Ella comienza a tener sueños de otra vida.. y cuando reencarna, se da cuenta, que al parecer, esos sueños son ahora su propia vida.. así que decide cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Esposo 2
Cuando Adele salió del baño, el aire cálido de la habitación envolvió inmediatamente su piel todavía tibia.
Llevaba un camisón sencillo color crema y una bata ligera sobre los hombros.
Su larguísimo cabello negro seguía húmedo y caía como una cascada oscura por su espalda mientras lo secaba lentamente con una toalla.
La habitación estaba tranquila.
Demasiado tranquila.
Solo se escuchaba el suave sonido de la leña ardiendo en la chimenea.
Y la respiración lenta de Ivan.
Adele caminó descalza hasta la cama mientras seguía secándose el cabello.
Y como ya se había acostumbrado un poco a la presencia silenciosa del duque, volvió a hablarle naturalmente.
—¿Sabes? En mi mundo había una historia sobre una princesa dormida.
Miró a Ivan con una pequeña sonrisa divertida.
—Bueno… creo que técnicamente tú serías la princesa en este caso.
Ivan, obviamente, no reaccionó.
Adele soltó una risita suave.
—Aunque eres demasiado grande y aterrador para ser una princesa normal.
Se sentó cuidadosamente en el borde de la cama mientras continuaba secando las puntas de su cabello.
La luz cálida de la chimenea iluminaba suavemente el rostro dormido de Ivan.
Y sinceramente…
Era muy guapo.
Muchísimo.
Incluso dormido tenía una presencia fuerte.
Las facciones marcadas.
Los hombros anchos.
La expresión tranquila.
Nada que ver con la elegancia refinada y casi delicada de Irvin.
Ivan se veía más sólido.
Más real.
Adele lo observó unos segundos antes de continuar hablando.
—Bueno… la historia decía que la princesa despertaba con un beso.
Entonces señaló discretamente a Ivan.
—Así que te besaré para despertarte.
Hizo una pequeña pausa dramática.
—Pero si despiertas, debes prometer ser bueno conmigo.
Lo pensó un instante.
—O al menos dejarme ir con algo de dinero.
Se rió sola inmediatamente después.
Porque honestamente la situación era ridícula.
Estaba negociando hipotéticos términos de divorcio con un hombre inconsciente.
Definitivamente había perdido la cordura un poco.
Finalmente dejó la toalla a un lado y se acomodó lentamente sobre la enorme cama.
Y en cuanto quedó junto a Ivan…
Parpadeó sorprendida.
Porque él era enorme.
Adele siempre había sido alta para los estándares femeninos de ese mundo, pero al lado de Ivan parecía pequeña.
Muy pequeña.
Eso la hizo reír bajito otra vez.
—Eres ridículamente grande…
Moviéndose con cuidado, Adele apoyó suavemente una mano sobre el pecho de Ivan.
Debajo de la tela podía sentir el calor de su cuerpo y el latido lento y constante de su corazón.
Eso le dio una extraña tranquilidad.
Porque hacía que todo pareciera más humano.
Más real.
No una maldición.
No un cadáver.
Solo un hombre dormido.
Adele sonrió suavemente mirándolo.
—Además eres muy guapo, así que sería injusto que también fueras mala persona.
Luego, sintiéndose completamente absurda, se inclinó despacio.
Y le dio un beso suave en los labios.
Fue apenas un roce.
Corto.
Delicado.
Adele esperó un segundo.
Luego otro.
Y…
Nada.
Absolutamente nada.
Ivan no se movió.
No despertó.
Ni siquiera cambió mínimamente su expresión.
El silencio de la habitación permaneció exactamente igual.
Adele se quedó mirándolo unos segundos antes de suspirar teatralmente.
—He fallado.
Se tapó un poco el rostro riéndose avergonzada.
Porque honestamente aquello había sido ridículo.
Pero entonces recordó algo más de aquella historia.
Y levantó nuevamente la cabeza con expresión pensativa.
—Ah… cierto.
Lo señaló otra vez.
—El cuento decía que debía ser un beso de amor verdadero.
Adele soltó otra pequeña risa cansada.
—Bueno, esposo… lo intenté.
Y sinceramente ya había hecho suficiente por una sola noche.
El agotamiento finalmente comenzaba a vencerla.
Así que se acomodó cuidadosamente junto a Ivan, acercándose apenas por el enorme tamaño de la cama.
Luego, casi por instinto, lo abrazó suavemente.
