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LA ESPOSA OLVIDADA DEL CEO.

LA ESPOSA OLVIDADA DEL CEO.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:30k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Anna Marín muere a los 32 años con seis puñaladas en el pecho, asesinada por su hermanastra Mariana mientras su esposo Javier observa sin intervenir. Sus últimos pensamientos son de arrepentimiento: por amar demasiado, por callarse demasiado, por convertirse en invisible.
Pero cuando abre los ojos, está de vuelta dos años antes de su muerte.
Con todos los recuerdos intactos.
Anna sabe exactamente lo que viene: cómo Mariana manipulará a sus hijas gemelas para que la odien, cómo Javier la torturará durante meses para robarle la herencia de la abuela, cómo morirá sola en el mismo piso de mármol donde alguna vez creyó que construiría un hogar.
Esta vez no será la esposa sumisa que se arrastra por amor.
Esta vez será la Loba Blanca que todos temían en los tribunales.
Esta vez cada traidor pagará por adelantado.
Pero cambiar el futuro tiene un precio. Y Anna descubrirá que la venganza, aunque dulce, puede costarle lo único que aún le importa: el alma de la mujer que alguna vez fue.
Una histo

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8

Mariana Vélez no es tonta. Es lo primero que todos asumen cuando la ven: rubia, bonita, cuerpo que, perfecto, ex modelo. La gente la descarta como un adorno decorativo que Javier tiene a su lado por pura vanidad. Pero la verdad es que detrás de esa sonrisa dulce y esos ojos grandes hay una mente fría y calculadora que ha estado planeando cada movimiento durante años.

Y esta mañana, sentada en la nueva oficina de vicepresidenta que Javier le asignó, algo la está inquietando.

Anna.

No la Anna que conoce, la esposa sumisa que agacha la cabeza y tragó las humillaciones en silencio durante diez años. No, esta es otra cosa. Esta es una Anna que la miró directamente a los ojos en la sala de juntas sin parpadear. Una Anna que miró el desastre de la presentación con indiferencia total mientras Javier y ella sudaban frío.

Una Anna que ya no tiene miedo.

Y eso la aterroriza.

Mariana toma su teléfono y marca a Javier. Contesta al segundo timbre como siempre cuando es ella quien llama.

—Amor, ¿qué pasó?

—Tu esposa está actuando raro —dice Mariana sin preámbulos, paseándose por frente al ventanal de su oficina—. Algo cambió en ella. No sé qué es, pero lo siento.

El resoplido de Javier al otro lado de la línea es automático. —Anna es una tonta enamorada que va a volver arrastrándose en menos de un mes. No me hables de ella.

—No estés tan seguro —responde Mariana apretando el teléfono—. La vi en la junta, Javier. No lloraba. No suplicaba. No intentó salvarte como siempre. Solo nos miró como si fuéramos dos insectos que iba a aplastarse bajo el zapato.

Silencio al otro lado.

—Esa perra puede morder —Contesta Mariana—. Y si no la controlamos ahora, va a morder cuando menos lo esperemos.

—Anna no puede hacer nada —responde Javier, pero su voz ya no suena tan segura—. Está sola. No tiene dinero propio. No tiene carrera. No tiene a nadie.

Mariana cuelga sin despedirse. Javier siempre subestima a las mujeres que lo rodean. Es su mayor defecto y el día en que ese defecto lo quite del trono va a ser la primera sorpresa de su vida. Pero no va a ser la última.

Esa tarde Javier llega a la mansión con las gemelas después de recogerlas de la escuela. Sofía y Valentina entran corriendo buscando a Anna como siempre, no para abrazarla sino para pedirle snacks y que les encienda la televisión. Es lo que siempre hacen. Anna es la persona que les prepara la comida, les busca el zapato perdido, les firma los permisos del colegio, les hace la tarea que no quieren hacer.

En esta mansión Anna es una empleada que no cobra. Pero la mansión está en silencio. Un silencio diferente. No el silencio de Anna trabajando callada en la cocina o preparando algo en el estudio. Es un silencio vacío. Muerto.

—Anna —llama Javier dejando sus llaves en el recibidor—. Anna, estoy en casa.

Nada.

Sofía sube corriendo las escaleras y vuelve a bajar en menos de un minuto con la cara de confusión.

—Papá, mamá no está en su cuarto.

Javier frunce el ceño y camina hacia la cocina donde el ama de llaves nueva, está limpiando los utensilios.

—¿Dónde está mi esposa?

La mujer se pone nerviosa inmediatamente. —Señor, la señora Anna salió temprano. Dejó esto.

Le extiende un sobre de manila grueso. Javier lo toma, lo mira por todos lados y lo abre.

