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Bajo El Nombre Valemont

Bajo El Nombre Valemont

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Magia
Popularitas:857
Nilai: 5
nombre de autor: Araknealeg

En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.

NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 16. Bajo la Piedra Negra.

......................

El desayuno terminó demasiado rápido para parecer normal.

O quizá demasiado lento.

Seraphine no estaba segura.

La tensión en la mesa había crecido de manera silenciosa, elegante, exactamente como ocurría siempre entre nobles: sonrisas refinadas ocultando preguntas peligrosas.

Y Aeron Arden seguía observando demasiado.

Eso la irritaba.

No porque creyera que sospechara algo específico.

Sino porque parecía el tipo de persona capaz de notar patrones sin darse cuenta siquiera.

Ese tipo de gente terminaba siendo peligrosa sin intención.

Cuando los sirvientes comenzaron a retirar los platos, el duque se puso de pie.

—Espero que el viaje haya sido agotador. Descansen hoy. Esta noche organizaremos una cena formal.

Cedric Arden sonrió inmediatamente.

—Siempre tan hospitalario.

Mentiroso.

Nadie ahí estaba relajado.

Octavian Arden inclinó apenas la cabeza.

—Agradecemos la recepción.

El duque sostuvo la sonrisa perfecta unos segundos más antes de abandonar el salón junto a Cassian.

Seraphine alcanzó a notar algo importante:

Cassian parecía furioso.

No cansado. No preocupado.

Furioso.

Interesante.

Alaric también lo notó.

Porque sonrió apenas mientras bebía el resto de vino de su copa.

—Parece que nuestro querido heredero finalmente está aprendiendo a odiar reuniones diplomáticas.

Evelyne lo miró con evidente fastidio.

—¿Existe algún momento donde no quieras provocar problemas?

—No particularmente.

Lady Vivienne soltó una pequeña risa elegante.

—Tu hijo menor es interesante, duque.

—Eso es una forma amable de insultarlo —murmuró Celestine.

Alaric sonrió ampliamente.

—Y aun así sigo siendo encantador.

Cedric respondió enseguida:

—Eso depende mucho del nivel de alcohol de quien te escucha.

La tensión disminuyó apenas.

Solo apenas.

Pero Seraphine seguía sintiendo algo incorrecto bajo toda la conversación.

Como si todos estuvieran esperando algo.

Aeron permanecía en silencio observando distraídamente la lluvia tras las ventanas.

Luego habló sin mirar directamente a nadie.

—¿Quién murió?

El salón quedó completamente inmóvil.

Evelyne dejó de mover la copa. Celestine levantó apenas la vista. Incluso Alaric dejó de sonreír un segundo.

Interesante.

Muy directo.

Lady Vivienne suspiró suavemente.

—Aeron.

—¿Qué? Todos aquí saben que pasó algo.

Octavian observó a su hijo menor unos segundos.

Molesto. Pero no sorprendido.

Eso significaba que Aeron probablemente hablaba así constantemente.

Seraphine sintió una pequeña curiosidad incómoda.

Porque normalmente los segundos hijos nobles aprendían rápido a guardar silencio.

Ese no parecía interesado en hacerlo.

Alaric apoyó un brazo sobre la mesa.

—Un sirviente.

Aeron finalmente giró la mirada hacia él.

—¿Asesinado?

—Muy.

Evelyne cerró los ojos brevemente.

—¿Puedes dejar de hablar como un psicópata durante cinco minutos?

—No.

Cedric soltó aire lentamente.

—Empiezo a entender por qué este castillo tiene tan mala reputación.

Seraphine habló finalmente.

—La reputación suele exagerar.

Aeron la observó inmediatamente.

Otra vez esa mirada analítica.

—A veces.

La misma respuesta anterior.

Ella lo notó. Él también.

Pequeño juego.

Interesante.

Pero peligroso.

Seraphine desvió la atención antes de que la conversación creciera demasiado.

—¿Piensan quedarse mucho tiempo?

Cedric respondió primero.

—Dependerá de las negociaciones entre nuestros padres.

Negociaciones.

Claro.

Porque nada era únicamente social.

Nunca.

Octavian Arden observó entonces a Seraphine con atención medida.

—Tu padre mencionó que has comenzado educación política formal.

Seraphine mantuvo expresión neutral.

—Eso parece.

—¿Y qué opinas de la nobleza?

Pregunta peligrosa.

Muy peligrosa.

Porque ningún noble hacía preguntas así casualmente.

Evelyne intervino antes de que el silencio creciera demasiado.

—Mi hermana todavía es joven para responder algo así.

—Precisamente por eso me interesa su respuesta —dijo Octavian.

Seraphine sostuvo la mirada del hombre.

Vio inteligencia. Experiencia. Y algo más.

Cautela.

