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La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

Status: En proceso
Genre:Bestia / Romance / Mundo de fantasía
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Despreciada por su linaje de serpiente y desterrada por las intrigas de una hembra celosa, Serena despierta los recuerdos de su vida pasada como médica e ingeniera agroindustrial. En lugar de dejarse morir en el bosque peligroso, decide que el barro es el mejor aliado y la ingeniería su salvación. Al rescatar al general del Clan Águila, no solo se gana el corazón de un temible y tímido depredador, sino que inicia una revolución agrícola, médica y militar que cambiará el Continente de las Bestias para siempre, desafiando las tradiciones de la poligamia y demostrando que la inteligencia es el arma más letal de todas.

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CAPÍTULO 10

El vacío que dejó la partida del "pollo enorme" duró exactamente lo que Serena tardó en darse cuenta de que el hambre no se iba a solucionar sola. Su mente, siempre hiperactiva y orientada a la resolución de problemas, no tardó en redirigir toda su energía hacia un nuevo proyecto. Si bien el Bosque de la Niebla de Sangre era una despensa natural generosa, depender exclusivamente de la recolección diaria era un modelo de negocio sumamente primitivo y poco escalable.

Como ingeniera con conocimientos de biotecnología y agroindustria, Serena sabía que la verdadera soberanía alimentaria requería el control de la producción. En pocas palabras: era hora de fundar la primera sucursal agrícola del bosque.

—Recolectar ñame silvestre todas las mañanas está bien para el cardio y para tonificar los glúteos, pero no es eficiente —se dijo Serena una mañana, evaluando el terreno frente a su cueva con las manos en las caderas—. Si quiero pasar el invierno sin desnutrición ni escorbuto, necesito un huerto doméstico estructurado. Un sistema de rotación de cultivos a pequeña escala. Además, si tengo que comer otra raíz cruda y amarga, voy a terminar masticando las piedras de la cueva por pura desesperación.

El primer paso fue la selección del terreno. Justo al lado de la entrada de la cueva, protegido del viento por la propia pared de roca, había un área plana de unos cuatro metros cuadrados que recibía una cantidad perfecta de luz solar filtrada. El suelo estaba cubierto de una densa capa de maleza y raíces viejas, pero Serena vio el potencial de la tierra negra y húmeda que se escondía debajo.

Desabrochándose los botones laterales de su falda pantalón de lino para liberar su cola de serpiente blanca perlada, Serena se puso a trabajar. Su forma híbrida le otorgaba un bajo centro de gravedad y una fuerza de palanca que ningún cuerpo humano corriente podría igualar.

—¡A un lado, maleza! —gruñó, usando su fuerte cola para desbrozar, arrancar los arbustos espinosos de raíz y remover la tierra compacta como si fuera un tractor biológico de última generación. En una fracción del tiempo que le habría tomado con herramientas manuales, el terreno quedó limpio—. Definitivamente, tener tres metros de cola escamosa tiene sus ventajas operativas. Debería patentar esto como "arado herpetológico".

Una vez despejada la superficie, utilizó su azada de madera endurecida al fuego para trazar surcos de siembra limpios y paralelos.

—La tierra es rica, pero le falta estructura y nutrientes asimilables —analizó, hundiendo los dedos en la tierra negra—. El suelo forestal tiende a ser ácido por la descomposición de las hojas de pino. Necesito corregir el pH y aportar nitrógeno, fósforo y potasio. Básicamente, necesito un milagro químico o una muy buena composta.

Para solucionar esto, Serena recurrió al compostaje acelerado. Durante sus días de exploración, había ido acumulando en un foso apartado las hojas muertas de ortiga, los restos de raíces de ñame, las cenizas de su fogata (ricas en carbonato de potasio) y estiércol seco de herbívoros pequeños que había recolectado pacientemente del bosque con una ramita y mucha fuerza de voluntad.