Dentro están tres documentos. Los primero dos los reconoce inmediatamente por la forma en que están redactados, formal, preciso, sin un solo error. Letra pequeña pero perfecta. El estilo de un abogado experto, no de una secretaria.

El primero es una solicitud de divorcio. Firmada, sellada y lista para presentar ante el tribunal familiar de Ciudad S.

Javier lo mira durante varios segundos como si las palabras pudieran cambiar si las observa lo suficiente.

El segundo documento lo hace parar en seco. Es una sesión de derechos parentales. Anna cede la custodia total de las gemelas a Javier. Sin condiciones. Sin régimen de visitas. Sin nada.

Javier lee y relee varias veces. Cada palabra es un cuchillo diferente que no lo hiere, sino que lo confunde. En diez años de matrimonio Anna nunca dio señales de querer abandonarlo y menos a sus hijas. Siempre la tenía en primer lugar. Siempre las gemelas fueron el motivo por el que Anna aguantó todo, el matrimonio de mierda, la humillación, la indiferencia. Y esa misma mujer acaba de cederlas como si fueran un mueble que no necesita más.

Javier abre el tercer papel. Es una nota cortísima de Anna. Letra pulida y firme.

"Que sean muy felices. Cumple el deseo de las gemelas."

Nada más. Sin firma. Sin súplica. Sin "te amo" ni "por favor". Solo esas dos frases heladas que contienen más crueldad que todas las bofetadas que Javier le ha dado en diez años.

Porque Anna sabe exactamente lo que esta nota significa. Sabe lo que Sofía dijo en el restaurante Le Ciel: "¿Podemos pedirte que mamá Mariana sea nuestra mamá de verdad para siempre?". Y Anna cumple ese deseo. Se retira voluntariamente. Le deja el campo libre. Sin pelea. Sin drama. Sin resistencia. Como si Anna Marín hubiera muerto esta mañana y lo que quedó es un cadáver frío.

Javier mira a sus hijas. Sus bebés de seis años con sus caras abiertas esperando que alguien les diga qué pasa. Algo en su pecho se aprieta. No por Anna. Por ellas.

—Mamá se fue —dice y sus propias palabras suenen extrañas en su boca—. Se fue de esta casa.

—¿Se fue a dónde? —pregunta Valentina con ojos grandes.

Javier no sabe qué decirles. No sabe cómo explicarles que su madre acaba de renunciarse a ellas sin una sola lágrima.

Pero el shock dura menos de un minuto. Porque Javier Rojas no es el tipo de hombre que se queda paralizado mucho tiempo. El shock se transforma en rabia. Rabia caliente, visceral, la misma que siente cada vez que Anna hace algo que no tiene sentido.

—Escuchen —dice Javier agachándose frente a sus hijas, tomándolas de las manos con un gesto que Anna nunca vio en diez años de matrimonio—. Lo que hizo mamá no es culpa de nadie excepto de ella. Está enojada. Muy enojada.

—¿Por qué? —pregunta Valentina con ojos llenos de confusión.

—Porque ustedes prefieren a mamá Mariana —responde Javier y la mentira sale tan natural de su boca que parece verdad—. Y eso la puso muy brava. Entonces decidió solo llamar la atención haciendo esto. Es un juego, princesas. Un juego que las mamas hacen cuando quieren que las quieran más.

Sofía lo mira con esa expresión calculadora que heredó de él. —¿Mamá si vuelve?

—Claro que vuelve —dice Javier con sonrisa que no llega a sus ojos—. Cuando se le pase el berrinche. Pero mientras tanto vamos a estar muy bien sin ella. ¿Verdad?

Las gemelas asienten sin convicción total, pero con suficiente creencia en las palabras de su padre para calmarse. Javier las manda con el ama de llaves a bañarse y prepararse para cenar.

Cuando está seguro de que están fuera de alcance se pone de pie y su rostro cambia completamente. La calidez que mostró a sus hijas desaparece como niebla bajo el sol. Lo que queda es frío. Cálculo. Determinación.

Toma el teléfono y marca a Mariana.

—Amor —contesta ella con esa voz melosa.

—Ven a la mansión —dice Javier sin preámbulos—. Anna se fue. Dejó los papeles de divorcio y cedió la custodia. El camino está libre.

Silencio al otro lado. Cuando Mariana habla hay cautela en cada sílaba.

—¿Y tú abuela? ¿Qué pasará con ella? Porque si se entera de que te divorcias Anna va a...

—Es momento de hacernos cargo de mi abuela —interrumpe Javier apretando el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se ponen blancos—. La abuela prefiere a Anna. Siempre lo ha hecho desde que me obligó a casarme. Si se entera de que nos vamos a divorciar, me quitará todo. Las empresas, las acciones, el trono. Todo. Debo actuar antes de que descubra lo que está pasando.

