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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16 Rodeados

El sonido del motor dejó de ser un rumor distante.

Ahora era una certeza.

Crecía entre los árboles como una amenaza invisible que avanzaba sin prisa, pero sin detenerse.

Ana Laura sintió cómo el aire de la cabaña cambiaba.

Ya no era un refugio.

Era una trampa.

Jared se movía con rapidez contenida, apagando cualquier fuente de luz restante. La oscuridad dentro de la cabaña se volvió absoluta, pesada, casi sólida.

Ana tragó saliva.

—Ya están aquí… —susurró.

Jared no respondió de inmediato. Estaba escuchando.

Calculando.

Respiró hondo.

—No todos —dijo al fin.

Ana lo miró sin entender.

—¿Cómo que no todos?

—Si fueran todos, ya habrían entrado.

El sonido del motor se detuvo a lo lejos.

Un silencio nuevo apareció.

Uno peor.

El silencio de la espera.

Ana sintió un escalofrío.

—Entonces… ¿qué son?

Jared se acercó a la ventana, apenas un paso.

Se asomó con cuidado.

—Exploradores.

Ana frunció el ceño.

—¿Exploradores de qué?

Jared no apartó la mirada del exterior.

—De nosotros.

El corazón de Ana se aceleró.

—¿Nos encontraron o no?

Jared tardó.

—Nos están localizando.

Aquello no era mejor.

Era peor.

Porque significaba que ya no estaban ocultos.

Solo retrasados.

De repente, un sonido seco rompió el silencio del bosque.

Un golpe.

Luego otro.

Ana se sobresaltó.

—¡Están entrando!

Jared se giró rápidamente hacia ella.

—No salgas.

—¿Qué? ¡No pienso quedarme aquí esperando!

Jared se acercó.

Su voz fue baja, firme.

—Ana, escúchame.

Ella lo miró con rabia contenida.

—No me des órdenes.

—No son órdenes.

Pausa.

—Es supervivencia.

El sonido afuera aumentó.

Ramas quebrándose.

Pasos.

Voces bajas.

Ana sintió el estómago contraerse.

—¿Cuántos son?

Jared negó.

—No lo sé todavía.

—¿No lo sabes?

—No tuve tiempo de contar.

Ana respiró agitadamente.

—Esto es una locura…

Jared la miró directamente.

—Sí.

Silencio.

Otro golpe afuera.

Más cercano.

Jared se apartó de la ventana.

—Tenemos que movernos.

Ana lo siguió con la mirada.

—¿A dónde?

—Atrás de la cabaña hay un sendero.

—¿Y luego?

—Luego improvisamos.

Ana soltó una risa incrédula.

—¿Improvisamos?

Jared no respondió.

Porque no había otra opción.

Un crujido violento sonó en la puerta principal.

Ana dio un paso atrás.

—¡Ya están dentro!

Jared tomó su brazo.

—Ahora.

La llevó hacia el fondo de la cabaña.

Abrió una puerta trasera que Ana no había notado antes.

Un pasillo estrecho.

Oscuro.

Frío.

El bosque parecía más cercano allí.

Más real.

Salieron rápidamente.

El aire exterior era helado.

Ana respiró con fuerza.

—No veo nada…

—Sígueme.

Jared comenzó a avanzar entre los árboles.

Ana lo siguió sin otra opción.

Detrás de ellos, voces.

—¡Se fueron por atrás!

—¡Rodeen la zona!

El miedo golpeó el pecho de Ana con fuerza.

—¡Nos están siguiendo!

—Lo sé.

Jared no se detuvo.

—¡Jared, van a alcanzarnos!

—Entonces corre más rápido.

Ana apretó los dientes.

Y corrió.

El bosque era irregular.

Raíces.

Piedras.

Terreno inestable.

Cada paso era un riesgo.

Ana sentía las piernas ardiendo.

Pero no se detenía.

No podía.

De pronto, Jared se detuvo en seco.

Ana chocó contra su espalda.

—¡¿Qué haces?!

Él levantó una mano.

Silencio.

Ana contuvo la respiración.

Se escuchaban voces.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Jared señaló hacia un lado.

Una caída leve del terreno.

Cubierta por arbustos.

—Bajamos por ahí.

Ana lo miró.

—¿Estás seguro?

Jared no respondió.

Solo la miró.

Y eso fue suficiente.

Bajaron rápidamente.

El terreno era resbaladizo.

Ana casi pierde el equilibrio varias veces.

Jared la sostuvo sin decir nada.

El contacto fue breve.

Pero suficiente para recordarle que no estaban solos.

Arriba, las voces pasaron cerca.

—No hay huellas claras.

—Siguen aquí.

Ana se tapó la boca para no respirar fuerte.

El corazón le latía en los oídos.

Jared estaba justo a su lado.

Inmóvil.

Tenso.

Controlado.

Finalmente, las voces se alejaron.

Ana soltó el aire lentamente.

—Se fueron… —susurró.

Jared no respondió.

Seguía atento.

Pasaron varios segundos.

Luego otros más.

Finalmente, él habló.

—No se fueron.

Ana lo miró.

—¿Qué?

Jared señaló hacia arriba.

—Nos están rodeando.

El estómago de Ana se hundió.

—¿Cómo lo sabes?

Jared apretó la mandíbula.

—Porque están esperando.

Silencio.

—Esperando que cometamos un error.

Ana sintió un escalofrío profundo.

—Entonces… estamos atrapados.

Jared la miró.

—Sí.

La palabra cayó con peso absoluto.

Un sonido metálico rompió el silencio.

Ana giró.

Entre los arbustos, una linterna.

Luego otra.

Y otra.

Luz moviéndose entre los árboles.

Voces más claras.

Más organizadas.

Ana sintió el pánico crecer.

—Jared…

Él la miró.

Y por primera vez su expresión no fue segura.

Fue seria.

Demasiado seria.

—Ya no es solo Ramiro —dijo.

Ana lo miró con confusión.

—¿Qué?

Jared respiró hondo.

—Esto es más grande de lo que pensé.

Ana sintió un escalofrío.

—¿Más grande cómo?

Jared la miró directamente.

—No vinieron solo a buscarte.

Pausa.

—Vinieron a terminar lo que empezó hace años.

El silencio se volvió absoluto.

Ana sintió que el aire le faltaba.

—¿Qué empezó?

Jared bajó la voz.

—Tu existencia.

El mundo pareció detenerse otra vez.

Ana retrocedió un paso.

—No…

Jared la sostuvo con la mirada.

—Sí.

Las luces entre los árboles se acercaban.

Más cerca.

Más cercanas.

Y ahora Ana entendía algo con total claridad.

Ya no era una persecución.

Era una cacería.

Y ella era el objetivo.

1
Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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