Quizá porque necesitaba sentir que no estaba completamente sola en aquel lugar extraño.
Quizá porque el calor de otro cuerpo resultaba reconfortante.
O quizá simplemente porque estaba demasiado cansada para pensar demasiado.
Adele cerró lentamente los ojos.
Y pocos minutos después…
Cayó profundamente dormida junto al duque inconsciente.
Al dia siguiente, Adele despertó lentamente sintiendo algo cálido bajo ella.
Todavía medio dormida, frunció apenas el ceño y acomodó la cabeza por instinto.
Entonces abrió los ojos.
Y tardó exactamente dos segundos en darse cuenta de algo horrible.
Estaba prácticamente encima de Ivan Farrel.
Adele se congeló.
Porque en algún momento de la noche había terminado completamente pegada al duque, con una pierna ligeramente sobre él y el brazo abrazándolo como si fuera una almohada gigante.
El rostro de Adele se puso rojo inmediatamente.
—¡¿Qué hago así?!
Se incorporó de golpe… y casi se cae de la cama por el pánico.
Logró sostenerse a último segundo mientras respiraba agitada.
Luego miró a Ivan.
Seguía profundamente dormido.
Exactamente igual que la noche anterior.
Adele se llevó una mano al pecho aliviada.
—Gracias al cielo…
Porque sinceramente moriría de vergüenza si él despertaba justo viendo aquella escena.
Ella volvió a observarlo unos segundos.
Y luego suspiró avergonzada.
—Perdón… aparentemente te usé de almohada humana.
Ivan, como siempre, no respondió.
Adele comenzó a sospechar que hablaba demasiado con un hombre inconsciente.
Pero honestamente ya se estaba acostumbrando.
La luz suave de la mañana entraba por las enormes ventanas iluminando parcialmente la habitación.
Y por primera vez desde que llegó, el lugar se veía menos frío.
Más habitable.
Adele se levantó lentamente de la cama acomodando el camisón arrugado.
En ese momento tocaron suavemente la puerta.
—Duquesa, ¿podemos entrar?
Adele se sobresaltó apenas.
Todavía no se acostumbraba a que la llamaran así.
—Sí.
Varias doncellas entraron elegantemente cargando bandejas, cajas y prendas dobladas cuidadosamente.
Una de ellas hizo una reverencia.
—Todo está preparado para el desayuno.
Adele asintió suavemente.
—Gracias.
Entonces notó algo extraño.
El vestido que las doncellas habían dejado preparado no era suyo.
Era nuevo.
Completamente nuevo.
Adele se acercó sorprendida observando la tela elegante color azul oscuro con delicados bordados plateados.
Era hermoso.
Y claramente carísimo.
—¿Esto…?
La doncella sonrió apenas.
—Lady Inessa ordenó traer varios vestidos nuevos esta mañana para usted, duquesa.
Adele parpadeó sorprendida.
—¿Varios?
—Sí. También joyas, zapatos y ropa adecuada para la residencia ducal.
Adele sinceramente no supo cómo reaccionar unos segundos.
Porque después de tantos días preocupándose por ahorrar dinero y sobrevivir…
Aquello se sentía extrañamente amable.
Lady Inessa realmente parecía estar intentando que su llegada fuera cómoda.
Eso la confundía un poco.
Pero también le daba algo de tranquilidad.
Adele sonrió suavemente.
—Gracias… de verdad.
Las doncellas comenzaron a ayudarla a prepararse mientras ella seguía algo aturdida por lo rápido que estaba cambiando su vida.
Horas atrás estaba aterrada en una ceremonia absurda.
Y ahora…
Bueno.
Ahora tenía vestidos ducales y un esposo inconsciente gigante.
Definitivamente seguía sin procesarlo del todo.
Cuando finalmente estuvo lista para salir, Adele se detuvo cerca de la cama.
Ivan seguía exactamente igual.
Dormido.
Silencioso.
Con aquella expresión tranquila que hacía difícil imaginar todo el caos que existía alrededor de él.
Adele acomodó apenas una manga de su vestido nuevo y habló suavemente..
—Voy a desayunar… volveré después.
Hizo una pequeña pausa.
Y luego añadió con total naturalidad..
—No te escapes mientras no estoy.
Ella misma soltó una pequeña risa después de decir eso.
Porque claramente el estrés ya estaba afectando seriamente su sentido común.
Pero aun así…
Antes de salir de la habitación, volvió a mirar una última vez al hombre dormido.
Y sonrió apenas.
La habitación ya no se sentía tan extraña como la noche anterior.