Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 16: "ENTRE DOS CIELOS"
—Ahora te toca.
Bajé lentamente la espada.
Mientras el océano invertido seguía moviéndose bajo el mundo…
y el Luk’s Stray avanzaba hacia la Frontera.
El viento agitó las velas destruidas sobre nuestras cabezas.
Kai esperaba mi respuesta apoyado contra el mástil roto. Había cansancio en sus ojos grises, quizás celestes. Pero también curiosidad. Real.
Abrí la boca.
Y nada salió.
Mi nombre.
Lo conocía.
Lo había sabido siempre.
Lo sentía ahí.
Justo detrás de mis labios.
Pero cuando intenté pronunciarlo…
el vacío apareció otra vez.
Una presión fría atravesó mi cabeza.
Imágenes rotas.
Nieve.
Viento blanco.
Y después…
silencio.
Kai lo notó inmediatamente.
—¿Qué sucede?
Intenté hablar otra vez.
Pero el nombre se deshizo dentro de mí antes de existir.
Como arena atravesando los dedos.
La marca de mi pecho ardió débilmente.
Sentí frío.
Mucho frío.
Bajé la mirada.
—No puedo recordarlo.
El viento siguió golpeando las cuerdas del barco.
Kai dejó de sonreír.
—¿Tu nombre?
Asentí lentamente.
Aquello seguía sintiéndose humillante incluso después de tanto tiempo.
—Hace años que desapareció.
Kai guardó silencio.
Después observó el océano invertido sobre nuestras cabezas.
Los peces luminosos todavía nadaban lentamente entre las aguas superiores.
—La Frontera… —murmuró. —Se lleva cosas.
Su voz salió más baja de lo que esperaba.
—Primero recuerdos pequeños. Rostros. Voces. Después nombres.
Apreté un poco más la espada.
—A veces pienso que ni siquiera recuerdo mi propia cara correctamente.
Kai me observó unos segundos.
No con lástima.
Con comprensión.
Y eso fue peor.
Porque muy pocas personas podían entender algo así.
Entonces él habló.
Despacio.
Como si estuviera decidiendo si debía decirlo o no.
—Por eso elegí “Kai”.
Levanté lentamente la mirada hacia él.
El muchacho apoyó la cabeza contra el mástil roto.
—No recordaba nada cuando desperté cerca del abismo. Ningún nombre. Ninguna voz llamándome.
Sus dedos jugaron distraídamente con una cuerda rota.
—Pero sabía que las personas tenían nombres. Y no quería sentirme… vacío.
El viento movió mechones oscuros frente a sus ojos grises.
—Así que inventé uno.
Silencio.
El barco crujió suavemente mientras avanzaba sobre las olas.
Lo observé sin saber muy bien qué decir.
Porque entendía demasiado bien ese miedo.
El terror de no saber quién eras.
Kai soltó una pequeña risa cansada.
—Suena estúpido dicho en voz alta.
—No.
Mi respuesta salió inmediata.
Él me miró sorprendido.
Negué apenas con la cabeza.
—No suena estúpido.
El océano invertido brilló tenuemente sobre nosotros.
Sombras gigantescas seguían moviéndose dentro de las aguas superiores.
Lejanas.
Dormidas.
Esperando.
Kai me observó unos segundos más antes de sonreír.
—Entonces hasta que recuerdes el tuyo…
señaló la espada entre mis manos.
—¿Cómo te llamo?
La pregunta me dejó inmóvil.
Porque nadie me preguntaba algo así desde hacía muchísimo tiempo.
Durante años…
había sido solamente la marcada.
La maldita.
La sobreviviente.
Incluso la capitana rara vez usaba palabras para referirse a mí.
Kai esperó pacientemente.
El viento sopló entre nosotros.
Y por alguna razón…
terminé mirando el cielo inferior.
Las estrellas comenzaban a aparecer lentamente bajo el barco.
Pequeños puntos blancos naciendo en la oscuridad de abajo.
Abajo.
Todavía no podía aceptar eso.
—… Nara.
La palabra salió despacio.
Kai inclinó apenas la cabeza y sonrió.
—Te llamaré Nara.
Algo extraño ocurrió dentro de mi pecho al escucharlo.
Algo pequeño.
Cálido.
Peligroso.
Desvié rápidamente la mirada.
La noche llegó lentamente.
