En un mundo en caos al borde de la guerra, Kael entra en una mazmorra llamada Lune con más de 100 pisos. Está mazmorra es la única en todo el continente del imperio, nadie sabe como llegó o quién la creo.
Selene es una Elfa, su misión es asistir a todo aquel aventurero que entre en la mazmorra.
El problema está cada vez que suban un piso, un nuevo reto, un recuerdo olvidado, un nombre, una parte de ellos.
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Capítulo 5: El jefe que retrocedió
El portal al Piso 3 se abrió con un sonido grave. Aire frío. Olor a hierro viejo y a algo podrido.
Kael cruzó sin sacar la espada. Miró el salón enorme, las cadenas rotas colgando del techo, y al fondo... el Guardián del Piso 3. Una masa de carne y hueso con 6 ojos y una lanza que goteaba veneno negro.
El monstruo rugió. El suelo tembló.
Kael bostezó. Literal.
Se sacó la capa rota, la dobló con cuidado y la tiró al suelo como si fuera su cama. Luego se acostó boca arriba sobre la piedra fría.
Selene entró corriendo 3 segundos después, espada de luz en mano. "¡Kael, agáchate!"
Kael abrió un ojo. La miró. Y sonrió. Esa sonrisa chiquita de ayer.
"Que bueno que estés aquí, Selene. Eso me tranquiliza", murmuró. Cerró los ojos. "Despiértame si grita muy fuerte".
Y se durmió. En el piso del jefe. Mientras el Guardián de 4 metros levantaba la lanza para matarlo.
Selene se quedó helada, con la espada temblando en su mano. "¿Está... loco?".
El Guardián bajó la lanza. Miró a Kael dormido. Luego miró a Selene. Respiró profundo... y dio un paso atrás. Otro paso atrás. Las 6 pupilas se achicaron como si viera algo que ella no podía.
Las sombras del salón corrieron y formaron un círculo alrededor de Kael. Como guardias. Como si protegieran a su rey.
Selene bajó el arma, confundida. Si el monstruo no atacaba, ella tampoco. Se sentó en una piedra, a 3 metros de Kael, vigilando.
Una hora pasó. Silencio. Solo la respiración tranquila de Kael.
Hasta que él suspiró, se estiró, y abrió los ojos sin levantarse.
La vio sentada ahí, mirándolo.
Kael sonrió de lado. "¿Aún sigues aquí? Veo que eres una mirona, elfa. Pensé que eran más... puras".
Selene se puso roja hasta las orejas. Se levantó de golpe. "¡Yo no te estaba mirando! Estaba... vigilando al monstruo. Por si te mataba dormido".
Kael se sentó, apoyándose en los codos. "Mmm. Vigilando. Con esa cara de preocupada. Qué raro".
Selene cruzó los brazos. "Cállate. ¿Por qué dormiste? ¿Sabes que ese es el Guardián del Piso 3? ¿Sabes que mata héroes en 2 segundos?"
Kael bostezó otra vez y se rascó la nuca. "Lo sé. Por eso dormí. Si se acercaba mucho, me iba a despertar. Pero me caías bien... y me tranquilizaba que estuvieras".
Selene abrió la boca. La cerró. No supo qué responder a eso.
Kael se puso de pie sin esfuerzo. Caminó hacia el Guardián. El monstruo no se movió. Temblaba.
Kael se detuvo a un metro de él. Lo miró a los 6 ojos. No dijo nada. No sacó la espada.
El Guardián dejó caer la lanza. Hizo un sonido bajo, como un lamento. Luego se giró... y caminó hacia la pared del fondo. Se acurrucó ahí, dándole la espalda. Como un perro castigado.
Kael pasó a su lado, directo a la puerta del Piso 4. Tocó la piedra con dos dedos. La puerta se abrió sola.
Antes de cruzar, se giró a Selene. "¿Vienes, elfa mirona? O te quedas vigilando mis siestas".
Selene lo miró. Al monstruo acurrucado. A las sombras que seguían en círculo. A Kael, que acababa de domesticar un piso durmiendo.
Tragó saliva. "Voy", dijo con voz chiquita.
Kael le guiñó un ojo. "Bien. Prometo no dormirme en el Piso 4... mucho".
Cruzó la puerta. Selene lo siguió, y cuando pasó al lado del Guardián, el monstruo no se movió. Solo susurró algo en un idioma muerto.
Selene alcanzó a entender una palabra: "Señor".
Se le heló la sangre.