Como si él también estuviera evaluando constantemente amenazas invisibles.

Finalmente respondió:

—Creo que la nobleza sobrevive porque aprendió a disfrazar ambición como deber.

Silencio.

Cedric arqueó apenas una ceja.

Alaric sonrió lentamente.

Y Aeron…

Aeron parecía genuinamente interesado ahora.

Octavian soltó una pequeña risa grave.

—Respuesta peligrosa.

—Las respuestas honestas suelen serlo.

Eso hizo que Aeron sonriera apenas por primera vez.

Muy poco.

Pero real.

Seraphine inmediatamente decidió que eso era mala señal.

La tarde cayó gris y húmeda sobre el castillo.

Los Arden descansaban en sus habitaciones mientras sirvientes corrían preparando la cena formal.

Seraphine aprovechó el caos.

Necesitaba pensar.

Y más importante: necesitaba practicar.

La magia había cambiado.

Lo sentía.

Después de la biblioteca. Después de Corvus. Después de la sombra moviéndose.

Algo estaba despertando lentamente dentro de ella.

Y si no aprendía a controlarlo…

Terminaría exponiéndose.

O peor.

Terminando como aquellas brujas ejecutadas que describían los registros antiguos.

Caminó por corredores vacíos hasta llegar a una escalera de servicio casi abandonada.

Oscura. Fría. Silenciosa.

Perfecta.

Descendió lentamente.

El castillo Valemont era enorme y antiguo; incluso ella seguía descubriendo zonas olvidadas.

Las piedras inferiores olían a humedad y polvo viejo.

Nadie iba ahí abajo.

Demasiado lejos de las zonas nobles. Demasiado incómodo para sirvientes.

Seraphine avanzó hasta una pequeña habitación abandonada.

Quizá antiguamente almacén.

Ahora solo quedaban cajas rotas, telas cubiertas de polvo y una ventana estrecha por donde entraba apenas luz gris.

Cerró la puerta.

Silencio.

Respira.

Control emocional.

Eso era lo más difícil.

Porque la magia respondía peor cuando sentía miedo o rabia.

Y últimamente vivía rodeada de ambas cosas.

Seraphine dejó lentamente la vela sobre el suelo.

Luego extendió una mano.

Nada ocurrió al principio.

Normal.

Concentración.

La presión bajo su piel apareció lentamente otra vez.

Extraña. Fría.

Como tinta expandiéndose dentro de las venas.

La llama de la vela tembló.

Bien.

No pierdas control.

La sombra detrás de unas cajas comenzó a moverse apenas.

Muy poco.

Pero definitivamente moviéndose.

Seraphine sintió el pulso acelerarse.

Seguía funcionando.

La sombra se extendió lentamente sobre la piedra.

Como si estuviera viva.

Mierda.

Eso seguía siendo aterrador.

Más concentración.

La oscuridad avanzó unos centímetros más.

Luego se detuvo.

Seraphine respiró lentamente intentando mantener estabilidad.

No era suficiente.

Necesitaba más control. Más precisión.

No podía seguir reaccionando emocionalmente cada vez que funcionaba.

Entonces intentó algo distinto.

Movió apenas los dedos.

La sombra respondió.

Más rápido esta vez.

Subió lentamente por una de las cajas viejas como humo negro líquido.

El corazón comenzó a latirle demasiado fuerte.

Eso era nuevo.

Nunca había logrado dirigirla así.

Y entonces escuchó pasos.

Seraphine perdió concentración inmediatamente.

La sombra desapareció.

La vela explotó apagándose.

Oscuridad.

Mierda.

Se giró enseguida hacia la puerta.

Silencio.

Los pasos continuaron afuera.

Lejanos.

No se detenían.

Solo alguien cruzando corredores superiores.

Seraphine soltó aire lentamente.

Demasiado cerca.

Cada vez estaba siendo más difícil controlar el miedo.

Y el miedo volvía la magia inestable.

Se apoyó unos segundos contra la pared fría intentando estabilizar la respiración.

Entonces notó algo extraño.

Una marca.

Tallada sobre una de las piedras inferiores junto al suelo.

Pequeña. Casi invisible bajo el polvo.

Frunció ligeramente el ceño y se agachó.

Era un símbolo.

Circular.

Con líneas cruzándolo.

No pertenecía al castillo.

Seraphine pasó los dedos cuidadosamente sobre la marca.

Y sintió frío.

Inmediato.

Violento.

Retiró la mano rápidamente.

Mierda.

Algo sobre eso estaba mal.

Muy mal.

Observó nuevamente el símbolo.

Entonces lo entendió.

Lo había visto antes.

En la biblioteca subterránea.

En uno de los registros relacionados con familias protegidas.

El símbolo Morvane.

El pulso se aceleró otra vez.

¿Por qué estaba ahí?

