.
---
Aquella tarde Ian observó a Alex desde la distancia mientras hablaba con algunos empleados de la mansión.
Nada importante.
Nada extraño.
Solo una conversación normal.
Y aun así permaneció observándolo.
Sin darse cuenta.
Hasta que uno de los guardias se acercó.
—¿Señor?
Ian apartó la vista.
—¿Qué ocurre?
—Nada importante.
El hombre dudó un momento.
—Solo quería informarle que todo está tranquilo.
Ian asintió.
—Bien.
El guardia se marchó.
Y fue entonces cuando Ian se dio cuenta de algo.
Había preguntado por Alex tres veces aquella mañana.
Tres.
Sin motivo aparente.
Simplemente porque quería asegurarse de que estaba bien.
Porque quería saber dónde estaba.
Porque quería saber si había ocurrido algo.
Y eso tampoco tenía sentido.
Alex no era familia.
Ni siquiera eran amigos.
La mayor parte del tiempo discutían.
A veces por cosas importantes.
A veces por auténticas tonterías.
Entonces...
¿Por qué le importaba tanto?
---
Más tarde coincidieron en la biblioteca.
Alex estaba sentado en uno de los sillones con un libro abierto sobre las piernas.
Parecía concentrado.
Al menos durante unos segundos.
Hasta que levantó la vista.
Y lo encontró observándolo.
Otra vez.
—Lo haces de nuevo.
Ian parpadeó.
—¿Hacer qué?
—Mirarme.
—No te estaba mirando.
Alex sonrió.
—Ya ni tú te crees eso.
Ian apartó la vista inmediatamente.
Lo peor fue que Alex tenía razón.
Porque ni siquiera recordaba cuándo había comenzado a observarlo.
Simplemente ocurría.
Como respirar.
Como una costumbre.
Y eso era precisamente lo que lo preocupaba.
Alex volvió a concentrarse en su libro.
Ian fingió hacer lo mismo.
Pero sus pensamientos siguieron girando.
¿Por qué estaba pendiente de él todo el tiempo?
¿Por qué se preocupó tanto cuando intentaron secuestrarlo?
¿Por qué se sentía más tranquilo cuando sabía que Alex estaba cerca?
¿Por qué pensaba en él incluso cuando no estaba presente?
Ninguna respuesta parecía suficiente.
Ninguna explicación tenía sentido.
Y cuanto más intentaba entenderlo, más confundido se sentía.
Aquella noche permaneció despierto más tiempo de lo habitual.
Solo.
Pensando.
Analizando cada detalle.
Cada conversación.
Cada mirada.
Cada momento compartido desde que Alex había aparecido en su vida.
Finalmente se dejó caer sobre el respaldo de la silla y se pasó una mano por el rostro.
Por primera vez desde que todo había comenzado, permitió que una idea cruzara su mente.
Una idea que llevaba días intentando ignorar.
Y una vez que apareció, fue imposible apartarla.
Porque explicaba demasiadas cosas.
Demasiadas.
Ian cerró los ojos lentamente.
Y por primera vez pensó:
"Esto no es normal."