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Imperio De Mentiras.

Imperio De Mentiras.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Atracción entre enemigos
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

El imperio más codiciado de Italia que no le pertenece a nadie… excepto a él.

Ella heredó algo que no le pertenecía y él está dispuesto a quitárselo.

Entre pasiones calculadas y verdades que amenazan con destruirlos a ambos, la pregunta no es quién ganará… sino quién caerá primero en su propia trampa.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Al salir del *Ristorante Cavour*, el aire helado de Turín golpeó el rostro de Alejandro como una bofetada reconfortante. Despidió a Fabiola con una reverencia impecable mientras el chofer de la joven le abría la puerta del sedán negro de la familia Galván.

Alejandro esperó a que las luces traseras del vehículo se perdieran en la bruma de la avenida antes de caminar hacia el callejón contiguo. Allí, estacionada en la penumbra, lo aguardaba una camioneta blindada de cristales polarizados.

La puerta lateral se deslizó sin ruido. Dominic estaba al frente de tres monitores que parpadeaban con mapas térmicos, secuencias de cámaras de seguridad y frecuencias de radio policial.

—El vehículo de Fabiola va en camino a la villa —dijo Dominic sin apartar la vista del monitor principal—. Dos patrullas de la policía estatal, bajo las órdenes del capitán Rossi, harán un recorrido superficial cerca de la propiedad para garantizar que no haya imprevistos.

Alejandro subió a la camioneta, se quitó la corbata con un movimiento pausado y se desbotonó el primer botón de la camisa. La máscara del empresario educado cayó de golpe, dejando al descubierto al líder criminal implacable.

—¿Qué hay de Livorno? —preguntó Alejandro, sirviéndose un trago de whisky de un decantador fijado al panel lateral.

—El cargamento de diamantes ya fue descargado —respondió Dominic, cambiando la imagen de la pantalla a una toma en vivo de los docks del puerto—. El fiscal anticorrupción, el mismo al que su padre le pagaba la carrera universitaria hace quince años, firmó los sellos de aduana sin hacer una sola pregunta. La mercancía está en camino al almacén central de Milán.

Alejandro dio un sorbo al licor, sintiendo el ardor en la garganta.

—Bien. ¿Y la investigación sobre Arturo Galván?

Dominic presionó una tecla y desplegó un expediente digital antiguo, lleno de fotos en blanco y negro, recortes de prensa y diagnósticos médicos de hace tres años.

—Es interesante, señor —dijo Dominic, ajustando su tono de voz—. El accidente donde murió Héctor Galván no fue una simple falla de frenos por desgaste, como la policía dijo a la prensa. El peritaje original fue archivado por orden expresa de la fiscalía de Turín apenas dos días después de la tragedia.

Alejandro entrecerró los ojos.

—¿Quién ordenó guardar ese peritaje?

—Héctor Galván antes de morir —reveló Dominic con una sonrisa fría—. O mejor dicho, la junta directiva de Galván Motores para proteger el precio de las acciones. Pero hay algo más: Arturo Galván no era solo el copiloto. Dos semanas antes del accidente, Arturo había solicitado una auditoría interna sobre el registro de patentes de la empresa.

Alejandro se quedó en silencio unos segundos. El rompecabezas empezaba a tomar una forma macabra.

—Arturo sabía que su hermano había robado los diseños de mi padre —murmuró Alejandro, mirando la fotografía del hombre lisiado en la pantalla—. Y su premio por querer hacer lo correcto fue un 'accidente' en la carretera y una vida en silla de ruedas, despreciado por su propia sobrina.

—¿Qué hacemos con él? —preguntó Dominic.

—Déjalo tranquilo por ahora. Fabiola ya se encarga de torturarlo emocionalmente todos los días —dijo Alejandro con crueldad contenida—. Mañana firmaremos el contrato en la sede de Galván. Cuando el cinco por ciento de las acciones sea mío, empezaré a desarmar el imperio de Héctor Galván desde la mesa de su propia hija.

En la mansión Galván, el silencio de la madrugada era sofocante.