—Quién me viera en mi otra vida, con un título universitario y recogiendo caca de conejo silvestre en un bosque prohibido con cara de felicidad —se rio de sí misma mientras mezclaba el abono con la tierra de los surcos—. Pero bueno, la ciencia es hermosa en todas sus formas, incluso en las más olorosas.

Mezcló el abono orgánico casero con la tierra, creando una cama de siembra esponjosa y cargada de nutrientes. Con la tierra preparada, procedió a la siembra de las semillas que había estado clasificando meticulosamente en pequeños tubos de bambú seco: hortalizas silvestres que recordaban mucho a las espinacas, rábanos picantes y una variedad de legumbre trepadora.

—Semillas de Brassica silvestre en el primer surco, la leguminosa en el segundo para la simbiosis bacteriana, y el rábano en el tercero para romper el subsuelo —murmuraba con satisfacción profesional—. Un riego ligero con agua purificada y a esperar que la naturaleza haga su magia.

Terminó la jornada exhausta, con los músculos de los brazos fatigados y la piel salpicada de tierra, pero con una inmensa sensación de logro. Se dio un baño rápido en el riachuelo, cenó un plato sencillo de raíces hervidas y se retiró a dormir a su lecho de hojas secas.

A la mañana siguiente, los primeros rayos de luz dorada la despertaron. Se desperezó con un bostezo largo, frotándose los ojos verdes mientras salía de la cueva para revisar si sus queridos surcos seguían intactos o si algún roedor nocturno los había usado de parque de diversiones.

Sin embargo, al dar el primer paso fuera del umbral de piedra, se detuvo en seco. Sus ojos casi se salen de sus órbitas.

Depositado con extrema delicadeza sobre una hoja de helecho gigante, justo en la entrada de su cueva y perfectamente centrado como si fuera un pedido de alta cocina, yacía un animal. Era un conejo de proporciones considerables, sumamente gordo. Pero lo verdaderamente impactante no era el tamaño del roedor, sino su estado: estaba perfectamente desollado, eviscerado, lavado y limpio de manera tan meticulosa que no había ni una sola gota de sangre o suciedad a su alrededor. Estaba completamente listo para ser cocinado.

Serena parpadeó una, dos, tres veces. Se restregó los párpados con fuerza, medio convencida de que el hambre le estaba haciendo ver alucinaciones en tres dimensiones y alta definición.

Se agachó despacio, pinchó el cuerpo del conejo con un palito para confirmar que era real, y luego levantó la vista hacia el cielo azul y limpio, completamente estupefacta.

—¿Pero qué demonios...? —susurró, con una ceja alzada hasta el nacimiento del cabello—. ¿El servicio de entrega a domicilio ya funciona en este bosque prohibido? ¿Quién es el repartidor? ¿Y dónde firmo el recibo? Qué excelente servicio, de verdad. Cinco estrellas en la aplicación.

No le tomó mucho tiempo atar cabos. Al observar con detenimiento la hoja de helecho, notó una pequeña pluma de un brillante color dorado y marrón que descansaba justo al lado de la pata del conejo. Una pluma idéntica a la que guardaba con recelo en su faja de lino.

Serena tomó la pluma dorada y la hizo girar entre sus dedos delgados, soltando una carcajada limpia y sonora que espantó a un par de insectos cercanos.

—¡No puede ser! —rio, tapándose la boca—. ¡Fue el pollo gigante! Así que el bicho enorme no era un simple pájaro tonto con complejo de superioridad. Resultó ser un cliente agradecido... y un carnicero de primera. ¡Mírate esto! Me lo entregó desollado, destripado y sin un solo pelo. ¡Ni los carniceros de mi antigua vida tenían esta delicadeza!

Se puso de pie, sosteniendo la pluma como si fuera un trofeo, y miró hacia las copas de los árboles, buscando alguna señal del majestuoso animal que, según sospechaba, andaba rondando por ahí.