No cayó sobre el mundo.
Ascendió.
El último rastro de luz se deslizó hacia el océano invertido mientras el Luk’s Stray avanzaba herido entre olas negras y niebla salada. Las tablas del barco gemían con cada movimiento, como si incluso la madera estuviese agotada después de sobrevivir a algo que jamás debió existir.
El cielo de abajo comenzó a llenarse de estrellas.
Miles.
Tal vez millones.
Brillaban bajo nosotros como si el universo entero hubiese sido arrojado al abismo inferior.
Y arriba…
dentro del océano suspendido…
luces comenzaron a aparecer entre las aguas.
Peces.
Cardúmenes enteros nadaban lentamente sobre nuestras cabezas dejando rastros luminiscentes azulados entre corrientes oscuras. Algunos parecían transparentes. Otros tenían cuerpos enormes cubiertos de pequeñas marcas doradas que iluminaban las profundidades como constelaciones vivas.
El mar de arriba brillaba.
El cielo de abajo respiraba.
El cielo inferior terminó de oscurecerse lentamente.
Las estrellas se extendieron bajo nosotros como un océano infinito de luz.
Constelaciones enteras brillaban debajo del Luk’s Stray mientras el barco navegaba suspendido entre ambos mundos.
Y arriba…
dentro del océano invertido…
Luces azules.
Doradas.
Blancas.
Cardúmenes enteros atravesaban lentamente las aguas superiores dejando estelas brillantes detrás de ellos.
Parecía que el cielo nadaba.
Kai levantó lentamente la cabeza.
La luz marina se reflejó en sus ojos grises.
—Nunca voy a acostumbrarme a esto.
Yo tampoco respondí enseguida.
Porque era hermoso.
Terriblemente hermoso.
Todavía no podía acostumbrarme.
Cada vez que miraba abajo, mi cuerpo esperaba caer hacia las estrellas.
Cada vez que levantaba la cabeza, mi mente seguía negándose a aceptar que aquello era un océano.
Las aguas superiores se movieron lentamente.
Una criatura gigantesca pasó entre las profundidades invertidas.
Solo una sombra.
Lenta.
Silenciosa.
Y después desapareció otra vez.
Las estrellas abajo.
El océano arriba.
Y nosotros atrapados entre ambos.
El viento se volvió más suave. Desde la batalla… el mundo parecía tranquilo.
Kai terminó quedándose dormido apoyado contra el mástil roto.
El agotamiento finalmente había vencido a su cuerpo.
Su respiración se volvió lenta.
Humana.
Lo observé unos segundos antes de volver la mirada hacia las estrellas inferiores.
Nara...
Hacía muchísimo tiempo que nadie me llamaba.
Mis dedos rozaron lentamente la marca sobre mi pecho.
Mahua…
El recuerdo apareció inmediatamente en mi mente.
Su pequeño cuerpo cubierto de pelaje negro moviéndose entre la nieve eterna.
Sus ojos brillando con colores de aurora boreal en medio de las tormentas.
Azules.
Verdes.
Violetas.
Como luces vivas atrapadas dentro de la oscuridad.
El sonido suave de su respiración acompañándome durante siglos de silencio blanco.
Porque no había existido nadie más.
Nunca.
Solo Mahua.
Y yo.
Ciento cincuenta años sobreviviendo en un mundo muerto.
No había pueblos.
No había personas.
No había voces humanas.
Solo nieve interminable extendiéndose hasta el horizonte.
Tormentas eternas.
Silencio.
A veces todavía podía escuchar el viento de aquel lugar dentro de mi cabeza.
Recordaba caminar durante días enteros bajo ventiscas tan densas que el mundo desaparecía completamente.
Recordaba el hambre.
El frío atravesando huesos y piel hasta dejar de sentirse.
Recordaba dormir abrazada al pequeño cuerpo cálido de Mahua mientras afuera el invierno devoraba montañas enteras.
Y lo peor…
era que durante muchísimo tiempo creí que ese era el único mundo posible.
Hasta la bruja.
Hasta el anciano.
Hasta descubrir que existían océanos.
Cielos.
El Luk’s Stray seguía avanzando hacia la oscuridad del horizonte.
Hacia la Frontera.
Observé nuevamente las estrellas inferiores.
Después de ciento cincuenta años sola…
aquella conversación absurda sobre nombres inventados había sido una de las cosas más humanas que había vivido jamás.