Otro silencio más largo que el anterior. Mariana procesa cada palabra con esa mente fría que la hace peligrosa. Javier imagina a ella sentada en su oficina de Grupo Rojas con los dedos cruzados sobre la mesa, pensando tres movimientos por delante como siempre.

—Bien —dice finalmente Mariana y en esa única sílaba hay resolución total—. Voy para allá. Es hora de adelantar nuestros planes.

Javier cuelga y mira la mansión desde la sala. Esta estructura enorme que ha sido la cárcel de Anna durante diez años va a ser el lugar donde por fin Javier viva libre. Sin la esposa invisible. Sin la sombra de culpa que carga por un matrimonio que nunca quiso.

Y sin la abuela que sigue recordándole que la persona que más deberían respetar en la familia Rojas siempre fue la mujer que él tanto odia.

En la otra habitación Sofía y Valentina se sientan en el sofá abrazadas. Ninguna dice nada durante varios minutos. Luego Sofía, la más fuerte de las dos, susurra:

—¿Mamá realmente solo quiere llamar la atención?

Valentina no responde. Solo se abraza más fuerte a su hermana. Y sin decirlo, ambas saben que algo no cuadra. Porque mamá Anna nunca hizo berrinches. Nunca puso drama. Nunca pidió atención.

Mamá Anna simplemente estaba ahí. Siempre. En silencio. Como si fuera parte de las paredes.

Y ahora que dejó de estarlo, el silencio de la mansión se siente diferente.

Se siente vacío.

Y en un apartamento pequeño del centro de Ciudad S, Anna Marín se sienta en una silla de madera frente a una mesa vacía. No hay nada más en el lugar. La abuela le dejó el sitio amueblado básicamente, pero siente que está en un cuarto de hotel. No importa. No necesita comodidades.

Necesita distancia.

Necesita espacio para construir la guerra.

Necesita llorar a sus hijas sin que nadie la vea.

Anna se cubre el rostro con las manos y finalmente se permite el quebranto que ha contenido toda la mañana. Las lágrimas caen con furia muda porque esta mujer decidió hace días que no volvería a rogar.

Pero nadie le dijo que dejar ir a sus hijas por salvarlas duele más que cualquier puñalada.

En su otra vida vio a Mariana matarla mientras las gemelas dormían arriba sin saberlo.

Ellas solas deben ver la verdadera cara de Mariana, solo así, podrán valorarla como madre. Y al hacerlo se asegura de que cuando revele la verdad, cuando destruya a Javier y a Mariana frente al mundo entero, la victoria no estará empañada por la culpa de haber arrastrado a sus hijas por medio del fuego.

Se limpia las lágrimas, respira profundo y saca su laptop.

Tiene trabajo que hacer. La Loba Blanca debe seguir con sus planes.

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Betty Saavedra Alvarado
Las gemelas los ponen en apuros son y que apuros
Betty Saavedra Alvarado
Anna eres una nadre coraje que no le teme a nada por sus hijas ellos son todo para ti
Betty Saavedra Alvarado: Javier ahora a la cárcel
total 1 replies
Luz Angela Castillo Ramirez
esta buenisima
Luz Angela Castillo Ramirez
👏
Mercedes Tibisay Marin
estos desgaciados no se cansas de hechar vaina
Mercedes Tibisay Marin
jajaja Ana se las comio
Mercedes Tibisay Marin
esté hombre no entiende es otro loco ygual que la mujer
Marcela Lopez
excelente
Marcela Lopez
Javier nada que aprende
Marcela Lopez
logro ser feliz en su último día
Mercedes Tibisay Marin
bueno Ana deja de pensar tanto y hacesta a ese que te ama de verdad
Marisel Rio
💪💪💪💪💪💕💕💕💕💕Vamos Anna y junto con Leonardo van a ser imparables ♥️♥️♥️♥️
Marisel Rio
Vamos 💪 💪 💪 Anna a destruir a esos bastardos 😅😅😅
Johann
Así se hace Ana 👏👏👏👏👏
Marisel Rio
No me canso de decir que es una novela extraordinaria 💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
Al menos los padres de la LOCA tienen dos dedos de frente 👏👏👏
Vamos a ver como se destruyen Javier y Mariana 😅😅
Betty Saavedra Alvarado
Javier solo te interesa el dinero parece que no tienes corazón
Betty Saavedra Alvarado
Cuídate de la víbora de Mariana que no se quedará tranquila algo malo hará en contra tuya
Betty Saavedra Alvarado
Javier eres un títere en manos de Marianano piensas en tus hijas solo le haces a esa loca van acabar en la cárcel
Betty Saavedra Alvarado
Mariana quieres destruir va Loba Blanca no lo harás ella es más fuerte y inteligente que tu
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