—¡Oye, señor águila! —gritó al viento, usando sus manos como bocina—. ¡No sé si me estás escuchando desde alguna rama, pero esto es un detallazo! Si hubieras traído esto antes, te habría cobrado la consulta con descuento de paciente frecuente. ¡Acepto conejos, venados o cualquier tipo de proteína que no requiera que yo corra detrás de ella!

Sin perder el tiempo, Serena tomó el regalo con absoluto entusiasmo. Su mente científica ya estaba calculando las mejores rutas de cocción para maximizar los nutrientes del roedor.

—Hoy tenemos banquete de gala —declaró, frotándose las manos con deleite—. Conejo asado con costra de hierbas silvestres y puré de ñame sazonado con jengibre. Adiós a la dieta vegetariana forzada.

Preparó la fogata dentro de su horno de barro, el cual ahora funcionaba a la perfección gracias a su excelente diseño de tiro térmico. Usando una vara de madera pulida como espiedo, colocó el conejo a asarse lentamente sobre las brasas calientes, pincelando la carne de vez en cuando con una infusión de hierbas aromáticas y sal de roca que ayudaba a sellar los jugos.

El aroma que comenzó a emanar del horno de barro era sencillamente celestial. El olor a carne asada y especias silvestres inundó la entrada de la cueva, haciendo que a Serena se le hiciera agua la boca. Hacía meses que no consumía una comida tan rica en grasas y proteínas.

Sentada en su roca favorita junto a su recién inaugurado huerto, donde la tierra húmeda prometía dar sus primeros brotes en pocos días, Serena disfrutó de su almuerzo bajo el sol de la tarde. La carne del conejo estaba increíblemente tierna y jugosa.

Mientras saboreaba cada bocado, miró de reojo la pluma dorada que descansaba sobre su regazo. El exilio en el Bosque de la Niebla de Sangre, que en un principio parecía una sentencia de muerte dictada por la ignorancia de su antigua tribu, se estaba convirtiendo en una extraña comedia de supervivencia. Tenía tecnología, conocimientos científicos, un huerto en marcha, una cueva cómoda y, al parecer, un repartidor de comida aérea con plumas de oro que se tomaba muy en serio el pago de sus honorarios médicos.

—Bueno, mi querido e innombrable amigo emplumado —dijo Serena, levantando un trozo de conejo hacia el cielo a modo de brindis silencioso—. Gracias por el almuerzo. Más te vale seguir cazando así de bien, porque esta serpiente tiene un apetito científico muy difícil de saciar... y un estándar de entrega a domicilio bastante alto que mantener.

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Lena
Nooo!!!!!! Boreas que hiciste!!!!!
Lena
.
Flor R
ya está encontrando su punto el Aquiles para que su serpiente 🐍 no amuele seguido y pueda hacerle travesuras a ellas sin que el parezca un tomate 🍅 rojo
Flor R
pobre pajarito es una ternura se imagina cuando la dama le robe u. beso ese día se desmaya ese pajarito 🙈🙈🙈🙈🙈
yoselin
Más capítulo esta bueno este pajarito es chistoso 🤣🤣🤣🤣
Lena
Quien diría que el "pollo gigante" es un principe 🤭🤭
Lena
Su hembra dice 🤭🤭🤭🤭
Lena
No sé ustedes pero para mí eso fue una declaración 🤭🤭🤭😂🤭🤭
Lena
me gusta esta futura parejita😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
Que tierno es Aquiles 😂😂🤭🤭🤭 para ser un grandulon 😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
está muy interesante está novela
Flor R
creo que soy la única que se rió sola en su casa con estos capítulos pobre mi pajarraco no aguanta los piropos suaves 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Flor R: se chivea muy rápido 🙈🙈🙈🙈
total 3 replies
Alexandra Luna
me gusta la novelas sigue actualizando 😍😍🙏
yoselin
Más capítulo por favor /Determined//Determined//Determined/
Alianay Guirola
Por fa 👏 sigue actualizando estoy segura q cuando más personas te lean más popular será ♥
Anabelle
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