Fabiola caminaba por el gran pasillo del segundo piso con los zapatos de tacón en la mano para no hacer ruido. Sin embargo, al pasar frente a la biblioteca, una franja de luz tenue que salía por debajo de la puerta de madera roble llamó su atención.

Empujó la puerta con suavidad.

Sentado frente al ventanón, envuelto en una manta pesada y mirando el jardín en penumbra, estaba su tío Arturo. Sostenía entre sus manos temblorosas un viejo boceto en papel amarillento.

Fabiola se detuvo en el umbral. Su primera reacción fue dar media vuelta y marcharse, pero algo en la postura encorvada del hombre la hizo dudar.

—Deberías estar durmiendo, Arturo —dijo ella, manteniendo la distancia.

El hombre no se sobresaltó. Cerró el cuaderno de bocetos con lentitud y giró levemente la silla de ruedas. Sus ojos cansados se posaron en el vestido borgoña de su sobrina.

—Las noches son largas cuando las piernas no te dejan descansar, Fabiola —respondió con voz rasposa—. ¿Cómo estuvo la cena con el señor Santamaría?

Fabiola frunció el ceño de inmediato.

—¿Cómo sabes con quién cené?

—Tu madre estaba preocupada. Y en esta casa las paredes escuchan —suspiró Arturo, mirando el techo—. El apellido Santamaría... me trae recuerdos lejanos. Hace muchos años, cuando tu padre y yo empezábamos en el taller de Turín, conocimos a un ingeniero con ese mismo nombre. Un hombre brillante.

Fabiola dio un paso hacia el interior de la habitación, cruzando los brazos.

—Es solo un inversionista agresivo que compró a nuestro proveedor de aluminio. Mañana firmaremos un acuerdo del cinco por ciento para asegurar la patente del *V12*. No hay ningún misterio.

Arturo la miró fijamente. Había una mezcla de compasión y advertencia en su mirada que a Fabiola le resultó insoportable.

—Ten cuidado, Fabiola. Tu padre era un hombre que no dejaba cabos sueltos, pero también dejó enemigos en el camino. No todo lo que brilla en el apellido Galván es oro puro.

—Mi padre levantó esta empresa del suelo —sentenció Fabiola con frialdad reanudada—. Si tuvo que ser duro, fue porque el mundo de los negocios no perdona a los débiles. Como tú.

Arturo bajó la cabeza, apretando el cuaderno de bocetos contra su pecho. No contraatacó. Nunca lo hacía, y esa falta de defensa enfurecía a Fabiola más que cualquier insulto.

—Buenas noches, Fabiola —murmuró él suavemente—. Espero que nunca tengas que descubrir el precio que se pagó por el trono en el que estás sentada.

Fabiola salió de la biblioteca cerrando la puerta de golpe. Se dirigió a su habitación, se quitó el vestido y se paró frente al espejo de su baño. El eco de las palabras de Arturo resoplaba en sus oídos, mezclándose con la advertencia que Alejandro le había hecho en el restaurante: *"Su padre cometió muchos errores, Fabiola"*.

Se tocó el cuello, justo donde la mano de Alejandro la había sujetado apenas unas horas antes. Sintió un escalofrío que no pudo controlar.

—No voy a dudar —se dijo a sí misma en voz alta mirando su reflejo—. Mañana el acuerdo será mío.

A las diez de la mañana del día siguiente, la gran sala de juntas del edificio corporativo de Galván Motores lucía impecable. Sobre la mesa de caoba descansaban los contratos definitivos impresos en papel de alto gramaje, preparados por el equipo legal.

Alejandro Santamaría entró a la sala acompañado únicamente por Dominic, quien vestía un traje oscuro sobrio y portaba un maletín de cuero duro.

Fabiola ya lo esperaba de pie en la cabecera. Lucía un traje sastre blanco impecable que contrastaba con su melena oscura, proyectando la viva imagen del poder corporativo.

—Señor Santamaría —saludó ella con un asentimiento formal—. Veo que la puntualidad sigue siendo su fuerte.