¿Quién lo había dejado?

¿Su madre?

La idea le produjo escalofríos.

Porque significaba que Lyra Morvane había estado en esa parte del castillo.

Oculta quizá.

Esperando.

Seraphine observó alrededor lentamente.

Más atención ahora.

Y entonces notó algo todavía peor.

La pared detrás de las cajas estaba hueca.

Muy ligeramente.

Casi imperceptible.

Se acercó despacio.

Empujó una de las cajas rotas.

Luego otra.

El polvo llenó el aire.

Y finalmente apareció una pequeña puerta de piedra integrada perfectamente al muro.

Su respiración se detuvo un segundo.

No.

No podía ser casualidad.

El símbolo. La puerta. El escondite.

Mierda.

Seraphine apoyó lentamente la mano sobre la piedra.

Fría.

Antigua.

El mecanismo no era visible.

Buscó cuidadosamente alrededor hasta encontrar una pequeña hendidura.

Dudó.

Esto era una estupidez.

Exactamente el tipo de decisión que terminaba con personas muertas.

Y aun así…

Presionó.

Un sonido grave resonó dentro del muro.

La puerta se abrió apenas unos centímetros.

Oscuridad absoluta detrás.

Aire frío salió lentamente desde el interior.

Seraphine sintió el corazón golpeándole fuerte.

Porque acababa de encontrar un pasadizo secreto escondido bajo el castillo.

Relacionado con su madre.

Y eso jamás podía significar algo bueno.

La cena formal comenzó al anochecer.

Decenas de velas iluminaban el gran salón principal mientras músicos tocaban suavemente en una esquina.

La nobleza adoraba fingir elegancia incluso cuando todo alrededor comenzaba a pudrirse.

Seraphine descendió lentamente las escaleras principales usando un vestido negro bordado discretamente en plata.

Simple. Pero calculado.

Demasiado llamativo era peligroso. Demasiado discreto también.

Abajo, los invitados ya conversaban entre vino y mentiras refinadas.

Cedric Arden hablaba cómodamente con Evelyne.

Claro.

Ambos eran exactamente el tipo de nobles diseñados para dominar salones políticos.

Cassian discutía algo tenso con Octavian.

Y Aeron…

Aeron estaba solo observando las pinturas antiguas del salón.

Extraño.

Demasiado extraño para un noble joven.

Normalmente buscarían impresionar gente. Aliados. Atención.

Él parecía más interesado en analizar el lugar.

Seraphine intentó pasar de largo.

—Tu castillo tiene demasiados corredores vacíos.

Mierda.

Se detuvo apenas.

Aeron seguía observando una pintura mientras hablaba.

—Eso no parece una crítica.

—No lo es.

Finalmente la miró.

Sus ojos gris azulados parecían demasiado atentos incluso bajo la luz cálida de las velas.

—Los lugares vacíos suelen ocultar más cosas.

Seraphine sostuvo expresión neutral.

—Hablas como alguien que espera encontrar secretos.

—Todos los castillos nobles tienen secretos.

Verdad.

Incómodamente verdad.

Ella observó la pintura frente a él.

Un antiguo retrato Valemont.

Oscuro. Intimidante.

—¿Y encontraste alguno interesante? —preguntó.

Aeron tardó apenas un segundo en responder.

—Todavía no lo sé.

Eso hizo que una pequeña alarma volviera a activarse dentro de Seraphine.

Porque sonó demasiado específico.

Demasiado consciente.

—Eres muy observador —dijo ella.

Él sonrió apenas.

—Tú también.

Silencio breve.

Peligroso.

Porque conversaciones así podían convertirse rápidamente en juegos de análisis mutuo.

Y Seraphine no quería eso.

No ahora.

No cuando escondía literalmente magia bajo la piel.

Cedric apareció entonces junto a ellos.

Perfecta interrupción.

—Ah, aquí estás.

Aeron lo miró apenas.

—¿Me buscabas?

—Madre quiere presentarnos oficialmente con media nobleza local antes de que decida suicidarme socialmente.

Aeron suspiró suavemente.

—Tentadora propuesta.

Cedric sonrió antes de girarse hacia Seraphine.

—¿Mi hermano te estaba aburriendo con teorías extrañas otra vez?

—Todavía no decide si este castillo es embrujado o simplemente deprimente —respondió ella.

Eso provocó una risa real en Cedric.

Incluso Aeron sonrió apenas.

Y por un momento…

El ambiente pareció extrañamente normal.

Hasta que un grito resonó desde el extremo opuesto del salón.

Todo se detuvo.

Música. Conversaciones. Movimiento.

Silencio absoluto.

Luego otro grito.

Y Seraphine sintió inmediatamente ese frío horrible descenderle por la espalda.

Porque ya sabía lo que significaba.

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