El viento movió suavemente mi cabello.
Abrí y cerré lentamente la mano sobre la espada.
el silencio ya no se sentía completamente vacío.
Detrás de mí, el barco crujió.
Pasos.
No necesité girarme para saber quién era.
Kai se apoyó contra una cuerda medio mientras se acercaba lentamente. Ya no tambaleaba tanto. El descanso le había devuelto algo de color al rostro, aunque seguía teniendo heridas por todas partes.
El viento levantó mechones oscuros de su cabello.
Sus ojos observaron primero el cielo inferior.
Después el océano superior.
Y finalmente a mí.
—Esto sigue sintiéndose incorrecto —murmuró.
—Empiezo a creer que el mundo simplemente es así.
Él solto una risa cansada.
Después se sentó cerca de mí sobre un fragmento roto de madera.
Durante unos segundos ninguno habló.
Solo escuchábamos el sonido del barco atravesando el viento.
Y algo más.
Cantos.
Muy lejanos.
Las sirenas seguían moviéndose bajo el océano invertido.
Kai observó las luces de los peces sobre nuestras cabezas.
—Nunca había visto algo tan hermoso.
Kai observó la espada sobre mis piernas.
—¿Por qué vas allí?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
No respondí enseguida.
Porque incluso ahora…
decirlo en voz alta seguía sintiéndose imposible.
Mis dedos rozaron lentamente la hoja oscura.
—Necesito rescatar a alguien.
Kai me observó en silencio.
Esperando.
Respiré despacio.
—Mahua.
El nombre dolió al salir.
El viento agitó mi cabello mientras los recuerdos regresaban lentamente.
Nieve.
Frío.
Silencio eterno.
Kai inclinó apenas la cabeza.
—¿Quién es?
Una pequeña sonrisa cansada apareció en mi rostro.
—Mi razón para seguir viva.
Él no respondió.
Solo siguió escuchando.
Y eso hizo que continuara hablando.
—Voy hacia los Antais.
Kai frunció el ceño inmediatamente.
—¿Los Antais?
Asentí.
—La tribu más cercana a la Frontera. O eso dicen.
—Nadie encuentra a los Antais.
—Necesito hacerlo.
Kai me observó unos segundos más.
Después soltó lentamente:
—La Frontera no es un lugar al que la gente vaya para regresar.
El océano superior rugió suavemente.
—Lo sé.
—No, no lo entiendes.
Su voz se volvió más seria.
Más oscura.
—Las almas cruzan la Frontera. Los vivos no.
Sentí la marca arder débilmente otra vez.
—Aun así voy a entrar.
Kai soltó aire lentamente por la nariz.
Como si intentara decidir si yo estaba loca o simplemente cansada.
Probablemente ambas.
—¿Por qué arriesgar tanto por una sola persona?
Miré las estrellas debajo del barco.
El reflejo plateado iluminó lentamente mis manos.
—Porque pasé demasiado tiempo sin salvar a nadie.
Kai dejó de moverse.
El viento pareció apagarse un instante.
—¿Qué?
El océano superior se iluminó cuando un enorme grupo de peces dorados cruzó lentamente sobre nosotros.
Lluvia de luz.
Kai los observó apenas antes de volver la mirada hacia mí.
—Entonces conocí a una bruja.
Una sonrisa cansada apareció en mi rostro.
—Y a un anciano.
Kai soltó una pequeña risa.
—Eso suena más peligroso que el Leviatán.
—Lo era.
Seguíamos avanzando.
—Ellos me mostraron que existía algo más allá del invierno. Me enseñaron el camino para poder...
Bajé la mirada.
— Mahua.
El nombre quedó suspendido entre el sonido del viento.
Kai observó mi expresión.
Y comprendió algo.
—Lo perdiste.
Asentí lentamente.
El dolor seguía allí.
Igual de profundo.
Igual de vivo.
—Y voy a traerlo de vuelta.
Kai permaneció en silencio mucho tiempo.
Después apoyó la cabeza contra el mástil roto.
Las estrellas inferiores brillaban bajo nosotros.
El océano superior respiraba lentamente.
Por primera vez desde que nos conocimos…
no parecíamos enemigos atrapados en el mismo barco.
Solo dos personas cansadas avanzando hacia algo demasiado grande para comprenderlo.