—Cuando se trata de sellar un pacto con usted, no me permitiría un solo minuto de retraso —contestó Alejandro con una sonrisa distinguida.

Dominic abrió el maletín y extrajo los documentos firmados por los apoderados de la patente de titanio y la transferencia de la proveedora de aluminio. Los deslizó suavemente sobre la mesa hacia Giancarlo, el director de ingeniería de Fabiola, quien revisó los sellos notariales con ojos bien abiertos.

—Todo está en orden, señorita Galván —susurró Giancarlo, conteniendo un suspiro de alivio—. La patente es nuestra y el embarque de aluminio llega a la planta esta tarde.

Fabiola tomó el estilógrafo de oro de su padre. Con un trazo elegante y firme, estampó su firma en las tres copias del contrato. Luego giró el documento hacia Alejandro.

Alejandro sacó su propio bolígrafo, una pieza de plata antigua con un grabado casi imperceptible en la base, y firmó justo debajo del nombre de Fabiola.

—Felicidades, señorita Galván —dijo Alejandro, poniéndose de pie—. Oficialmente soy el socio minoritario más leal de su compañía.

Fabiola caminó hacia él y le extendió la mano.

—Bienvenido a Galván Motores, señor Santamaría. Espero que entienda que esta firma le da acceso a nuestras reuniones de balance, pero el control operativo sigue siendo cien por ciento mío.

Alejandro estrechó su mano. Su agarre fue firme, envolviendo la mano de Fabiola con una calidez calculada que hizo que la respiración de la joven se detuviera por una fracción de segundo.

—No espero menos de la dueña de casa —dijo Alejandro, sosteniéndole la mirada con una intensidad que hizo que los ingenieros y abogados presentes en la sala se sintieran fuera de lugar—. Aunque le aseguro que mi presencia en su vida apenas está comenzando.

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Isis Vargas Pinzon
Mientras actualizas me iré a leer otra de tus novelas, chica, pero por favor, no tardes mucho, ésta historia está buenísima 👏👏👏 felicidades por tu excelente redacción y gran talento para escribir, eres de las pocas escritoras que he leído sin faltas de ortografía 👏👏👏👏👏 mis respetos chica.!!!
Isis Vargas Pinzon
Alejandro y Stefano parecen gemelos y Elena es preciosa, mucho más que Fabiola que es la protagonista de ésta historia 😳😳😳
Isis Vargas Pinzon
Mmmm... me imaginé más hermosa y sensual a Fabiola, y a Alejandro más atractivo y de belleza italiana como el actor de 365 días que está woow, súper sexy.!!!
Dalia Hache: Jajajajajaja si, es que fue más o menos acorde a como serian 🤭🤭🤭🤭
total 1 replies
Isis Vargas Pinzon
Inténtalo cabron de mier...a ver quién sale perdiendo 🤣😂 y Elena ya se dió cuenta de lo bajo que a caído al haber estado con los dos hermanos, la tonta, es una mujer sin pizca de dignidad ni amor propio.
Isis Vargas Pinzon
Ándele cabrones jajajaja jajajaja jajajaja
Isis Vargas Pinzon
Por fin se está poniendo emocionante la historia, nunca debe faltar una Elena en la vida de los protagonistas 😂🤣👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Qué tal.??? Ella no se deja y siempre quiere tener el control 😂😂😂
Isis Vargas Pinzon
¡¡¡ Woow.!!! ¡¡¡ Qué chingoneria de mujer 😳 y Alejandro fascinado... que comience la seducción.!!! ❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Quiero fotos de Fabiola y Alejandro por favor Escritora, estoy muy emocionada y sumamente intrigada con lo que pasará con éstos dos, tan fuertes en su personalidad pero a la vez no dejan de ser humanos... muy interesante la trama 👏👏👏👏👏
Dalia Hache: Voy a poner fotos de los personajes, gracias por la sugerencia 🥰🥰
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Jessie Zurita
que falta de respeto terminar una novela así que pasa después ??
Dalia Hache: La novela no se ha terminado 🤔🙄🤣🤣🤣
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